{"id":84139,"date":"2008-09-01T00:00:00","date_gmt":"2008-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/09\/01\/una-enfermedad-anunciada-2\/"},"modified":"2017-06-14T18:21:29","modified_gmt":"2017-06-14T21:21:29","slug":"una-enfermedad-anunciada-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/una-enfermedad-anunciada-2\/","title":{"rendered":"Una enfermedad anunciada"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/art3632img12.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-96777\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/art3632img12.jpg\" alt=\"\" width=\"299\" height=\"199\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/art3632img12.jpg 299w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/art3632img12-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/art3632img12-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 299px) 100vw, 299px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">EDUARDO CESAR<\/span><\/a>Est\u00e1 apareciendo en las grandes ciudades brasile\u00f1as una enfermedad altamente letal, que afecta alrededor de 3.100 personas\u00a0 anualmente en el pa\u00eds y ocasiona la muerte en m\u00e1s de 90% de los casos si no se realiza un tratamiento adecuado: la leishmaniasis visceral. Causada por un par\u00e1sito unicelular &#8211; el protozoario <em>Leishmania chagasi<\/em> -, que se aloja en el interior de las c\u00e9lulas de defensa del organismo da\u00f1ando el bazo, el h\u00edgado y la m\u00e9dula \u00f3sea, la leishmaniasis visceral fue considerada durante mucho tiempo un problema exclusivamente silvestre o restringido a las zonas rurales de Brasil. No lo es m\u00e1s.<\/p>\n<p>En las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, las autoridades sanitarias comenzaron a identificar los primeros casos contra\u00eddos en las propias ciudades, inicialmente en la regi\u00f3n nordeste. Desde entonces, por razones a\u00fan no establecidas, la leishmaniasis visceral se urbaniz\u00f3 y se nacionaliz\u00f3: alcanz\u00f3 ciudades del norte, del centro-oeste y del sudeste. Ya se propag\u00f3 por 20 de los 26 estados brasileros &#8211; solamente la regi\u00f3n sur parece libre del problema &#8211; y golpea las puertas de las ciudades de medio y gran porte. Puede llegar a metr\u00f3polis como R\u00edo de Janeiro y S\u00e3o Paulo, que a semejanza de las ciudades fortificadas medievales puede que no logren contener el avance de la leishmaniasis con sus murallas de casas y edificios.<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s de siete d\u00e9cadas despu\u00e9s de haber sido descrita por el m\u00e9dico Evandro Chagas en una art\u00edculo en la revista Science como el causante de una nueva forma de leishmaniasis visceral, distinta que la observada en Europa e India, el par\u00e1sito <em>Leishmania chagasi<\/em> y el insecto que lo transmite a los seres humanos en Brasil contin\u00faan desafiando a los investigadores y autoridades\u00a0 de salud p\u00fablica. Durante ese per\u00edodo, la poblaci\u00f3n brasile\u00f1a, que hasta los comienzos del siglo pasado era eminentemente rural, se transform\u00f3 en urbana &#8211; actualmente, ocho de cada diez brasile\u00f1os residen en ciudades &#8211; migrando de una regi\u00f3n a otra en procura de oportunidades laborales. Para que las ciudades surgiesen se consumi\u00f3 el 30% de las selvas del pa\u00eds, el ambiente natural del par\u00e1sito de la leishmaniasis, encontrado en animales tales como el zorro de monte (<em>Cerdocyon thous<\/em>) y el zorrito de campo (<em>Lycalopex vetulus<\/em>), y de su transmisor, el insecto Lutzomya longipalpis (una especie de mosquito).<\/p>\n<p>Como resultado, la enfermedad se expandi\u00f3 y el n\u00famero de casos aument\u00f3. En 1985 el parasit\u00f3logo paraense Le\u00f4nidas Deane, quien integr\u00f3 la comisi\u00f3n dirigida por Chagas, contabiliz\u00f3 8.959 registros de leishmaniasis visceral en Brasil desde los primeros casos identificado por Enrique Penna en 1932. Ese cuadro se agrav\u00f3. El Ministerio de Salud registr\u00f3 53.480 casos desde 1990 hasta 2007 &#8211; y 1.750 defunciones. La leishmaniasis visceral tambi\u00e9n mut\u00f3 y se hizo m\u00e1s agresiva. Mataba tres de cada cien personas que la contra\u00edan en 2000. Actualmente fallecen siete.<\/p>\n<p>&#8220;Durante los pr\u00f3ximos cinco a\u00f1os puede surgir una epidemia en la ciudad de S\u00e3o Paulo&#8221;, advierte el m\u00e9dico higienista Carlos Henrique Nery Costa, de la Universidad Federal de Piau\u00ed (UFPI). Costa habla con la experiencia de quien estudia la transmisi\u00f3n de la leishmaniasis visceral desde hace casi 20 a\u00f1os e investig\u00f3 a fondo las causas de la epidemia que marc\u00f3 la urbanizaci\u00f3n reciente de la enfermedad: los mil casos registrados en Teresina, capital del estado de Piau\u00ed, entre 1981 y 1985 &#8211; esa epidemia fue seguida por otra casi diez a\u00f1os despu\u00e9s, con m\u00e1s de 1.200 casos.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que la capital piauiense trataba a sus enfermos e intentaba entender las causas del problema, otras ciudades a centenares de kil\u00f3metros de all\u00ed &#8211; tales como S\u00e3o Luis, en el estado de Maranh\u00e3o, Santar\u00e9m, en Par\u00e1, Montes Claros, en Minas Gerais, y Corumb\u00e1, en Mato Grosso do Sul, asist\u00edan al brote de la leishmaniasis visceral. &#8220;La enfermedad surgi\u00f3 en esos lugares como si brotase del suelo, sin un patr\u00f3n definido&#8221;, dice Costa.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/leish_mosquito-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-240140\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/leish_mosquito-1-300x212.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"212\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Sinclair Stammers\/Science Photo Library<\/span><\/a>En el centro-sur del pa\u00eds ocurri\u00f3 diferente. Poco despu\u00e9s que aumentaran los casos urbanos de leishmaniasis visceral en Corumb\u00e1, al oeste del Pantanal de Mato Grosso do Sul, en la frontera con Bolivia, la enfermedad atraves\u00f3 velozmente el estado en direcci\u00f3n al este. Hacia fines de los a\u00f1os 1990 ya hab\u00eda alcanzado la capital, Campo Grande, y arribado a Tr\u00eas Lagoas, en el l\u00edmite con el estado de S\u00e3o Paulo. En su avance, acompa\u00f1\u00f3 el camino del gasoducto Brasil-Bolivia, que sigue la traza del r\u00edo Tiet\u00ea, camino a la capital paulista, y de la autopista BR-262, que une Corumb\u00e1 con Esp\u00edrito Santo, constat\u00f3 el equipo del epidemi\u00f3logo Suely Antonialli, de la Escuela de Salud P\u00fablica Jorge David Nasser, en Campo Grande, en un art\u00edculo publicado en 2007 en el Journal of Infection.<\/p>\n<p>Desde Tr\u00eas Lagoas, no tard\u00f3 en cruzar el r\u00edo Paran\u00e1 y se esparci\u00f3 por el noroeste paulista rumbo a la capital. Desde la identificaci\u00f3n de la presencia del insecto en 1997, la enfermedad en perros en 1998 y el primer caso humano en Ara\u00e7atuba, durante 1999, la leishmaniasis visceral se estableci\u00f3 en el estado y se propaga silenciosamente, siguiendo el curso de la autopista Marechal Rondon (SP-300), la principal v\u00eda de conexi\u00f3n entre Mato Grosso do Sul y la capital paulista. En casi diez a\u00f1os el Centro de Vigilancia Epidemiol\u00f3gica (CVE) de S\u00e3o Paulo registr\u00f3 1.258 casos en 49 municipios paulistas &#8211; y 112 decesos.<\/p>\n<p>&#8220;En el estado de S\u00e3o Paulo la enfermedad viene descendiendo desde la regi\u00f3n oeste hacia el este y puede alcanzar la capital&#8221;, comenta la epidemi\u00f3loga Vera Lucia Camargo-Neves, investigadora del CVE.<\/p>\n<p>Analizando la dispersi\u00f3n de la leishmaniasis visceral, ella constat\u00f3 que cada a\u00f1o el par\u00e1sito migra 30 kil\u00f3metros en direcci\u00f3n a S\u00e3o Paulo, transportado por un insecto de apenas tres mil\u00edmetros con patas y alas peludas: el Lutzomya longipalpis, conocido en Brasil como mosquito paja, birig\u00fci, ch\u00e1ngala o tatuquira.<\/p>\n<p>Frente a esos datos, la previsi\u00f3n de que tarde o temprano la enfermedad arribe a la mayor metr\u00f3poli de Am\u00e9rica del Sur, donde residen 19 millones de personas, no resulta tan absurda como puede parecer. Hace dos a\u00f1os el sistema de vigilancia detect\u00f3 un ni\u00f1o con leishmaniasis visceral en Vila Prudente, un barrio paulistano. Poco divulgado por la Secretar\u00eda de Estado de la Salud, el caso permanece bajo investigaci\u00f3n, pues a\u00fan no se conoce c\u00f3mo apareci\u00f3.<\/p>\n<p>No fue el primero. Treinta a\u00f1os atr\u00e1s Lygia Iversson, en aquella \u00e9poca investigadora de la Facultad de Salud P\u00fablica de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), detect\u00f3 otros dos casos. En 1979 Lygia identific\u00f3 un portador de la enfermedad en Diadema, en el Gran S\u00e3o Paulo. Dos a\u00f1os antes ella hab\u00eda registrado otra infecci\u00f3n, esa vez en un ni\u00f1o de dos a\u00f1os de edad que jam\u00e1s hab\u00eda abandonado la capital.<\/p>\n<p>Hasta el momento, los tres casos permanecen sin explicaci\u00f3n, toda vez que en los 39 municipios de la Regi\u00f3n Metropolitana de S\u00e3o Paulo no fue hallado el insecto transmisor, aunque en 2002 se hab\u00eda registrado la transmisi\u00f3n de <em>Leishmania chagasi<\/em> entre perros en los municipios de Cotia y Emb\u00fa. En esas oportunidades se capturaron otras especies de insectos del g\u00e9nero Lutzomya, portadores del par\u00e1sito Leishmania braziliensis, causante de una forma m\u00e1s com\u00fan y con menor gravedad de la dolencia: la leishmaniasis cut\u00e1nea, que ocasiona lesiones y \u00falceras de aspecto desagradable en la piel. &#8220;Existe la sospecha de que el insecto capturado en el Gran S\u00e3o Paulo pertenezca a una especie que s\u00f3lo transmite la enfermedad entre los c\u00e1nidos&#8221;, expresa el epidemi\u00f3logo Luiz Jacintho da Silva, superintendente de Sucen en la \u00e9poca en que fueron detectados los primeros casos en el estado y que desde entonces estudia el problema. &#8220;No existe certeza de que la leishmaniasis visceral alcance la ciudad de S\u00e3o Paulo&#8221;, dice.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/leish_cao-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-240139\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/leish_cao-1-683x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"450\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Miguel Boyayan<\/span><\/a>Aunque no alcance la capital, la diseminaci\u00f3n de la enfermedad en ciudades de medio y gran porte, tales como Baur\u00fa, en el interior de S\u00e3o Paulo, y Belo Horizonte, en Minas Gerais, preocupa a las autoridades de salud. Sucede que cuanto mayor es el n\u00famero de personas en la regi\u00f3n en que existe el par\u00e1sito\u00a0 o su transmisor, mayor es el riesgo de contraer la enfermedad. Y las tres principales medidas de control adoptadas desde hace medio siglo &#8211; utilizaci\u00f3n de insecticidas, eliminaci\u00f3n de perros enfermos o sospechosos de hallarse infectados y el tratamiento de los casos humanos &#8211; no se han demostrado capacidad para contener la expansi\u00f3n de la enfermedad. &#8220;La leishmaniasis visceral mata alrededor de 200 personas anualmente, mayor cantidad que la malaria y el dengue juntos, y controlarla resulta m\u00e1s dif\u00edcil de los que hab\u00edamos imaginado&#8221;, dice Costa, de la UFPI.<\/p>\n<p>Se sospecha que las migraciones internas &#8211; en especial del nordeste hacia el sudeste- han favorecido la diseminaci\u00f3n de la leishmaniasis visceral en el pa\u00eds. Pero otros factores pueden haber colaborado. El parasit\u00f3logo ingl\u00e9s Jeffrey Jon Shaw, quien hace 43 a\u00f1os que reside en Brasil y estudia el ciclo de vida de los protozoo del g\u00e9nero Leishmania y sus vectores, considera que el insecto transmisor de la leishmaniasis visceral se adapt\u00f3 muy bien en las ciudades. &#8220;Estamos creando ambientes propicios para la proliferaci\u00f3n del vector, tal como son la humedad y mucha comida&#8221;, afirma Shaw, profesor jubilado de la USP y actualmente investigador de la Fundaci\u00f3n Tropical de Investigaciones y Tecnolog\u00eda Andr\u00e9 Tosello, con sede en Campinas.<\/p>\n<p>No es posible todav\u00eda identificar un patr\u00f3n de diseminaci\u00f3n para todas las \u00e1reas del pa\u00eds. No se sabe si las poblaciones de insectos que hoy se encuentran en la periferia de muchas ciudades ya exist\u00edan en esas zonas o si migraron desde regiones con vegetaci\u00f3n mejor conservada. Shaw considera ambas posibilidades. &#8220;En Belo Horizonte casi con certeza hubo una invasi\u00f3n de mosquitos en la periferia, pero en otros estados pudo haber ocurrido la expansi\u00f3n de poblaciones que viv\u00edan en las selvas costeras de los r\u00edos&#8221;, comenta el parasit\u00f3logo, quien investiga la din\u00e1mica de las poblaciones de Lutzomya en S\u00e3o Paulo, Mato Grosso do Sul y Pernambuco.<\/p>\n<p>Costa, de la UFPI, intuye algo diferente. Seg\u00fan \u00e9l, la difusi\u00f3n del insecto transmisor de la enfermedad se asocia con la utilizaci\u00f3n de \u00e1rboles ex\u00f3ticos tales como las acacias, de hojas peque\u00f1as y flores amarillas, en los proyectos urban\u00edsticos de las ciudades. Existen motivos para tal sospecha. Teresina hab\u00eda sido arbolada con acacias durante la \u00e9poca de la primera epidemia, en los a\u00f1os 1980. Durante esa \u00e9poca, otra epidemia devastadora, que dej\u00f3 100 mil muertos en Sud\u00e1n, afect\u00f3 principalmente a las familias que resid\u00edan en bosques de acacias, posible fuente de n\u00e9ctar para los insectos. Tambi\u00e9n existen indicios de que el n\u00e9ctar de ciertas plantas favorece la proliferaci\u00f3n de los par\u00e1sitos en el intestino de los insectos.<\/p>\n<p>A\u00fan es preciso probar si de hecho eso ocurre en Brasil, aunque es cierto que, con la reducci\u00f3n de las \u00e1reas de vegetaci\u00f3n natural, los insectos se adaptaron a los parques y quintas de las casas, tan comunes en el interior. A diferencia del mosquito transmisor del dengue (<em>Aedes aegypti<\/em>), que necesita de agua para reproducirse, la hembra del <em>Lutzomya longipalpis<\/em> desova en superficies h\u00famedas, tales como piedras y hojas en contacto con la tierra. Luego que los huevos eclosionan, las larvas se alimentan con materia org\u00e1nica encontrada en el suelo hasta transformarse en insectos adultos. Ya alados y con el resto del cuerpo desarrollado, los adultos se alimentan con el n\u00e9ctar de las flores y se posan, siempre con las alas levantadas, en \u00e1reas h\u00famedas y sombreadas. Al atardecer, las hembras salen en busca de la sangre necesaria para colocar sus huevos. Hacen cortos vuelos, a los saltos, y pican en las partes descubiertas del cuerpo.<\/p>\n<p>Durante la dolorosa picadura, la hembra realiza un peque\u00f1o corte en la piel e inyecta saliva y sustancias que aumentan el calibre de los vasos sangu\u00edneos e impiden la coagulaci\u00f3n de la sangre. Durante su alimentaci\u00f3n, regurgitan las formas del par\u00e1sito que s\u00f3lo se reproduce en su aparato digestivo. Una vez en la sangre, el par\u00e1sito se aprovecha del propio mecanismo de acci\u00f3n del sistema de defensa y se oculta antes de invadir otras c\u00e9lulas y reproducirse, seg\u00fan recientes descubrimientos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/leish-3-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-240144\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/09\/leish-3-1-737x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"417\" \/><span class=\"media-credits-inline\">C\u00e9lia Gontijo\/CPQRR\/Fiocruz |  Rafael Teixeira Neto\/CPQRR\/Fiocruz<\/span><\/a>El equipo de David Sacks, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, puso hembras del insecto <em>Phlebotomus duboscqi<\/em>, portadoras de Leishmania mayor, capaces de infectar animales de laboratorio, para que se alimentaran en la oreja de ratones. Mediante un microscopio que permite tomar im\u00e1genes de\u00a0 tejidos de animales vivos, estudiaron el combate contra los par\u00e1sitos. Tan pronto como el sistema inmunol\u00f3gico de los ratones identific\u00f3 la invasi\u00f3n, las c\u00e9lulas de defensa denominadas neutr\u00f3filos se trasladaron hasta la zona de la picadura. En poco m\u00e1s de media hora los neutr\u00f3filos ya hab\u00edan absorbido la mayor parte de los par\u00e1sitos e intentaban destruirlos con un ba\u00f1o de enzimas digestivas. Como viven s\u00f3lo unas pocas horas, los neutr\u00f3filos son luego digeridos por una segunda oleada de c\u00e9lulas de defensa, los macr\u00f3fagos, una especie de servicio de limpieza.<\/p>\n<p>Los investigadores observan que, luego de la muerte de los neutr\u00f3filos, par\u00e1sitos a\u00fan vivos se aproximaban a los macr\u00f3fagos, c\u00e9lulas en las cuales se alojan y reproducen. En un art\u00edculo publicado el 15 de agosto en la revista Science, el equipo de Sacks denomin\u00f3 a la estrategia como &#8220;caballo de Troya&#8221;, en referencia a la t\u00e1ctica utilizada por los griegos para atravesar las murallas de Troya en la guerra narrada por Homero. Es probable que ese mismo disfraz permita a la <em>Leishmania chagasi<\/em> penetrar en los macr\u00f3fagos del hombre y de otros mam\u00edferos y generar da\u00f1os en el h\u00edgado, en el bazo y en la m\u00e9dula \u00f3sea, debilitando el sistema inmunol\u00f3gico y provocando los s\u00edntomas t\u00edpicos de la leishmaniasis visceral &#8211; fiebre intermitente que dura semanas, hinchaz\u00f3n del bazo e h\u00edgado, p\u00e9rdida de apetito y adelgazamiento. &#8220;En todo el pa\u00eds, los m\u00e9dicos deben estar atentos a estos s\u00edntomas&#8221;, afirma Costa. &#8220;Si el paciente presenta fiebres prolongadas sin motivo aparente, palidez y el bazo aumentado, debe solicitarse un examen de m\u00e9dula \u00f3sea para eliminar la sospecha de leishmaniasis&#8221;.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista de la salud p\u00fablica, la opci\u00f3n consiste en intentar controlar la poblaci\u00f3n del denominado mosquito paja mediante la aplicaci\u00f3n del insecticida deltametrina en los focos de leishmaniasis. Aunque no siempre esa decisi\u00f3n, actualmente a cargo de los municipios, resulta eficaz.\u00a0 Con un per\u00edodo de acci\u00f3n de tres meses, el insecticida debe aplicarse pared por pared de las casas y no siempre los insectos mueren. Otras veces, caen al suelo para luego levantar vuelo nuevamente. &#8220;No se conoce una forma de aplicaci\u00f3n del insecticida que alcance a un mayor n\u00famero de insectos&#8221;, cuenta Vera Camargo, del CVE.<\/p>\n<p>El arribo del mosquito paja a las ciudades trajo otra complicaci\u00f3n. En la sombra y la tierra fresca de las quintas, el insecto encontr\u00f3 una formidable fuente de sangre que las personas gustan de mantener a su lado: el perro, que contrae la infecci\u00f3n f\u00e1cilmente y se debilita tanto como sus due\u00f1os.<\/p>\n<p>Para controlar el avance de la leishmaniasis, el Ministerio de Salud determina la eliminaci\u00f3n de los canes infectados. Es una medida pol\u00e9mica que, aislada, no resulta suficiente. En varios estados, la poblaci\u00f3n canina es alta &#8211; en S\u00e3o Paulo hay un perro cada cuatro personas, mientras la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud sugiere que la relaci\u00f3n ideal es de uno cada diez &#8211; y el \u00edndice de infecci\u00f3n llega al 20% de los animales en algunos municipios. Todav\u00eda persiste la resistencia de los due\u00f1os para entregar al fiel amigo para ser sacrificado. &#8220;Las personas s\u00f3lo entregan a sus perros cuando descubren que alg\u00fan vecino muri\u00f3 debido a la leishmaniasis visceral&#8221;, cuenta la veterinaria Maria Cec\u00edlia Luvizotto, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) en Ara\u00e7atuba, quien identific\u00f3 el primer can infectado en 1998.<\/p>\n<p>Seg\u00fan estudios realizados en diferentes ciudades, alrededor de la mitad de los perros identificados con leishmaniasis es eliminada. Veterinarios y grupos protectores de los animales critican la estrategia porque los test de diagn\u00f3stico pueden fallar en algunas situaciones. &#8220;El test no distingue entre leishmaniasis visceral y la variedad cut\u00e1nea, o si el perro ya fue vacunado contra la enfermedad&#8221;, dice la parasit\u00f3loga C\u00e9lia Montijo, de la Fundaci\u00f3n Oswaldo Cruz (Fiocruz) en Belo Horizonte. &#8220;El test incluso puede sugerir que el animal tiene leishmaniasis cuando en realidad puede hallarse afectado de enfermedades curables tales como la babesiosis &#8211; otra infecci\u00f3n causada por un par\u00e1sito, similar a la malaria&#8221;.<\/p>\n<p>En un intento por reducir las confusiones, Olindo Martins Filho y Renata Andrada, de la Fiocruz minera, desarrollaron un test que permite diferenciar el resultado positivo provocado por la infecci\u00f3n del originado por la vacuna, descrito en 2007 en la revista Veterinary Inmunology and Inmunopathology. Actualmente ellos intentan utilizarlo para distinguir la forma visceral de la cut\u00e1nea. La propia C\u00e9lia obtuvo resultados m\u00e1s precisos que los de los test tradicionales, utilizando la t\u00e9cnica de reacci\u00f3n en cadena de la polimerasa (PCR), que identifica el ADN del par\u00e1sito.<\/p>\n<p>Otros grupos prueban la utilizaci\u00f3n de collares con deltametrina, que mantendr\u00edan a los insectos lejos de los canes durante meses. El collar tiene un costo de aproximadamente 60 reales y hay que cambi\u00e1rselo de tanto en tanto. En 2004, Richard Reithinger, de la Fiocruz en Minas Gerais, compar\u00f3 el uso de collares con la eutanasia. Demostr\u00f3 que el collar es una alternativa factible si las personas lo utilizaran correctamente.<\/p>\n<p>En la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro (UFRJ), el equipo de Clarisa Palatnik de Sousa desarroll\u00f3 una vacuna elaborada con base en ant\u00edgenos del par\u00e1sito que est\u00e1 siendo utilizada s\u00f3lo en cl\u00ednicas particulares. En 2003, la vacuna\u00a0 fue autorizada por el Ministerio de Agricultura &#8211; el Ministerio de Salud, responsable del control de la leishmaniasis, a\u00fan no autoriz\u00f3 su utilizaci\u00f3n como medida de protecci\u00f3n generalizada. La principal cr\u00edtica contra la vacuna era que hab\u00eda sido probada apenas en peque\u00f1os grupos de animales. La decisi\u00f3n de las autoridades de salud puede cambiar ahora con la publicaci\u00f3n de los test m\u00e1s recientes en la revista Vaccine de agosto. Clarisa estudi\u00f3 durante dos a\u00f1os dos grupos de canes (550 vacunados y 588 no vacunados) en Andradina, una ciudad en el interior del estado de S\u00e3o Paulo donde la leishmaniasis visceral es end\u00e9mica. La vacuna protegi\u00f3 a los animales en el 99% de los casos.<\/p>\n<p>Algunos expertos avizoran en la vacuna preventiva una alternativa para proteger a los perros, toda vez que el Ministerio de Salud prohibi\u00f3 en julio la utilizaci\u00f3n de medicamentos humanos para el tratamiento de la leishmaniasis canina. Existen motivos para actuar con precauci\u00f3n. Aunque mejoren cl\u00ednicamente, los canes no se curan y pueden seguir transmitiendo el par\u00e1sito para los insectos que los pican. Tambi\u00e9n existe el riesgo de que el tratamiento promueva la selecci\u00f3n de cepas de <em>Leishmania chagasi<\/em> resistentes a los medicamentos humanos &#8211; antimonio pentavalente, anfotericina B y pentamidina.<\/p>\n<p>Luego de d\u00e9cadas sin nuevos compuestos para el tratamiento de seres humanos, un estudio publicado en julio en la revista Plos Neglected Tropical Diseases muestra un avance importante. En la USP, los parasit\u00f3logos Silvia Uliana y Danilo Miguel comprobaron que el tamoxifeno, utilizado en la terapia y prevenci\u00f3n del c\u00e1ncer de mama, resulta eficaz en el combate contra la infecci\u00f3n por Leishmania amazonensis en ratones. Ahora ellos se preparan para repetir los test para la cepa <em>Leishmania chagasi<\/em> en h\u00e1msteres, antes de evaluar los efectos en un peque\u00f1o n\u00famero de pacientes. La ventaja del tamoxifeno sobre nuevas drogas es que su mecanismo de acci\u00f3n ya se conoce y su seguridad ya fue demostrada. &#8220;De cualquier manera&#8221;, afirma Silvia, &#8220;son necesarios tres a\u00f1os de estudios&#8221;.<\/p>\n<p>Entre los compuestos en fase de prueba contra la leishmaniasis, al menos uno fue desarrollado \u00edntegramente en Brasil por la red de investigaciones Farmabrasilis. Es el P-MAPA, sigla del anh\u00eddrido polim\u00e9rico de fosfolinoleato de magnesio y amonio proteico, que en test en Brasil y Estados Unidos demostr\u00f3 su eficacia contra la bacteria Listeria monocytoges, cuyo mecanismo de supervivencia en el organismo es similar al de los protozoarios del g\u00e9nero Leishmania.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La leishmaniasis visceral avanza sobre las ciudades brasile\u00f1as","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[298,316,329],"coauthors":[105],"class_list":["post-84139","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-epidemiologia-es","tag-medicina-es","tag-salud-publica"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84139","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84139"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84139\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84139"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84139"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84139"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84139"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}