{"id":84299,"date":"2009-04-01T00:00:00","date_gmt":"2009-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/04\/01\/por-un-triz\/"},"modified":"2016-05-04T16:26:57","modified_gmt":"2016-05-04T19:26:57","slug":"por-un-triz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/por-un-triz\/","title":{"rendered":"Por un triz"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-216851\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Cadeira.jpg\" alt=\"Cadeira\" width=\"290\" height=\"392\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Cadeira.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Cadeira-120x162.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/Cadeira-250x338.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">H\u00c9LIO DE ALMEIDA<\/span>Una sesi\u00f3n de aconsejamiento [counselling], seguida de un llamado telef\u00f3nico a intervalos de algunas semanas durante un a\u00f1o y medio, bast\u00f3 para reducir diez veces el \u00edndice de suicidio entre las personas que ya hab\u00edan intentado en otra ocasi\u00f3n poner fin a su vida. Este resultado llama la atenci\u00f3n por demostrar que una estrategia simple y pr\u00e1cticamente sin costo puede salvar vidas al crear lazos entre un profesional de la salud dispuesto a escuchar, de un lado de la l\u00ednea, y, del otro, alguien con la necesidad de hablar sobre un sufrimiento ps\u00edquico tan intenso que no le permite ver otra alternativa que no sea la extinci\u00f3n de su propia vida.<\/p>\n<p>&#8220;Luego del contacto inicial, realizado a\u00fan en el hospital, s\u00f3lo fue necesario contar con un psic\u00f3logo y una l\u00ednea telef\u00f3nica a disposici\u00f3n&#8221;, comenta el psiquiatra Neury Botega, docente de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Botega coordin\u00f3 el grupo que verific\u00f3 en Brasil la eficacia de esta estrategia de intervenci\u00f3n, como parte de una iniciativa de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud (OMS) destinada a disminuir la mortalidad por suicidio, en especial en los pa\u00edses m\u00e1s pobres, que concentran un 85% de los casos de muerte autoinfligida.<\/p>\n<p>Desde enero de 2000 hasta abril de 2004, expertos en salud mental de cinco pa\u00edses recabaron informaci\u00f3n sobre 1.867 personas que hab\u00edan intentado suicidarse y fueron atendidas en ocho hospitales de Brasil, India, Ir\u00e1n, China y Sri Lanka. Luego de tratar las eventuales heridas causadas por el intento de suicidio, cada individuo pas\u00f3 por una entrevista con un profesional de salud mental (psiquiatra, psic\u00f3logo y enfermero psiqui\u00e1trico) y fue invitado para participar del estudio.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l que acept\u00f3 ingres\u00f3 en uno de los dos grupos. Los 945 integrantes del primer grupo fueron evaluados y derivados a un servicio apropiado de la red de salud. En el segundo grupo, aparte de eso cada persona era informada al respecto de los factores psicol\u00f3gicos y sociales que llevan a alguien a intentar el suicidio y sobre aquellos factores que lo protegen. Tambi\u00e9n aprendieron sobre los \u00edndices de suicidio en la poblaci\u00f3n y sobre la posibilidad de que quien ya intent\u00f3 matarse vuelva a repetir el acto, adem\u00e1s de ser orientados al respecto de la disponibilidad de servicios p\u00fablicos de salud mental.<\/p>\n<p>Una semana despu\u00e9s de dejar el hospital, cada uno de los 922 pacientes del segundo grupo recibi\u00f3 una primera comunicaci\u00f3n telef\u00f3nica por parte de un miembro del equipo que lo atendi\u00f3. Cuando no se contaba con tel\u00e9fono, los investigadores visitaban a las personas en sus casas -en Vietnam, por ejemplo, tuvieron que utilizar bicicletas para llegar hasta los pacientes. Los contactos, en un total de nueve, se sucedieron a intervalos cada vez mayores y funcionaban en modo similar al trabajo realizado por el Centro de Valoraci\u00f3n de la Vida (CVV), entidad filantr\u00f3pica creada en 1962 en S\u00e3o Paulo, en la cual los voluntarios escuchaban a las personas que marcaban un n\u00famero telef\u00f3nico -una de las diferencias es que el equipo del CVV no realiza aconsejamiento. En cada conversaci\u00f3n el investigador de la OMS inquir\u00eda c\u00f3mo la persona se estaba sintiendo e intentaba estimularla para realizar un tratamiento m\u00e9dico y encontrar fuerzas para superar las adversidades.<\/p>\n<p>Dieciocho meses despu\u00e9s de su internaci\u00f3n, los investigadores volvieron a llamar a las personas que hab\u00edan atendido. De los 827 integrantes del primer grupo que pudieron ser localizados, 18 (el 2,2%) fallecieron debido a suicidio, mientras que s\u00f3lo 2 de las 872 personas del segundo grupo (el 0,2%) se mataron, informan los investigadores en un art\u00edculo publicado a finales de 2008 en el Bulletin of the World Health Organization. &#8220;Los contactos regulares indicaban a los pacientes que alguien se preocupaba por ellos&#8221;, explica Botega. &#8220;El mecanismo de acci\u00f3n de esa estrategia es similar al de una consejer\u00eda psicosocial: funciona como una red de apoyo emocional de emergencia para quien no cuenta con un sost\u00e9n eficiente&#8221;, escribieron los investigadores en el art\u00edculo en el cual detallan el trabajo.<\/p>\n<p>El impresionante resultado de esta iniciativa, conocida por la sigla en ingl\u00e9s: Supre-Miss (Estudio de Intervenci\u00f3n sobre el Comportamiento Suicida en M\u00faltiples Lugares), pone en evidencia que, con un m\u00ednimo de estructura y preparaci\u00f3n t\u00e9cnica, es posible evitar la muerte de quien de hecho no desea morir. Incluso antes de la conclusi\u00f3n de la etapa brasile\u00f1a del trabajo, en el que fueron tratadas alrededor de 120 personas que hab\u00edan intentado suicidarse en Campinas, la segunda mayor ciudad del estado de S\u00e3o Paulo, Botega ven\u00eda demostrando la factibilidad de implantar esa estrategia, aunque con adaptaciones, en la red de salud p\u00fablica.<\/p>\n<p>En 2003, con la invitaci\u00f3n de la jefatura de gobierno de la ciudad de S\u00e3o Paulo, Botega y su equipo capacitaron durante seis meses a 90 profesionales de la salud que trabajaban en la subdistrito S\u00e9, en la regi\u00f3n central de la capital paulista, donde residen 415 mil personas, y en el subdistrito Jabaquara, en la zona sur, con una poblaci\u00f3n de 210 mil habitantes. &#8220;Quienes eran atendidos en los hospitales de esos dos subdistritos municipales se retiraban con un horario prefijado para su regreso y el nombre del profesional que los atender\u00eda&#8221;, cuenta Botega. Los psic\u00f3logos llamaban a la casa de quien no comparec\u00eda a la consulta y, si no lo encontraban, solicitaban a un agente del Programa de Salud Familiar que fuese a visitarlo en su domicilio.<\/p>\n<p>Meses despu\u00e9s de la capacitaci\u00f3n, el psiquiatra de la Unicamp, quien hace casi dos d\u00e9cadas investiga las razones que conducen a las personas a intentar la auto-aniquilaci\u00f3n, se sorprendi\u00f3 al conocer que el grupo capacitado por \u00e9l segu\u00eda reuni\u00e9ndose para acompa\u00f1ar a las personas en riesgo de suicidio. Desde 2008, Botega y su equipo preparan alrededor de 300 profesionales de la red de salud de Campinas para detectar, atender y prevenir los intentos de suicidio. \u00c9l aguarda ahora la concesi\u00f3n de becas del Ministerio de Salud para dar inicio a un proyecto aprobado en 2008: instruir a 700 profesionales de salud de diferentes municipios, quienes deber\u00e1n propagar el conocimiento sobre c\u00f3mo lidiar con las personas en riesgo de suicidio.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-216850\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/ajudando.jpg\" alt=\"ajudando\" width=\"290\" height=\"406\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/ajudando.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/ajudando-120x168.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/04\/ajudando-250x350.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">H\u00c9LIO DE ALMEIDA<\/span>Durante el curso se informa sobre los \u00edndices de suicidios y los grupos considerados de mayor riesgo. Se ense\u00f1an t\u00e9cnicas para lidiar con quien se encuentra en estado de depresi\u00f3n profunda a punto tal de pensar en matarse y tambi\u00e9n a prestar atenci\u00f3n a las se\u00f1ales de alerta que emiten esas personas. &#8220;Pueden proporcionar indicios m\u00e1s concretos y decir. &#8216;No quiero vivir m\u00e1s&#8217;, &#8216;Un d\u00eda voy a desaparecer&#8217; o &#8216;Ya van a extra\u00f1arme ustedes&#8217;, o bien dar pistas indirectas, tales como alterar h\u00e1bitos, comenzar a repartir objetos personales o visitar amigos y familiares que hace mucho tiempo no ven&#8221;, cuenta la psic\u00f3loga Blanca Guevara Werlang, de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de R\u00edo Grande do Sul (PUC-RS), quien junto a Botega integra el grupo del Ministerio de Salud que desarrolla una estrategia nacional de prevenci\u00f3n del suicidio.<\/p>\n<p>Uno de los desaf\u00edos del psiquiatra de la Unicamp es desterrar los prejuicios y las ideas err\u00f3neas que tienen muchos profesionales de la salud al respecto del suicidio. Seg\u00fan \u00e9l, resulta com\u00fan imaginarse que quien amenaza matarse no lo hace o que hablar del tema con quien se encuentra deprimido o profundamente desamparado puede inducir al autoexterminio. Es probable que esa creencia provenga de un caso hist\u00f3rico: una secuencia de suicidios ocurrida en Europa a finales del siglo XVIII luego de la publicaci\u00f3n de la novela Los padecimientos del joven Werther, del escritor alem\u00e1n Johann von Goethe, en la cual el protagonista se suicida por causa de un amor no correspondido. Para Botega, no obstante, hablar sobre los planes de suicidio puede ayudar al paciente a intentar otras salidas para terminar con su sufrimiento.<\/p>\n<p>&#8220;Por eso trabajamos para modificar la manera en que los profesionales de la salud enfocan el problema, para que pierdan el miedo de aproximarse a la persona que se halla en riesgo&#8221;, cuenta Botega. &#8220;Cuanto m\u00e1s abiertamente habla la persona acerca de la p\u00e9rdida, la soledad y la desvalorizaci\u00f3n, menos confusas se tornan sus emociones. La persona entonces se vuelve reflexiva, lo cual es crucial, porque nadie, si no es el propio individuo, puede revocar la decisi\u00f3n de morir&#8221;, explica el investigador de la Unicamp, quien ayud\u00f3 al Ministerio de Salud a elaborar la Estrategia Nacional de Prevenci\u00f3n del Suicidio, lanzada en 2006, y un manual sobre el tema para profesionales de salud mental.<\/p>\n<p>Aun cuando no sean imposibles, algunos raros casos de suicidio son el fruto de una decisi\u00f3n racional o de convicci\u00f3n pol\u00edtica, ideol\u00f3gica o moral -como es el caso de los atentados cometidos por ataques suicidas, la auto-inmolaci\u00f3n de monjes budistas o el acto voluntario de clavarse una espada en el abdomen (harakiri o seppuku) adoptado por los samur\u00e1is en el Jap\u00f3n feudal como forma de rescatar el propio honor. &#8220;El suicidio racional o filos\u00f3fico, fruto de un acto de libre pensamiento y sin influencia exagerada de alg\u00fan trastorno mental, resulta raro&#8221;, dice Botega.<\/p>\n<p>Tolerado por algunas sociedades y condenado por otras, el suicidio se considera un problema de salud p\u00fablica mundial, responsable de la muerte de casi un mill\u00f3n de personas por a\u00f1o. Actualmente, 17 personas se matan en cada grupo de 100 mil, seg\u00fan datos de la OMS. Desde 1950 a la actualidad, el \u00edndice de suicidios en los varones creci\u00f3 un 49%, llegando a casi 30 casos por cada 100 mil habitantes, y entre las mujeres aument\u00f3 un 33%, siendo de 7 cada 100 mil. Durante este per\u00edodo, el perfil de la poblaci\u00f3n que atenta contra su vida tambi\u00e9n sufri\u00f3 alteraciones. Disminuy\u00f3 el n\u00famero de ancianos\u00a0 que se matan y aument\u00f3 el de los j\u00f3venes. Hasta mediados del siglo pasado, el 60% de las personas que comet\u00edan suicidio ten\u00eda m\u00e1s de 45 a\u00f1os. Ahora, el 55% tiene menos de 45.<\/p>\n<p>Debido a razones que a\u00fan no se comprenden completamente, Brasil y la mayor parte de los pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina registran lo que se considera un bajo \u00edndice de suicidios. Pero no existen motivos para quedarse tranquilos. En tan s\u00f3lo una d\u00e9cada, la proporci\u00f3n de brasile\u00f1os que se matan creci\u00f3 en promedio un 15%: subi\u00f3 de 3,9 casos por cada 100 mil habitantes en 1994 hasta 4,5 por cada 100 mil en 2004 -los hombres suelen buscar formas m\u00e1s violentas, tales como ahorcamiento o armas de fuego, mientras que las mujeres se intoxican. Tambi\u00e9n aqu\u00ed esa actitud se viene tornando m\u00e1s com\u00fan entre los m\u00e1s j\u00f3venes, en especial, en la franja que comprende de los 20 a los 40 a\u00f1os, que generalmente consumen medicamentos y drogas en el intento por suicidarse.<\/p>\n<p>Los \u00edndices brasile\u00f1os siguen lejos de los observados en pa\u00edses del Este Europeo tales como Lituania (38,6 por cada 100 mil), Rusia (32,2 por cada 100 mil) o Hungr\u00eda (26 por cada 100 mil), o incluso de los de pa\u00edses con tasas moderadas, tales como Estados Unidos y Canad\u00e1, donde 11 de cada 100 mil personas se suicidan. Pero el tama\u00f1o de nuestra poblaci\u00f3n ubica a Brasil entre los diez pa\u00edses con mayor cantidad de suicidas. Seg\u00fan el Ministerio de Salud, 8.550 personas se suicidaron en el pa\u00eds durante 2005 -una por cada hora.<\/p>\n<p>Pero esos son s\u00f3lo los casos conocidos. Por cada persona que muere, muchas otras lo intentan y no lo logran -o no lo llegan a intentar, pero pensaron seriamente en el asunto. En 2003, el equipo de Botega entrevist\u00f3 a 515 habitantes en Campinas mayores de 14 a\u00f1os que hab\u00edan sido sorteados en forma aleatoria como representantes de la poblaci\u00f3n del municipio. Descubrieron que, de cada 100 personas, 17 pensaron alguna vez en matarse, 5 llegaron a elaborar un plan y 3 lo intentaron de hecho. Seg\u00fan un art\u00edculo publicado en 2005 en la Revista Brasileira de Psiquiatria, por cada tres personas que ponen el plan en acci\u00f3n, una es atendida en la emergencia m\u00e9dica.<\/p>\n<p>Aunque los intentos son menos comunes entre los adolescentes, existen se\u00f1ales de que una proporci\u00f3n bastante elevada de ellos ya pens\u00f3 en el suicidio. Hace alrededor de cinco a\u00f1os Blanca Werlang y la psic\u00f3loga Viviane Roxo Borges entrevistaron a 730 adolescentes de Porto Alegre, la capital de Rio Grande do Sul, y de Erechim, una ciudad de porte mediano en el norte de dicho estado, con edades entre 13 y 19 a\u00f1os. Descubrieron que el 35% ya hab\u00eda meditado sobre el suicidio. La mayor\u00eda chicas, muchas de las cuales presentaban s\u00edntomas de depresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Curiosamente, los estados del sur del pa\u00eds concentran los \u00edndices m\u00e1s elevados de suicidios, en especial Rio Grande do Sul, donde la tasa es de 11 por cada 100 mil, un n\u00famero dos veces y medio superior al promedio nacional. Buscando respuestas para esa cifra, tan elevado, la m\u00e9dica Stela Meneghel, de la Universidad de Vale do Rio dos Sinos (Unisinos), con sede en localidad de S\u00e3o Leopoldo, evalu\u00f3 los \u00edndices de mortalidad debida a suicidio en Rio Grande do Sul entre 1980 y 1999, notando que durante esos 20 a\u00f1os, la tasa de suicidio creci\u00f3 un 50% entre los hombres, alcanzando 20 por cada 100 mil. Es el doble del promedio de suicidios registrados en el estado, que tambi\u00e9n creci\u00f3, describe Stela en un estudio publicado en 2004 en la Revista de Sa\u00fade P\u00fablica. En n\u00fameros absolutos, los casos de muerte provocada -generalmente por ahorcamiento- pasaron de 642 a 1.093 por a\u00f1o.<\/p>\n<p>Inicialmente, Stela adjudic\u00f3 la mayor incidencia de suicidios en Rio Grande do Sul a la crisis econ\u00f3mica del pa\u00eds, que entre el comienzos de la d\u00e9cada de 1980 y mediados de la de 1990, supuso \u00edndices crecientes de desempleo y, en ese estado, esencialmente agr\u00edcola, la p\u00e9rdida de tierras de los peque\u00f1os productores rurales; al endeudamiento y la disgregaci\u00f3n social, cuando padres e hijos se separan, normalmente migrando hacia las grandes capitales en un intento por sobrevivir. &#8220;Hubo un empobrecimiento del estado de Rio Grande do Sul&#8221;, comenta Stela, quien trabaj\u00f3 con investigadores de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, de la Universidad Federal de Pelotas y de la Agencia Nacional de Control Sanitario.<\/p>\n<p>Profundizando en los an\u00e1lisis en busca de explicaciones m\u00e1s consistentes, empero, ese equipo verific\u00f3 que no se trataba de las regiones m\u00e1s pobres d\u00f3nde viv\u00edan los &#8220;ga\u00fachos&#8221; desesperanzados a punto tal de ponerse al cuello el lazo que antes usaran para trabajar. Los suicidios se concentraban en \u00e1reas de peque\u00f1as propiedades, al sur, este y norte del estado, ocupadas por descendientes de alemanes adeptos a religiones notorias por su rigor moral. Donde resid\u00edan mayor cantidad de protestantes, especialmente luteranos y evangelistas adventistas, como en Santa Cruz, Tr\u00eas Passos, Gramado, Canela, Lageado y Estrela, los \u00edndices de suicidio eran hasta dos veces m\u00e1s altos que en las ciudades ocupadas por cat\u00f3licos, espiritistas o de religiones de origen africano.<\/p>\n<p>En un estudio cl\u00e1sico de 1897, el soci\u00f3logo franc\u00e9s \u00c9mile Durkheim ya verificaba que el \u00edndice de suicidio era mucho mayor en los pa\u00edses protestantes que en los de mayor\u00eda cat\u00f3lica. Varios estudios confirmaron esa idea, hallando un bajo \u00edndice de suicidas tambi\u00e9n entre musulmanes y jud\u00edos, aunque otros estudios, realizados principalmente en Estados Unidos, no consideran al catolicismo un factor de protecci\u00f3n contra el suicidio. Con base en un censo de 1999 de la OMS, la tradici\u00f3n religiosa aparentemente ayuda a detener los \u00edmpetus suicidas. El \u00edndice de suicidio es cercano a cero en pa\u00edses musulmanes como Kuwait, ya que el islamismo proh\u00edbe el suicidio. Es mayor en pa\u00edses cat\u00f3licos como Italia (11,2 por cada 100 mil habitantes) o budistas como en el caso de Jap\u00f3n (17,9 por cada 100 mil habitantes). Y mucho mayor en los pa\u00edses conformados por mayor\u00eda de ciudadanos ateos, tal como sucede en Rusia.<\/p>\n<p>A la formaci\u00f3n protestante, marcada por la extrema valorizaci\u00f3n del esfuerzo individual y del trabajo, el grupo coordinado por Stela le sum\u00f3 la rigidez de la cultura alemana. Entonces qued\u00f3 claro que el empobrecimiento podr\u00eda ser el detonante para llevar adelante la idea de matarse, pero en esa decisi\u00f3n hab\u00eda tambi\u00e9n una fuerte influencia de la religi\u00f3n y de la etnia. &#8220;Para un brasile\u00f1o de cualquier otro origen, perder todo no representa el fin del mundo&#8221;, dice Stela, cuyas conclusiones contaron con el apoyo de la Federaci\u00f3n de Parroquias Luteranas. &#8220;Pero los alemanes o sus descendientes no resisten, porque tienen un c\u00f3digo moral bastante r\u00edgido. Para ellos, verse desempleados u obligados a hipotecar la tierra para saldar deudas es extremadamente doloroso&#8221;.<\/p>\n<p>Los especialistas no dudan de que los factores sociales, culturales y hasta econ\u00f3micos influyen en los \u00edndices de suicidio. Pero saben que esos factores se hallan lejos de explicarlos completamente. &#8220;El suicidio es un problema de causas m\u00faltiples y complejas&#8221;, expresa Botega.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos tiempos ha crecido la evidencia de que detr\u00e1s del suicidio reside casi siempre un problema de salud mental -muchas veces no tratado. Hace algunos a\u00f1os, el psiquiatra brasile\u00f1o Jos\u00e9 Manoel Bertolote, del Departamento de Salud Mental de la OMS, analiz\u00f3 informaciones sobre 15.629 casos de suicidio ocurridos en diferentes regiones, principalmente en Europa y Estados Unidos. En el 97% de los casos en que se dispon\u00eda de datos completos, quien se suicid\u00f3 presentaba alguna clase de trastorno psiqui\u00e1trico. &#8220;Las enfermedades psiqui\u00e1tricas conforman un importante factor de riesgo que aumenta las posibilidades de que una persona cometa suicidio&#8221;, explica Botega.<\/p>\n<p>La m\u00e1s com\u00fan de esas enfermedades es la depresi\u00f3n, marcada por una tristeza profunda y continua y que aparece asociada con la p\u00e9rdida del inter\u00e9s en actividades anteriormente placenteras. A lo largo de la vida, entre el 5% y 12% de los hombres y de 10% a 25% de las mujeres desarrollan depresi\u00f3n y, entre los gravemente deprimidos, el 15% se mata. El segundo problema m\u00e1s frecuente es el consumo de alcohol y de drogas. En casi un 23% de los casos, quien se suicid\u00f3 se hallaba alcoholizado o bajo los efectos de otras sustancias. Otros dos problemas comunes entre los que cometen suicidio, son la esquizofrenia, que afecta al 1% de la poblaci\u00f3n y provoca s\u00edntomas graves tales como delirios y alucinaciones, y el trastorno bipolar del humor, d\u00f3nde oscilan per\u00edodos de euforia y depresi\u00f3n. En un trabajo publicado en 2003 en el British Journal of Psychiatry, Bertolote calcul\u00f3 que aunque los medicamentos no funcionen en todos los casos, si esos trastornos psiqui\u00e1tricos fuesen debidamente tratados evitar\u00edan 165 mil muertes por suicidio cada a\u00f1o.<\/p>\n<p>Aparte de los problemas psiqui\u00e1tricos, otro factor que aumenta la probabilidad de desistir de seguir batallando son las caracter\u00edsticas de la personalidad. Durante su doctorado en la Unicamp, bajo la orientaci\u00f3n de Neury Botega, Blanca Werlang traz\u00f3 el perfil psicol\u00f3gico de quienes cometen suicidio, utilizando una estrategia denominada autopsia psicol\u00f3gica. Desarrollada en la d\u00e9cada de 1950 por el psic\u00f3logo estadounidense Edwin Schneideman, consiste en un verdadero trabajo de detective: reconstruir la personalidad del muerto a partir de pistas que dej\u00f3 y de informaciones obtenidas de sus amigos y parientes vivos.<\/p>\n<p>Entre 1999 y 2001, Blanca identific\u00f3 100 casos de suicidio en el departamento m\u00e9dico legal de Porto Alegre e investig\u00f3 las circunstancias en que hab\u00edan sido registrados. Siguiendo el reglamento instituido para averiguar las muertes, logr\u00f3 contactarse con parientes y amigos de 21 personas que se hab\u00edan suicidado. La lectura de cartas y notas, as\u00ed como la conversaci\u00f3n con familiares y personas cercanas a quien cometiera suicidio llevaron a Blanca a concluir que el hecho inmediato que lo hab\u00eda inducido variaba mucho -desde la p\u00e9rdida del empleo hasta una disputa familiar. Detr\u00e1s de ese acto exist\u00eda un historial de trastornos psiqui\u00e1tricos (uso abusivo de alcohol, inclusive) y de relaciones complicadas entre los miembros de la familia que alimentaban el desarrollo de una personalidad con dificultades para enfrentar los problemas corrientes de la vida. &#8220;Esas personas, en general, incorporan caracter\u00edsticas de la familia y presentan una debilidad psicol\u00f3gica que no les permite percibir soluciones para determinados problemas&#8221;, dice Blanca. &#8220;Sinti\u00e9ndose incapaces de reaccionar, optan por la muerte como forma de librarse del sufrimiento intolerable por el que est\u00e1n pasando&#8221;.<\/p>\n<p>Quien se suicida suele ser m\u00e1s agresivo y actuar de manera irreflexiva, impulsiva. &#8220;La decisi\u00f3n de decir &#8216;basta&#8217; la toman m\u00e1s f\u00e1cilmente las personas impulsivas&#8221;, afirma el psiquiatra brasile\u00f1o Gustavo Turecki, coordinador del grupo multidisciplinario de estudios sobre el suicidio de la Universidad McGill, en Canad\u00e1, quien considera que el desarrollo de ese rasgo de la personalidad depende de las condiciones vividas en la infancia.<\/p>\n<p>Luego de analizar alrededor de 200 trabajos sobre el suicidio, Turecki y Alexander\u00a0 McGirr sugieren en un estudio detallado en 2007 en la revista Current Psychiatry Reports que el rechazo de los padres y los abusos f\u00edsicos o sexuales en la infancia funcionar\u00edan como un aliciente, favoreciendo el desarrollo de la personalidad impulsiva. &#8220;Aunque la personalidad se consolide luego de la adolescencia, las intervenciones en per\u00edodos sensibles de su desarrollo podr\u00edan producir efectos duraderos y disminuir la vulnerabilidad al suicidio&#8221;, comentan en el art\u00edculo.<\/p>\n<p>El estudio de un grupo de 4.488 canadienses, desde su infancia hasta el fin de la adolescencia permiti\u00f3 al equipo de Turecki constatar que el comportamiento impulsivo aparece asociado al mayor riesgo de suicidio, independientemente de la aparici\u00f3n de trastornos psiqui\u00e1tricos. Comparando el nivel de actividad de los genes en el cerebro de las personas que cometieron suicidio con el de las personas que fallecieron en accidentes, los investigadores de McGill identificaron algunas rutas bioqu\u00edmicas del cerebro que podr\u00edan encontrarse alteradas, reduciendo la actividad en la regi\u00f3n frontal, responsable del control de la impulsividad. Parte de las personas que se suicidaron presentaban una versi\u00f3n alterada de un gen fundamental para la actividad de los astrocitos, que son las c\u00e9lulas cerebrales responsables de la nutrici\u00f3n de las neuronas, seg\u00fan un art\u00edculo publicado en enero en los Archives of General Psychiatry. El resultado m\u00e1s reciente, anunciado en la edici\u00f3n de marzo de la revista Nature Neuroscience, refuerza la idea de que la propensi\u00f3n al suicidio es determinada durante el desarrollo, al revelar que los suicidas v\u00edctimas de abusos en su infancia presentaban una reducci\u00f3n de la actividad del sistema que regula la respuesta al estr\u00e9s.<\/p>\n<p>Mientras que los equipos de todo el mundo trabajan para comprender lo que motiva a algunas personas a renunciar a la vida, la soluci\u00f3n posible reside en la preparaci\u00f3n de profesionales de la salud y de otras \u00e1reas para identificar a quienes se hallan en riesgo y orientarlos en la b\u00fasqueda de ayuda. Blanca defiende incluso que la discusi\u00f3n sobre el suicidio sea un tema abierto para la poblaci\u00f3n. &#8220;Hablar de la muerte es dif\u00edcil, y a\u00fan m\u00e1s cuando es autoinfligida&#8221;, afirma. &#8220;Pero, si no se habla, \u00bfc\u00f3mo es que las personas sabr\u00e1n donde solicitar ayuda?&#8221;.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\n<strong> 1.<\/strong> Estudio multic\u00e9ntrico de intervenci\u00f3n en el comportamiento suicida (SUPRE-MISS), de la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/18048\/estudo-multicentrico-de-intervencao-no-comportamento-suicida-supre-miss-da-organizacao-mundial-da-sa\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 02\/08288-9<\/a>); <strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Apoyo Regular al Proyecto de Investigaci\u00f3n;\u00a0<strong>Coordinador <\/strong>Neury Jos\u00e9 Botega &#8211; Unicamp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 44.260,55 (FAPESP)<br \/>\n<strong>2.<\/strong> Plan de prevenci\u00f3n del comportamiento suicida\u00a0(<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/6119\/plano-de-prevencao-do-comportamento-suicida\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 03\/07173-6<\/a>); <strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Programa de Pol\u00edticas P\u00fablicas 1;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Neury Jos\u00e9 Botega &#8211; Unicamp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 16.038,82 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Atenci\u00f3n y llamadas telef\u00f3nicas reducen las nuevas tentativas de suicidio","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[],"coauthors":[105,5968],"class_list":["post-84299","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84299","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84299"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84299\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84299"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84299"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84299"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84299"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}