{"id":8653,"date":"2012-03-29T19:00:30","date_gmt":"2012-03-29T22:00:30","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2012\/03\/29\/quando-parar-%c3%a9-ir-para-a-frente-2\/"},"modified":"2015-12-29T16:50:33","modified_gmt":"2015-12-29T18:50:33","slug":"quando-parar-%c3%a9-ir-para-a-frente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/quando-parar-%c3%a9-ir-para-a-frente\/","title":{"rendered":"Cuando parar es ir adelante"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_207704\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-207704\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves.jpg\" alt=\"Asamblea del personal de la Empresa Brasile\u00f1a de Correos y Tel\u00e9grafos, en Pra\u00e7a da S\u00e9, en 1975\" width=\"290\" height=\"279\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves-120x115.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves-250x241.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Ant\u00f4nio Gaud\u00e9rio\/Folhapress<\/span>Asamblea del personal de la Empresa Brasile\u00f1a de Correos y Tel\u00e9grafos, en Pra\u00e7a da S\u00e9, en 1975<span class=\"media-credits\">Ant\u00f4nio Gaud\u00e9rio\/Folhapress<\/span><\/p><\/div>\n<p>\u201cPues quien lleva el tren adelante\/ tambi\u00e9n s\u00fabitamente\/ puede el tren parar\u201d, escribi\u00f3 Chico Buarque en <em>Linha de montagem<\/em> (1980), un homenaje del compositor al ciclo de huelgas que se inici\u00f3 en 1978 en la principal \u00e1rea industrial del pa\u00eds, el llamado ABC paulista, luego de un intervalo de una d\u00e9cada sin paralizaciones. Una vez que comenz\u00f3 el movimiento, le sucedi\u00f3 una ola de 20 a\u00f1os de huelgas, un ciclo cuyo pico, registrado entre 1985 y 1992, hizo que Brasil exhibiese uno de los mayores niveles de paralizaci\u00f3n de la historia de los pa\u00edses occidentales. El tren par\u00f3 efectivamente, de repente: en 1977 no se registraron huelgas, pero al a\u00f1o siguiente ser\u00edan 118 y, durante los siguientes 10 a\u00f1os, m\u00e1s de 2 mil. Para los economistas, la locomotora fren\u00f3 en funci\u00f3n de los cambios tecnol\u00f3gicos, el PIB, los \u00edndices salariales y la desocupaci\u00f3n. En tanto, los soci\u00f3logos ve\u00edan en el maquinista a un proletario que quer\u00eda \u201chacer descarrilar\u201d al pa\u00eds y, m\u00e1s que mejores salarios, deseaba cambios estructurales e ideol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>\u201cEl an\u00e1lisis de las estad\u00edsticas de las huelgas muestra que ninguno de los dos lados da cuenta del fen\u00f3meno. El ciclo brasile\u00f1o de paralizaciones estuvo claramente vinculado a las caracter\u00edsticas y al proceso de transici\u00f3n pol\u00edtica hacia la democracia en Brasil\u201d, explica el polit\u00f3logo Eduardo Noronha, docente de la Universidad Federal de S\u00e3o Carlos (UFSCar) y coordinador del proyecto intitulado <em>Los archivos de las huelgas en Brasil: an\u00e1lisis cualitativos y cuantitativos desde la d\u00e9cada de 1970 hasta la de 2000<\/em>, elaborado en colaboraci\u00f3n con el Departamento Intersindical de Estad\u00edstica y Estudios Socioecon\u00f3micos (Dieese), y apoyado por la FAPESP, que gener\u00f3 un banco de datos completo de las paralizaciones, desde las reivindicaciones exigidas hasta el resultado final de los conflictos laborales. Asimismo, se realizaron en ese marco 50 entrevistas con l\u00edderes sindicales desde los a\u00f1os 1960 que generar\u00e1n tres libros, que se publicar\u00e1n en 2013. \u201cSe le dio poca atenci\u00f3n a la relaci\u00f3n entre las huelgas y los procesos pol\u00edticos, sobrevalorando las variables econ\u00f3micas o tratando a las pol\u00edticas de manera gen\u00e9rica, ya sea mostrando a las huelgas como expresi\u00f3n de conflictos de clases o como conflictos pol\u00edtico-partidarios\u201d, sostiene. Seg\u00fan \u00e9l, la variaci\u00f3n de la cantidad de huelgas no se debe a los cambios menores en los \u00edndices de empleos, ingresos o inflaci\u00f3n, o, en el campo de la pol\u00edtica, a las oportunidades de ampliaci\u00f3n de las demandas en los a\u00f1os electorales. \u201cTodo eso influye en la explosi\u00f3n de las paralizaciones, pero no basta para explicar los momentos de ruptura de un ciclo de huelgas\u201d, dice.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves_193-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-119175\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves_193-1.jpg\" alt=\"074-079_Greves_193-1\" width=\"290\" height=\"324\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves_193-1.jpg 474w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves_193-1-120x134.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves_193-1-250x280.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><\/a>Para Noronha, las huelgas forman parte de la trayectoria de la democratizaci\u00f3n en Brasil, la de la maduraci\u00f3n de la sociedad brasile\u00f1a. \u201cAc\u00e1 las huelgas no eran solamente en el esp\u00edritu del \u2018abajo la dictadura\u2019, sino que reivindicaban democracia en los lugares de trabajo. Por supuesto que la lucha por mejores salarios era la gran motivaci\u00f3n, pero hab\u00eda tambi\u00e9n una lucha contra la falta de ciudadan\u00eda dentro de las f\u00e1bricas, en donde los obreros no eran respetados. La dictadura tambi\u00e9n estaba presente en los lugares de trabajo\u201d. Existen registros de reivindicaciones huelguistas que exig\u00edan la libertad de ir al ba\u00f1o sin consultar al capataz, entre otros derechos b\u00e1sicos. \u201cLas huelgas, por supuesto, ten\u00edan una dimensi\u00f3n pol\u00edtica, pero no partidaria. Los trabajadores quer\u00edan un nuevo estatus en la sociedad brasile\u00f1a\u201d. La democratizaci\u00f3n nacional, luego de un largo per\u00edodo de autoritarismo, inestabilidad econ\u00f3mica y superaci\u00f3n del modelo desarrollista es, tal como asevera el investigador, la clave para entender la ola excepcional de huelgas. Al fin y al cabo, desde el comienzo del siglo XX y hasta el final de la democracia populista, los sindicatos brasile\u00f1os no hab\u00edan sido capaces de impulsar un ciclo de huelgas que tuviese impacto econ\u00f3mico.<\/p>\n<p>En sus investigaciones, Noronha observ\u00f3 la presencia de \u201chitos pol\u00edticos y econ\u00f3micos de los gobiernos federales\u201d, desde Geisel hasta Lula, que cambiaban la tendencia de la opini\u00f3n p\u00fablica independientemente de las variables econ\u00f3micas tradicionalmente valoradas en el an\u00e1lisis de los ciclos de huelgas, tales como el empleo y la inflaci\u00f3n. Los datos m\u00e1s relevantes para la comprensi\u00f3n del ciclo brasile\u00f1o de huelgas son en cierto sentido in\u00e9ditos, pues son el resultado de expectativas colectivas asociadas a los hitos de las gestiones gubernamentales y, secundariamente, a las coyunturas pol\u00edticas y econ\u00f3micas de cada a\u00f1o. \u201cEl final de la d\u00e9cada de 1970 constituye una ruptura de la historia de las relaciones laborales en Brasil. Nada menos probable que la huelga de Scania de 1978 y, no obstante, fue la m\u00e1s importante de todas, pues demostr\u00f3 que las huelgas eran posibles y signific\u00f3 el despertar de la opini\u00f3n p\u00fablica\u201d, dice.<\/p>\n<div id=\"attachment_119179\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-119179\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/lula-greve1.jpg\" alt=\"Lula habla en la reuni\u00f3n del Sindicato de los Metal\u00fargicos en 1980\" width=\"290\" height=\"350\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/lula-greve1.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/lula-greve1-120x145.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/lula-greve1-250x302.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">CLOVIS CRANCHI\/AE<\/span>Lula habla en la reuni\u00f3n del Sindicato de los Metal\u00fargicos en 1980<span class=\"media-credits\">CLOVIS CRANCHI\/AE<\/span><\/p><\/div>\n<p>El investigador recuerda que las transiciones pol\u00edticas son momentos ideales para las acciones colectivas, debido al crecimiento del inter\u00e9s de la sociedad en general en participar en las manifestaciones p\u00fablicas. Hab\u00eda en ese entonces una insatisfacci\u00f3n generalizada contra el gobierno militar y los medios de comunicaci\u00f3n hicieron suyo el discurso de la democracia, incluyendo en \u00e9l a las huelgas como instrumentos leg\u00edtimos de la sociedad en procura de una democratizaci\u00f3n. \u201cEsto llev\u00f3 a que los hitos de la alteraci\u00f3n del comportamiento huelguista en el pa\u00eds fuesen simult\u00e1neos a las alteraciones pol\u00edticas e institucionales de la transici\u00f3n, siendo los principales momentos de ruptura los de 1978, cuando los metal\u00fargicos del ABC forzaron su incorporaci\u00f3n al proyecto de \u2018apertura\u2019 de los gobiernos de Geisel y Figueiredo, y los de 1985, a\u00f1o de la toma de posesi\u00f3n del primer gobierno civil posterior a 1964\u201d. As\u00ed las cosas, los sucesos pol\u00edticos estremecieron o incentivaron al movimiento sindical.<\/p>\n<p>\u201cEsto puede observarse en la disminuci\u00f3n de las huelgas entre 1980 y 1982, lo que se explica no solamente debido al aumento del desempleo, sino tambi\u00e9n por el atentado al centro de convenciones Riocentro, que mostr\u00f3 las disensiones entre los militares con el programa de liberalizaci\u00f3n pol\u00edtica. Por eso los sindicatos retrocedieron, pues entendieron que el momento no era favorable para huelgas y cambiaron el activismo por la organizaci\u00f3n interna, que desemboc\u00f3 en la creaci\u00f3n de la Central \u00danica de Trabajadores (CUT), en 1983\u201d, comenta Noronha. Otro ejemplo, de acuerdo con el autor, fue la ca\u00edda de los \u00edndices de huelgas a partir de mayo de 1992, cuando surgen las denuncias de corrupci\u00f3n en el gobierno de Collor de Mello, hasta el final de ese a\u00f1o, con la ca\u00edda del presidente. \u201cEsto parece confirmar la sensibilidad de los sindicatos de cara a una nueva inestabilidad pol\u00edtica, y refuerza la hip\u00f3tesis de que las variables pol\u00edticas son esenciales para entender una huelga.\u201d<\/p>\n<p>Otro hito importante fueron las elecciones estaduales de 1982. Al cabo de un largo per\u00edodo sin di\u00e1logo con el Estado, los sindicatos no se la hicieron f\u00e1cil a los nuevos gobernadores opositores electos, exigi\u00e9ndoles mediante huelgas. \u201cEn ese contexto en que los riesgos de la huelga hab\u00edan disminuido y las oportunidades de mejoras salariales hab\u00edan aumentado, las paralizaciones no se concentraron m\u00e1s en el sector privado, sino que se incrementaron especialmente entre los empleados p\u00fablicos\u201d. Las huelgas dominan entonces el escenario nacional, ya que la tendencia de los gobiernos estaduales tendiente a consolidar su legitimidad como liderazgos democr\u00e1ticos repercuti\u00f3 a nivel nacional: la disposici\u00f3n a negociar de los gobernadores era un contrapunto a la pr\u00e1ctica represiva del gobierno federal. Algunos segmentos del gobierno, ante las derrotas electorales, pasaron a acercarse a los sindicalistas con propuestas de reforma de cuerpo normativo conocido como Consolidaci\u00f3n de Leyes del Trabajo (CLT).<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves_193-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-119180\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/074-079_Greves_193-2-300x183.jpg\" alt=\"074-079_Greves_193-2\" width=\"290\" height=\"177\" \/><\/a>El gobierno de Sarney, en 1985, legitim\u00f3 a los l\u00edderes sindicales como interlocutores v\u00e1lidos ante el Estado y las huelgas ayudaron a consolidar un nuevo est\u00e1ndar de relaciones entre empleados y empleadores, con la proliferaci\u00f3n de las negociaciones. Pero las huelgas brasile\u00f1as eran impulsadas por componentes que escapaban al sentido com\u00fan. \u201cLos salarios, en todo el mundo, constituyen la pauta principal de las huelgas, y no fue diferente ac\u00e1. Sin embargo, en el caso brasile\u00f1o, los paros reivindicativos aumentan no cuando los sueldos disminuyen, sino cuando pueden subir. Es decir, las huelgas se disparan cuando los trabajadores creen que es posible obtener mejoras salariales, y no importa la percepci\u00f3n de los salarios, si se los ve como bajos o adecuados\u201d, explica. As\u00ed, entre 1988 y 1991, pese a que el rendimiento real no cay\u00f3, las huelgas proliferaron en los dos sectores que, sumados, superaron la marca de 2 mil huelgas y alrededor de 185 millones de jornadas no trabajadas.<\/p>\n<p>Pese a ello, seg\u00fan Noronha, fueron raras las paralizaciones que plantearon demandas pol\u00edticas, aunque la evoluci\u00f3n del nivel y el patr\u00f3n de conflictos estuvieron claramente signados por los principales momentos pol\u00edticos de la d\u00e9cada de 1980, lo que les da otra dimensi\u00f3n, al margen de la corporativa. \u201cLa fluctuaci\u00f3n de los conflictos laborales en Brasil sigui\u00f3 de cerca los pasos de la transici\u00f3n brasile\u00f1a. Primeramente porque el movimiento sindical avanz\u00f3 (y supo retroceder) en cada etapa del proceso de liberalizaci\u00f3n del r\u00e9gimen autoritario. Despu\u00e9s, porque la incorporaci\u00f3n de la clase trabajadora y de los l\u00edderes sindicales al proceso de transici\u00f3n se dio a trav\u00e9s de las posibilidades abiertas para la expresi\u00f3n de sus demandas, y no debido a su participaci\u00f3n en los pactos pol\u00edticos que definieron la transici\u00f3n. Si bien las huelgas no fueron el \u00fanico canal de manifestaci\u00f3n de esos sectores, constituyeron la forma m\u00e1s eficaz de expresi\u00f3n de descontentamiento social y pol\u00edtico\u201d, eval\u00faa. A medida que la clase trabajadora se torn\u00f3 capaz de ganar fuerza por sobre os empresarios, tomados de sorpresa durante las primeras huelgas, el conflicto de intereses entre el capital y el trabajo fue aumentando cada vez m\u00e1s en el escenario pol\u00edtico, y cada vez menos en el \u00e1mbito industrial.<\/p>\n<div id=\"attachment_207705\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-207705\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Greve-Metal\u00fargicos.jpg\" alt=\"Metal\u00fargicos de Volkswagen de Brasil durante la huelga del ABC paulista de 1978\" width=\"290\" height=\"357\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Greve-Metal\u00fargicos.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Greve-Metal\u00fargicos-120x148.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2012\/03\/Greve-Metal\u00fargicos-250x308.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">Arquivo\/AE<\/span>Metal\u00fargicos de Volkswagen de Brasil durante la huelga del ABC paulista de 1978<span class=\"media-credits\">Arquivo\/AE<\/span><\/p><\/div>\n<p>\u201cLa eclosi\u00f3n de las huelgas es determinada por la percepci\u00f3n de la injusticia asociada a la comprensi\u00f3n de que el momento es oportuno para la obtenci\u00f3n de mejoras. Hubo momentos en que los l\u00edderes intentaron presionar a los trabajadores para entrar en huelga sin tener resonancia, y otros en que sucedi\u00f3 lo contrario, por ejemplo\u201d. En Brasil, la dispersi\u00f3n sindical y la escasa capacidad de las centrales obreras para coordinar las negociaciones llevan a que la l\u00f3gica de los sindicatos aislados consista en aprovechar los momentos favorables de mejoras y retraerse cuando las reducciones salariales parezcan dif\u00edcilmente reversibles. \u201cEl fin del gran ciclo se vincula con los indicadores econ\u00f3micos m\u00e1s recientes, desfavorables a las huelgas (inflaci\u00f3n bajo control y desempleo en alza), con la adhesi\u00f3n parcial a la ortodoxia liberal y con la superaci\u00f3n del modelo desarrollista, durante el gobierno de Cardoso. Y tambi\u00e9n con la alteraci\u00f3n de la percepci\u00f3n p\u00fablica en lo atinente a la pertinencia y la eficacia de las acciones colectivas luego de que la democracia brasile\u00f1a lleg\u00f3 a su madurez\u201d, dice Noronha. Hoy en d\u00eda, seg\u00fan el investigador, es probable que se desaten nuevos ciclos, pero las huelgas en Brasil han entrado en la \u201cnormalidad\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLas nuevas condiciones de los a\u00f1os 1990 y el avance de las instituciones democr\u00e1ticas sacar\u00e1n a las huelgas del centro de las estrategias de los sindicatos. En la actualidad, las mismas solamente se concretan cuando los mecanismos de negociaci\u00f3n no funcionan, como en el caso del sector p\u00fablico, en donde se producen paralizaciones violentas y largas\u201d, analiza el economista Claudio Dedecca, docente de la Universidad Estadual de Campinas y coordinador del proyecto <em>Brasil siglo XXI: poblaci\u00f3n, trabajo y sociedad<\/em>. \u201cNo existe m\u00e1s la cultura del conflicto en el mundo del trabajo. La huelga de los polic\u00edas de Bah\u00eda mostr\u00f3 eso, al no nacionalizarse, como era el objetivo de los huelguistas\u201d, dice. Para el investigador, las huelgas en Brasil siempre fueron complejas. \u201cEs posible que vivamos en una situaci\u00f3n con alto nivel de empleo y que no haya huelgas, pues las instituciones est\u00e1n funcionando en pro de los trabajadores\u201d. El economista recuerda tambi\u00e9n que los grandes sectores siempre marcaron el ritmo de las huelgas en el pasado; pero, como la paralizaci\u00f3n ha dejado de ser una estrategia, los sectores menos organizados tienen menos est\u00edmulos a\u00fan para parar.<\/p>\n<p>\u201cLo que lleva a que Brasil a\u00fan pare es un crecimiento nacional que no se redistribuye correctamente. Por ende, las huelgas solamente se concretan cuando los canales de comunicaci\u00f3n son limitados y no hay di\u00e1logo entre las partes\u201d, sostiene. Por cierto, el aprendizaje del di\u00e1logo fue fundamental para la creaci\u00f3n de la cultura democr\u00e1tica nacional. \u201cLas huelgas terminaron transform\u00e1ndose en un elemento de democratizaci\u00f3n. Las paralizaciones fueron el alimento de la transici\u00f3n pol\u00edtica y viceversa. El Brasil que se moviliz\u00f3 en las calles, en la campa\u00f1a por las Elecciones Directas y m\u00e1s tarde por el juicio pol\u00edtico a Collor naci\u00f3 con las huelgas de la zona del ABC paulista. Las huelgas fueron una escuela de movilizaci\u00f3n de masas, e introdujeron a los trabajadores y a sus l\u00edderes en el escenario pol\u00edtico nacional\u201d, sostiene Noronha.<\/p>\n<p>Con todo, esta novedad pol\u00edtica no se vio acompa\u00f1ada directamente por la renovaci\u00f3n de los mecanismos de negociaci\u00f3n. \u201cA partir de la redemocratizaci\u00f3n, las relaciones laborales pasaron a caracterizarse por el descomp\u00e1s entre las instituciones laborales y legislativas, a\u00fan arcaicas, y la modernizaci\u00f3n econ\u00f3mica y social del pa\u00eds. Hay sectores que escapan de dicha regla, tales como el metal\u00fargico y el sider\u00fargico, con sus sindicatos fuertes, que obligaron a las empresas a modernizar su gesti\u00f3n de recursos humanos, anticip\u00e1ndose a las necesidades de los trabajadores. Pero son excepciones\u201d, dice el economista H\u00e9lio Zylberstajn, docente de la USP y presidente del Instituto Brasile\u00f1o de Relaciones de Empleo y Trabajo. \u201cEl sector p\u00fablico se encuentra muy lejos de esa realidad, y all\u00ed impera un modelo de huelgas largas, merced a un sistema de negociaci\u00f3n favorable al impasse. Como ese sector no afecta al capital y no les impone costos directos a ambas partes, pese a que se vuelca a lo p\u00fablico, existe escaso inter\u00e9s en establecer mecanismos m\u00e1s modernos de negociaci\u00f3n o arbitraje\u201d. Seg\u00fan H\u00e9lio, el pa\u00eds hizo caso omiso a la importancia estrat\u00e9gica de la gesti\u00f3n de las relaciones laborales al preferir litigar en la Justicia.<\/p>\n<p>\u201cHay poco espacio para la negociaci\u00f3n previa y el resultado de ello son las crisis, como las recientes huelgas en servicios esenciales, cuya legislaci\u00f3n es siempre postergada en el Congreso. Pero no hay inter\u00e9s en esa reglamentaci\u00f3n en el sector p\u00fablico en ninguna instancia. Al fin y al cabo, la Justicia Laboral no puede obligar a los alcaldes y a los gobernadores a sentarse a una mesa de negociaci\u00f3n con huelguistas y arbitrar, tal como sucede en el sector privado\u201d, dice el polit\u00f3logo Armando Boito, de la Unicamp, coordinador de la investigaci\u00f3n intitulada <em>El neoliberalismo y los trabajadores en Brasil: pol\u00edtica, ideolog\u00eda y movimientos sociales<\/em>. Para el investigador, este movimiento es esencial, pues, asegura, el sindicalismo no est\u00e1 en crisis, como se pregon\u00f3 en los a\u00f1os 1990, sino que cumple un rol activo y huelguista. \u201cEn 2003, de todos los acuerdos sellados, s\u00f3lo el 18% redund\u00f3 en aumentos superiores a la inflaci\u00f3n. En 2009 ese porcentaje trep\u00f3 casi al 90% en funci\u00f3n del aumento de la cantidad de huelgas que obtuvieron resultados. \u201cSon paros amplios, con presencia masiva de huelguistas, a veces entre 170 mil y 200 mil, con manifestaciones en S\u00e3o Paulo. Hubo ocupaciones efectiva de f\u00e1bricas, lo que constituye un recurso extremo\u201d, advierte. Para Boito, esto sucede m\u00e1s all\u00e1 de la estructura sindical deficiente del pa\u00eds, ligada al Estado, que viene provocando la pulverizaci\u00f3n de los sindicatos en sus bases. \u201cExiste un pluralismo en las c\u00fapulas y unicidad en las bases. Los l\u00edderes sindicales tienen una enorme dependencia del Estado y una relaci\u00f3n endeble con los trabajadores, con un car\u00e1cter que sigue siendo populista. Hay muchas huelgas forzadas\u201d. A contramano de quienes creen que el tren no para m\u00e1s, Boito advierte que el maquinista a\u00fan tiene el freno a mano. Pero urge, y r\u00e1pidamente, modernizar la locomotora.<\/p>\n<p><strong>El Proyecto<\/strong><br \/>\nArchivos de las huelgas en Brasil (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/27518\/arquivos-das-greves-no-brasil-analises-qualitativas-e-quantitativas-das-greves-da-decada-de-1970-a\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2008\/03561-5<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Ayuda Regular a Proyecto de Investigaci\u00f3n; <strong>Coordinador<\/strong> Eduardo Noronha \u2013 UFSCar; <strong>Inversi\u00f3n<\/strong> R$ 163.145,89 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El ciclo de huelgas fue fundamental para la democratizaci\u00f3n brasile\u00f1a","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[283],"coauthors":[117],"class_list":["post-8653","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-ciencia-politica-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8653","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8653"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8653\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8653"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8653"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8653"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=8653"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}