{"id":84211,"date":"2008-12-01T11:00:00","date_gmt":"2008-12-01T13:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2008\/12\/01\/la-selva-inesperada-2\/"},"modified":"2017-01-18T17:51:20","modified_gmt":"2017-01-18T19:51:20","slug":"la-selva-inesperada-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-selva-inesperada-2\/","title":{"rendered":"La selva inesperada"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_217100\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-217100 size-full\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/mataatlantica1.jpg\" alt=\"mataatlantica1\" width=\"290\" height=\"436\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/mataatlantica1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/mataatlantica1-120x180.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/mataatlantica1-250x376.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Eduardo Cesar<\/span>Litoral norte paulista: el Bosque de 65 millones de a\u00f1os<span class=\"media-credits\">Eduardo Cesar<\/span><\/p><\/div>\n<p>Bi\u00f3logos\u00a0 y agr\u00f3nomos arribaron a la conclusi\u00f3n de que el Bosque Atl\u00e1ntico ?al menos el del litoral norte paulista? tendr\u00eda un modo diferente, tal vez \u00fanico y hasta ahora desconocido de captar, aprovechar y liberar los nutrientes que le permiten crecer y mantenerse. Los suelos de los montes que cubren las laderas de Ubatuba\u00a0 y S\u00e3o Lu\u00eds do Paraitinga son m\u00e1s rastreros y a\u00fan m\u00e1s pobres que los de la Amazonia en nitr\u00f3geno, un nutriente esencial para las plantas, tanto como lo son el agua y la luz. A\u00fan no existe un medio de explicar de qu\u00e9 manera un bosque tan pobre en nitr\u00f3geno puede ser m\u00e1s exuberante que la Amazonia en variedad de especies de plantas y animales.<\/p>\n<p>Este trabajo, iniciado en 2003, mostr\u00f3 que la selva m\u00e1s cercana a las mayores ciudades del pa\u00eds es a\u00fan muy poco conocida, en contraste con la Amazonia, que comenz\u00f3 a ser examinada hace al menos cuatro siglos, con los naturalistas europeos. Es inquietante eso de saber m\u00e1s de la Amazonia que del Bosque Atl\u00e1ntico, que est\u00e1 mucho m\u00e1s cerca de nosotros, asevera Luiz Antonio Martinelli, investigador de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y uno de los coordinadores del grupo que re\u00fane a especialistas en suelo, plantas y atm\u00f3sfera dispuestos a elaborar una visi\u00f3n amplia e integrada del monte atl\u00e1ntico brasile\u00f1o.<\/p>\n<p>Los bot\u00e1nicos fueron los primeros que notaron que el nitr\u00f3geno del Bosque Atl\u00e1ntico no ser\u00eda tan abundante como en la Amazonia. En la base de todo el trabajo, unos 15 estudiantes y auxiliares de investigaci\u00f3n recorrieron las 14 \u00e1reas de estudio cada terreno mide una hect\u00e1rea (10 mil metros cuadrados) de monte con la vegetaci\u00f3n m\u00e1s preservada posible en tres franjas de altura (de 5 a 50 metros, de 50 a 500 metros\u00a0 y de 500 a 1.200 metros) en los municipios de Ubatuba y S\u00e3o Lu\u00eds do Paraitinga. Coordinados por Simone Vieira, ingeniera agr\u00f3noma de la USP,\u00a0 y Luciana Alves, bi\u00f3loga del Instituto de Bot\u00e1nica, deb\u00edan hallar y marcar con una peque\u00f1a placa met\u00e1lica todos los \u00e1rboles, incluso los que a\u00fan estaban en crecimiento, de al menos 4,8 cent\u00edmetros de di\u00e1metro. En total, 28 mil \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Los bot\u00e1nicos verificaron que los representantes de la familia bot\u00e1nica de las leguminosas como el guapinol, el guayac\u00e1n de hierro y el jacarand\u00e1 no eran tan abundantes all\u00ed como en la Amazonia. Los \u00e1rboles de la familia de las leguminosas son importantes para toda la selva porque, m\u00e1s que otras especies, captan nitr\u00f3geno de la atm\u00f3sfera mediante la asociaci\u00f3n de las ra\u00edces con grupos de bacterias del g\u00e9nero Rhizobium. Inicialmente lo utilizan para ellos mismos y despu\u00e9s lo distribuyen para otras plantas, cuando las hojas caen y el nitr\u00f3geno se esparce en el suelo y en los r\u00edos.<\/p>\n<p>Mientras que los bot\u00e1nicos examinaban las plantas, Luiz Felippe Salemi\u00a0 y Juliano Daniel Groppo recolectaban agua de lluvia. Posteriormente la examinaron en Piracicaba en los aparatos del Centro de Energ\u00eda Nuclear en Agricultura (Cena), bajo la supervisi\u00f3n de Martinelli, y hallaron muy poco nitr\u00f3geno en el agua de lluvia y de los r\u00edos, en el suelo y en las hojas de los \u00e1rboles. Pensamos que los aparatos estaban fallando, comenta Martinelli. Poco a poco llegaron a la conclusi\u00f3n de que el Bosque Atl\u00e1ntico deber\u00eda funcionar de manera totalmente diferente de lo que hab\u00edan pensado, tal vez con la mitad del ya de por s\u00ed poco nitr\u00f3geno encontrado en la Amazonia, aunque m\u00e1s que en los bosques templados europeos, bastante modestos en biodiversidad si se los compara con los de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Martinelli a\u00fan no sabe si la escasez de nitr\u00f3geno ser\u00eda una de las razones del hecho de que el Bosque Atl\u00e1ntico sea uno de los m\u00e1s antiguos del mundo, con alrededor de 65 millones de a\u00f1os, o si el Bosque Atl\u00e1ntico vivi\u00f3 tanto porque siempre cont\u00f3 con poco nitr\u00f3geno. \u00c9l presume que comparaciones con un ambiente natural muy diferente, el Cerrado [sabana], cuyas plantas se adaptaron a la escasez de nutrientes y de agua, podr\u00edan ayudar a explicar de qu\u00e9 manera la selva tropical costera alberga tama\u00f1a riqueza biol\u00f3gica, medida por la diversidad de especies de animales y plantas, si se considera las epifitas, tales como orqu\u00eddeas y bromelias, hasta tres veces mayor por metro cuadrado que la de la Selva Amaz\u00f3nica, mucho m\u00e1s rica en nitr\u00f3geno.<\/p>\n<p><strong>\u00c1rboles apurados<br \/>\n<\/strong>Ahora al menos han quedado claros los contrastes no solamente entre las mayores selvas de Brasil sino tambi\u00e9n del interior del propio Bosque Atl\u00e1ntico. Los montes de alturas m\u00e1s bajas crecen y viven funcionan de manera distinta que los de altitudes m\u00e1s elevadas, como si fueran organismos distintos. Los suelos de los montes de 5 a 50 metros de altura son planos (no pasan de 30 cent\u00edmetros) y tambi\u00e9n m\u00e1s pobres en nutrientes que los de los terrenos de 800 a 1.200 metros. De acuerdo con los resultados obtenidos hasta ahora, en los montes bajos las plantas parecen tener prisa\u00a0 y absorben nitr\u00f3geno directamente de las hojas que caen sobre el suelo sin esperar que el valioso nutriente se mezcle con la tierra y forme la espesa capa de material org\u00e1nico del suelo de los bosques altos, donde el nitr\u00f3geno circula m\u00e1s lentamente. En los montes m\u00e1s cercanos a la playa, la cantidad de lluvia corresponde a la mitad de la que cae en los montes de lo alto de la sierra, inmersos en neblina durante al menos 200 d\u00edas por a\u00f1o. En las altitudes m\u00e1s elevadas, los \u00e1rboles son m\u00e1s corpulentos, adem\u00e1s de tener una densidad mayor que en los montes bajos. Ya no se puede decir m\u00e1s que el Bosque Atl\u00e1ntico funciona indistintamente de una manera o de otra, afirma Joly.<\/p>\n<p>Simone Vieira\u00a0 y Luciana Alves tambi\u00e9n estimaron la biomasa la cantidad de carbono almacenado principalmente en los \u00e1rboles, las palmeras y los helechos del Bosque Atl\u00e1ntico. Reunieron informaciones sobre el di\u00e1metro, la altura y la densidad de la madera de casi 30 mil \u00e1rboles y arribaron a la conclusi\u00f3n de que la biomasa de la vegetaci\u00f3n del Bosque Atl\u00e1ntico puede variar de 80 toneladas de carbono por hect\u00e1rea en los bosques m\u00e1s cercanos al mar a 120 toneladas en los montes de laderas y en la cima de la sierra. Es una cantidad de carbono mucho mayor que la que esper\u00e1bamos, afirma Simone. Esa biomasa sugiere que el Bosque Atl\u00e1ntico tiene una elevada capacidad de almacenar carbono org\u00e1nico, si bien que mediante mecanismos a\u00fan misteriosos, porque la cantidad de nitr\u00f3geno que recibe no deber\u00eda producir \u00e1rboles tan corpulentos.<\/p>\n<p>La estimaci\u00f3n de biomasa indic\u00f3 que cada hect\u00e1rea de Bosque Atl\u00e1ntico deforestada redunda en la emisi\u00f3n de al menos 100 toneladas de carbono, similar a la franja m\u00ednima de emisi\u00f3n de la Amazonia (la quema de una hect\u00e1rea de Selva Amaz\u00f3nica, dependiendo de la densidad\u00a0 y de la composici\u00f3n, implica la emisi\u00f3n de entre 100 y 200 toneladas de carbono). Tardamos cinco siglos para conocer la biomasa, un dato b\u00e1sico sobre el Bosque Atl\u00e1ntico, reconoce Martinelli. Su indignaci\u00f3n se mezcla al placer de haber encontrado un ser gigantesco, tan cercano que segu\u00eda siendo tan desconocido y que seguramente guarda a\u00fan muchas otras sorpresas.<\/p>\n<p><strong>El proyecto<br \/>\n<\/strong>Composici\u00f3n flor\u00edstica, estructura\u00a0 y funcionamiento de la selva ombr\u00f3fila densa de los n\u00facleos Picinguaba y Santa Virg\u00ednia del Parque Serra do Mar\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/81978\/composicao-floristica-estrutura-e-dinamica-do-funcionamento-da-floresta-ombrofila-densa-atlantica-d\/\" target=\"_blank\">n\u00ba\u00a012\/51509-8<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico &#8211; Programa Biota FAPESP;\u00a0<strong>Coordinadores\u00a0<\/strong>Carlos Alfredo Joly (Unicamp)\u00a0 y Luiz Antonio Martinelli (Cena-USP);\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 2.576.067,24 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El Bosque Atl\u00e1ntico es m\u00e1s pobre en nitr\u00f3geno que la Selva Amaz\u00f3nica","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,282,293,269],"coauthors":[5968],"class_list":["post-84211","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-botanica-es","tag-ecologia-es","tag-ambiente-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84211","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84211"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84211\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84211"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84211"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84211"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84211"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}