{"id":83784,"date":"2008-08-01T00:00:00","date_gmt":"2008-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/08\/01\/el-lado-oculto-de-la-violencia-2\/"},"modified":"2017-07-10T15:41:31","modified_gmt":"2017-07-10T18:41:31","slug":"el-lado-oculto-de-la-violencia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-lado-oculto-de-la-violencia-2\/","title":{"rendered":"El lado oculto de la violencia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/textura-e1499711931344.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-242063\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/textura-e1499711931344-300x295.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"295\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Laura Davi\u00f1a<\/span><\/a>El infierno de Jos\u00e9 Orleans Cruz comenz\u00f3 hacia el final de una tarde tranquila hace siete a\u00f1os. Sali\u00f3 a eso de las cinco y media de la tarde para recoger a su mujer en el trabajo y llegar a tiempo a su primera clase en el cursillo de pre-ingreso a la universidad que hab\u00eda iniciado meses antes -dos d\u00e9cadas despu\u00e9s de haber concluido la escuela secundaria y ayudar a sus hermanos a estudiar, finalmente planificaba recibirse de abogado. Al reducir su marcha para cruzar un obst\u00e1culo, una r\u00e1pida secuencia de eventos dej\u00f3 su vida patas arriba y deshizo sus sue\u00f1os. Cuatro hombres surgieron en dos motocicletas como si hubiesen brotado del asfalto y cerraron el paso de su autom\u00f3vil. Apunt\u00e1ndole con sus armas, le ordenaron con gritos que abriese las puertas. Cruz fue secuestrado, algo que pensaba que ser\u00eda improbable que ocurriera a un ciudadano de clase media y s\u00f3lo alcanzaba a los grandes empresarios. Durante el camino hacia el cautiverio fue golpeado y luego abandonado en la entrada de una favela cuando los secuestradores se percataron de que los segu\u00eda la polic\u00eda. Antes de liberarlo lo volvieron a golpear. Cruz recibi\u00f3 puntapi\u00e9s y golpes de pu\u00f1o y qued\u00f3 ca\u00eddo en el fango, con las piernas tiesas y la visi\u00f3n borrosa, sin conseguir moverse. S\u00f3lo recobr\u00f3 la consciencia cuando tres personas lo ayudaron. Una pareja de novios lo llev\u00f3 a tomar agua con az\u00facar y dio aviso a la polic\u00eda. La tercera persona, un joven, se ofreci\u00f3 para rescatar el auto, pero intent\u00f3 hurtar el est\u00e9reo de Cruz. &#8220;Me hallaba muy d\u00e9bil, y aquel muchacho actu\u00f3 de aquella manera&#8221;, cuenta Cruz. La decepci\u00f3n fue tan profunda que cambi\u00f3 su vida. &#8220;Empec\u00e9 a desconfiar de todo el mundo&#8221;.<\/p>\n<p>A la semana siguiente, durante su recuperaci\u00f3n en casa, Cruz comenz\u00f3 a recibir amenazas de muerte por tel\u00e9fono. Ya no se sent\u00eda seguro en ning\u00fan lugar. Se encerr\u00f3 en su casa y pas\u00f3 cuatro a\u00f1os sin visitar a sus hermanos en el barrio vecino. Ni siquiera pose\u00eda coraje para llegar al port\u00f3n. &#8220;Cuando alguien se acercaba, sudaba fr\u00edo y sufr\u00eda palpitaciones&#8221;, cuenta. Cierta vez se desmay\u00f3 en la vereda al escuchar un motociclista que pasaba. Preso en su propia casa, comenz\u00f3 a comer compulsivamente. En poco tiempo aument\u00f3 m\u00e1s de cincuenta kilos y se convirti\u00f3 en diab\u00e9tico e hipertenso. Hace tres a\u00f1os concluy\u00f3 que ya no val\u00eda la pena vivir. Subi\u00f3 al piso 15\u00ba del edificio al que se hab\u00eda mudado y se sent\u00f3 en la baranda, dispuesto a saltar. Cuando iba a hacerlo record\u00f3 a su madre, quien en las clases de catecismo ense\u00f1aba a los ni\u00f1os que el suicidio es el mayor de los pecados y s\u00f3lo por eso no se anim\u00f3.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s de esquivar a la muerte por segunda vez, Cruz acudi\u00f3 a consulta en el Programa de Atenci\u00f3n e Investigaci\u00f3n en Violencia (Prove) de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp), llevado por su esposa, con quien se encuentra casado desde hace 16 a\u00f1os. All\u00ed descubri\u00f3 que, adem\u00e1s de los dolores f\u00edsicos de las primeras semanas, el secuestro express hab\u00eda dejado profundas heridas emocionales que demorar\u00edan en cicatrizar. El psiquiatra que lo atendi\u00f3 le explic\u00f3 que \u00e9l estaba sufriendo el denominado &#8220;trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico&#8221;, un disturbio emocional que genera alta incapacidad, que en general presentan los ex combatientes de guerras y que reci\u00e9n en los \u00faltimos a\u00f1os comenz\u00f3 a investigarse en Brasil.<\/p>\n<p>Durante las sesiones de terapia en grupo, Cruz se tranquiliz\u00f3 al descubrir que no estaba s\u00f3lo, no era el \u00fanico que no lograba librarse de los recuerdos de aquella noche que insist\u00edan en aparecer a pesar de su esfuerzo por olvidarlos o de la aprensi\u00f3n que comenz\u00f3 a sentir por los extra\u00f1os. En la ciudad de S\u00e3o Paulo, una de cada diez personas que durante el \u00faltimo a\u00f1o sufrieron episodios de violencia que pusieron en riesgo su vida (asalto, secuestro, agresiones f\u00edsicas o abuso sexual) presenta se\u00f1ales de trastorno por estr\u00e9s postraum\u00e1tico, de acuerdo con el primer relevamiento acerca de la incidencia del problema realizado en el pa\u00eds. Coordinado por el psiquiatra Jair de Jesus Mari, de la Unifesp, ese estudio se bas\u00f3 en la evaluaci\u00f3n de 2.530 residentes de distintas regiones y segmentos socioecon\u00f3micos de la capital paulista (una muestra representativa de la poblaci\u00f3n paulista) y fue presentado en S\u00e3o Paulo hacia fines del mes de junio en ocasi\u00f3n de la celebraci\u00f3n del 1\u00ba Simposio Internacional sobre Violencia y Salud Mental. &#8220;Esos datos proveen un valioso argumento para la exigencia de pol\u00edticas p\u00fablicas de seguridad m\u00e1s eficaces&#8221;, afirma la antrop\u00f3loga Alba Zaluar, de la Universidad del Estado de R\u00edo de Janeiro, y estudiosa de las causas de la violencia en Brasil.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia1_ok-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-242067\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia1_ok-1-300x200.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"200\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Caio Guatelli\/Folha Imagem<\/span><\/a>Extrapolada para la poblaci\u00f3n de la mayor metr\u00f3polis de Am\u00e9rica del Sur, ese \u00edndice del 10% de portadores de estr\u00e9s postraum\u00e1tico corresponde a 1,1 mill\u00f3n de personas, quienes en los \u00faltimos doce meses sufrieron o presenciaron situaciones violentas y desarrollaron problemas emocionales debilitantes o suficientes como para impedirles continuar con su vida normal, muchas veces impeli\u00e9ndolos al abandono del trabajo y alterando su rutina familiar. Ser\u00eda como si cada a\u00f1o, la poblaci\u00f3n de una ciudad como Campinas, la segunda m\u00e1s populosa del estado, enfermase a punto tal de necesitar atenci\u00f3n m\u00e9dica o psicol\u00f3gica. Cuando los investigadores ampliaron el per\u00edodo analizado para toda la vida, la ocurrencia del estr\u00e9s postraum\u00e1tico se duplic\u00f3: un 26% de los paulistanos -un equivalente a 2,8 millones de personas, casi como la poblaci\u00f3n de Salvador, la tercera ciudad m\u00e1s populosa del pa\u00eds- presentaron se\u00f1ales compatibles con ese problema emocional originado por la violencia. Ni Mari, ni muchos del grupo coordinado por \u00e9l, que incluye a 50 investigadores de S\u00e3o Paulo, R\u00edo de Janeiro, Pernambuco, y Cear\u00e1, esperaban tasas tan elevadas, casi tres veces m\u00e1s altas que las estimadas para la poblaci\u00f3n estadounidense.<\/p>\n<p>Iniciada en el a\u00f1o 2006, esta investigaci\u00f3n no se restringe al mero hecho de recabar informaci\u00f3n sobre la poblaci\u00f3n paulista. En la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ), el equipo del psiquiatra Ivan Figueira se halla culminando un relevamiento similar con 1500 habitantes de diferentes puntos de la capital fluminense, desde los barrios de la costanera hasta los morros (cerros) cariocas. La proyecci\u00f3n es que el resultado ser\u00e1 similar.<\/p>\n<p>&#8220;Son los n\u00fameros de un pa\u00eds en guerra&#8221;, afirma Marcelo Feij\u00f3 de Mello, psiquiatra de la Unifesp especialista en trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico y miembro de la red brasile\u00f1a que investiga los efectos de la violencia sobre la salud mental de la poblaci\u00f3n. El comentario de Mello no es s\u00f3lo metaf\u00f3rico. La incidencia del trastorno psicol\u00f3gico en las dos ciudades brasile\u00f1as con los m\u00e1s elevados \u00edndices absolutos de violencia est\u00e1 cercana -y algunas veces supera-\u00a0 a la observada en pa\u00edses que recientemente sufrieron guerras o conflictos armados internos, como los casos de Argelia, Camboya y Etiop\u00eda. En esas naciones la tasa de estr\u00e9s postraum\u00e1tico en la poblaci\u00f3n es, respectivamente, del 37%, del 28% y del 16%.<\/p>\n<p>Pero Brasil no se halla en guerra, al menos no una guerra declarada. &#8220;Mientras que en Estados Unidos y en Europa la violencia proviene de ataques terroristas o de participaciones militares en conflictos en el exterior, en Brasil se da como consecuencia de una forma de guerra urbana&#8221;, comenta Mari. Aunque sea dif\u00edcil medir esa forma de violencia en toda su dimensi\u00f3n, seg\u00fan estudios recientes al menos se detect\u00f3 su cara m\u00e1s evidente y letal: los homicidios.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia2-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-242068\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia2-2-300x189.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"189\" \/><span class=\"media-credits-inline\">FP PHOTO\/AGIF-Bruno Gonzalez<\/span><\/a>Los datos de mortalidad de Salud Brasil, un documento compilado por el Ministerio de Salud, indican que una de cada veinte muertes en el pa\u00eds corresponde a v\u00edctimas de homicidio, en su mayor\u00eda, asesinatos con armas de fuego, que acabaron con la vida de casi 50 mil brasile\u00f1os s\u00f3lo durante el a\u00f1o 2004. Es un problema creciente durante las \u00faltimas d\u00e9cadas: el \u00edndice de personas que pierden la vida v\u00edctimas de agresi\u00f3n trep\u00f3 de 14,1 muertes por cada cien mil habitantes en 1980, a 27,2 por cada cien mil en 2004. Un n\u00famero tres veces superior que el promedio mundial de homicidios calculado por la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud, y esa tasa refleja s\u00f3lo el promedio nacional. En ciudades brasile\u00f1as como R\u00edo de Janeiro, S\u00e3o Paulo y Recife, ese \u00edndice es bastante mayor, especialmente entre los j\u00f3venes de sexo masculino, alcanzando algunas veces valores superiores a los de Cali, en Colombia, que a comienzos de la d\u00e9cada de 1990 era considerada una de las ciudades m\u00e1s violentas del mundo.<\/p>\n<p>Es una guerra urbana en la que todos pierden. Pierden los que mueren y tambi\u00e9n los que sobreviven al western de las metr\u00f3polis brasile\u00f1as -s\u00f3lo en la capital paulista hubo 36 mil delitos violentos (asesinatos, robos y violaciones) durante el primer trimestre de 2008- y luego hay que enfrentar los efectos colaterales de la violencia, tales como la ansiedad, la depresi\u00f3n y tambi\u00e9n el estr\u00e9s postraum\u00e1tico.<\/p>\n<p>El avance de la violencia durante las \u00faltimas d\u00e9cadas se encarg\u00f3 de trazar para las ciudades un problema emocional que hasta mediados del siglo pasado se imaginaba como exclusivo de los campos de batalla. Lo que ahora los manuales de diagn\u00f3stico de salud mental tratan como trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico, un grave cuadro de ansiedad provocado por una situaci\u00f3n extrema de estr\u00e9s, con riesgo para la vida, fue descrito inicialmente hacia el final del siglo XIX por el neur\u00f3logo y psic\u00f3logo franc\u00e9s Pierre Janet. Signado por pesadillas, insomnio, irritabilidad y recuerdos recurrentes e indeseados de la situaci\u00f3n que lo gener\u00f3 -o tambi\u00e9n por la reacci\u00f3n exagerada a sonidos e im\u00e1genes asociados con esa situaci\u00f3n-, ese cuadro se tornar\u00eda conocido m\u00e1s tarde como neurosis de guerra o estr\u00e9s de combate, y atraer\u00eda el inter\u00e9s de otro renombrado neur\u00f3logo, el austr\u00edaco Sigmund Freud, creador del psicoan\u00e1lisis.<\/p>\n<p>Durante la Primera Guerra Mundial, Freud y otros psicoanalistas tuvieron oportunidad de monitorear a los combatientes que llegaban a los hospitales con par\u00e1lisis, temblores, pesadillas recurrentes, p\u00e9rdida del deseo sexual. El com\u00fan denominador era que hab\u00edan sufrido una experiencia traum\u00e1tica, en general, la p\u00e9rdida de compa\u00f1eros o la proximidad de la propia muerte durante los combates, adem\u00e1s de privaciones intensas y agotamiento f\u00edsico. Por influencia de los veteranos de Vietnam, el estr\u00e9s de combate se apuntar\u00eda por primera vez en 1980 en el manual de diagn\u00f3stico de salud mental, el Diagnostic and Statistic Manual of Mental Disorders (DSM), con el nombre de trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico.<\/p>\n<p>Tanto en las trincheras como en las calles de las metr\u00f3polis, el trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico se dispara por una caracter\u00edstica espec\u00edfica: la amenaza de muerte. &#8220;Durante el episodio violento, las personas que desarrollan la afecci\u00f3n perciben n\u00edtidamente que van a morir, o que, como m\u00ednimo, algo se perdi\u00f3 para siempre y su vida cambi\u00f3&#8221;, cuenta el psiquiatra Jos\u00e9 Paulo Fiks, del equipo de la Unifesp que realiz\u00f3 el estudio en S\u00e3o Paulo. Desde el punto de vista del psicoan\u00e1lisis, una amenaza extrema e imprevista como la de muerte puede producir en el sujeto un impacto afectivo tan intenso que no consigue asimilarlo e incorporarlo en la historia de su vida, explica Sidnei Casetto, profesor de teor\u00eda freudiana del departamento de Ciencias de la Salud de la Unifesp en la Baixada Santista (Santos, S\u00e3o Paulo). Como resultado, revive repetidamente el evento que le gener\u00f3 el trauma en un intento por encontrarle un significado y olvidarlo, dejando as\u00ed de ser una especie de prisionero del tiempo.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia_germaninfantry1914-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-242064\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia_germaninfantry1914-1-300x191.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"191\" \/><span class=\"media-credits-inline\">NARA\/USA<\/span><\/a>Tal como Freud, muchos de los que estudian actualmente el estr\u00e9s postraum\u00e1tico consideran que el episodio violento que lo dispara, en realidad no es su causa primordial. Su origen se hallar\u00eda escondido en el pasado, muchas veces en alg\u00fan trauma ocurrido en la infancia, que nuevamente saldr\u00eda a relucir. &#8220;La reciente situaci\u00f3n en la cual la vida estuvo en riesgo, recordar\u00eda una situaci\u00f3n anterior, que permanec\u00eda latente&#8221;, comenta la psic\u00f3loga Mariana Pupo, tambi\u00e9n de la Unifesp.<\/p>\n<p>Los datos cl\u00ednicos corroboran ese razonamiento. Evaluando el historial de cien casos de estr\u00e9s postraum\u00e1tico atendidos en Prove, Mariana, Aline Scoedl y Marcelo Feij\u00f3 de Mello constataron que la mitad de ellos hab\u00eda sufrido situaciones extremadamente violentas en su infancia o adolescencia: un 48% sufrieron abuso sexual antes de los 18 a\u00f1os. Ese trabajo, realizado en colaboraci\u00f3n con Linda Carpenter y Lawrence Price, de la Universidad Brown, en Estados Unidos, demostr\u00f3 tambi\u00e9n que el riesgo de desarrollar estr\u00e9s postraum\u00e1tico se halla \u00edntimamente relacionado con la etapa de la vida en que ocurri\u00f3 el abuso. Las v\u00edctimas de violencia sexual en la adolescencia (entre los 13 y 18 a\u00f1os) presentaron un riesgo diez veces mayor de desarrollarlo en su vida adulta que los que hab\u00edan pasado por la misma experiencia antes de los 12 a\u00f1os. Aunque el abuso sexual en la infancia (hasta los 12 a\u00f1os) aument\u00f3 las probabilidades de desarrollar depresi\u00f3n en una fase posterior de la vida, seg\u00fan un art\u00edculo que saldr\u00e1 publicado en breve en la <em>Child abuse and Neglect<\/em>.<\/p>\n<p>El relevamiento con 2.530 habitantes de S\u00e3o Paulo indic\u00f3 tambi\u00e9n que no siempre son los eventos violentos considerados m\u00e1s graves, como los asaltos a mano armada o los secuestros con torturas como el vivenciado por Jos\u00e9 Orleans Cruz a\u00f1os atr\u00e1s, los que disparan el estr\u00e9s postraum\u00e1tico. La mayor parte de los casos identificados en la capital paulista son el resultado de la agresi\u00f3n dom\u00e9stica (peleas entre esposos, violencia contra los hijos o abuso sexual cometido por el c\u00f3nyuge o un pariente), seg\u00fan el psiquiatra Sergio Baxter Andreoli, responsable de los datos epidemiol\u00f3gicos del estudio en la ciudad de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>Existen grupos espec\u00edficos de la poblaci\u00f3n que parecen correr mayor riesgo que los dem\u00e1s. En 2004, Deborah Maia e Ivan Figueira, de la UFRJ, analizaron la ocurrencia del estr\u00e9s postraum\u00e1tico entre los polic\u00edas de las tropas de \u00e9lite de Goi\u00e1s. Entre los 155 polic\u00edas que se sometieron al examen, un 9% present\u00f3 en la entrevista los s\u00edntomas que caracterizan al cuadro de estr\u00e9s postraum\u00e1tico -y otro 16% manifest\u00f3 parte de esos signos, que se tornaron conocidos por la poblaci\u00f3n en el agotamiento que presentaba el Capit\u00e1n Nascimento, del Batall\u00f3n de Operaciones Polic\u00edacas Especiales (Bope), interpretado por el actor Wagner Moura en la pel\u00edcula &#8220;Tropa de elite&#8221;, de Jos\u00e9 Padilha. Esos polic\u00edas con s\u00edntomas de estr\u00e9s postraum\u00e1tico informaron que se encontraban con la salud debilitada y hab\u00edan pasado por m\u00e1s consultas e internaciones m\u00e9dicas que los dem\u00e1s, tal como detallaron los investigadores en un art\u00edculo publicado en 2007 en el <em>Journal of Affective Disorders<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia_ww2-119-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-242065\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/violencia_ww2-119-1-865x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"355\" \/><span class=\"media-credits-inline\">2nd lt. Jacob Harris\/nara\/usa <\/span><\/a>Durante un asalto a mano armada, secuestro o violaci\u00f3n, el impacto emocional de la violencia puede ser tan intenso que la v\u00edctima manifiesta un recurso extremo de defensa. Como si se congelase instant\u00e1neamente, el cuerpo se paraliza, sin fuerzas para reaccionar o gritar. Com\u00fan entre presas y sus predadores -como por ejemplo un rat\u00f3n atacado por un \u00e1guila-, esa reacci\u00f3n involuntaria puede ayudar a predecir c\u00f3mo evolucionar\u00e1 el tratamiento del individuo, en general basado en sesiones de psicoterapia asociadas con la utilizaci\u00f3n de medicamentos antidepresivos que act\u00faan sobre el neurotransmisor serotonina y ayudan en el 80% de los casos. En un estudio con 23 v\u00edctimas de violencia urbana (en su mayor\u00eda, asaltos a mano armada), publicado recientemente en el <em>Journal of Affective Disorders<\/em>, diez desarrollaron par\u00e1lisis y con mala respondieron mal al tratamiento con antidepresivos, seg\u00fan constataron Figueira y la psiquiatra Adriana Fiszman, de la UFRJ.<\/p>\n<p>El trabajo de los grupos coordinados por Jair Mari e Ivan Figueira, no se circunscribe a la verificaci\u00f3n de los \u00edndices de estr\u00e9s postraum\u00e1tico en las poblaciones de las principales metr\u00f3polis brasile\u00f1as. Los equipos de S\u00e3o Paulo y de R\u00edo tambi\u00e9n buscan comprender mejor los aspectos a\u00fan oscuros de ese trastorno emocional: las alteraciones que provocan en el funcionamiento del organismo muchos a\u00f1os despu\u00e9s del episodio violento; la identificaci\u00f3n de factores biol\u00f3gicos y ambientales que predisponen al desarrollo del estr\u00e9s postraum\u00e1tico o protegen de el; adem\u00e1s de los tratamientos farmacol\u00f3gicos y psicol\u00f3gicos m\u00e1s eficientes.<\/p>\n<p>Analizando muestras de saliva colectadas durante la entrevista con la poblaci\u00f3n de la capital paulista, Marcelo Feij\u00f3 Mello constat\u00f3 que las personas con s\u00edntomas de trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico tambi\u00e9n presentaban un desequilibrio hormonal importante, similar al observado en estudios realizados en otros pa\u00edses. Probablemente, como consecuencia del estr\u00e9s y la ansiedad provocados por el episodio violento, el organismo de \u00e9stas produce menores niveles de la hormona cortisol, asociada con el estr\u00e9s. Pareciera contradictorio, pero no lo es. Este resultado sugiere que ellos se tornaron m\u00e1s sensibles a la acci\u00f3n de esta hormona. Por ese motivo, menores porcentajes en el torrente sangu\u00edneo producen efectos exacerbados, como las palpitaciones y el alerta redoblado que Cruz experimentaba al avistar a un motociclista. Ese efecto, que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte por preparar al organismo para escapar de un agresor, se torna extremadamente da\u00f1ino cuando dura m\u00e1s que algunos instantes porque provoca mortandad en las c\u00e9lulas cerebrales.<\/p>\n<p>Los resultados aun son preliminares, pero esa muerte celular parece afectar un \u00e1rea cerebral asociada con la adquisici\u00f3n de memoria, el hipocampo. La anatomista Andrea Jackowski compar\u00f3 im\u00e1genes de resonancia magn\u00e9tica nuclear del cerebro de 55 personas v\u00edctimas de violencia en S\u00e3o Paulo (35 hab\u00edan desarrollado estr\u00e9s postraum\u00e1tico y 20 permanec\u00edan sanas) y observ\u00f3 una reducci\u00f3n de hasta un 10% en el volumen del hipocampo, posiblemente asociada con la muerte celular. &#8220;A\u00fan no podemos decir si el estr\u00e9s postraum\u00e1tico provoca la disminuci\u00f3n del hipocampo o, por el contrario, si las personas que ya presentaban un hipocampo de menor volumen estaban m\u00e1s expuesta para desarrollar el problema&#8221;, explica Andrea.<\/p>\n<p>Ese representa otro hallazgo aparentemente contradictorio. Pero era de esperar que no hubiera respuestas simples para una enfermedad que puede ser provocada por diferentes factores y que involucra a un \u00f3rgano tan complejo como el cerebro. Si el centro asociado con la adquisici\u00f3n de la memoria es menor en los portadores de estr\u00e9s postraum\u00e1tico, \u00bfellos no deber\u00edan recordar en menor medida lo que les sucedi\u00f3? En realidad no. Sucede que los eventos con fuerte contenido emocional &#8220;un rev\u00f3lver cargado apuntando en la cabeza, por ejemplo&#8221; acciona tambi\u00e9n otra regi\u00f3n cerebral denominada am\u00edgdala, responsable de la adquisici\u00f3n de memoria de los eventos desagradables. En una persona sana, el funcionamiento de la am\u00edgdala es inhibido por el c\u00f3rtex frontal, la regi\u00f3n m\u00e1s frontal del cerebro, situada cerca la frente. Andrea intenta ahora identificar si las personas con estr\u00e9s postraum\u00e1tico tambi\u00e9n presentan reducci\u00f3n en el volumen de la corteza frontal, lo cual explicar\u00eda el funcionamiento exagerado de la am\u00edgdala y el estado de hipervigilancia.<\/p>\n<p>En una vertiente poco usual para los estudios de las enfermedades ps\u00edquicas, la genetista Camila Guindalini se encuentra abocada al estudio de 1.500 muestras de saliva colectadas durante las entrevistas con los residentes de S\u00e3o Paulo v\u00edctimas de violencia que desarrollaron o no estr\u00e9s postraum\u00e1tico. Ella intenta identificar alteraciones espec\u00edficas en los casi 21 mil genes humanos que afectan el funcionamiento del sistema nervioso central y pueden favorecer el desarrollo del estr\u00e9s postraum\u00e1tico o igualmente aumentar la resistencia a ese trastorno emocional. Estudios internacionales sugieren una contribuci\u00f3n de aproximadamente un 30% de los factores gen\u00e9ticos para su desarrollo- el otro 70% correr\u00eda por cuenta del ambiente (condiciones socioecon\u00f3micas, educativas y de soporte social). Camila tambi\u00e9n pretende observar c\u00f3mo se comportan en la poblaci\u00f3n brasile\u00f1a las variaciones en genes espec\u00edficos ligados al funcionamiento de los neurotransmisores o al desarrollo de las c\u00e9lulas cerebrales y a la fijaci\u00f3n de la memoria. &#8220;Con una muestra tan grande, lograremos identificar los peque\u00f1os efectos provocados por los genes&#8221;, dice. Aun cuando no lo expliquen todo, pueden ayudar a comprender el problema.<\/p>\n<p>Mientras no se arriba a un panorama m\u00e1s claro sobre los posibles factores biol\u00f3gicos asociados con el estr\u00e9s postraum\u00e1tico, capaces de provocar cambios en los actuales tratamientos, el equipo de la Unifesp prueba una terapia psicol\u00f3gica alternativa en grupos de personas en quienes los antidepresivos y las terapias psicol\u00f3gicas usuales no surtieron el efecto deseado. En lugar de exponer al sujeto a situaciones similares a aqu\u00e9llas que generaron el trauma, como propone la terapia cognitiva comportamental, el equipo de Rosaly Braga Campanini intenta restaurar, con la denominada terapia interpersonal de grupo, los lazos sociales (en la familia, el trabajo y la comunidad) que los portadores de estr\u00e9s postraum\u00e1tico en general perdieron. Hasta el momento, las 30 personas que asistieron a sesiones semanales de terapia interpersonal presentaron mejor\u00edas significativas, con reducci\u00f3n de los recuerdos del trauma y recuperaci\u00f3n de la relaci\u00f3n con sus familiares y amigos.<\/p>\n<p>Con todo, a pesar de los avances, Mari afirma que a\u00fan es necesario trabajar mucho m\u00e1s para intentar comprender el tema, para que la mayor parte de las v\u00edctimas de violencia no desarrolle la afecci\u00f3n, o lograr alternativas de tratamiento que devuelvan a los portadores de ese trastorno emocional la vida en sociedad, como sucedi\u00f3 con Jos\u00e9 Orleans Cruz. Actualmente recuperado, Cruz volvi\u00f3 a conducir su autom\u00f3vil y retom\u00f3 los paseos con su mujer. Cada semana acude al mercado, para comer pasteles y mirar los productos, puesto por puesto. Hasta hizo planes para el futuro. En algunos a\u00f1os pretende jubilarse y regresar a Itapag\u00e9, en el interior de Cear\u00e1, desde donde, con sus padres y hermanos, migr\u00f3 en la adolescencia hacia S\u00e3o Paulo. &#8220;Voy a criar ovejas&#8221;, dice. &#8220;Quiero olvidarme de la gran ciudad y de lo que me sucedi\u00f3&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Los Proyectos<br \/>\n1.<\/strong> Trastorno de estr\u00e9s postraum\u00e1tico: epidemiolog\u00eda, fisiopatolog\u00eda y tratamiento (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/1360\/transtorno-do-estresse-pos-traumatico-epidemiologia-fisiopatologia-e-tratamento\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">04\/15039-0<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico; <strong>Coordinador <\/strong>Rodrigo Affonseca Bressan &#8211; Unifesp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 1.060.744,27 (FAPESP)<br \/>\n<strong>2.<\/strong> El impacto de la violencia en la salud mental de la poblaci\u00f3n brasile\u00f1a; <strong style=\"line-height: 1.5;\">Modalidad\u00a0<\/strong>Instituto del Milenio;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Jair de Jesus Mari &#8211; Unifesp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n<\/strong>\u00a0R$ 4.204.400,00 (CNPq)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una de cada diez v\u00edctimas de violencia desarrolla estr\u00e9s postraum\u00e1tico","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[330],"coauthors":[105],"class_list":["post-83784","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-sociologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83784","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=83784"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/83784\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=83784"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=83784"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=83784"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=83784"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}