{"id":84244,"date":"2009-02-01T00:00:00","date_gmt":"2009-02-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/02\/01\/la-selva-esta-al-limite\/"},"modified":"2017-01-20T13:37:11","modified_gmt":"2017-01-20T15:37:11","slug":"la-selva-esta-al-limite","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-selva-esta-al-limite\/","title":{"rendered":"La selva est\u00e1 al l\u00edmite"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_BalchPhoto3-2.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230424\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright  wp-image-230424\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_BalchPhoto3-2-768x1024.jpg\" alt=\"Amazonia_BalchPhoto3\" width=\"300\" height=\"400\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Jennifer Balch\/NCEAS<\/span><\/a>El paisaje que Paulo Brando encontr\u00f3 en octubre pasado en la Selva Nacional de Tapaj\u00f3s, en Belterra, un municipio del oeste del estado de Par\u00e1, es muy distinto del que lo encant\u00f3 en su primer viaje a la regi\u00f3n, hace seis a\u00f1os. Los \u00e1rboles\u00a0 m\u00e1s altos e imponentes ten\u00edan bastante menos hojas que lo normal y ya no se abrazaban en la cima de la selva como antes. Varios de ellos estaban secos y muertos, y por entre los vanos de las copas dejaban espiar el cielo. Casi siempre inaccesibles para quienes caminan por el monte, los rayos de sol llegaban al manto de hojas del suelo, dej\u00e1ndolo m\u00e1s seca y propensa a ser tomada por el fuego. Afortunadamente, la transformaci\u00f3n que observ\u00f3 el ingeniero forestal paulista se restringe -al menos por ahora- a una peque\u00f1a \u00e1rea de la Amazonia que durante la \u00faltima d\u00e9cada ha servido de laboratorio natural para investigadores brasile\u00f1os y estadounidenses interesados en descubrir qu\u00e9 puede suceder con la m\u00e1s vasta selva tropical del mundo en caso de que, tal como se prev\u00e9, la temperatura del planeta sigua aumentando y las lluvias disminuyan en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>En el interior de esa reserva ambiental a orillas del r\u00edo Tapaj\u00f3s, a 67 kil\u00f3metros al sur de la localidad de Santar\u00e9m, Daniel Nepstad, ec\u00f3logo del Centro de Investigaciones Woods Hole, de Estados Unidos, y fundador del Instituto de Investigaci\u00f3n Ambiental de la Amazonia (Ipam, por su sigla en portugu\u00e9s), cre\u00f3 a finales de los a\u00f1os 1990 un elaborado experimento al aire libre. Seleccion\u00f3 una hect\u00e1rea de vegetaci\u00f3n aut\u00f3ctona -correspondiente a una manzana, de 100 metros de lado- en la cual simul\u00f3 sequ\u00edas intensas similares a las causadas de tiempo en tiempo en el este de la Amazonia por el fen\u00f3meno El Ni\u00f1o, el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Oc\u00e9ano Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>Durante cinco estaciones lluviosas seguidas, alrededor de 30 investigadores y auxiliares del equipo de Nepstad instalaron un poco m\u00e1s arriba del suelo 5.660 paneles pl\u00e1sticos de 3 metros de largo por 0,5 metro de ancho, y los recog\u00edan al final de cada per\u00edodo de lluvias. Como una especie de paraguas sobre la selva, los paneles desviaban las aguas llegadas del cielo hacia un sistema de canaletas que las conduc\u00edan lejos de all\u00ed. Los efectos de este experimento complejo y costoso -se midieron los gases emitidos hacia la atm\u00f3sfera, la humedad del suelo y el crecimiento de las plantas, entre otros factores-, que comenzaron a quedar m\u00e1s claros recientemente, con la publicaci\u00f3n de art\u00edculos cient\u00edficos que detallan los da\u00f1os ocasionados por cinco a\u00f1os de sequ\u00eda experimental severa que redujo del 35% al 40% el volumen de agua que llegaba al suelo (el \u00edndice promedio de lluvias en la zona de Santar\u00e9m es de dos mil mil\u00edmetros por a\u00f1o, concentrados de diciembre a junio).<\/p>\n<p>La impermeabilizaci\u00f3n del suelo de la selva contra la acci\u00f3n de la lluvia puede incluso parecer una idea extravagante. Pero no faltaban razones para seguir adelante con el proyecto. Modelos clim\u00e1ticos desarrollados por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, sigla en portugu\u00e9s) estiman que algunas regiones de la Amazonia pueden tornarse hasta ocho grados m\u00e1s c\u00e1lidas en las pr\u00f3ximas d\u00e9cadas si el consumo de combustibles derivados de petr\u00f3leo y la tala y la quema de bosques en el mundo siguen al ritmo actual, elevando la concentraci\u00f3n atmosf\u00e9rica de gas carb\u00f3nico, el principal agente asociado al calentamiento y a la transformaci\u00f3n del clima del globo. Una probable consecuencia de este incremento de la temperatura es la alteraci\u00f3n del r\u00e9gimen de lluvias en el planeta.<\/p>\n<p>&#8220;A\u00fan no existe un consenso acerca de qu\u00e9 puede ocurrir con las lluvias en la Amazonia&#8221;, explica Carlos Nobre, climat\u00f3logo del Inpe y miembro del Panel Intergubernamental sobre Cambios Clim\u00e1ticos\u00a0 (IPCC), un organismo de las Naciones Unidas que analiza las evidencias de alteraciones en el clima de la Tierra. &#8220;De los 23 modelos clim\u00e1ticos que fundamentaron el informe de 2007 del IPCC, la mayor\u00eda muestra una tendencia de reducci\u00f3n de entre el 10% y el 30% de las lluvias en la Amazonia, pero el resto indica la posibilidad de que permanezcan en los actuales niveles o incluso que aumenten&#8221;, dice Nobre, coordinador del Programa FAPESP de Investigaci\u00f3n sobre Cambios Clim\u00e1ticos\u00a0 Globales.<\/p>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_esquema-seca-floresta-2.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230425\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-230425\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_esquema-seca-floresta-2-718x1024.jpg\" alt=\"Amazonia_esquema seca floresta\" width=\"300\" height=\"428\" \/><span class=\"media-credits-inline\">kEMEL kALIF<\/span><\/a>M\u00e1s all\u00e1 del monte<br \/>\n<\/strong>Pese a la incertidumbre, preocupa la disminuci\u00f3n de lluvias sobre la selva, producto de que El Ni\u00f1o se ha vuelto m\u00e1s frecuente e intenso o del calentamiento del Atl\u00e1ntico Norte derivado del calentamiento del planeta. Con menos lluvias, se incrementan los riesgos de que el monte denso y exuberante que se esparce por casi 7 millones de kil\u00f3metros cuadrados en Sudam\u00e9rica se transforme, en especial al sur y al este, en una vegetaci\u00f3n m\u00e1s baja, rala y seca, cuya apariencia se asemeja a la de las sabanas. Y los perjuicios de esa transformaci\u00f3n en la estructura y la fisonom\u00eda de la selva -dejar\u00eda de ser h\u00fameda para ser seca- no se ce\u00f1ir\u00e1n a la Amazonia. Sucede que el agua que la vegetaci\u00f3n amaz\u00f3nica extrae del suelo y arroja a la atm\u00f3sfera controla el clima y las lluvias de buena parte de Brasil y de Sudam\u00e9rica (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2005\/08\/01\/el-mapa-de-los-vientos\/?\" target=\"_blank\"><em>Pesquisa FAPESP n\u00ba 114<\/em><\/a>).<\/p>\n<p>&#8220;Peque\u00f1as alteraciones en la selva pueden afectar el balance h\u00eddrico y t\u00e9rmico de otras regiones&#8221;, afirma el agr\u00f3nomo Eneas Salati. Ex profesor de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y ex director del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, por su sigla en portugu\u00e9s), Salati estudia desde hace alrededor de 40 a\u00f1os el reciclado natural de agua y la formaci\u00f3n de lluvias en la Amazonia. En el marco de un experimento realizado dos d\u00e9cadas atr\u00e1s en la cuenca hidrogr\u00e1fica de un afluente del r\u00edo Negro, en el estado de Amazonas, a unos 800 kil\u00f3metros al oeste de Santar\u00e9m, Salati descubri\u00f3 que las plantas de la selva devolv\u00edan a la atm\u00f3sfera en forma de vapor eliminado por la transpiraci\u00f3n la mitad del agua de las lluvias -un efecto comprobado por estudios posteriores. Si bien existen variaciones internas entre una regi\u00f3n y otra de la Amazonia, estos valores no oscilar\u00edan mucho. Por tal raz\u00f3n, se estima que poco menos de la mitad del agua que cae sobre la selva en forma de lluvia regresa como vapor a la atm\u00f3sfera. &#8220;Parte de ese vapor sube hasta la alta troposfera y va a parar a la Ant\u00e1rtida, donde produce dep\u00f3sitos de hielo&#8221;, comenta Salati, actualmente director t\u00e9cnico de la Fundaci\u00f3n Brasile\u00f1a para el Desarrollo Sostenible. En ese largo viaje, el vapor eliminado por los \u00e1rboles de la Amazonia contribuye con las intensas lluvias del sudeste y el sur del pa\u00eds, responsables de una parte importante de la producci\u00f3n agropecuaria brasile\u00f1a.<\/p>\n<p><strong>Sequ\u00eda artificial<br \/>\n<\/strong>Ante el riesgo de un futuro m\u00e1s seco, Nepstad decidi\u00f3 verificar experimentalmente cu\u00e1nto resiste la selva a la disminuci\u00f3n de las lluvias y c\u00f3mo \u00e9sta se transforma si la situaci\u00f3n perdura. En asociaci\u00f3n con el bi\u00f3logo Eric Davidson, del Woods Hole, y el ec\u00f3logo Paulo Moutinho, del Ipam, Nepstad ide\u00f3 el experimento Secaselva en Tapaj\u00f3s, donde la estructura y la fisonom\u00eda de la vegetaci\u00f3n son similares a de casi un tercio de la Selva Amaz\u00f3nica. El proyecto, que involucr\u00f3 a investigadores de 14 instituciones, integr\u00f3 el Experimento en Gran Escala de la Biosfera-Atm\u00f3sfera en la Amazonia (LBA) y cont\u00f3 con financiaci\u00f3n de los gobiernos brasile\u00f1o y estadounidense. Adem\u00e1s de los paneles pl\u00e1sticos transparentes instalados arriba del suelo &#8220;los paneles eran dados vuelta algunas veces durante la semana para que las hojas muertas y las ramas llegasen al suelo&#8221;, los investigadores erigieron cuatro torres de 30 metros de altura interconectadas por pasarelas de madera, desde donde era posible observar mejor la copa de los \u00e1rboles, y cavaron cinco pozos de 11 metros de profundidad para medir alteraciones en la reserva de agua del subsuelo. En otra hect\u00e1rea de la misma selva construyeron aparatos similares, pero mantuvieron el \u00e1rea descubierta para posibilitar las comparaciones -es la llamada \u00e1rea control. &#8220;No ten\u00edamos intenci\u00f3n de predecir cu\u00e1l ser\u00e1 el futuro de la selva, pues para ello deber\u00edamos repetir el experimento en diferentes regiones, toda vez que la vegetaci\u00f3n de la Amazonia no es homog\u00e9nea&#8221;, afirma Davidson, director de proyectos de un segmento del LBA. &#8220;Quer\u00edamos \u00fanicamente descubrir los posibles efectos de la sequ\u00eda sobre la estructura del\u00a0 bosque.&#8221;<\/p>\n<p>Y de entrada surgieron sorpresas. La selva en Tapaj\u00f3s resisti\u00f3 bien durante los dos primeros a\u00f1os de sequ\u00eda artificial -algo en cierta forma esperable en una regi\u00f3n frecuentemente afectada por la escasez de lluvia causada por El Ni\u00f1o. La mortalidad de los \u00e1rboles en el \u00e1rea cubierta por los paneles sigui\u00f3 siendo igual que la que segu\u00eda recibiendo lluvia. Sin embargo, la copa de los \u00e1rboles se retrajo casi un 20%. Aparentemente no fue porque hayan muerto m\u00e1s hojas, sino sencillamente porque no nac\u00edan hojas nuevas, inform\u00f3 Nepstad en 2002 en el <em>Journal of Geophysical Research<\/em>. La apertura en el dosel de la selva permiti\u00f3 la entrada de m\u00e1s luz, que sec\u00f3 el manto de hojas y ramas ca\u00eddas al suelo y elev\u00f3 el riesgo de incendio. Nepstad calcul\u00f3 que el \u00e1rea privada de lluvia se volvi\u00f3 vulnerable al fuego durante hasta diez semanas, ante los diez d\u00edas de los lugares m\u00e1s h\u00famedos.<\/p>\n<p>Pero eso no fue todo. &#8220;Al primer a\u00f1o, los \u00e1rboles pr\u00e1cticamente pararon de crecer&#8221;, comenta Paulo Brando, del Ipam, uno de los integrantes del equipo. Hubo una disminuci\u00f3n del 20% en el ritmo de crecimiento de los \u00e1rboles de mediano porte, con tronco de al menos 10 cent\u00edmetros de di\u00e1metro y hasta 15 metros de altura, mientras que los otros, como el laurel amarillo (<em>Licaria brasiliensis<\/em>) y el tachi rojo o ucshaquiro (<em>Sclerolobium chrysophyllum<\/em>), redujeron la tasa de fotos\u00edntesis, el proceso mediante el cual convierten la energ\u00eda solar en az\u00facar extrayendo gas carb\u00f3nico de la atm\u00f3sfera. Trabajando en un experimento similar en 2002 en la Selva Nacional de Caxiuan\u00e3, alrededor de 1.300 kil\u00f3metros al este de Santar\u00e9m, Rosie Fisher y Patrik Meir, de la Universidad de Edimburgo, Escocia, constataron que la probable raz\u00f3n de la ca\u00edda de los \u00edndices de transpiraci\u00f3n y fotos\u00edntesis de la selva es la mayor dificultad de las ra\u00edces para absorber agua del suelo.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_PALPanels_from_above_best-2.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230428\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-230428\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_PALPanels_from_above_best-2-300x225.jpg\" alt=\"Amazonia_PALPanels_from_above_best\" width=\"300\" height=\"225\" \/><span class=\"media-credits-inline\">PAM\/WHRC<\/span><\/a>Brando analiz\u00f3 especialmente el caso de la especie m\u00e1s com\u00fan de la regi\u00f3n: la caferana (<em>Coussarea racemosa<\/em>), un \u00e1rbol de 20 metros, corteza fina y tronco gris que vive a la sombra de los m\u00e1s altos, en el sub bosque de la selva. Con la restricci\u00f3n de lluvias, la caferana pas\u00f3 tardar m\u00e1s que lo normal para producir hojas, flores y frutos, en una probable estrategia destinada a ahorrar agua. Sus frutos se volvieron m\u00e1s livianos y casi sin semillas luego del cuarto a\u00f1o de sequ\u00eda, lo que puede comprometer la reproducci\u00f3n de la especie. &#8220;\u00c9ste es un efecto de la sequ\u00eda que raramente logramos observar&#8221;, dice Brando.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los investigadores, el estrago solamente no fue mayor porque los \u00e1rboles\u00a0 de la Amazonia cuentan al menos con dos importantes estrategias para obtener agua durante las sequ\u00edas prolongadas. La primera son sus ra\u00edces profundas, capaces de buscar agua a 11 metros debajo del suelo. La segunda es la redistribuci\u00f3n h\u00eddrica, un mecanismo que permite extraer agua de las \u00e1reas m\u00e1s h\u00famedas y depositarlas en las deshidratadas, detectado entre los \u00e1rboles\u00a0 de la Selva Nacional de Tapaj\u00f3s por los bi\u00f3logos Rafael Oliveira, de la Universidad Estadual de Campinas, y Todd Dawson, de la Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2008\/09\/01\/a-traves-de-las-hojas-y-las-raices-2\/?\" target=\"_blank\"><em>Pesquisa FAPESP<\/em> n\u00ba 151<\/a>).<\/p>\n<p>Cuando la humedad del suelo es muy baja, durante la noche las ra\u00edces de \u00e1rboles\u00a0 como el &#8220;breu&#8221; (Protium robustum) y la masaranduba (Manilkara huberi) absorben el agua almacenada en las capas m\u00e1s profundas y la distribuyen por medio de una trama de ra\u00edces superficiales, cerca del suelo de la selva, m\u00e1s seco. Descubierta por Martyn Caldwell y James Richards a finales de los a\u00f1os 1980 en plantas de regiones des\u00e9rticas, la redistribuci\u00f3n h\u00eddrica permite la supervivencia de esos \u00e1rboles y de plantas vecinas de ra\u00edces m\u00e1s cortas. En el per\u00edodo de lluvias, ese flujo se invierte: durante la noche, las ra\u00edces superficiales extraen agua de la tierra empapada y la conducen hacia las ra\u00edces profundas, que la almacenan metros debajo de la superficie. Al incorporar los datos observados en Tapaj\u00f3s a un modelo clim\u00e1tico, Jung-Eun Lee, Inez Fung, Oliveira y Dawson constataron que la redistribuci\u00f3n h\u00eddrica ayuda a explicar de qu\u00e9 manera la selva mantiene durante alg\u00fan tiempo, en las sequ\u00edas prolongadas, sus niveles normales de fotos\u00edntesis y transpiraci\u00f3n, esencial para el equilibrio del clima del planeta. &#8220;Si la mayor parte de los \u00e1rboles de la selva usasen efectivamente este mecanismo, la deforestaci\u00f3n de la Amazonia podr\u00eda tener consecuencias m\u00e1s graves que las que imagin\u00e1bamos&#8221;, dice Oliveira, uno de los autores del art\u00edculo que informa acerca de esos resultados en 2005 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).<\/p>\n<p><strong>Sin reservas<br \/>\n<\/strong>Con todo, las estrategias de b\u00fasqueda de agua no fueron suficientes para impedir los da\u00f1os que emergieron a partir del tercer a\u00f1o del experimento. La reducci\u00f3n de poco m\u00e1s de un tercio de las lluvias durante cinco a\u00f1os hizo reducirse en casi un 90% las reservas de aguas profundas, ubicadas entre 2 y 11 metros debajo de la superficie, en la parcela cubierta por paneles pl\u00e1sticos. En el \u00e1rea control, el 70% del agua almacenada en el subsuelo segu\u00eda disponible durante la estaci\u00f3n seca. &#8220;El l\u00edmite m\u00ednimo de lluvias para que la vegetaci\u00f3n se mantenga en esa regi\u00f3n es de 1.700 mil\u00edmetros. Por debajo de ese valor, aumenta el riesgo de alteraciones&#8221;, dice Oliveira.<\/p>\n<p>Sin agua, los \u00e1rboles no resistieron y comenzaron a sucumbir -especialmente los mayores y m\u00e1s corpulentos, que acumulan el 90% de la biomasa de la selva. Murieron dos veces m\u00e1s \u00e1rboles de gran porte, con troncos de entre 10 y 30 cent\u00edmetros de di\u00e1metro, en el \u00e1rea privada de lluvia que en la de control. Entre los m\u00e1s imponentes, con tronco de m\u00e1s de 30 cent\u00edmetros y entre 30 y 40 metros de altura, ese \u00edndice fue a\u00fan m\u00e1s alto: 4,5 veces mayor. En una evaluaci\u00f3n m\u00e1s general, uno de cada diez \u00e1rboles grandes se sec\u00f3 en la parcela cubierta por los paneles, al tiempo que esa tasa fue de uno de cada 200 en el \u00e1rea control. La mortalidad sigui\u00f3 siendo m\u00e1s elevada un a\u00f1o despu\u00e9s que el grupo removi\u00f3 definitivamente los paneles pl\u00e1sticos de la selva, en 2005, informaron Nepstad y Ingrid Thover, del Ipam, en 2007 en Ecology.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_night-fire-ring-3-2.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230427\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-230427\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_night-fire-ring-3-2-300x225.jpg\" alt=\"Amazonia_night fire ring 3\" width=\"300\" height=\"225\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Jennifer Balch\/NCEAS<\/span><\/a>&#8220;El componente m\u00e1s afectado por la merma de lluvias fue el stock de carbono de la selva&#8221;, afirma Paulo Brando. En los cinco a\u00f1os de reducci\u00f3n de lluvias, la tasa de crecimiento de las plantas, que inicialmente hab\u00eda ca\u00eddo un 20%, baj\u00f3 a\u00fan m\u00e1s: fue un 41% menor que en el \u00e1rea de control durante el experimento, seg\u00fan constat\u00f3 el ingeniero forestal del Ipam, actualmente alumno de doctorado de la Universidad de Florida, Estados Unidos. Este crecimiento menguado se reflej\u00f3 principalmente en la producci\u00f3n de madera, que fue 33 toneladas menor en el \u00e1rea cubierta con paneles pl\u00e1sticos. La selva m\u00e1s seca tambi\u00e9n produjo 47 toneladas m\u00e1s de materia org\u00e1nica muerta.<\/p>\n<p>Estos resultados, publicados en mayo de 2008 en Philosophical Transactions of the Royal Society B, indican que ha disminuido mucho la capacidad de extraer gas carb\u00f3nico (CO2) de la atm\u00f3sfera, fuente del carbono que es incorporado por las plantas y transformado en tronco, hojas, flores y frutos. &#8220;Aunque los \u00e1rboles\u00a0 menores hayan pasado a crecer m\u00e1s con la muerte de los mayores, la disminuci\u00f3n de hojas del dosel y la entrada de m\u00e1s luz, ese crecimiento estuvo lejos de ser suficiente como para restaurar los niveles iniciales de absorci\u00f3n de CO2&#8221;, dice Brando. &#8220;Probablemente pasar\u00edan centenas de a\u00f1os hasta la selva recuperase la capacidad actual de almacenar carbono.&#8221;<\/p>\n<p>Mantenidas las otras condiciones (temperatura, \u00e1rea de monte y concentraci\u00f3n de CO2) constantes en los niveles actuales, la disminuci\u00f3n de las lluvias podr\u00eda transformar a la Amazonia de un vertedero en un emisor global. Estudios de las emisiones de gases llevados a cabo en el marco del LBA apuntan que actualmente la selva se encuentra en una situaci\u00f3n de casi equilibrio en lo que se refiere a la emisi\u00f3n y absorci\u00f3n de carbono: cada hect\u00e1rea de la selva es capaz de retirar del aire anualmente 0,5 tonelada de carbono m\u00e1s de lo que emite.<\/p>\n<p>No es poco. Se calcula que los 700 millones de hect\u00e1reas de selva extraen de la atm\u00f3sfera 350 millones de toneladas de carbono anualmente, casi una d\u00e9cima parte de lo que absorben todas las selvas tropicales del planeta -y el 3,5% de lo que se arroja a la atm\u00f3sfera como producto de las actividades humanas.<\/p>\n<p>&#8220;Debemos tener en mente que la reducci\u00f3n de las lluvias no es el \u00fanico factor que influye en el futuro de la selva&#8221;, recuerda Carlos Nobre. Un modelo clim\u00e1tico que el equipo de Nobre ha venido desarrollando en el Inpe indica que, al menos inicialmente, el aumento de gas carb\u00f3nico en la atm\u00f3sfera puede contrabalancear el efecto de la disminuci\u00f3n de lluvias. &#8220;La tendencia de alteraci\u00f3n en las regiones sur y este de la Amazonia sigue, pero atenuada&#8221;, dice Nobre.<\/p>\n<p>Aunque no eval\u00fae la influencia de estos otros factores, el Secaselva puede contribuir para perfeccionar los pron\u00f3sticos de alteraci\u00f3n del clima. Sus resultados pueden alimentar modelos clim\u00e1ticos m\u00e1s precisos y realistas, toda vez que los actuales no incluyen alteraciones en el \u00e1rea total y en la estructura de las selvas ocasionadas por los cambios clim\u00e1ticos. &#8220;Este trabajo est\u00e1 cuantificando par\u00e1metros cuyo c\u00e1lculo ser\u00eda harto dif\u00edcil&#8221;, afirma Eneas Salati.<\/p>\n<p><strong><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_Mata-de-t_firme-em-Carajas-2.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230426\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-230426\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/02\/Amazonia_Mata-de-t_firme-em-Carajas-2-300x202.jpg\" alt=\"Amazonia_Mata de t_firme em Carajas\" width=\"300\" height=\"202\" \/><span class=\"media-credits-inline\">LUIZ CLAUDIO MARIGO<\/span><\/a>El calor y el fuego<br \/>\n<\/strong>Mientras siguen las transformaciones no Tapaj\u00f3s, una vegetaci\u00f3n densa y cerrada que se yergue en promedio a 30 metros del suelo, Nepstad y su equipo comienzan a preguntarse: \u00bfsi parte de la Selva Amaz\u00f3nica realmente se vuelve m\u00e1s seca y susceptible al fuego, que pasar\u00e1 despu\u00e9s- Para descubrirlo, planearon otro experimento grandioso: prender fuego en un \u00e1rea de selva m\u00e1s seca, similar a lo que podr\u00eda ser la Amazonia del futuro.<\/p>\n<p>Consiguieron la autorizaci\u00f3n para realizar el proyecto, conocido como Experimento de Sabanizaci\u00f3n, en una propiedad rural de Mato Grosso perteneciente al grupo Andr\u00e9 Maggi, de la familia de Blairo Maggi, gobernador del estado y el mayor productor de soja de Brasil. En esa regi\u00f3n llueve 1.700 mil\u00edmetros por a\u00f1o y la selva es m\u00e1s abierta y baja -el dosel tiene en promedio 20 metros de altura-, una vegetaci\u00f3n de transici\u00f3n entre la Selva Amaz\u00f3nica y el Cerrado [sabana] (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2004\/09\/01\/fuego-contra-el-fuego\/?\" target=\"_blank\"><em>Pesquisa FAPESP <\/em>n\u00ba 103<\/a>).<\/p>\n<p>Durante cuatro a\u00f1os seguidos, de 2004 a 2007, el equipo de Nepstad y Davidson prendi\u00f3 fuego en un campo de 50 hect\u00e1reas de selva de transici\u00f3n. Ahora est\u00e1n empezando a comparar lo que sucedi\u00f3 all\u00ed con los cambios observados en un campo de 50 hect\u00e1reas quemado dos veces, en 2004 y 2007, y otro del mismo tama\u00f1o que estaba libre de fuego.<\/p>\n<p>El fuego debajo de las rodillas -incendios con llamas m\u00e1s altas son raros en \u00e1rea de vegetaci\u00f3n cerrada- consumi\u00f3 principalmente \u00e1rboles menores, de di\u00e1metro de entre 10 y 20 cent\u00edmetros. La mortalidad de dichos \u00e1rboles se duplic\u00f3 con creces despu\u00e9s de las dos primeras quemas: pasaron a morir anualmente casi el 10% de \u00e9stos. Otro grupo que sufri\u00f3 fue el de las lianas, enredaderas de tallo le\u00f1oso que forman redes impenetrables uniendo el piso de la selva con la copa de los \u00e1rboles. &#8220;Los da\u00f1os ocasionados por el fuego fueron complementarios al de la reducci\u00f3n de las lluvias, que afect\u00f3 principalmente a los \u00e1rboles m\u00e1s altos&#8221;, comenta la bi\u00f3loga Jennifer Balch, actualmente investigadora del Centro Nacional de S\u00edntesis y An\u00e1lisis Ecol\u00f3gico, de Estados Unidos.<\/p>\n<p>Curiosamente, las quemas sucesivas redujeron el poder de acci\u00f3n del fuego, que anualmente se propaga por un \u00e1rea menor y con llamas m\u00e1s bajas, seg\u00fan inform\u00f3 la bi\u00f3loga en octubre de 2008 en Global Change Biology. La raz\u00f3n de ello, seg\u00fan comprob\u00f3 Jennifer, es que cada quema disminuye la cuantidad de hojas y ramas secas, el principal combustible de los incendios forestales. Pero ese efecto parece ser temporal. Sucede que la muerte de \u00e1rboles mayores, que es m\u00e1s lenta, puede aumentar nuevamente el alimento del fuego. Jennifer constat\u00f3 tambi\u00e9n que las quemas favorecen la invasi\u00f3n de gram\u00edneas en los bordes de la selva, una vegetaci\u00f3n m\u00e1s propensa a quemarse durante la sequ\u00eda.<\/p>\n<p>Aparentemente, la repetici\u00f3n de las quemas agot\u00f3 el poder de recuperaci\u00f3n de la selva. &#8220;Hab\u00eda semillas y pl\u00e1ntulas [plantas j\u00f3venes] de varias especies brotando despu\u00e9s del primer fuego&#8221;, comenta Jennifer. &#8220;Pero, luego de la tercer quema, la cantidad de especies en regeneraci\u00f3n se redujo a la mitad.&#8221;<\/p>\n<p>Oswaldo de Carvalho J\u00fanior, bi\u00f3logo del Ipam, not\u00f3 que algunas especies de mam\u00edferos inicialmente se benefician con el fuego, mientras que otras disminuyeron en cantidad. &#8220;El n\u00famero de especies que frecuentaban el \u00e1rea no se redujo, pero la poblaci\u00f3n de cada una de \u00e9stas s\u00ed, con excepci\u00f3n\u00a0 de los tapires, que prefieren las hojas tiernas de los brotes&#8221;, dice Carvalho.<\/p>\n<p>Los investigadores del Woods Hole y del Ipam pretenden mantener el experimento en Mato Grosso durante algunos a\u00f1os y regresar a la Selva Nacional de Tapaj\u00f3s para seguir de cerca la recuperaci\u00f3n del monte. Mientras que buscan descubrir m\u00e1s sobre la capacidad de resistencia y adaptaci\u00f3n de la selva, coleccionan indicios de que el clima est\u00e1 efectivamente cambiando. &#8220;En los \u00faltimos a\u00f1os&#8221;, comenta Davidson, &#8220;los productores de Mato Grosso han venido alterando el patr\u00f3n de cultivo a causa de las lluvias, que llegan m\u00e1s tarde. Ellos saben que actualmente el fuego se propaga m\u00e1s r\u00e1pido y en forma m\u00e1s peligrosa&#8221;.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<br \/>\n<\/em>BRANDO, P.M. <em>et al.<\/em> <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pmc\/articles\/PMC2374907\/\" target=\"_blank\">Drought effects on litterfall, wood production and belowground carbon cycling in an Amazon forest: results of a throughfall reduction\u00a0 experiment<\/a>. <strong>Philosophical Transactions of the Royal Society B.<\/strong> v. 363, n. 1.498, p. 1.839-1.848, 27 may. 2008.<br \/>\nBALCH, J.K. <em>et al.<\/em> Negative fireback in a transitional forest of southeastern Amazonia. <strong>Global Change Biology.<\/strong> v. 14, n. 10, p. 2.276-2.287, oct. 2008.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La disminuci\u00f3n de las lluvias reduce la capacidad de absorci\u00f3n de carbono","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[275,286,293,269,331],"coauthors":[105],"class_list":["post-84244","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-biodiversidad","tag-clima-es","tag-ecologia-es","tag-ambiente-es","tag-sostenibilidad"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84244","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84244"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84244\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84244"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84244"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84244"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84244"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}