{"id":84356,"date":"2009-06-01T00:00:00","date_gmt":"2009-06-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/06\/01\/el-dorado-un-sueno-amazonico\/"},"modified":"2017-01-26T14:40:00","modified_gmt":"2017-01-26T16:40:00","slug":"el-dorado-un-sueno-amazonico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-dorado-un-sueno-amazonico\/","title":{"rendered":"El Dorado, un sue\u00f1o amaz\u00f3nico"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-230877\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_5.jpg\" alt=\"expedicoes_5.tif\" width=\"290\" height=\"351\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_5.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_5-120x145.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_5-250x303.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N DEL LIBRO LEGENDES CROYANCES ET TALISMANS DES INDIENS DE L'AMAZONE\/ ILUSTRACI\u00d3N DE V. DE REGO MONTEIRO<\/span>Al encontrar un papiro con la figura humanizada del sol y una inscripci\u00f3n ind\u00edgena dentro de una caverna, el Doctor Benignus decide salir en busca de mundos perdidos, en una arriesgada expedici\u00f3n al interior de Brasil. Luego de una serie de aventuras rocambolescas, el documento lo lleva hasta una isla misteriosa y en ella resuelve crear una &#8220;civilizaci\u00f3n&#8221; que reunir\u00eda a todos los pueblos y ser\u00eda capaz de librar a los brasile\u00f1os &#8220;de la indolencia y el barbarismo&#8221;. Todo el esfuerzo para descifrar el enigma hab\u00eda valido la pena, pues, seg\u00fan aseguraba el naturalista, \u2013 \u00a1Brasil es una fuente inagotable como asidero para la historia de la primeras \u00e9pocas de la humanidad!\u2013 Desafortunadamente, el pobre cient\u00edfico descubre que hab\u00eda ido en busca de una falsa utop\u00eda, pues el mentado papiro era una falsificaci\u00f3n efectuada por su criado, que quer\u00eda sacarlo de la tristeza en que encontraba sumido en ante la poco gloriosa realidad del pa\u00eds. No es una coincidencia que la primera obra de ciencia ficci\u00f3n escrita en Brasil, Doutor Benignus (1875), de Em\u00edlio Zaluar (1826-1882), haya sido una &#8220;novela arqueol\u00f3gica de mundos perdidos&#8221;. La b\u00fasqueda de monumentos escondidos en la selva densa puede ser risible, pero en otro plumaje, el dilema de si fuimos &#8220;el infierno o Eldorado&#8221; es a\u00fan hoy uno de los principales motivos de discusi\u00f3n entre los arque\u00f3logos, tal como revela Cotidiano y poder en la Amaz\u00f4nia pr\u00e9-colonial (240 p\u00e1ginas, 92 reales), de Denise Cavalcante Gomes, del Museo Nacional de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro,\u00a0 publicado ahora por Edusp.<\/p>\n<p>En investigaciones realizadas en Par\u00e1, la arque\u00f3loga cava agujeros en las teor\u00edas que procuran explicar la ocupaci\u00f3n amaz\u00f3nica. Una &#8220;pelea&#8221; acad\u00e9mica que no esconde diferencias ideol\u00f3gicas. La primera, del &#8220;para\u00edso ilusorio&#8221;, es defendida por la arque\u00f3loga norteamericana Betty Meggers, para quien el ambiente de suelos &#8220;pobres&#8221; en nutrientes de la regi\u00f3n impidi\u00f3 una agricultura intensiva y posteriormente la formaci\u00f3n de grandes poblaciones avanzadas. Su rival pregona la existencia de un &#8220;Eldorado casi real&#8221;, tal como afirman los seguidores de otra arque\u00f3loga norteamericana, Anna Roosevelt, que desde\u00f1an las hip\u00f3tesis \u2013deterministas ambientales\u2013 de Meggers como &#8220;imperialistas&#8221; e interesadas en reforzar &#8220;la degeneraci\u00f3n de los indios&#8221;. Este grupo prefiere trabajar con la hip\u00f3tesis de que, en tiempos precoloniales, la Amazonia fue sede cacicazgos desarrollados y con \u2013un nivel de sofisticaci\u00f3n en su modo de vida que rivalizaba o incluso exced\u00eda el europeo\u2013, para usar las palabras del antrop\u00f3logo Neil Whitehead, de la Universidad de Wisconsin.<\/p>\n<p>&#8220;Al cabo de tres siglos, los arque\u00f3logos est\u00e1n reviviendo el mito de Eldorado. Insistir en el &#8216;mito de los imperios amaz\u00f3nicos&#8217; no solamente impide que los investigadores de reconstruyan la prehistoria de la regi\u00f3n sino que los convierte en c\u00f3mplices en la aceleraci\u00f3n del proceso de degradaci\u00f3n ambiental, ya que da asidero a creencia de que la explotaci\u00f3n del ecosistema de la selva es posible&#8221;, afirm\u00f3 Meggers en su art\u00edculo &#8220;The continuing quest for El Dorado: round two&#8221;. En efecto, en un libro reci\u00e9n lanzado en EE.UU., The lost city of Z (que saldr\u00e1 en julio en Brasil publicado Companhia das Letras), de David Grann, la historia de la malograda expedici\u00f3n del coronel brit\u00e1nico Percy Fawcett (1867-1925) al Xing\u00fa en busca de la civilizaci\u00f3n perdida de &#8220;Z&#8221;, el arque\u00f3logo Michael Heckenberger, de la Universidad de Florida y uno de los principales detractores de Meggers, refuerza el mito. &#8220;En esa regi\u00f3n hab\u00eda una cultura est\u00e9tica de la monumentalidad y a los indios les gustaba tener hermosas carreteras, plazas y puentes. Sus monumentos no eran pir\u00e1mides, por eso es dif\u00edcil de encontrarlos, sino creaciones horizontales no por ello menos extraordinarias&#8221;, dice el investigador, parte integrante de un equipo que afirma haber encontrado pruebas arqueol\u00f3gicas de cacicazgos avanzados en la Amazonia. &#8220;Fawcett estaba convencido de que la selva salvaje escond\u00eda vestigios de al menos una civilizaci\u00f3n avanzada. Estudi\u00f3 las leyendas de Eldorado y escuch\u00f3 a los indios dando descripciones de grandes ciudades con muchas calles, lugares en donde el ambiente no era problema y hab\u00eda comida en abundancia&#8221;, afirma Grann. &#8220;El coronel se exasperaba con sus detractores, los &#8216;hombres de ciencia&#8217;, que tambi\u00e9n hab\u00edan ridiculizado la idea de grandes civilizaciones precolombinas o la existencia de Troya. Se refer\u00eda siempre a su visi\u00f3n de una cultura majestuosa en el Amazonas que se irradi\u00f3 hacia regiones distantes, pero al final termin\u00f3 siendo devorada por la selva&#8221;. Igual destino le aguardaba o coronel, desaparecido aquel mismo a\u00f1o en el Xing\u00fa. &#8220;Puede haber sido un amateur y f\u00e1cilmente despreciado como un &#8216;chiflado&#8217;, pero, en cierta forma, vio las cosas con m\u00e1s claridad que muchos eruditos profesionales de la arqueolog\u00eda&#8221;, sostiene Heckenberger.<\/p>\n<p>El investigador deja claro que no est\u00e1 en busca de &#8220;eldorados&#8221;, aunque es dif\u00edcil no pensar en ellos (y en Fawcett) en de cara a sus descubrimientos recientes de vestigios del las jefaturas precoloniales, cuya interpretaci\u00f3n, advierte Denise, contribuye peligrosamente &#8220;a la construcci\u00f3n de una imagen grandiosa del pasado amaz\u00f3nico, reafirmada en s\u00edntesis acad\u00e9micas&#8221;. En efecto, la arqueolog\u00eda es una de las ciencias que m\u00e1s afectan el imaginario occidental. No sin raz\u00f3n fue (y es) fuente de novelas y pel\u00edculas populares. Las ideas de Fawcett, por ejemplo, inspiraron a Conan Doyle (1859-1930), el creador de Sherlock Holmes, para escribir El mundo perdido (1912), la primera novela que us\u00f3 a la Amazonia como escenario de un &#8220;zaga de mundo perdido&#8221;. Entre medados de los siglos XIX y XX ese subg\u00e9nero predomin\u00f3 en detrimento de la llamada &#8220;novela planetaria&#8221; (aventuras espaciales futuristas) como tema central de la incipiente ficci\u00f3n cient\u00edfica nacional. &#8220;Existe una ausencia de &#8216;novela planetaria&#8217;, muy en boga en el exterior, entre nosotros. El &#8216;mundo perdido&#8217;, en especial el amaz\u00f3nico, tuvo m\u00e1s resonancia debido al exotismo y la inmensidad que ve\u00edamos en nuestro territorio, que nos hac\u00eda pensar en Brasil como &#8216;novela planetaria&#8217;, un vasto mundo cuya ecolog\u00eda evocaba el misterio y la inquietud&#8221;, analiza Roberto de Sousa Causo, autor de Fic\u00e7\u00e3o cient\u00edfica, fantasia e horror no Brasil (1875-1950), estudio editado por la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG). &#8220;El territorio salvaje daba a nuestra conciencia un paisaje colonial ocupando el nicho mental de un imperio rico e inexplorado que ayudar\u00eda a nuestra proyecci\u00f3n en el resto del mundo. Pero sucede que ac\u00e1, al contrario del &#8216;mundo perdido&#8217; colonialista de escritores extranjeros, era expresi\u00f3n de un imperialismo interno, proyecci\u00f3n de estrategias colonialistas sobre regiones inexploradas del propio pa\u00eds&#8221;, eval\u00faa. Hay para todos los gustos, desde A Amaz\u00f4nia misteriosa (1925), de Gast\u00e3o Cruls, que describe encuentros con guerreras amazonas, hasta A Rep\u00fablica 3000 ou a filha do inca (1927), de Menotti del Picchia, que mezcla princesas incas, civilizaciones cretenses, selvas tropicales brasile\u00f1as y utop\u00edas eugen\u00e9sicas y racistas, que afirmaban la degeneraci\u00f3n del indio y del mestizo y la superioridad europea.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-230876\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_2.jpg\" alt=\"expedicoes_2.tif\" width=\"290\" height=\"113\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_2.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_2-250x97.jpg 250w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_2-120x47.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N DEL LIBRO LEGENDES CROYANCES ET TALISMANS DES INDIENS DE L'AMAZONE\/ ILUSTRACI\u00d3N DE V. DE REGO MONTEIRO<\/span>Sin embargo, esta literatura que mezclaba &#8220;ciencia&#8221;, pol\u00edtica, ideolog\u00eda y exotismo no recibi\u00f3 \u00fanicamente el influjo de las lecturas de Rice Haggard y su As minas do rei Salom\u00e3o, sino que reflejaba toda una historia de discusiones serias hechas por doctores del IHGB (Instituto Hist\u00f3rico y Geogr\u00e1fico Brasile\u00f1o), del Museo Nacional y otras instituciones serias. Como el melanc\u00f3lico Doctor Benignus, hac\u00eda tiempo que los doctos de carne y hueso del pa\u00eds padec\u00edan el mismo mal y so\u00f1aban, al igual que \u00e9l, con encontrar civilizaciones perdidas que probasen la grandeza innata de la joven naci\u00f3n. Desde 1838, cuando fue creado, con total apoyo del Estado imperial, el IHGB, cuya l\u00ednea maestra preconizaba \u2013buscar vestigios del pasado, reliquias olvidadas en el suelo patrio\u2013, se organizaron expediciones para revelar el pasado glorioso que podr\u00eda ser recuperado por la naciente arqueolog\u00eda nacional. Al fin y al cabo, el Imperio brasile\u00f1o no pod\u00eda quedar atr\u00e1s de las rep\u00fablicas latinas vecinas y deb\u00eda exhibir ruinas de civilizaciones que estuvieran a la altura de los aztecas, los incas y los mayas.<\/p>\n<p>&#8220;Los a\u00f1os 1840 significaron el apogeo de la tentativa de la monarqu\u00eda brasile\u00f1a de recuperar restos monumentales, relacionando la historia nacional con la de civilizaciones formidables, a ejemplo de la Atl\u00e1ntida o de los fenicios y vikingos. No sin raz\u00f3n fue en el a\u00f1o de la coronaci\u00f3n de don Pedro II que se realizaron las principales expediciones en busca de la &#8216;cidade perdida&#8217; en el interior de Bah\u00eda&#8221;, explica el historiador Johnni Langer, de la Universidad Federal do Maranh\u00e3o, autor del doctorado intitulado Ruinas y mito: la arqueolog\u00eda en el Brasil Imperial. La arqueolog\u00eda nac\u00eda como &#8220;ciencia del Estado&#8221;, convocada a ayudar en la creaci\u00f3n de un &#8220;mito de origen&#8221; para la nueva naci\u00f3n. &#8220;El mito de las ciudades perdidas se convirti\u00f3 en un valor paradigm\u00e1tico, un modelo de referencia del pasado nacional: la civilizaci\u00f3n avanzada perdida que dej\u00f3 marcas por todo el territorio, siendo entonces rastreada por la arqueolog\u00eda&#8221;, sostiene el investigador. &#8220;El rol de la arqueolog\u00eda y de los museos segu\u00eda las narrativas que un\u00edan a los Estados nacionales a grandes civilizaciones, material palpable para la elaboraci\u00f3n de s\u00edmbolos nacionales y vinculaciones ancestrales, naturalizando el sentimiento de pertenecer a una naci\u00f3n&#8221;, analiza el historiador Lucio Menezes Ferreira, de la Universidad Federal de Pelotas, que acaba de terminar un posdoctorado sobre el tema en el N\u00facleo de Estudios Estrat\u00e9gicos de la Unicamp (2008).<\/p>\n<p>&#8220;Vestigios de civilizaciones mediterr\u00e1neas camuflados bajo los montes tropicales, garabatos sem\u00edticos en paredes de cavernas, invadieron poco a poco la imaginaci\u00f3n literaria, cuando el trabajarlos &#8216;en ciencia&#8217; revest\u00eda el riesgo de exponer a estudiosos a la chacota&#8221;, explica Ferreira. Sin embargo, la imaginaci\u00f3n era antes la fuerza motriz de la arqueolog\u00eda. En 1839, en una reuni\u00f3n del instituto, los eruditos fueron advertidos sobre la presencia, en Pedra da G\u00e1vea, \u2013de una inscripci\u00f3n en caracteres fenicios y que revelan una gran antig\u00fcedad\u2013, lo que llevaba a la conclusi\u00f3n de que &#8220;Brasil hab\u00eda sido visitado por naciones conocedoras de la navegaci\u00f3n antes que los portugueses&#8221;. Se envi\u00f3 una expedici\u00f3n y que regres\u00f3 un tanto decepcionada, pues el hallazgo podr\u00eda\u00a0 &#8220;haber sido hecho simplemente por la naturaleza&#8221;. Eso no impidi\u00f3, en el informe de conclusi\u00f3n, que se afirmase que se trataba de un descubrimiento &#8220;de importancia comparable a las grandes construcciones de la arqueolog\u00eda, como los grandes monumentos de Egipto y las ciudades mesopot\u00e1micas que podr\u00edan hacer una revoluci\u00f3n en nuestra historia y abrir una senda luminosa del pasado hacia el futuro&#8221;. Se clamaba por un &#8220;Champollion brasile\u00f1o&#8221; que mudasse os conocimientos sobre a historia nacional, sem fatos o monumentos notables. &#8220;Era necesario poder poner al Brasil del futuro junto a las grandes naciones e imperios, orgullosos de sus ruinas antiguas. A partir de 1840, la aceptaci\u00f3n de la existencia de la &#8216;generaci\u00f3n perdida&#8217;, una civilizaci\u00f3n nacional avanzada desaparecida, muestra la uni\u00f3n de mito e historia, ideal de &#8216;c\u00f3mo deber\u00eda haber sido&#8217; el Brasil de los tiempos antiguos, aunque sin evidencias concretas&#8221;, eval\u00faa Langer.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-230878\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_7.jpg\" alt=\"expedicoes_7.tif\" width=\"290\" height=\"293\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_7.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_7-120x121.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_7-250x253.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N DEL LIBRO LEGENDES CROYANCES ET TALISMANS DES INDIENS DE L'AMAZONE\/ ILUSTRACI\u00d3N DE V. DE REGO MONTEIRO<\/span>Al fin y al cabo, nada menos que el c\u00e9lebre Von Martius, en C\u00f3mo se debe escribir la historia de Brasil (1845), op\u00fasculo premiado por el IHGB cuyas ideas deber\u00edan orientar a la instituci\u00f3n, afirm\u00f3 que &#8220;no debe considerarse inveros\u00edmil la posibilidad de hallar antiguos monumentos en las selvas de Brasil, tanto m\u00e1s que hasta ahora no son conocidas ni accesibles sino en peque\u00f1a proporci\u00f3n&#8221;. Para el naturalista alem\u00e1n, la ubicaci\u00f3n de los preciosos vestigios ser\u00eda en la Selva Amaz\u00f3nica, un espacio misterioso en donde la vegetaci\u00f3n podr\u00eda ocultarlos, lo que exig\u00eda la observaci\u00f3n directa por medio de expediciones cient\u00edficas, como la b\u00fasqueda de la &#8220;ciudad perdida de Bah\u00eda&#8221;, iniciada en 1840, a pedido del instituto, por el can\u00f3nigo Benigno Carvalho. Un a\u00f1o antes, un investigador hab\u00eda encontrado un manuscrito an\u00f3nimo, &#8220;Relaci\u00f3n hist\u00f3rica de una oculta y gran poblaci\u00f3n antiqu\u00edsima sin moradores&#8221;, supuesta narraci\u00f3n hecha por bandeirantes sobre c\u00f3mo se hab\u00edan deparado con un villorrio desierto que, entre otras maravillas, pose\u00eda &#8220;una columna de piedra negra de magnitud extraordinaria, y sobre ella una Estatua de hombre ordinario, con humana mano en la cadera izquierda, y el brazo derecho extendido, mostrando con el dedo \u00edndice el Polo del Norte; en cada rinc\u00f3n de dicha Plaza hay una Aguja, la imitaci\u00f3n de las que usaban los Romanos&#8221;. Hoy conocido como el Manuscrito 512 (el mismo que Fawcett usar\u00eda como &#8220;gu\u00eda&#8221; de su expedici\u00f3n), esa visi\u00f3n de una civilizaci\u00f3n &#8220;cl\u00e1sica&#8221; en plena Bah\u00eda encendi\u00f3 la imaginaci\u00f3n no solamente de los estudiosos brasile\u00f1os, sino de varias instituciones internacionales. Nada fue hallado, pero eso no impidi\u00f3 que el IHGB insistiese en investigar, en el sert\u00f3n brasile\u00f1o, menhires, inscripciones con runas que atestiguar\u00edan el paso de n\u00f3rdicos en los tr\u00f3picos, otras ciudades perdidas e incluso relatos del descubrimiento de un \u2013fragmento de estatua de m\u00e1rmol contempor\u00e1neo del m\u00e1s brillante per\u00edodo del arte griega\u2013, en 1887, en la Amazonia. La informaci\u00f3n era falsa, como as\u00ed tambi\u00e9n lo eran las inscripciones talladas en una piedra enviada a Ladislau Neto, del Museo Nacional, que las tradujo y afirm\u00f3 que se trataban de un relato de la venida de los fenicios de la ciudad de Sidonia a Brasil.<\/p>\n<p>Macuna\u00edma, el antih\u00e9roe de Mario de Andrade, en su busca casi arqueol\u00f3gica de la piedra muiraquit\u00e3, de las amazonas, tambi\u00e9n se impresion\u00f3 en su trayecto con \u2013letreros encarnados de la gente fenicia\u2013 y, cavando en Manaos, &#8220;descubri\u00f3 los restos de Dios Marte, una escultura griega hallada a\u00fan en la Monarquia y el primero de abril pasado en el Alencar Araripe por el jornal Com\u00e9rcio das Amazonas&#8221;. &#8220;Esa iron\u00eda andradeana ataca directamente a la llamada &#8216;arqueolog\u00eda nobili\u00e1rquica&#8217; que se hacia entonces y que, como los parnasianos, ten\u00eda los pies en Brasil y los ojos mirando a Europa&#8221;, sostiene Ferreira. Seg\u00fan el investigador, para la elite pol\u00edtica e intelectual del IHGB era una b\u00fasqueda que pretend\u00eda dar un lugar social que deb\u00edan ocupar los ind\u00edgenas dentro de la l\u00f3gica geneal\u00f3gica del Estado imperial. &#8220;Fijar antepasados nobles (fenicios, griegos o europeos) para los ind\u00edgenas hac\u00eda posible representarlos en el cuadro de las naciones civilizadas. En una sociedad que distribu\u00eda t\u00edtulos de nobleza y en que el pasado ind\u00edgena deber\u00eda modelarse en un espejo agradable para la &#8216;raza blanca&#8217;, las razas fosilizadas tambi\u00e9n deber\u00edan ser &#8216;nobles&#8217;, aunque esa &#8216;nobleza&#8217; se hubiera perdido en un tiempo casi sin memoria&#8221;, acota el historiador. Era necesario probar que los antepasados ind\u00edgenas eran de naturaleza diversa que los &#8220;degenerados&#8221; indios contempor\u00e1neos, &#8220;ruinas de pueblos&#8221; como los llamaba Martius, insistiendo en la idea de la &#8220;generaci\u00f3n grandiosa&#8221; que se extinguiera. &#8220;Ellos entonces habr\u00edan sido antes creadores, miembros de una antigua civilizaci\u00f3n que ser\u00eda reconstruida por la nobleza del imperio, en una arqueolog\u00eda que se confunde con la her\u00e1ldica y que sea una arqueolog\u00eda nobiliaria reconstruyendo la genealog\u00eda de la naci\u00f3n&#8221;. Si no hab\u00eda ruinas en las selvas, la culpa era del ambiente hostil que las destru\u00eda. El indio, aun as\u00ed, era &#8220;un griego denudo&#8221;. El espejo primitivo, con nuevos colores, reforzaba los &#8220;brillos de la civilizaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Pod\u00eda ser un b\u00e1rbaro en su condici\u00f3n actual, pero quiz\u00e1 recuperable todav\u00eda para la historia de la naci\u00f3n, siempre y cuando el reverso de la medalla contuviera s\u00edmbolos de una cultura elaborada&#8221;, sostiene el investigador. Pero, seg\u00fan Ferreira, la b\u00fasqueda de vestigios de civilizaci\u00f3n no era tan s\u00f3lo una fantas\u00eda mitol\u00f3gica, la resurrecci\u00f3n de mitos antiguos en el imaginario cient\u00edfico. &#8220;El descubrimiento de monumentos en las selvas brasile\u00f1as tambi\u00e9n respond\u00eda a intereses espec\u00edficos del proyecto pol\u00edtico imperial: interiorizar la civilizaci\u00f3n y civilizar a las poblaciones ind\u00edgenas. Los &#8216;viajes arqueol\u00f3gicos&#8217; no buscaban tan s\u00f3lo ruinas, sino tambi\u00e9n cartografiar el espacio, descubrir riquezas minerales, desmenuzar todo aquello que era visto como la ant\u00edtesis de la civilizaci\u00f3n&#8221;. Las investigaciones arqueol\u00f3gicas, desde el Imperio apuntaban as\u00ed a instituir un &#8220;colonialismo interno&#8221;. &#8220;Narraban un pasado nativo y mostraban que, de alg\u00fan modo, \u00e9ste sobreviv\u00eda no presente. As\u00ed, el territorio estar\u00eda todav\u00eda cuajado por pueblo cuya \u2013inferioridade cultural\u2013 clamaba por misiones civilizadoras, proyectos de pacificaci\u00f3n y, posteriormente, la revitalizaci\u00f3n de las aldeas en consonancia con la ciencia mundial. Arqueolog\u00eda y colonialismo apuntaban a promover as\u00ed la expansi\u00f3n geogr\u00e1fica y geopol\u00edtica del Estado nacional&#8221;, explica Ferreira. Al fin y al cabo, los ind\u00edgenas ser\u00edan ingredientes de la futura mano de obra de Brasil. &#8220;Deber\u00edan ser civilizados en los asentamientos, poblar el interior y aguardar la llegada de inmigrantes &#8216;blancos&#8217; con los cuales se mezclar\u00edan, recomponiendo las fibras de la poblaci\u00f3n nacional.&#8221; al clasificar a los pueblos ind\u00edgenas como degenerados, el IHGB (por medio de figuras como Von Martius y Varnhagen), muy admirado por el emperador, legitim\u00f3\u00a0 ese &#8220;colonialismo interno&#8221;, tal como lo har\u00edan posteriormente \u2013las novelas de mundo perdido\u2013 de nuestra ciencia ficci\u00f3n, ampliamente divulgada por la prensa y con vasto acceso al p\u00fablico lego, para el cual el indio hab\u00eda sido el creador de una civilizaci\u00f3n que el inh\u00f3spito Amazonas degener\u00f3. Otros, legos o doctos, prefer\u00edan verlos como frutos de la expansi\u00f3n de la civilizaci\u00f3n andina en Brasil que la ecolog\u00eda nacional, el &#8220;determinismo ambiental&#8221;, habr\u00eda igualmente degenerado.<br \/>\nCuando la triste realidad pone en jaque el modelo de la &#8220;arqueolog\u00eda de lo fant\u00e1stico&#8221;, los investigadores se vuelven hacia la &#8220;arqueolog\u00eda de lo primitivo&#8221;, como la preconizaban los estudios de Peter Lund y sus hallazgos en Lagoa Santa. &#8220;A partir de 1865, se puede incluso pensar en &#8216;civilizaciones europeas&#8217; llegando a Am\u00e9rica, siempre y cuando se excave en sitios arqueol\u00f3gicos para verificar si los artefactos poseen o no signos legibles de civilizaci\u00f3n. No basta, como hac\u00eda la &#8216;arqueolog\u00eda nobiliaria&#8217;, del hallazgo fortuito. A a ordem era escavar y recuperar os restos de &#8220;ra\u00e7as primitivas&#8221; y as &#8220;rel\u00edquias&#8221; de civilizaci\u00f3n para establecer el origen de los sitios arqueol\u00f3gicos y de los ind\u00edgenas&#8221;, afirma el historiador. Darwin hab\u00eda llegado a Brasil, como se pod\u00eda ver en el enunciado de Lund, para quien la naturaleza siempre procede &#8220;de lo imperfecto a lo perfecto&#8221;. El IHGB perd\u00eda terreno, aunque hasta el siglo XX hab\u00eda quienes siguieran buscando &#8220;ciudades perdidas&#8221; adem\u00e1s del pobre Fawcett. &#8220;Brasil no ser\u00eda solamente el m\u00e1s antiguo continente, sino la cuna de civilizaciones mesoamericanas, teniendo en sus bosques, sobre ra\u00edces prehist\u00f3ricas, una peque\u00f1a isla de civilizaci\u00f3n, la isla de Maraj\u00f3&#8221;. Una a favor\u00a0 del Doctor Benignus.<\/p>\n<p>&#8220;La arqueolog\u00eda de lo primitivo no s\u00f3lo busc\u00f3 registros de primitivismo y civilizaci\u00f3n en los sambaqu\u00edes, sino que dio asidero a la teor\u00eda de la antig\u00fcedad del espacio &#8216;Brasil&#8217;. Como lo hiciera antes la investigaci\u00f3n nobiliaria, la de lo primitivo formul\u00f3 hip\u00f3tesis sobre la poblaci\u00f3n nacional. El continente &#8216;m\u00e1s antiguo del planeta&#8217;, origen de civilizaciones americanas, germinado por una raza primitiva que se expandi\u00f3 de las mesetas de minas a las cordilleras andinas: todo aseguraba la nueva demarcaci\u00f3n geopol\u00edtica, ahora con bases s\u00f3lidas arqueol\u00f3gicas.&#8221; La ciencia segu\u00eda siendo cortejada por la pol\u00edtica y por la ideolog\u00eda o aceptarla de buen grado. De all\u00ed, sostiene Ferreira, la persistencia de la teor\u00eda de la degeneraci\u00f3n ind\u00edgena que habr\u00eda continuado en los trabajos de Betty Meggers, responsable a partir de 1964 al lado de Clifford Evans, por la formaci\u00f3n de toda una generaci\u00f3n de arque\u00f3logos brasile\u00f1os a trav\u00e9s del Programa Nacional de Investigaciones Arqueol\u00f3gicas (Pronapa), financiado por el Smithsonian Instituition. Por cierto, eso habr\u00eda llevado historiadores a asociar el proyecto (y las teor\u00edas) de Meggers (que fue acusada de trabajar para la CIA) a una supuesta articulaci\u00f3n entre la dictadura militar y Washington. &#8220;No es preciso documentos oficiales para demostrar los fundamentos colonialistas de las representaciones de Meggers. Estos residen en los axiomas del &#8216;determinismo ambiental&#8217;, cristalizados y madurados por ella en el transcurso de sus investigaciones en la d\u00e9cada de 1950. Seg\u00fan ellos, la Selva Amaz\u00f3nica, con su ambiente impiadoso, degener\u00f3 a las poblaciones ind\u00edgenas, obstaculizando la evoluci\u00f3n&#8221;, sostiene Ferreira. Seg\u00fan \u00e9l, las conclusiones que surgen de ello son preocupantes, pues para Meggers, las &#8220;altas civilizaciones&#8221; se erigen en los suelos de \u00e1reas a las que denomina &#8220;nucleares&#8221;. Cuanto m\u00e1s cerca de ellas, mayor es la evoluci\u00f3n del grupo. Lejos de los n\u00facleos hab\u00eda la degeneraci\u00f3n de los ambientes degradantes. &#8220;Es una alegor\u00eda para el presente, pues el foco de luz civilizadora, actualmente el n\u00facleo, se transfiere a Am\u00e9rica del Norte, mientras que la Amazonia ser\u00eda una aspiradora de civilizaciones, aunque, dice Meggers, haya encendido sue\u00f1os de Eldorados. Por cierto, ella nos esclareci\u00f3 sobre nuestras ilusiones on\u00edricas. As\u00ed se justifican las desigualdades regionales del continente americano.&#8221;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-230879\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_8.jpg\" alt=\"expedicoes_8.tif\" width=\"290\" height=\"219\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_8.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_8-120x91.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/expedicoes_8-250x189.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N DEL LIBRO LEGENDES CROYANCES ET TALISMANS DES INDIENS DE L'AMAZONE\/ ILUSTRACI\u00d3N DE V. DE REGO MONTEIRO<\/span>Sin ciudades perdidas o la primac\u00eda de ser el m\u00e1s viejo del grupo, Brasil tambi\u00e9n formar\u00eda parte del llamado pristine myth (como se lo define en el texto cl\u00e1sico de William M. Denevan sobre el escenario de Am\u00e9rica en 1492) el &#8220;mito de la pureza original&#8221; de la tierra precolombina. &#8220;Los nativos no tendr\u00edan la racionalidad necesaria para trabajar sus tierras y as\u00ed, el conquistador europeo aparece como la fuente de raz\u00f3n e innovaci\u00f3n iluminista en el vac\u00edo que eran las colonias antes de su llegada. Seg\u00fan este razonamiento, ellos habr\u00edan &#8216;moldeado&#8217; el paisaje del Nuevo Mundo&#8221;, explica el ge\u00f3grafo Andrew Sluyter, de la Universidad de Pensilvania, autor de Colonialism and landscape. &#8220;La implicaci\u00f3n de ello es que les faltar\u00eda a los paisajes precoloniales una poblaci\u00f3n densa en funci\u00f3n de una supuesta ineptitud en el uso de la tierra. Esta idea sigui\u00f3 us\u00e1ndose en el poscolonialismo reciente para promover la categorizaci\u00f3n del mundo entre un Occidente racionalmente progresivo versus un &#8216;no Ocidente&#8217; irracionalmente tradicional, pr\u00e1ctica a\u00fan hoy en d\u00eda mantenida con la difusi\u00f3n perversa de conocimiento y tecnolog\u00edas de uno a otro&#8221;. El colonizador tendr\u00eda el m\u00e9rito de haber transformado materialmente, y para mejor, el paisaje &#8220;pr\u00edstino&#8221; del mundo precolonial en el paisaje productivo\u00a0 post 1492. Con todo, esto ha venido siendo cuestionado por el descubrimiento constante de &#8220;tierra negra&#8221; en la Amazonia (algo ya se\u00f1alado por Anna Roosevelt en Maraj\u00f3), la tierra f\u00e9rtil que se cre\u00eda que hab\u00eda sido producida por la acci\u00f3n humana. &#8220;Al menos el 10% de la Amazonia est\u00e1 cubierta de &#8216;tierra negra&#8217;. Por ende, no es verdad que las lluvias extraer\u00edan los nutrientes del suelo e impedir\u00edan el avance de los cultivos. Este tipo de tierra no es afectada por las lluvias e incluso reacciona a ellas de manera positiva. Asimismo, todo indica que la &#8216;tierra negra&#8217; fue creada deliberadamente por los pueblos amaz\u00f3nicos para modificar el suelo y mejorarlo para el cultivo&#8221;, afirma el ge\u00f3grafo William Woods, de la Southern Illinois University.<\/p>\n<p>Segundo \u00e9ste, los habitantes originarios plantaron cultivos que transformaron tierras poco f\u00e9rtiles en terreno adecuado al cultivo de muchas especies, asegurando el alimento abundante para sostener a poblaciones mayores. &#8220;Los indios literalmente crearon el suelo a sus pies y parte de la selva es antropog\u00e9nica, cree Woods, lo que comprometer\u00eda tanto el pristine myth como las tesis de Meggers. Sin embargo, esto explicar\u00eda la reacci\u00f3n de la americana, en cuyas cr\u00edticas a este nuevo modelo afirma estar temerosa sobre el futuro de la Amazonia si se da por sentada la posibilidad de explotaci\u00f3n comercial del suelo de la floresta. Volvemos al dilema del comienzo: \u00bfinfierno o Eldorado? \u00bfRoosevelt o Meggers? Con una novedad: \u00bfqu\u00e9 es mejor para el futuro de la Amazonia? &#8220;La teor\u00eda basada en tipolog\u00edas socioevolucionistas es inadecuada para reconstruir el paisaje de la Amazonia precolonial. Pero el modelo de sociedades complejas postulado por Roosevelt debe verse meramente como una tentativa preliminar de comprender los datos disponibles sobre la organizaci\u00f3n social de estas sociedades. &#8216;No es seguramente una interpretaci\u00f3n definitiva&#8217;, eval\u00faa Denise Gomes. Pobre del pa\u00eds que necesita \u2013civilizaciones perdidas&#8221;. Al fin y al cabo, como explica el criado del Doctor Benignus al final de la novela, confesando haber sido el autor del papiro, lo que importaba era que su patr\u00f3n afrontase todo en busca de la verdad, y aun encontr\u00e1ndola, descubri\u00f3 otras utop\u00edas. &#8220;No es necesario tener miedo de fallar&#8221;, escribi\u00f3 Fawcett en su \u00faltima carta. Poco antes de desaparecer en la selva y &#8220;le encantar\u00eda&#8221; tambi\u00e9n convertirse en mito.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La arqueolog\u00eda brasile\u00f1a y su b\u00fasqueda de civilizaciones ocultas","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[271,310],"coauthors":[684],"class_list":["post-84356","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-arqueologia-es","tag-historia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84356","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=84356"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/84356\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=84356"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=84356"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=84356"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=84356"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}