{"id":84238,"date":"2009-01-01T00:00:00","date_gmt":"2009-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/01\/01\/a-la-sombra-de-los-manuscritos-en-flor\/"},"modified":"2017-01-19T16:41:26","modified_gmt":"2017-01-19T18:41:26","slug":"a-la-sombra-de-los-manuscritos-en-flor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/a-la-sombra-de-los-manuscritos-en-flor\/","title":{"rendered":"A la sombra de los manuscritos en flor"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_05.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230384\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-230384\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_05.jpg\" alt=\"Proust_05\" width=\"300\" height=\"348\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_05.jpg 839w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_05-700x813.jpg 700w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_05-120x139.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_05-250x290.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Im\u00e1genes del libro <em>En busca del tiempo perdido<\/em>\/ editorial Zahar<\/span><\/a>Fue el propio Marcel Proust (1871-1922) quien lanz\u00f3 el desaf\u00edo a los cr\u00edticos literarios de la posteridad al afirmar, en El tiempo recobrado: Un libro es un gran cementerio donde, sobre la mayor\u00eda de los sepulcros, ya no se pueden leer los nombres muertos. El escritor, claro, no pod\u00eda imaginar que sus preciosos manuscritos, los famosos cahiers proustianos, utilizados para esbozar las 4.300 p\u00e1ginas de los siete vol\u00famenes de En busca del tiempo perdido, obra que le tom\u00f3 15 a\u00f1os de su vida, fuesen un d\u00eda a ser materia de an\u00e1lisis de la denominada cr\u00edtica gen\u00e9tica, empe\u00f1ada en descifrar el ADN literario del m\u00e1s emblem\u00e1tico romance-r\u00edo de todos los tiempos, con el objeto de comprender c\u00f3mo Proust trabaj\u00f3 (y re trabaj\u00f3) su obra. Se intenta detectar el proceso de creaci\u00f3n de los escritores, de c\u00f3mo ellos pasaron de una frase a otra. Cada borrador proustiano representa un microcosmos de su propia obra, en el plano de la escritura, de la narrativa, pero, por encima de todo, en el plano de los motivos que se esbozan, de los temas que se responden y van a encontrar su eco en otros contextos donde se diseminar\u00e1n, explica Pilippe Willemart, cr\u00edtico literario de la USP y coordinador del Proyecto Tem\u00e1tico Br\u00e9pols brasile\u00f1o, apoyado por la FAPESP, y que busca descifrar y publicar parte de los 75 cuadernos de manuscritos del autor. \u00c9stos, desde 1962, se hallan en la Biblioteca Nacional de Francia y a partir de 2003 comenzaron a ser descifrados por el Equipo Proust del Institut de Textes et Manuscrits Modernes, el Item, para su publicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nosotros formamos parte de ese proyecto internacional de publicaci\u00f3n de los cuadernos por parte de la editorial belga Br\u00e9pols. El equipo brasile\u00f1o es responsable de los cuadernos 8, 15, 16, 17, 20, 21, 28 y 38, una parte del 44 y del 53. Lo que se pretende es adaptar esos manuscritos para ser f\u00e1cilmente legibles y accesibles para cualquier investigador, observa Willemart. No queremos extraer textos in\u00e9ditos, sino intentar reconstruir una manera de escribir el trayecto de un escritor. Los cuadernos guardan el enorme trabajo de Proust con los manuscritos, que correg\u00eda hasta el infinito, llegando a pegar hojas en los m\u00e1rgenes, los famosos paperoles, con agregados y revisiones, completa Bernard Brun, investigador jefe del Equipe Proust franc\u00e9s. Si, como dec\u00eda Anatole France, las frases del autor, en la novela impresa, eran tan interminables como para dejar al lector t\u00edsico, imag\u00ednese enfrentar el universo ca\u00f3tico de los manuscritos, con sus innumerables tachones y correcciones. \u00c9l, al releer los borradores, agregaba hojas sueltas, ya que los espacios de los cuadernos ya se encontraban repletos de textos, en los pies o en los encabezados de las hojas de los cuadernos. Las hojas eran pegadas en esos lugares y, innumerables veces, Proust pegaba m\u00e1s hojas sueltas a las ya existentes, cuenta Carla Cavalcanti Silva, integrante del equipo brasile\u00f1o. Adem\u00e1s del trabajo por descifrar la letra del autor, los manuscritos no presentan ning\u00fan orden cronol\u00f3gico comparable a la novela publicada. Raramente encontramos una continuidad en el desarrollo de un episodio o de una descripci\u00f3n en las p\u00e1ginas de los cuadernos. \u00c9l no otorgaba secuencia a los episodios trabajados en una p\u00e1gina dada, y utilizaba el frente de las hojas para desarrollar temas y el reverso para agregados o consideraciones, en un di\u00e1logo entre el reverso de la hoja anterior con el frente de la hoja posterior. Aun as\u00ed, exist\u00eda una l\u00f3gica inexorable en ese caos.<\/p>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_03.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230382\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-230382\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_03-300x289.jpg\" alt=\"Proust_03\" width=\"300\" height=\"289\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Im\u00e1genes del libro <em>En busca del tiempo perdido<\/em>\/ editorial Zahar<\/span><\/a>Papel<br \/>\n<\/strong>Existe una impresi\u00f3n de puro desorden, en el sentido de que los textos surgen en el reverso o por igual en la misma p\u00e1gina sin ninguna conexi\u00f3n evidente con lo que se halla a la vista o con lo que lo precede. Pero Proust no escrib\u00eda de cualquier manera, mejor a\u00fan, el scriptor proustiano pon\u00eda las palabras en el papel\u00a0 con un designio preciso, aunque con frecuencia sin propon\u00e9rselo, pero no al azar, como a primera vista se podr\u00eda pensar, analiza Willemart. No sin raz\u00f3n, el escritor compara su proyecto literario\u00a0 con la construcci\u00f3n de una catedral o, m\u00e1s prosaicamente, con la confecci\u00f3n de un vestido. Esa met\u00e1fora cabr\u00eda para ilustrar el propio quehacer literario en Proust. El vestido, aunque ostentando un dise\u00f1o anterior, s\u00f3lo ser\u00e1 concretado, con el agregado de diversas capas y fragmentos de tejidos que deber\u00e1n ser atados, cosidos entre s\u00ed. El proceso escritural proustiano no se aparta\u00a0 de ese procedimiento, pues los diversos textos ser\u00e1n cosidos, pegados y montados, eval\u00faa Carla. Habr\u00eda, en todos los cuadernos, una coherencia, o, en palabras del escritor, una alianza de palabras que, como nota Willemart, ir\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la raz\u00f3n cartesiana y de la inteligencia racional. La man\u00eda por escribir en fragmentos, utilizando hojas de papel de lo m\u00e1s variadas, dif\u00edciles de ser datadas y aparentemente sin ninguna conexi\u00f3n, acompa\u00f1\u00f3 a Proust desde su romance inconcluso de la juventud, Jean Santeuil (1899).<\/p>\n<p>En 1908, luego de varios ensayos, art\u00edculos y traducciones, el escritor decidi\u00f3 dedicarse a un trabajo sin resuello, el ensayo Contre Sainte-Beuve, contra el cr\u00edtico literario hom\u00f3nimo, de cuya opini\u00f3n sobre la relaci\u00f3n estrecha entre la vida y obra de los autores discordaba radicalmente. En medio del proceso, sin embargo, Proust insert\u00f3 una situaci\u00f3n rom\u00e1ntica y el ensayo sobre est\u00e9tica gan\u00f3 car\u00e1cter de ficci\u00f3n, lo que condujo al autor a repensar el proyecto y comenzar a retrabajarlo en lo que ser\u00eda En busca del tiempo perdido, inicialmente titulado como Las intermitencias del coraz\u00f3n. La idea original era una novela en tres vol\u00famenes y, en 1912, \u00e9l entreg\u00f3 a su secretaria dactil\u00f3grafa las primeras 700 p\u00e1ginas del primer libro. Luego de ser rechazado por tres editores, entre los cuales se hallaba Andr\u00e9 Gide (quien pasar\u00eda el resto de su vida disculp\u00e1ndose por el lapsus), Proust opt\u00f3 por editar la novela por su cuenta en la Grasset. Por el camino de Swann sali\u00f3 a la venta en noviembre de 1913 y el segundo volumen estaba programado para el a\u00f1o siguiente, cuando estall\u00f3 la Primera Guerra Mundial y el papel para impresi\u00f3n pas\u00f3 a ser racionado. Los cuatro a\u00f1os de conflicto otorgaron al autor la posibilidad de repensar la estructura original de su romance-r\u00edo, agregando otros cuatro vol\u00famenes. Aquella ser\u00eda la obra de su vida\u00a0 y, a partir de 1909, raramente dej\u00f3 su departamento, prisionero del asma y de una serie de males reales e imaginarios. Recubri\u00f3 las paredes de su apartamento con corcho, en busca de aislamiento. En 1922, mientras todav\u00eda correg\u00eda las pruebas de La prisionera, falleci\u00f3. Su hermano, Robert Proust, con la ayuda de los editores, tard\u00f3 cinco a\u00f1os para redactar un texto satisfactorio del \u00faltimo volumen, publicado reci\u00e9n en 1927, veinte a\u00f1os despu\u00e9s de su inicio. Luego de su muerte, en 1935, la hija de Robert don\u00f3, en 1962, los cuadernos manuscritos a la Biblioteca Nacional de Francia.<\/p>\n<p><strong>Infinito<br \/>\n<\/strong>Se puede decir que desde 1909, la novela ya estaba condenada a desarrollarse hasta el infinito, es decir, a permanecer inacabada. Y la consecuencia m\u00e1s importante de la cr\u00edtica gen\u00e9tica, en este caso, es precisamente libertar la idea de inacabado. Por definici\u00f3n, el manuscrito no es acabado porque su destino es ser sustituido por otro estado del proyecto, del obrador del escritor. Pero, \u00bfc\u00f3mo queda la situaci\u00f3n si la versi\u00f3n impresa no es igualmente la \u00faltima, se pregunta Brun. Cada versi\u00f3n de aquello que no fue utilizado por el escritor contiene en s\u00ed hilos narrativos, novelas que nunca existir\u00e1n. En busca del tiempo perdido es entonces, en el mejor sentido de la palabra, una obra inacabada, cosa que no hace sino reforzar la importancia del an\u00e1lisis de sus manuscritos y el trabajo de reconstituci\u00f3n de los caminos que tom\u00f3 el escritor, su arte de escribir, que, para Proust, era vista como tratar veinte veces, bajo diferentes luces, el mismo tema, con la sensaci\u00f3n de estar haciendo algo profundo, sutil, poderoso, original como las cincuenta catedrales o los cuarenta nen\u00fafares de Monet. La enmienda adquiere un nuevo status. Marca el momento en que el escritor deja su intenci\u00f3n primitiva de escribir y escucha la tradici\u00f3n literaria, una m\u00fasica, un o una amante, una tragedia. Cuando \u00e9l enmienda, se deja llevar tanto por los terceros como por el lenguaje, que es un factor importante en la construcci\u00f3n de una obra, sostiene Willemart. Existe una l\u00f3gica de la creaci\u00f3n proustiana, puesta en evidencia por la problematizaci\u00f3n de las situaciones, que nos permite entender el movimiento de su escritura. No es una mera repetici\u00f3n de episodios, sino m\u00e1s bien un intento permanente de remodelarlos para transformar esos mismos episodios en algo m\u00e1s denso y\u00a0 problem\u00e1tico, asevera Carla. Todo pasa por una exhaustiva construcci\u00f3n, incluso los episodios de memoria involuntaria.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_01.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230379\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-230379\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/Proust_01-979x1024.jpg\" alt=\"Proust_01\" width=\"300\" height=\"314\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Im\u00e1genes del libro <em>En busca del tiempo perdido<\/em>\/ editorial Zahar<\/span><\/a>\u00c9l es nuestra Sherazade. Leemos a Proust porque \u00e9l sabe mucho sobre los nexos entre la angustia infantil y la pasi\u00f3n adulta. Leemos a Proust porque \u00e9l desprecia las evaluaciones racionales y sabe que solamente el conocimiento retorcido que el sufrimiento ocasiona nos sirve realmente. Leemos a Proust porque sabemos que en el estadio terminal de la pasi\u00f3n no amamos m\u00e1s al amado y el objeto de nuestro amor es encubierto por el propio amor. Proust fue el primer escritor del siglo XX, pues fue el primero que describi\u00f3 la permanente inestabilidad de nuestros tiempos, escribi\u00f3 el cr\u00edtico Edmund White en su perfil del escritor. Esa libertad de reescribir fue un privilegio de su siglo, pues hasta el siglo XVIII, el papel, precioso y caro, no permit\u00eda a los escritores dudar en el texto final. La Revoluci\u00f3n Industrial, que populariz\u00f3 el papel, aport\u00f3 esa posibilidad al novelista de arriesgar y fijar sus pensamientos m\u00e1s r\u00e1pidamente, y hay cada vez menos espacio para el texto cerrado que no se transforma, con comienzo, medio y\u00a0 fin. Incluso la tem\u00e1tica homosexual de su gran novela es fruto de la oportunidad que tuvo de romper fronteras tem\u00e1ticas a partir de la constante revisi\u00f3n de sus manuscritos y de la obsesi\u00f3n por la problematizaci\u00f3n. Ir\u00f3nicamente, Proust odiaba la idea de que hurgaran en sus borradores. No es un pensamiento agradable que alguien pueda obtener mis manuscritos y compararlos al texto definitivo, induciendo suposiciones que ser\u00e1n siempre falsas sobre mi manera de trabajar, sobre la evoluci\u00f3n de mi pensamiento, escribi\u00f3 en julio de 1922.<\/p>\n<p>Por suerte, no qued\u00f3 sujeto en los manuscritos el brasile\u00f1o que aparece citado en El mundo de Guermantes. S\u00fabitamente record\u00e9: aquella misma mirada yo viera en los ojos de un m\u00e9dico brasile\u00f1o que pretendi\u00f3 curar mis crisis de asma con absurdas inhalaciones de esencia de plantas, dice el narrador de la novela. El historiador Hermenegildo Cavalcante cree que el m\u00e9dico ser\u00eda el cearense Domingos Jos\u00e9 Nogueira Jaguaribe, especialista en bot\u00e1nica m\u00e9dica que, luego de doctorarse, fue a Par\u00eds donde trat\u00f3 al joven Proust, entonces con 22 a\u00f1os. De entrada, el escritor se encant\u00f3 con el exotismo de la cura ofrecida por el brasile\u00f1o, pero, como ten\u00eda las otras drogas que consum\u00eda para atenuar su asma (perfumes y\u00a0 la ingesti\u00f3n de grandes cantidades de alcohol), se cans\u00f3 de la panacea tropical. El amigo Anatole France, que estuvo en Brasil en 1909, habl\u00f3 con Proust sobre el pa\u00eds y el escritor conoci\u00f3 a la familia del Conde dEu, marido de la princesa Isabel. Su obra literalmente aterriz\u00f3 en Brasil en 1919, tra\u00edda por aviadores comerciales franceses que tra\u00edan libros para matar el tiempo mientras que esperaban el abastecimiento de sus aeronaves. El escritor Jorge de Lima, entonces un joven m\u00e9dico, sab\u00eda eso y viv\u00eda atormentando a los aviadores en busca de novedades para leer. De uno de ellos recibi\u00f3 una obra somn\u00edfera, como la defini\u00f3 el piloto: A la sombra de las muchachas en flor. Fue suyo el primer art\u00edculo sobre Proust escrito en Brasil, en 1923. Antes, los modernistas de 1922 prefirieron desde\u00f1arlo, viendo en su literatura tan s\u00f3lo al dandi deslumbrado de los salones. En 1930, Jos\u00e9 Lins do Rego devor\u00f3 lo que pudo del escritor, que lo influenci\u00f3 en su literatura de los ingenios, deseoso de ser el Proust de los ca\u00f1averales. La primera obra proustiana traducida en Brasil fue Por el camino de Swann, en 1948, por M\u00e1rio Quintana. Hoy en d\u00eda, junto a los franceses, estamos redescubriendo todo ese tiempo perdido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un proyecto tem\u00e1tico descifra los cahiers de Proust","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[1502],"coauthors":[684],"class_list":["post-84238","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-literatura-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84238","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84238"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84238\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84238"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84238"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84238"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84238"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}