{"id":84292,"date":"2009-04-01T00:00:00","date_gmt":"2009-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/04\/01\/la-pastoral-americana\/"},"modified":"2017-01-24T15:17:21","modified_gmt":"2017-01-24T17:17:21","slug":"la-pastoral-americana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-pastoral-americana\/","title":{"rendered":"La pastoral americana"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_1.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230639\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-230639\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_1-300x270.jpg\" alt=\"Fordlandia_1\" width=\"300\" height=\"270\" \/><span class=\"media-credits-inline\">reproducci\u00f3n del libro \"Fordlandia\", de Greg Grandini<\/span><\/a>En noviembre de 1938, Joseph Goebbels asisti\u00f3 entusiasmado al estreno de &#8220;El infierno verde&#8221; [Die Gr\u00fcne H\u00f6lle], dirigido por el cineasta alem\u00e1n Eduard von Bosordy, rodado en gran parte en la selva amaz\u00f3nica: &#8220;Una pel\u00edcula valiosa, tanto pol\u00edtica como art\u00edsticamente&#8221;, elogi\u00f3 el ministro de Propaganda nazi. El film, aunque inspirado en un hecho hist\u00f3rico, constitu\u00eda una fantasiosa defensa del colonialismo y ten\u00eda como &#8220;h\u00e9roe&#8221; y protagonista al explorador ingl\u00e9s Henry Wickham (1846-1928), quien luego de enfrentar a indios con flechas venenosas, pira\u00f1as, cocodrilos y una anaconda inmensa, regresa ileso a Inglaterra con 70 mil semillas de Hevea brasiliensis, la siringa, cauchera o \u00e1rbol del caucho, dispuesto a replantarlas en la Malasia brit\u00e1nica y de esta manera, destruir el monopolio brasile\u00f1o del caucho. Curiosamente, en aquel mismo a\u00f1o, el industrial estadounidense Henry Ford (1863-1947), fundador de la Ford Motor Company y el primer empresario en aplicar el montaje en serie para producir autom\u00f3viles en masa, viaj\u00f3 a Alemania para recibir, tal como un h\u00e9roe, una alta condecoraci\u00f3n por su apoyo al nazismo y a la lucha antisemita (Hitler ten\u00eda una foto suya en su gabinete). En la ocasi\u00f3n, Ford expres\u00f3 a los reporteros que Fordlandia, el desastroso intento estadounidense de establecer una plantaci\u00f3n de caucho en la Amazonia entre 1927 y 1945, que estaba dispuesto a recibir a jud\u00edos &#8220;indeseables&#8221; para los alemanes, ya que &#8220;son mis mejores trabajadores, all\u00e1 en Am\u00e9rica&#8221;.<\/p>\n<p>El &#8220;encuentro&#8221; de Wickham y Ford, ambos relacionados con los altibajos de la econom\u00eda brasile\u00f1a del caucho, un a\u00f1o antes del conflicto que pondr\u00eda al colonialismo del primero en jaque y revolucionar\u00eda el imperialismo del segundo, y los har\u00eda a ambos dependientes de esa econom\u00eda, revela la notable e inusitada asociaci\u00f3n entre ambas figuras. Al &#8220;robar&#8221; las semillas y ayudar en la transferencia del monopolio del caucho de Brasil a Inglaterra, Wickham no pod\u00eda imaginar que en 1922, pocas d\u00e9cadas despu\u00e9s de su emprendimiento, los ingleses dejar\u00edan de lado el discurso liberal y se ver\u00edan obligados a distorsionar el mercado del caucho, disminuyendo la producci\u00f3n, sobreestimada, para intentar aumentar los precios del producto, antes cotizado a peso de oro. A su vez, este giro animar\u00eda a los americanos, en particular a Ford, cuya inmensa producci\u00f3n de autom\u00f3viles requer\u00eda caucho a bajo precio, a ingresar en el negocio de la producci\u00f3n de siringas en Brasil, un desaf\u00edo a la &#8220;descortes\u00eda&#8221; comercial brit\u00e1nica. El resultado de esa aventura yanqui ser\u00eda la Fordlandia, un proyecto ut\u00f3pico por recrear, en la selva, una Am\u00e9rica que hab\u00eda sido maculada, seg\u00fan Ford, por el capitalismo que \u00e9l mismo ayudara a fortalecer. Junto a su ciudad hermana, Belterra, ambas cercanas al r\u00edo Tapaj\u00f3s, costaron a Ford m\u00e1s de 20 millones de d\u00f3lares, en valores de la \u00e9poca. La inversi\u00f3n inicial prevista para establecer una plantation eficiente de caucho en Brasil que pudiese atender la demanda interna de Ford Company era de menos de dos millones de d\u00f3lares. &#8220;En dos d\u00e9cadas Ford gast\u00f3 millones de d\u00f3lares y acab\u00f3 sin su plantation, devastada por la falta de trabajadores y por el mal de las hojas, pero con dos ciudades &#8216;americanas&#8217;, hoy abandonadas, con plazas centrales, aceras, chalet de estilo suizo, hospitales, comercios, cines, campos de golf, piscinas, y por supuesto, autom\u00f3viles Ford modelos T y A circulando por las calles de polvo de ladrillo&#8221;, explica el historiador Grez Grandin, profesor asociado de la New Cork University y autor de -Fordlandia: the rise and fall of Ford&#8217;s forgotten jungle city, que saldr\u00e1 publicado en junio en Estados Unidos. Iron\u00eda aparte, acaba de editarse &#8216;T<em>he Thies at the end of the World<\/em>&#8216;, de Joe Jackson, que cuenta la vida de Wickham.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_2.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230640\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-230640\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_2-782x1024.jpg\" alt=\"Fordlandia_2\" width=\"300\" height=\"393\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n\/Hart Preston\/Life<\/span><\/a>Todo comenz\u00f3 en la Amazonia, a partir del descubrimiento de la utilidad comercial del \u00e1rbol del caucho por parte de los portugueses, all\u00e1 por el a\u00f1o 1750. Cuando en 1839 Charles Goodyear cre\u00f3 el proceso de vulcanizaci\u00f3n, que modificaba el caucho y permit\u00eda que fuera utilizado bajo condiciones de altas temperaturas, Brasil era el \u00fanico pa\u00eds en el que se encontraba la materia prima, aunque debido a un &#8220;accidente geogr\u00e1fico&#8221;. Hasta el advenimiento del siglo XX, el pa\u00eds era responsable por el 90% del caucho comercializado en el globo. &#8220;La industria brasile\u00f1a consist\u00eda en una estructura basada en la extracci\u00f3n directa de la selva, con escasez de mano de obra y ausencia total de competencia. Ese sistema funcionar\u00eda bien mientras que la demanda de caucho no creciese demasiado ni otra forma de explotaci\u00f3n, m\u00e1s racional, interviniese para competir. Entre 1900 y 1913, esas condiciones desaparecieron&#8221;, sostienen los economistas Zephyr Frank, de la Stanford University, y Aldo Musacchio, del Ibmec. La popularizaci\u00f3n mundial de la bicicleta dio comienzo al &#8220;boom del caucho&#8221;, intensificado en mucho, a partir de 1900, con el desarrollo de la industria del autom\u00f3vil. &#8220;El aumento de la demanda hizo que los precios subieran como cohetes y eso fue un gran incentivo para el ingreso de otros productores en el mercado. El contrabando de semillas por parte de Wickham, al resolver el dilema de cu\u00e1l ser\u00eda la fuente de caucho de buena calidad de los brasile\u00f1os (hasta el siglo XIX, varias expediciones cient\u00edficas intentaron sin \u00e9xito localizar los \u00e1rboles y transportar sus semillas con seguridad hacia Londres), hizo que la balanza se inclinara hacia el lado europeo&#8221;, notan ellos. Asia se hallaba dominada por el sistema colonial ingl\u00e9s y holand\u00e9s, ofrec\u00eda mano de obra barata, contrariamente a la brasile\u00f1a, cara por ser escasa, y condiciones ideales para transformar una actividad extractiva en una industria eficiente organizada en plantaciones de bajo costo. &#8220;Mientras el caucho brasile\u00f1o era recolectado en la selva, la producci\u00f3n no podr\u00eda sobrepasar las 40 mil toneladas anuales por mejor que fuese el precio. Esa cantidad era insignificante de cara a las crecientes aplicaciones industriales del caucho&#8221;, escribe Warren Dean en su A luta pela borracha no Brasil.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_3.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230641\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-230641 alignright\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_3-802x1024.jpg\" alt=\"Fordlandia_3\" width=\"300\" height=\"383\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/a>Los ingleses demoraron en comenzar con sus plantaciones, pero cuando lo hicieron fueron, sin querer, demasiado lejos. &#8220;La producci\u00f3n de las plantaciones orientales crece m\u00e1s que las necesidades del mercado, acumulando stock y haciendo caer la cotizaci\u00f3n del producto. El gobierno ingl\u00e9s se ve entonces obligado a intervenir con una pol\u00edtica de restricci\u00f3n de la producci\u00f3n para imponer precios m\u00e1s elevados, el denominado Plan Stevenson. El gobierno y las empresas americanas, tomados por sorpresa en el auge de la demanda debido al crecimiento de sus industrias, comienzan a predicar la doctrina de que -es necesario producir caucho bajo el control de Estados Unidos-&#8220;, explica el economista Francisco de Assis Costa, de la Universidad de Par\u00e1. &#8220;Si las oligarqu\u00edas del caf\u00e9, beneficiadas por las pol\u00edticas de valorizaci\u00f3n del gobierno, cuentan con las puertas del financiamiento internacional abiertas, la oligarqu\u00eda del caucho, en la Amazonia, se halla en abandono y decadencia desde que existe el cultivo ingl\u00e9s en Asia. Cuando se enteran de los planes de Estados Unidos, inmediatamente deciden que &#8216;la Amazonia quiere a los americanos&#8217;. La posibilidad de contar con capitales simplemente aceptando la ocupaci\u00f3n de la remota regi\u00f3n era para ellos una oportunidad \u00fanica de recrear una Amazonia \u00fatil en la federaci\u00f3n. Lo que s\u00f3lo constitu\u00eda una intenci\u00f3n de los americanos se transforma en el centro de una propuesta pol\u00edtica nacional de ocupaci\u00f3n de una regi\u00f3n para la cual no se contaba con ninguna pol\u00edtica&#8221;, analiza costa. En Am\u00e9rica, no obstante, la proclama del entonces secretario de Comercio (y futuro presidente de Estados Unidos), Herbert Hoover, para que los empresarios estadounidenses invirtiesen en el cultivo del cauchero en Am\u00e9rica Latina, como forma de contrarrestar al cartel ingl\u00e9s, incluso enviando expediciones cient\u00edficas a Brasil a tal fin, s\u00f3lo encontr\u00f3 eco en dos emprendedores: Harvey Firestone, quien prefiri\u00f3 invertir en plantaciones en Liberia; y Henry Ford, quien en 1924, hab\u00eda intentado infructuosamente cultivar siringas en Florida.<\/p>\n<p>&#8220;Pero no s\u00f3lo fue la b\u00fasqueda de materia prima m\u00e1s barata lo que hizo que Ford se interesase en Brasil. A sus 60 a\u00f1os, \u00e9l estaba desilusionado con los rumbos tomados por Am\u00e9rica. Se sent\u00eda frustrado con la pol\u00edtica local y abominaba de la adhesi\u00f3n americana a la guerra, a los sindicatos, Wall Street, los monopolios de la energ\u00eda, a los jud\u00edos, el baile moderno, a Roosevelt y su New Deal, los cigarrillos, el alcohol y la creciente intervenci\u00f3n del gobierno en los negocios&#8221;, observa Grandin. &#8220;Se trataba de una especie de &#8216;teolog\u00eda americana&#8217; que no ve\u00eda oposici\u00f3n entre naturaleza e industrializaci\u00f3n. Para gente como Ford, era posible integrar agricultura e industria, ya que la mecanizaci\u00f3n marcar\u00eda no la conquista, sino la realizaci\u00f3n de los &#8216;secretos&#8217; de la naturaleza. Su pretensi\u00f3n era que los americanos tuviesen como misi\u00f3n recrear el Ed\u00e9n capitalista&#8221;, completa. &#8220;No estamos yendo para Brasil para ganar dinero, sino para ayudar al desarrollo de esa tierra maravillosa y f\u00e9rtil. Vamos a entrenar a los brasile\u00f1os y ellos van a ser excelentes profesionales tal como nosotros&#8221;, afirm\u00f3 Ford. Parad\u00f3jicamente, acota Grandin, el mismo hombre que contribuy\u00f3 a liberar el poder de la industrializaci\u00f3n y revolucion\u00f3 las relaciones humanas, pas\u00f3 el resto de su vida intentando devolver al genio a la botella. &#8220;Fordlandia representa cabalmente la utop\u00eda que por ese entonces movilizaba a Ford, y por extensi\u00f3n, el &#8216;americanismo&#8217;. Revela la fe en que el movimiento en direcci\u00f3n a una mayor eficiencia puede ser manipulado de forma tal que la tecnolog\u00eda, sin la intromisi\u00f3n del gobierno, pueda resolver cualquier problema social que surja debido al avance del progreso&#8221;, analiza el historiador. Fordlandia ser\u00eda entonces una par\u00e1bola de la soberbia, pero de otra especie, tan s\u00f3lo una exhibici\u00f3n de poder por parte de Ford al domar la naturaleza salvaje. &#8220;La verdadera soberbia del emprendimiento resid\u00eda en que \u00e9l consideraba que las fuerzas del capitalismo, una vez liberadas, podr\u00edan ser controladas seg\u00fan su voluntad&#8221;, considera Grandin.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_trio-ok.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230650\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-230650\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia_trio-ok-539x1024.jpg\" alt=\"Fordlandia_trio-ok\" width=\"300\" height=\"570\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/a>Luego de intentar recrear su Ed\u00e9n en el Medio Oeste americano, Ford, frustrado, recibi\u00f3 la visita, en 1925, del diplom\u00e1tico brasile\u00f1o Jos\u00e9 Cust\u00f3dio de Lima, quien hac\u00eda dos a\u00f1os cortejaba al industrial con ofertas de inversi\u00f3n en Brasil, pero, en esa oportunidad, fue con una carta blanca del gobernador del estado de Par\u00e1, ofreciendo al americano concesiones de tierras y exenci\u00f3n de impuestos. Desde 1914, Ford Company operaba en el pa\u00eds y, en aquel a\u00f1o, la empresa contaba con el monopolio nacional de los veh\u00edculos. Ford era visto por la elite industrial brasile\u00f1a como el &#8220;Mois\u00e9s del siglo XX&#8221;, tal como se refiri\u00f3 a \u00e9l un importante industrial paulistano (tal vez desconociendo el antisemitismo de Ford). Monteiro Lobato, quien tradujera su biograf\u00eda al portugu\u00e9s, ve\u00eda en \u00e9l al &#8220;Jesucristo de la industria&#8221;, cuya vida constitu\u00eda el &#8220;evangelio mesi\u00e1nico del futuro&#8221;. No puede negarse el m\u00e9rito del hombre que, en la conversaci\u00f3n con Lima, al conocer que un extractor de caucho ganaba 50 centavos de d\u00f3lar por d\u00eda de trabajo, dijo que &#8220;es preciso pagar al menos 5 d\u00f3lares, pues los brasile\u00f1os no deben trabajar como esclavos&#8221;. La prensa de Amazonas, al saber del inter\u00e9s de Ford, se llen\u00f3 de entusiasmo. &#8220;Los diarios contrarios a su arribo son clasificados como &#8216;diarios rojos&#8217;. Mientras la prensa se regocijaba con la llegada del capital extranjero, &#8216;esos izquierdistas&#8217;, escribi\u00f3 un editor de la \u00e9poca, &#8216;movilizan esa campa\u00f1a de descr\u00e9dito, criminal e ingrata y que refleja la peque\u00f1ez de esos patriotas que quieren salvar el pa\u00eds; pero no ser\u00e1 el ladrido de esos perros guardianes lo que habr\u00e1 de alejar los d\u00f3lares de Ford de la fecunda Amazonia&#8217;. Tambi\u00e9n existen fuertes cr\u00edticas contra los paulistas, en especial de los estudiantes que ahora, notan los diarios de Par\u00e1, se acordaban de la regi\u00f3n no para ayudarla, sino para protestar contra el capital extranjero&#8221;, comenta la ge\u00f3grafa Elaine Louren\u00e7o, del Centro Universitario Nove de Julio. No falt\u00f3 en la historia el t\u00edpico taimado: Jorge Dumont Villares, sobrino de Alberto Santos Dumont. Seg\u00fan Grandin, sabedor del inter\u00e9s potencial de los americanos en la regi\u00f3n, Villares se habr\u00eda aliado con funcionarios americanos, incluyendo un c\u00f3nsul y un miembro de la comisi\u00f3n cient\u00edfica enviada a Brasil en 1923, para asegurar junto con el gobierno de Par\u00e1, la opci\u00f3n de compra de un \u00e1rea de 2,5 millones de acres en el valle del Tapaj\u00f3s. Cuando Ford envi\u00f3 un equipo para evaluar el mejor lugar para instalar su plantaci\u00f3n de caucho, cuenta el historiador, s\u00f3lo le mostraron el \u00e1rea bajo el control de Villares, quien lucr\u00f3 con el negociado 125 mil d\u00f3lares por tierras que las autoridades paraenses pretend\u00edan donar a la empresa americana. Igualmente el tasador de Ford habr\u00eda entrado en esa trama, describiendo a la regi\u00f3n con &#8220;palabras dignas de una novela de Dickens [Charles], con la intenci\u00f3n de despertar en Ford el deseo de intervenir y salvar a aquella poblaci\u00f3n de la degradaci\u00f3n, del vicio, del alcohol y de la pobreza&#8221;. &#8220;Para confirmar que la l\u00f3gica que impulsaba Ford para la Amazonia iba m\u00e1s all\u00e1 de las leyes de la oferta y la demanda, en el momento en que recibi\u00f3 el informe sobre la regi\u00f3n \u00e9l ya estaba al tanto de que el cartel ingl\u00e9s estaba por ser desmontado, porque los holandeses no hab\u00edan adherido a \u00e9l. Ford fue aconsejado de desistir de la idea de la plantaci\u00f3n, pero sigui\u00f3 adelante, aunque los precios del caucho estuviesen cayendo&#8221;, cuenta Grandin. &#8220;Voy a reconocer mis tierras desde un avi\u00f3n con mi amigo Charles Lindbergh&#8221;, dijo Ford al revelar sus planes a la prensa.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia5.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230646\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-230646\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia5-300x110.jpg\" alt=\"Brazil - Para - Henry Ford's Industrial Experiment\" width=\"300\" height=\"110\" \/><span class=\"media-credits-inline\">\u00a9 Colin McPherson\/Corbis<\/span><\/a>\u00c9l nunca vino, pero dos nav\u00edos suyos arribaron en 1927 a Brasil, con material tecnol\u00f3gico de \u00faltima generaci\u00f3n, suficiente para crear una &#8220;ciudad americana&#8221; en la selva. El contrato de creaci\u00f3n del emprendimiento en la Amazonia establec\u00eda que no habr\u00eda ninguna forma de intervenci\u00f3n brasile\u00f1a en las actividades de Ford en el territorio nacional. Al a\u00f1o siguiente, cuando comenzaron realmente las operaciones de Ford, falleci\u00f3 Henry Wickham, apodado entonces como &#8220;Henry I&#8221;: recordando la &#8220;traici\u00f3n&#8221; pasada, la prensa brasile\u00f1a comenzaba a cuestionar la &#8220;invasi\u00f3n yanqui&#8221; en Amazonas. Igualmente las cosas no marchaban bien: el primer director de la compa\u00f1\u00eda, comenz\u00f3 mal en la regi\u00f3n, cometi\u00f3 varios errores, incluyendo la deforestaci\u00f3n de una vasta regi\u00f3n para albergar las instalaciones, destruyendo la preciosa madera que Ford, consideraba como forma de recuperar parte de su inversi\u00f3n. El nuevo encargado fue el comandante de los barcos que llevaron el material, con el esp\u00edritu fordista de no confiar en los especialistas, un error que resultar\u00eda fatal para el emprendimiento. &#8220;La estructuraci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda estaba basada en la utilizaci\u00f3n de equipamientos avanzados, en la marcada divisi\u00f3n del trabajo y por las relaciones capitalistas de producci\u00f3n que iban a contramano de la mentalidad de la mano de obra local. Carec\u00eda del capital social b\u00e1sico y del conocimiento cient\u00edfico para el plant\u00edo, y sobre todo, de un mercado de trabajo de las dimensiones requeridas por el emprendimiento&#8221;, analiza Costa. Los datos recogidos por la compa\u00f1\u00eda indicaban un potencial de 30 mil hombres, un volumen razonable para que el negocio prosperase seg\u00fan los par\u00e1metros fordistas. La realidad, sin embargo, era otra: &#8220;Hay mucha gente sin empleo y vagando por ah\u00ed, pero cuando uno les habla de trabajo a ellos, le retrucan en su cara que ese tipo de trabajo no les interesa. Prefieren el trabajo estacional, ya sea en la agricultura, o en las caucheras, y pocos se interesaban por la Fordlandia&#8221;, comentaba exasperado un ejecutivo norteamericano.<\/p>\n<p>&#8220;Contando con un acceso relativamente libre\u00a0 a la tierra y a los recursos naturales, disponiendo as\u00ed de medios de subsistencia, los trabajadores se negaron a someterse al sistema fabril fordista, con horarios, uniformes, tarjeta de registro, sirenas de f\u00e1brica y salarios&#8221;, explica Costa. Siendo moralista, Ford prohib\u00eda el consumo de bebidas alcoh\u00f3licas y la prostituci\u00f3n dentro de los l\u00edmites de la f\u00e1brica, lo cual obligaba a los trabajadores a escabullirse rumbo a las regiones vecinas, apodadas como &#8220;Islas de los Inocentes&#8221;, que comenzaron la concentrar criminalidad y violencia. Los americanos, igualmente, no se interesaban en aproximarse a los brasile\u00f1os. Un chiste corriente dec\u00eda que, luego de un a\u00f1o en Fordlandia, un americano sab\u00eda decir &#8220;una cerveza&#8221;; al cabo de dos a\u00f1os, ya lograba hablar, en portugu\u00e9s, &#8220;dos cervezas&#8221;. Las casas, construidas seg\u00fan el modelo americano, no se adaptaban al clima ni al temperamento nacional, con sus techos bajos y grandes ventanas, que permit\u00edan la entrada de mosquitos. A\u00fan as\u00ed, eran visitadas peri\u00f3dicamente por agentes de inspecci\u00f3n sanitaria que exig\u00edan a los trabajadores, en las casas y calles, sus h\u00e1bitos de higiene. Hab\u00eda escuela para los ni\u00f1os y los sueldos, relativamente altos, se pagaban con total puntualidad. Ford pregonaba que se plantasen flores en sus frentes, ya que seg\u00fan \u00e9l, era una forma de embellecer el lugar de trabajo. El reloj de control de entrada, sin embargo, era odiado por el personal, cuyos horarios tambi\u00e9n estaban regulados, seg\u00fan los modelos capitalistas modernos, por silbatos e incentivos. Ford exig\u00eda que la comida fuese saludable, y los lugare\u00f1os se ve\u00edan obligados a comer avena en el desayuno, prescindiendo de los frijoles y de la harina de mandioca. El mero cambio en el sistema de alimentaci\u00f3n gener\u00f3 una crisis que puso en riesgo la vida de los americanos. En lugar de ser servidos por las mujeres, los trabajadores, un cierto d\u00eda, se encontraron con una cafeter\u00eda por autoservicio. &#8220;No somos perros&#8221;, fue el grito generalizado. El equipo de Ford se vio obligado a pasar la noche en un barco en medio del r\u00edo, siendo rescatado al d\u00eda siguiente por un destacamento policial. Volvieron a comer buenos porotos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia7.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230648\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-230648 size-medium\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Fordlandia7-300x110.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"110\" \/><span class=\"media-credits-inline\"> \u00a9 Colin McPherson\/Corbis<\/span><\/a><\/p>\n<p>Sin mano de obra suficiente, insistiendo en la aplicaci\u00f3n de los m\u00e9todos fordistas en la regi\u00f3n y con un insuficiente conocimiento del cultivo del cauchero, el emprendimiento no prosperaba. &#8220;En 1929, la compa\u00f1\u00eda ya hab\u00eda gastado m\u00e1s de 1,5 millones de d\u00f3lares y ten\u00eda poco que mostrar. Alrededor del 95 % de las semillas plantadas no germinaron o murieron y la mitad de la madera desmontada se perdi\u00f3 al ser quemada. Fordlandia crec\u00eda en grandes proporciones, pero las instalaciones, elaboradas, no ten\u00edan nada del negocio central del proyecto: producir caucho. Reci\u00e9n en 1933, desesperadamente, la compa\u00f1\u00eda Ford contrat\u00f3 a James Weir, un t\u00e9cnico agricultor que trabajara con las caucheras en Asia&#8221;, cuenta Grandin. La propuesta de Weir, para combatir la plaga que consum\u00eda los \u00e1rboles, fue radical: abandonar Fordlandia, que se transformar\u00eda en un lugar de experimentos contra el mal de las hojas, y crear una nueva plantaci\u00f3n en Belterra. &#8220;Como contrapartida del contrabando de las semillas de Wickham, Weir propuso que se importasen nuevos h\u00edbridos de Malasia, justamente aquellos generados por la pirater\u00eda del ingl\u00e9s. Para peor, el nuevo lugar escogido se hallaba cerca del sitio donde Wickham hab\u00eda recolectado las semillas 57 a\u00f1os antes&#8221;, revela el historiador. Como si no bastase, el emprendimiento tuvo problemas con el gobierno local, que vio en la importaci\u00f3n una repetici\u00f3n del golpe brit\u00e1nico. Para suerte de Ford, la revoluci\u00f3n de 1930 coloc\u00f3 a Vargas en el poder, cuyo nacionalismo sab\u00eda contemporizar con el capital extranjero, en especial para cumplir su promesa de recuperar la Amazonia. Invitado por la familia Ford, Vargas visit\u00f3 Belterra en 1940 y exalt\u00f3 el trabajo del americano como un ejemplo que deb\u00eda seguirse. &#8220;Aun as\u00ed, la Compa\u00f1\u00eda Ford de Brasil fue incapaz de estructurarse, ya sea rentablemente o para atender las necesidades de Ford Company. Y eso como resultado de la incapacidad para formar el conjunto de medios de producci\u00f3n para obtener el caucho. Incapaz por subordinar la fuerza laboral en un volumen adecuado, no logr\u00f3 alcanzar niveles de producci\u00f3n rentables y mucho menos para alcanzar escalas mayores de producci\u00f3n&#8221;, observa Costa.<\/p>\n<p>La segunda Guerra Mundial y la necesidad de caucho, ya que el Asia brit\u00e1nica se hallaba en manos de los japoneses, trajeron el intento por cristalizar el emprendimiento fordista con la llegada de t\u00e9cnicos americanos, la inversi\u00f3n de dinero de Washington (para horror del liberal republicano Ford). Finalmente, tal como afirm\u00f3 el presidente Roosevelt: &#8220;No se puede hacer una guerra moderna sin caucho&#8221;. El esfuerzo internacional y el reclutamiento de los denominados &#8220;soldados del caucho&#8221; no cambiaron la terrible situaci\u00f3n en Fordlandia y Belterra. En 1937, 1.200 acres fueron deforestados para recibir m\u00e1s de de 2,2 millones de semillas. En 1941 la cifra trep\u00f3 3,6 millones. En 1942, sin embargo, la producci\u00f3n no logr\u00f3 exceder la mera cantidad de 750 toneladas de caucho, una fracci\u00f3n de las 45 mil toneladas extra\u00eddas en el auge del boom del caucho. Luego de gastar 20 millones de d\u00f3lares, Ford vendi\u00f3 todo a Brasil por 500 mil d\u00f3lares.<\/p>\n<p>&#8220;En 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial, las nuevas posibilidades abiertas con la producci\u00f3n de caucho sint\u00e9tico, la propia especializaci\u00f3n la compa\u00f1\u00eda de Ford, que pas\u00f3 a concentrar su industria solamente en los autom\u00f3viles, y ante las resistencias naturales y humanas, \u00e9sta devolvi\u00f3 su concesi\u00f3n al gobierno brasile\u00f1o, quien la indemniz\u00f3 por las mejoras realizadas&#8221;, observa Elaine Louren\u00e7o. En 1950, las dos ciudades fueron abandonadas. &#8220;En mayo de 1951 lleg\u00f3 el primer cargamento de l\u00e1tex de Singapur al puerto de Santos, producido por los \u00e1rboles que descend\u00edan directamente de las semillas robadas por Wickham hac\u00eda exactamente 75 a\u00f1os. Desde entonces, Brasil se vio obligado a importar l\u00e1tex para hacer frente a su demanda de caucho&#8221;, completa Grandin. En la creaci\u00f3n de un imperio del caucho, el aventurero colonial Henry I tuvo m\u00e1s \u00e9xito que el emprendedor moderno Henry II.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Henry Ford intent\u00f3 infructuosamente producir caucho y utop\u00edas en la Amazonia","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[294,269],"coauthors":[684],"class_list":["post-84292","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-economia-es","tag-ambiente-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84292","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84292"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84292\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84292"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84292"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84292"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84292"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}