{"id":84293,"date":"2009-04-01T00:00:00","date_gmt":"2009-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/04\/01\/las-semillas-de-la-discordia-2\/"},"modified":"2017-01-24T15:24:23","modified_gmt":"2017-01-24T17:24:23","slug":"las-semillas-de-la-discordia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-semillas-de-la-discordia-2\/","title":{"rendered":"Las semillas de la discordia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_1.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230652\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-230652\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_1-842x1024.jpg\" alt=\"Seringueira_1\" width=\"300\" height=\"365\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Montaje y reproducci\u00f3n del libro \"The Thief at the end of the world and Fordlandia\", de Greg Grandini<\/span><\/a>El juego de palabras es inevitable y tal vez, perdonable: el tiempo, en la historia de Henry Wickham siempre fue el\u00e1stico. Wickham sustrajo las semillas de siringa en 1876, pero reci\u00e9n en 1895 fue que los ingleses decidieron comenzar con la plantaci\u00f3n de caucho en sus bases comerciales de Malasia y, de esa manera, s\u00f3lo en el final de su vida fue que \u00e9l obtuvo el agradecimiento oficial por parte del Imperio Brit\u00e1nico, convirti\u00e9ndose en Sir, a disgusto de la reina Victoria, quien lo consideraba &#8220;un hombrecillo desagradable&#8221;. Durante d\u00e9cadas se discuti\u00f3 sin resultados satisfactorios si \u00e9l actu\u00f3 como un ladr\u00f3n com\u00fan o simplemente era un &#8220;hombre de su tiempo&#8221;, llegando a obtener el apodo, justo o injusto, de &#8220;padre de la biopirater\u00eda&#8221;. Mucho tiempo despu\u00e9s, a partir de la Eco-92 [Conferencia de la ONU para el Medio Ambiente y Desarrollo, la denominada Cumbre de la Tierra &#8211; R\u00edo 92, celebrada en ese a\u00f1o en Rio de Janeiro], se comenz\u00f3 a discutir las sutilezas de esa cuesti\u00f3n. &#8220;Durante la d\u00e9cada anterior prevalec\u00edan, en la legislaci\u00f3n internacional, los conceptos derivados del farmer&#8217;s rights de la Organizaci\u00f3n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci\u00f3n, basados en el principio del bien com\u00fan de la humanidad, y proponiendo que los recursos naturales fuesen accesibles para todos. La discusi\u00f3n ahora es si -Brasil imponiendo una ley de acceso muy r\u00edgida- ellos investigar\u00e1n en otros pa\u00edses o intentar\u00e1n recolectar sin autorizaci\u00f3n oficial, lo cu\u00e1l caracteriza biopirater\u00eda. El mayor inter\u00e9s para el desarrollo nacional es verdaderamente un gran desaf\u00edo: transformar toda biopirater\u00eda potencial en bio-cooperaci\u00f3n con el fin de reforzar las capacidades tecnol\u00f3gicas del pa\u00eds&#8221;, piensa Ana Fl\u00e1via Granja e Barros, profesora adjunta del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia. El tiempo parece no haber ayudado tanto para recuperar la reputaci\u00f3n de Wickham. \u00bfHabr\u00eda sido \u00e9ste el verdadero responsable de la decadencia del ciclo brasile\u00f1o del caucho?<\/p>\n<p>&#8220;Mucho antes de ese contrabando, hab\u00eda un entusiasmo por la &#8216;teolog\u00eda natural&#8217;, en especial por parte del Imperio Brit\u00e1nico. Se argumentaba que, si la unidad del Jard\u00edn del Ed\u00e9n se hab\u00eda perdido, el libre comercio permitir\u00eda redescubrir sus riquezas agr\u00edcolas. Por eso, en 1851, Macintosh &amp; Co., la mayor manufacturera de caucho brit\u00e1nica, hab\u00eda obsequiado al pr\u00edncipe Albert, consorte de la reina Victoria, con una barra de goma en la que estaba inscrito el poema Charity, de William Cowper, cuyos versos afirmaban: &#8216;La ramas del comercio fue creada para asociar a todos las ramas de la humanidad. Cada clima necesita lo que los otros climas producen y, de ese modo, ofrecen algo para el uso general por parte de todos&#8217;. Robar semillas, entonces, podr\u00eda constituir una &#8216;acci\u00f3n noble&#8217; por el &#8216;bien com\u00fan&#8217; de la humanidad&#8221;, explica la historiadora Emma Reisz, del Jesus Collage de Oxford, autora de The political economy of empire in the tropics: rubber in the British Empire, que ser\u00e1 editado a fin de a\u00f1o en Inglaterra. &#8220;Wickham, por esa raz\u00f3n, nunca tom\u00f3 el contrabando de semillas como un robo, sino como un acto de patriotismo y salvaci\u00f3n personal. Mucho antes de la creaci\u00f3n de la Opep (Organizaci\u00f3n de los Pa\u00edses Exportadores de Petr\u00f3leo), la biopirater\u00eda de Henry otorg\u00f3 a Inglaterra el primer monopolio global de un recurso estrat\u00e9gico en la historia del hombre&#8221;, complementa Joe Jackson, autor del recientemente editado The thief at the end of the world, la biograf\u00eda de Wickham. Si bien \u00e9l era despreciado por la nobleza, el fruto de su aventura llen\u00f3 de gloria a The Royal Botanical Gardens, en Kew (que celebra \u00e9ste a\u00f1o sus 250 a\u00f1os), una alabada instituci\u00f3n de investigaci\u00f3n en bot\u00e1nica, que resguard\u00f3 e incentiv\u00f3 no s\u00f3lo el hurto de las semillas brasile\u00f1as, sino de muchas otras, entre las cuales, por ejemplo, la cinchona o quina, hurtada por investigadores ingleses en Per\u00fa, seg\u00fan el mismo esp\u00edritu del &#8220;bien com\u00fan de la humanidad&#8221;. En realidad, la codicia de la quinina se deb\u00eda menos al altruismo universalista que a la necesidad imperialista de combatir la malaria que atacaba a los soldados brit\u00e1nicos en pa\u00edses lejanos, obstruyendo el comercio colonial.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_2.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230653\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-230653\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_2-697x1024.jpg\" alt=\"Foto\" width=\"300\" height=\"441\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/a>&#8220;La cooperaci\u00f3n entre los gobiernos coloniales y los jardines bot\u00e1nicos en la transferencia y desarrollo de plantas \u00fatiles funcionaba como un beneficio mutuo. El subsidio del Estado para esos centros creci\u00f3 cuando los gobiernos se percataron del potencial estrat\u00e9gico de la bot\u00e1nica. Los institutos, a su vez, retribuir\u00edan la inversi\u00f3n nacional investigando y perfeccionando semillas para las plantaciones&#8221;, explica la historiadora Lucile Brockway, de la City University of New York, autora de &#8220;Science and colonial expansion&#8221;. &#8220;El monocultivo tropical en manos europeas tuvo un gran avance, pero tambi\u00e9n produjo desequilibrios pol\u00edticos y ecol\u00f3gicos inmensos, con los cuales todav\u00eda se debate el mundo moderno&#8221;. El siglo XIX, contin\u00faa la investigadora, puso su \u00e9nfasis en la &#8220;bot\u00e1nica econ\u00f3mica&#8221;, es decir, la &#8220;bot\u00e1nica colonial&#8221;, e instituciones como Kew Gardens, en un comienzo percibidas por el gobierno como &#8220;caprichos reales&#8221; o &#8220;diversi\u00f3n de las masas&#8221;, ganaron status en la jerarqu\u00eda imperial como &#8220;c\u00e1mara de compensaci\u00f3n&#8221; en el negocio de informaciones bot\u00e1nicas y centro de intercambio de plantas por parte del Imperio Brit\u00e1nico, enviando espec\u00edmenes y semillas hacia donde existiese un potencial comercial.<\/p>\n<p>Es as\u00ed que en 1850, cuando Thomas Hancock, due\u00f1o de Macintosh, expres\u00f3 p\u00fablicamente su preocupaci\u00f3n por el monopolio del caucho por parte de Brasil, al afirmar que no era confiable en t\u00e9rminos de oferta y de precios, Sir William Hooker, su amigo y director de Kew Gardens, se ofreci\u00f3 para &#8220;ofrecer toda y cualquier ayuda para quien deseara trasladar siringas de Brasil hacia el territorio imperial&#8221;. &#8220;La &#8216;mano invisible&#8217; del mercado, al parecer, necesitaba un empujoncito. Pero la obtenci\u00f3n de los plantines brasile\u00f1os exig\u00eda conocimientos bot\u00e1nicos y coraje para enfrentar a la selva como contrapunto de un precio de mercado comparativamente bajo, lo cual no justificaba el esfuerzo&#8221;, sostiene Emma. El gobierno brit\u00e1nico no se interes\u00f3 y fue reci\u00e9n en 1870, y por presi\u00f3n de las autoridades inglesas en India, que necesitaban caucho, que el India Office, en Londres, comenz\u00f3 a considerar el tema con gravedad, tal como se hiciera anteriormente con la quina. Finalmente, un informe oficial sobre la situaci\u00f3n en Brasil advert\u00eda al respecto del peligro de perder un &#8220;bien de la humanidad&#8221;, a manos de un &#8220;cauchero borracho que, luego de una noche de cacha\u00e7a, podr\u00eda destruir todos los \u00e1rboles en su camino&#8221;. &#8220;Constitu\u00eda una cuesti\u00f3n de civilidad arrancar el caucho de Brasil y, en 1873, el India Office, ofreci\u00f3 dinero para la obtenci\u00f3n de los plantines o semillas de la cauchera&#8221;, dice Emma.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_3.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230655\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-230655 size-medium\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_3-300x178.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"178\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Reproducci\u00f3n<\/span><\/a><\/p>\n<p>Se realizaron varias tentativas, pero las semillas no germinaban en Kew, lo cu\u00e1l desanim\u00f3 a Hooker, aunque recibi\u00f3 una carta de Wickham en la que promet\u00eda ser capaz no s\u00f3lo de reconocer el \u00e1rbol correcto, sino tambi\u00e9n de enviar miles de semillas con seguridad a Kew Gardens. T\u00edpico aventurero de la \u00e9poca, Henry, con 27 a\u00f1os, parti\u00f3 hacia Am\u00e9rica Central para intentar hacerse rico y termin\u00f3 en Santar\u00e9m (Par\u00e1), donde experiment\u00f3 in situ la riqueza del boom del caucho. Antes, en el Orinoco, hab\u00eda aprendido con los indios a extraer el l\u00e1tex. Sus relatos de viaje, con dibujos de las hojas de Hevea, convencieron al India Oficce de su potencial, luego de dejar su proyecto encajonado durante seis meses. En 1876 Wickham regres\u00f3 a Brasil con su mujer, su madre, el hermano y la cu\u00f1ada (perdiendo aqu\u00ed buena parte de la familia, v\u00edctimas de las enfermedades tropicales), y escribi\u00f3 a Hooker desde Seringal, a orillas del r\u00edo Tapaj\u00f3s (no muy distante del lugar donde se establecer\u00eda la futura empresa de Ford), avisando que hab\u00eda recolectado las semillas. A bordo del buque Amazonas, con 70 mil semillas a bordo, declar\u00f3 en la aduana brasile\u00f1a que &#8220;llevaba s\u00f3lo espec\u00edmenes ex\u00f3ticos y delicados para el jard\u00edn bot\u00e1nico&#8221;. Para ello, cont\u00f3 con la ayuda del c\u00f3nsul ingl\u00e9s y del &#8220;Bar\u00f3n de Santar\u00e9m&#8221;, &#8220;muy comprensivo&#8221;. &#8220;Ellos actuaron, no contra los deseos del gobierno brasile\u00f1o, sino m\u00e1s exactamente tal como si \u00e9ste no existiese y las \u00fanicas autoridades en aqu\u00e9l rinc\u00f3n del mundo fuesen los c\u00f3nsules brit\u00e1nicos&#8221;, observa Warren Dean. Las semillas llegaron intactas a Londres y de ah\u00ed enviadas al Asia brit\u00e1nica.<\/p>\n<p>&#8220;Empero, el desarrollo de las plantaciones a gran escala en aquella regi\u00f3n fue lento debido a la falta de capital y al desinter\u00e9s de los comerciantes ingleses, quienes s\u00f3lo reaccionaron cuando el potencial del caucho explot\u00f3 junto con la industria del autom\u00f3vil&#8221;, analiza el economista Aldo Musacchio, del Ibmec S\u00e3o Paulo. En 1900, las plantaciones asi\u00e1ticas produc\u00edan apenas cuatro toneladas de l\u00e1tex frente a las 27 mil toneladas producidas por medio de la extracci\u00f3n en Brasil. En 1916, las plantaciones brit\u00e1nicas producir\u00edan Hevea suficiente para abastecer el 95% de la demanda mundial por caucho de alta calidad. La Amazonia se sumi\u00f3 en la confusi\u00f3n. &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 los productores brasile\u00f1os no reaccionaron? Contrariamente de lo que se piensa, no hubo un &#8216;error fatal&#8217; de la oligarqu\u00eda del caucho, sino una acci\u00f3n &#8216;optimizada&#8217; dadas las opciones\u00a0 existentes&#8221;, analiza el economista Zephyr Frank, de la Stanford University. &#8220;Incapaz por detener el contrabando de semillas, la \u00fanica opci\u00f3n para los brasile\u00f1os ser\u00eda una gran inversi\u00f3n en la producci\u00f3n que ahuyentase la competencia existente mediante el aumento de la productividad, la importaci\u00f3n de mano de obra, la disminuci\u00f3n de costos del trabajo y con la organizaci\u00f3n de las plantations. Pero el pa\u00eds, en ese momento, no contaba con capacidad para movilizar esos recursos de capital (ni inter\u00e9s, debido al caf\u00e9) y de trabajo, necesarios para cambiar las reglas del juego&#8221;, explica. &#8220;Como el mercado del caucho es imprevisible y lento (seg\u00fan el tiempo de crecimiento de los \u00e1rboles, esto es, entre seis y ocho a\u00f1os), los brasile\u00f1os optaron por &#8216;sentarse a esperar&#8217;, ya que invertir en plantations era excesivamente caro y por lo dem\u00e1s, sin garant\u00edas; y por encima de todo, el extractivismo era rentable a su modo. La opci\u00f3n era dejar que los ingleses invadieran el mercado hasta el exceso de producci\u00f3n, tal como ocurri\u00f3 en 1922&#8221;.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_4.jpg\" rel=\"attachment wp-att-230656\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-230656\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Seringueira_4-681x1024.jpg\" alt=\"Seringueira_4\" width=\"300\" height=\"451\" \/><span class=\"media-credits-inline\">Fernanda Preto\/Folha Imagem<\/span><\/a>El tiempo, por entonces, jugaba a favor del caucho brasile\u00f1o. El dominio brit\u00e1nico se centraba en las relaciones coloniales privilegiadas, que suministraban mano de obra en cantidad y barata. Con el declive del Imperio y la presi\u00f3n americana, que demandaba mayores cantidades de caucho con costos menores, la ventaja inicial se perdi\u00f3. &#8220;La cuesti\u00f3n del caucho fue a la vez emblem\u00e1tica del poder colonial, y un indicador de su decadencia. Cuando quisieron mantener el negocio ya no pose\u00edan m\u00e1s poder para impedir a los americanos la b\u00fasqueda del caucho en otros lugares, tal como hizo Ford en Brasil&#8221;, dice Emma. Exist\u00eda adem\u00e1s el factor ecol\u00f3gico. &#8220;Los brit\u00e1nicos exaltaron la civilidad de las &#8216;plantations&#8217; en contraste con la supuesta incivilidad de los &#8216;seringais&#8217;, percepci\u00f3n compartida por las \u00e9lites del negocio del caf\u00e9, entonces en el poder. La pol\u00edtica oficial, en especial luego de la Rep\u00fablica, hizo suya esa idea y promovi\u00f3 esas plantationes, sin otorgar importancia a los acontecimientos locales y a las visiones de los productores locales de caucho, que discordaban con la promoci\u00f3n del monocultivo. Seg\u00fan ellos, el extractivismo garantizaba la perpetuidad de la producci\u00f3n y no destru\u00eda la tierra ni los \u00e1rboles, contrariamente de la opci\u00f3n &#8216;civilizada'&#8221;, analiza la historiadora Rosineide Bentes, de la Universidad del Estado de Par\u00e1. &#8220;La promoci\u00f3n del monocultivo colision\u00f3 con la concepci\u00f3n ecol\u00f3gica de los caucheros, para quienes preservar la selva ten\u00eda un profundo significado econ\u00f3mico y ecol\u00f3gico. Ellos percibieron, antes que los cient\u00edficos, que las plantations eran blanco f\u00e1cil de las plagas. El monocultivo, de esa manera, no prolifer\u00f3 en la Amazonia tambi\u00e9n porque los productores consideraban que destruir\u00eda su principal capital: la selva aut\u00f3ctona de goma el\u00e1stica. As\u00ed, sin someterse ni a la selva ni a las fuerzas industrialistas, por opci\u00f3n propia, hicieron historia&#8221;, considera la investigadora.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Discuten el impacto del contrabando de semillas de siringa","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[294,269],"coauthors":[684],"class_list":["post-84293","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-economia-es","tag-ambiente-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84293","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84293"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84293\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84293"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84293"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84293"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84293"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}