{"id":88930,"date":"2009-09-01T00:00:00","date_gmt":"2009-09-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/09\/01\/la-historia-de-un-brasil-de-lujo\/"},"modified":"2016-01-27T18:41:05","modified_gmt":"2016-01-27T20:41:05","slug":"la-historia-de-un-brasil-de-lujo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-historia-de-un-brasil-de-lujo\/","title":{"rendered":"La historia de un Brasil de lujo"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-104348\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/mappin-300x3002.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/mappin-300x3002.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/mappin-300x3002-120x120.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/mappin-300x3002-250x250.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N LIBRO \"LEMBRAN\u00c7AS DE S\u00c3O PAULO\" \/ GERODETTI E CORNEJO<\/span>Al pueblo le gusta el lujo; a los intelectuales les gusta la miseria: la frase de Jo\u00e3ozinho Trinta puede que no haya perdido totalmente su validez, pero hay, en la universidad, quienes no concuerdan con la segunda parte de ella. La economista Milena Fernandes de Oliveira, de la Unicamp, defiende justamente en su doctorado <em>Consumo y cultura materialista, S\u00e3o Paulo Belle \u00c9poque<\/em> (1890-1915), dirigido por Fernando Novais, la importancia de estudiar el lujo y de c\u00f3mo su consumo resulta un poderoso instrumento para interpretar las caracter\u00edsticas de los denominados capitalismos perif\u00e9ricos, tales como el brasile\u00f1o, descubriendo ra\u00edces inesperadas que ayudan a comprender la industrializaci\u00f3n tard\u00eda del pa\u00eds y c\u00f3mo se realiz\u00f3 su modernizaci\u00f3n. El consumo en una sociedad que acababa de derribar el Imperio y la esclavitud presentaba una funci\u00f3n clara y definida: acelerar la superaci\u00f3n de un pasado colonial que se quer\u00eda olvidar a cualquier costo. El proceso, claro est\u00e1, no ser\u00eda para todos, explica Milena. La modernidad idealizada por la aristocracia cafetalera se interesaba menos por la inclusi\u00f3n social como retaguardia para el salvajismo capitalista que por una modernidad que creara una naci\u00f3n civilizada y que terminara de una vez con todo lo que le recordase el pasado colonial. Para diferenciarse, entonces, optaron por el lujo importado. Esos patrones de consumo eran m\u00e1s sofisticados de lo que la industria nacional lograba producir y as\u00ed, la influencia del consumo sobre la industria es mucho mayor de lo que \u00e9sta sobre aqu\u00e9l, lo que restringi\u00f3 la industrializaci\u00f3n, analiza. Es decir, para entender al Brasil actual y sus problemas es necesario que los intelectuales sigan mirando hacia la miseria, sin olvidarse del lujo.<\/p>\n<p>El per\u00edodo escogido, entre 1890 y 1915, es fundamental, ya que marca tanto el apogeo de la acumulaci\u00f3n capitalista en la econom\u00eda cafetalera, que origina una industria particular, ya que es el momento en que la sociedad brasile\u00f1a asisti\u00f3 a las grandes transformaciones que marcan el nacimiento de su modernidad, que cobrar\u00e1 gran impulso a partir de los a\u00f1os 1920. Procur\u00e9 comprender justamente, a partir de un estudio del consumo, las contradicciones espec\u00edficas de la formaci\u00f3n capitalista en Brasil. El desarrollo de la caficultura, la proclamaci\u00f3n de la Rep\u00fablica y la instituci\u00f3n del trabajo libre crearon una nueva configuraci\u00f3n de clases. Por un lado estaban los hijos de la \u00e9lite y, por el otro, los inmigrantes enriquecidos mediante el comercio, explica. Como consecuencia de esa nueva jerarqu\u00eda, surgieron otros conflictos que exigieron nuevos comportamientos de clases que legitimaran las posiciones adquiridas y los debidos distanciamientos en relaci\u00f3n con los inferiores en la escala social.<\/p>\n<p>El consumo, por ende, aparece como el instrumento legitimante de las posiciones sociales, centrado en las importaciones en detrimento de todo lo que fuese nacional. Con fuerte presencia del sector externo como fuente de novedades, la din\u00e1mica diferenciaci\u00f3n\/generalizaci\u00f3n del consumo adquiere nuevas formas. El movimiento de las clases del caf\u00e9 expresa el ritmo de la adquisici\u00f3n de las novedades, aunque \u00e9stas no logren ser producidas internamente debido a la insuficiencia t\u00e9cnica de la base productiva.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 el sector importador, a contramano de la l\u00f3gica capitalista de las metr\u00f3polis, la fuente del consumo de lujo, sin\u00f3nimo de modernidad en el contexto del nacimiento del capitalismo en Brasil, otorgando acceso a la \u00faltima moda extranjera. El libre acceso a los productos extranjeros provoca una separaci\u00f3n fundamental en el contexto perif\u00e9rico, entre el consumo capitalista y la producci\u00f3n capitalista. Son dos tiempos que conviven en una misma sociedad: el tiempo del capitalismo y el de la sociedad tradicional.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-104347\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/destilacao-300x1762.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"176\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/destilacao-300x1762.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/destilacao-300x1762-120x70.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/destilacao-300x1762-250x147.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N LIBRO \"LEMBRAN\u00c7AS DE S\u00c3O PAULO\" \/ GERODETTI E CORNEJO<\/span>S\u00e3o Paulo, que m\u00e1s tarde congregar\u00e1 las ra\u00edces de la concentraci\u00f3n industrial, fue por aquel per\u00edodo el ejemplo de c\u00f3mo el nuevo capitalismo nacional ten\u00eda caracter\u00edsticas propias que todav\u00eda se sienten en el presente. La ciudad, seg\u00fan observa la historiadora, sufri\u00f3 grandes reformas urbanas, bajo el influjo del urbanismo higienista de Haussmann, realizadas por Ramos de Azevedo. S\u00e3o Paulo tambi\u00e9n fue transformada como consecuencia de la promoci\u00f3n del caf\u00e9 como principal producto de la exportaci\u00f3n brasile\u00f1a, lo que hizo de ella un gran centro comercial y financiero, incluyendo la expansi\u00f3n de la trama ferroviaria y el acceso al puerto de Santos, por donde sal\u00eda el caf\u00e9 y llegaban las importaciones lujosas. Todos estos factores acabaron generando una revoluci\u00f3n comercial, evidenciada en los locales del denominado tri\u00e1ngulo comercial, formado por las calles Direita, 15 de Novembro y S\u00e3o Bento, lugar donde se establec\u00edan los locales de importaci\u00f3n y los de productos nacionales, definiendo, por el consumo, la pertenencia a una u otra clase social. Pero lo que particulariza el estudio de S\u00e3o Paulo en ese momento es el arribo de una enorme masa inmigratoria que no s\u00f3lo ven\u00eda para trabajar en los cafetales del oeste, sino que se instalaron en la capital como comerciantes y empresarios. Esa transformaci\u00f3n social result\u00f3 crucial para determinar los caminos del consumo, ya que la competencia entre las fracciones de la \u00e9lite tradicional y la ascendente se manifestaba en la adquisici\u00f3n de bienes, y ya no solamente en privilegios abstractos tales como el apellido. La legitimaci\u00f3n de la conquista de nuevos puestos pas\u00f3 a definirse por el consumo, en un movimiento t\u00edpicamente capitalista.<\/p>\n<p>Todo ese movimiento se aceler\u00f3 con el traslado de la elite cafetera del \u00e1rea rural a la capital a partir de 1890, lo que result\u00f3 en la modernizaci\u00f3n urbana, con la instalaci\u00f3n de la luz el\u00e9ctrica, la redefinici\u00f3n del espacio urbano en busca de nuevas formas de distinci\u00f3n, ampliando las posibilidades comerciales. S\u00e3o Paulo se convierte en un buen lugar para las inversiones nacionales y extranjeras. La concentraci\u00f3n de la elite en la ciudad la convierte en un escenario excepcional para el teatro de las formas y apariencias, siendo posible observar una creciente relevancia y valorizaci\u00f3n de lo abstracto y lo simb\u00f3lico, no solo en la representaci\u00f3n personal de las personas de ese grupo, sino tambi\u00e9n en la forma en que invierten en la estructuraci\u00f3n f\u00edsica, funcional y arquitect\u00f3nica de la ciudad, observa la doctora en historia Maria Claudia Bonadio, profesora de la Maestr\u00eda en Moda, Cultura y Arte, y de la carrera de grado de Dise\u00f1o de Moda del Centro Universitario Senac-SP, autora de <em>Moda y sociabilidad: mujeres y consumo en el S\u00e3o Paulo de los a\u00f1os 1920<\/em> (editorial Senac, 206 p\u00e1ginas, 55 reales). Seg\u00fan ella, el ingreso abundante de dinero revoluciona la importancia de los espacios p\u00fablicos que, a su vez, intensifica el consumo como forma de inserci\u00f3n en determinadas clases sociales. La vida p\u00fablica se intensifica, conduciendo a los paulistanos a preocuparse cada vez m\u00e1s por su apariencia en p\u00fablico. El Teatro Municipal, una obra monumental, mayor y m\u00e1s extenso que el Teatro de la Capital Federal, es un ejemplo de la denominada obra p\u00fablica, que, sin embargo, se hallaba reservada al disfrute de las elites. El movimiento afect\u00f3 directamente a las mujeres, que obtienen una funci\u00f3n extra: las compras. Esa tarea surge de la mudanza de las \u00e9lites hacia los centros urbanos, lo que hace que los grupos familiares pierdan sus funciones productivas y se transformen en unidades de consumo. Mientras que las haciendas hab\u00edan sido relativamente autosuficientes, sostenidas por contingentes de esclavos y empleados, las familias urbanas depend\u00edan de los bienes de consumo y servicios ofrecidos por el mercado.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-104346\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/theatro-300x1902.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"190\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/theatro-300x1902.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/theatro-300x1902-120x76.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/theatro-300x1902-250x158.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N LIBRO \"LEMBRAN\u00c7AS DE S\u00c3O PAULO\" \/ GERODETTI E CORNEJO<\/span>Empero, esa migraci\u00f3n, al hacer de la mujer un agente de consumo, permite que ella se asome al espacio p\u00fablico: salir sola para realizar las compras ya no es una cosa mal vista. R\u00e1pidamente, nota Claudia, la tarea se conjugar\u00e1 con el ocio y la individualidad femenina. En aquel momento, la esfera de las apariencias constitu\u00eda un espacio privilegiado de afirmaci\u00f3n para la aristocracia tradicional, tambi\u00e9n necesaria para distinguirse de otras elites, como lo era la emergente de los inmigrantes.<\/p>\n<p>La clase responsable por la transici\u00f3n hacia la modernidad, la aristocracia cafetalera arraigada en el medio urbano, se distingui\u00f3 de otras clases no s\u00f3lo por su poder adquisitivo, sino tambi\u00e9n en raz\u00f3n de su estilo de vida evidente por el uso de los bienes de consumo como capital simb\u00f3lico. En la relaci\u00f3n entre consumo e industria en la periferia hubo, como condici\u00f3n primordial, el abandono total de los antiguos patrones por parte de la elite, en favor del consumo de art\u00edculos extranjeros, que van desde los estilos arquitect\u00f3nicos hasta los alimentos, para que se les confiriese el status necesario. No obstante, al mismo tiempo que se promueve la supresi\u00f3n de rasgos del pasado en algunos puntos de la ciudad, las ruinas dejadas por los tiempos coloniales siguen reproduci\u00e9ndose con velocidad exponencial en las regiones de los nacientes barrios obreros, analiza Milena. El resultado, agrega, es una ciudad que se moderniza reproduciendo una nacionalidad en cierto sentido contraria a la moderna, sin la creaci\u00f3n de instancias inclusivas como modo de compensaci\u00f3n de la permanente exclusi\u00f3n generada por el incipiente capitalismo. Los espacios se especializan, no solamente separando la diversi\u00f3n del trabajo, el comercio de la residencia, sino tambi\u00e9n el rico del pobre. Hacia 1880 aparecen los primeros barrios residenciales aristocr\u00e1ticos, localizados en los mejores terrenos de la capital. Al comienzo, \u00e9stos avanzan en direcci\u00f3n al norte del macizo central, para el lado del r\u00edo Tiet\u00ea, y posteriormente acompa\u00f1an el paseo inferior, arriba de la ladera. All\u00ed se instalaron los barrios de Santa Ifig\u00eania y Campos El\u00edsios, en referencia a la avenida parisiense, donde resid\u00edan muchas familias brasile\u00f1as de la aristocracia. Del otro lado quedaban las chacras que, con el tiempo, se convirtieron en barrios compactos tales como Liberdade, Consola\u00e7\u00e3o y Vila Mariana.<\/p>\n<p>Todav\u00eda en las postrimer\u00edas del siglo XIX surgen otros barrios de residencia elitista como es Higien\u00f3polis, de los arist\u00f3cratas con fortunas forjadas con el caf\u00e9, que avanzan rumbo a los terrenos m\u00e1s altos y saludables de la meseta y tambi\u00e9n de la avenida Paulista, explica Milena.<\/p>\n<p>La avenida Paulista, sin embargo, con car\u00e1cter elitista, se transform\u00f3 en un claro l\u00edmite entre las fortunas forjadas con el caf\u00e9 y las nacidas con la industria. El fin de la progresi\u00f3n cafetera transfiri\u00f3 las fortunas hacia la industria y el comercio, casi todo en manos de inmigrantes. La Avenida Paulista ser\u00e1 el barrio residencial de los millonarios de esa nueva etapa de la econom\u00eda paulista y la arquitectura del barrio dejar\u00e1 eso bien claro. Finalmente, alrededor de 1910, se crearon los barrios jardines, que descend\u00edan por las laderas cercanas a los llanos del r\u00edo Pinheiros, con estilo europeo que en nada remit\u00eda a los modelos urban\u00edsticos del pasado, tales como el Jardim Paulista, el Jardim Europa y el Jardim Am\u00e9rica. Mientras tanto, los barrios de obreros avanzaron por los terrenos yermos de las cuestas del Tiet\u00ea y del Tamanduate\u00ed, en conventillos y vecindades: Mooca, Br\u00e1s, Pari, Ipiranga, Barra Funda, entre otros. Esos barrios populares provocaban una grieta profunda en la imagen de postal europea que se pretend\u00eda construir en S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-104345\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/palacete-300x1962.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"196\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/palacete-300x1962.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/palacete-300x1962-120x78.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/09\/palacete-300x1962-250x163.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUCCI\u00d3N LIBRO \"LEMBRAN\u00c7AS DE S\u00c3O PAULO\" \/ GERODETTI E CORNEJO<\/span>Una forma de evitar esa presencia inc\u00f3moda era rodearse de productos importados, en particular franceses. Al fin y al cabo, tal como dijera Gobineau, el brasile\u00f1o deseaba apasionadamente vivir en Par\u00eds. La preferencia por las mercader\u00edas francesas, observada en la aristocracia colonial, se ampli\u00f3 durante el Imperio y en la Rep\u00fablica. Adem\u00e1s del\u00a0 charol, papas en bolsas, autom\u00f3viles, cajas de co\u00f1ac, barriles de manteca, tejidos de lana, papel para cigarros, agua de colonia y otros, el comercio franc\u00e9s fue facilitado por las mujeres modistas, siempre francesas, observa el economista Lincoln Secco, profesor de historia contempor\u00e1nea de la Facultad de Filosof\u00eda, Letras y Ciencias Humanas de la USP. Para la llegada de eso productos en competencia con Inglaterra y despu\u00e9s con Alemania, exist\u00eda toda una red en la que el comercio y el consulado se un\u00edan. Brasil era uno de los objetivos preferenciales en Am\u00e9rica para la exportaci\u00f3n de productos franceses y S\u00e3o Paulo contaba con agentes consulares que, mediante informes y cartas enviadas al Ministerio de Negocios Extranjeros, conformaban una estructura de informaci\u00f3n sobre trabas y posibilidades de negocios en la ciudad. Francia apelaba a sus lazos de influencia cultural y, con eso, aumentaba la fluidez en el comercio de productos de sus industrias, analiza la historiadora econ\u00f3mica Vanessa dos Santos Bivar en su doctorado <em>Vivre \u00e0 St. Paul (Vivir en S\u00e3o Paulo): los inmigrantes franceses en la S\u00e3o Paulo decimon\u00f3nica<\/em>, defendido en la USP, con la direcci\u00f3n de Eni Siqueira Samara. Con todo, la influencia francesa no se hallaba solamente en la elite. Capas de clase media, hombres y mujeres libres y pobres, libertos y esclavos, ten\u00edan su propia manera de interactuar con ella. En una econom\u00eda basada en el cr\u00e9dito, dependiendo del tipo de contacto que se pose\u00eda con el comercio, el producto se tornaba m\u00e1s tangible y tampoco todos los objetos franceses ten\u00edan gran valor, lo cual desmitifica la idea acerca de que los negocios y la cultura francesa se hallaban restringidos a las elites. No sin raz\u00f3n, la importaci\u00f3n de productos franceses aumenta a partir de 1870, con su \u00e1pice en 1890, a\u00f1o en que la provincia se consolida como la mayor exportadora de caf\u00e9 del pa\u00eds. La afirmaci\u00f3n de status adquiere contornos burgueses, sin por ello dejar de ser aristocr\u00e1tica en su esencia, una postura heredada del per\u00edodo colonial y no superada en la transici\u00f3n hacia el capitalismo, acota Milena.<\/p>\n<p>Empero, lo que amenaza a la \u00e9lite caficultora, no es la recientemente liberada masa de esclavos, sino los inmigrantes llegados de Europa, que en poco tiempo amasaron fortunas. La ciudad pas\u00f3 a experimentar una inc\u00f3moda movilidad social a la cual se asociaron mecanismos de diferenciaci\u00f3n que no eran de sangre o lazos familiares. La ciudad capitalista, a la vez que ciudad perif\u00e9rica, con sus enormes conglomerados de exclusi\u00f3n social, ampl\u00eda las posibilidades de contacto entre las diferentes clases, tornando todav\u00eda m\u00e1s necesarios otros mecanismos de creaci\u00f3n y reproducci\u00f3n de diferencias, explica la economista. Una de esas formas fue la cultura. Junto con el desarrollo del capitalismo, surge la posibilidad de comprar arte bajo la forma de cuadros, libros, espect\u00e1culos musicales, que se configuran como productos de lujo, no desde el punto de vista de la escasez f\u00edsica sino simb\u00f3lica. Al fin y al cabo, era fundamental para disfrutar de ellas, la posesi\u00f3n de un gusto, para lo cual se educaba al individuo y a partir de lo cual se originaba una diferencia entre los educados, de gusto refinado, y los legos, capaces de comprar, pero no de valorar el arte. As\u00ed, seg\u00fan la investigadora, si, por ejemplo, en arquitectura, la distancia social entre tradicionales y emergentes es m\u00ednima, ya que las dos facciones expresaron su poder con palacetes suntuosos que valorizan el lujo y niegan la privaci\u00f3n, en la indumentaria y en la cultura surgen incongruencias entre \u00e9ticas de trabajo con distintos fundamentos: una que valora el trabajo y la privaci\u00f3n social y otra que lo desvaloriza, aunque enaltezca el trabajo mental. La admiraci\u00f3n por las ideas abstractas como dijo S\u00e9rgio Buarque de Holanda, se corresponde con la forma moderna de \u00e9tica del ocio tomada de empr\u00e9stito de la colonia. Por ende, en el esparcimiento elitista, esa diferenciaci\u00f3n es m\u00e1xima, porque el capital social para la admiraci\u00f3n por una obra de arte no constituye el fruto directo de la ascensi\u00f3n econ\u00f3mica. De ello derivan, por ejemplo, los gastos p\u00fablicos en templos de consumo cultural, tales como teatros, \u00f3peras, museos, restaurantes finos y otros, lugares donde los vulgares supuestamente no sabr\u00edan comportarse, tan s\u00f3lo imitar a las elites de manera ineficiente. Si el consumo no era, por s\u00ed mismo, suficiente como para dejar en claro las diferencias, la cultura ser\u00eda, seg\u00fan el pensamiento de la \u00e9poca, definitiva.<\/p>\n<p>La mera posesi\u00f3n de bienes no asegura el status. Lo que distinguir\u00eda y determinar\u00eda un grupo es el honor estamental expresada por el estilo de vida y por la b\u00fasqueda de privilegios, como el derecho a dedicarse a ciertas artes por diletantismo. El grupo caficultor desarroll\u00f3 una serie de relaciones simb\u00f3licas que se transformaron en marcas de distinci\u00f3n, recuerda Claudia. Curiosamente, tal como se verifica hoy en d\u00eda, la falsificaci\u00f3n fue otro elemento que oblig\u00f3 a la aristocracia a inventar nuevas formas de diferenciarse que no fueran s\u00f3lo el consumo de lo lujoso. Pero en aquella \u00e9poca, esas formas alternativas acabaron determinando los derroteros del desarrollo industrial. La industria nacional no registraba la demanda por lo importado y se hallaba muy restringida, no solamente porque no pose\u00eda capitales propios, teniendo que depender siempre del sector agroexportador, sino tambi\u00e9n porque en ausencia de esos capitales, se restringi\u00f3 a la producci\u00f3n de peines, sombreros y telas, que en su mayor\u00eda, imitaban modelos extranjeros, fuentes de status, explica Milena. El parque industrial se fragment\u00f3 cada vez m\u00e1s y su integraci\u00f3n se volvi\u00f3 casi imposible, ya que s\u00f3lo una concentraci\u00f3n de la renta, entonces inviable, ser\u00eda capaz de reunirlo. Las formas de compensaci\u00f3n encontradas, la imitaci\u00f3n y la falsificaci\u00f3n, son productos de la lentitud de la industria nacional y de su incapacidad para generalizar los modelos. Estos mecanismos de subrepticios promueven la generalizaci\u00f3n de los patrones de consumo en el pa\u00eds y permiten a los estratos en ascenso la soluci\u00f3n ideal para la carencia de recursos y sed de status. Para la investigadora, \u00e9se constituye otro ejemplo de que los comportamientos presentes en la conformaci\u00f3n del capitalismo brasile\u00f1o contin\u00faan orientando todav\u00eda los h\u00e1bitos de consumo y la reconstrucci\u00f3n de jerarqu\u00edas, tal como puede verificarse en la investigaci\u00f3n realizada por la economista Karen Perrota en su doctorado intitulado <em>La preferencia de la marca en el proceso de decisi\u00f3n de compra en el segmento de bajos ingresos<\/em>, defendida en la FEA-USP con la direcci\u00f3n de Geraldo Toledo. Las mujeres con familias que cuentan con ingresos por valor de hasta cinco salarios m\u00ednimos, optan tambi\u00e9n por la marca en sus compras, teniendo en cuenta el valor que el producto representa para ellas. Ella compra una chocolatada de marca para el hijo, pero para cocinar una torta compra art\u00edculos de marca inferior. Mostrar al vecino un paquete de jab\u00f3n en polvo de la marca m\u00e1s conocida puede significar ascenso social. Existe una marcada opci\u00f3n por la marca en detrimento del precio, analiza la investigadora.<\/p>\n<p>Eso ocurre ahora en funci\u00f3n del pasado. No se logra explicar el desarrollo de la din\u00e1mica capitalista y nuestra modernidad solamente mediante condiciones externas, sino como el fruto de un proyecto de naci\u00f3n espec\u00edfico. En eso, el consumo, junto con las transformaciones urbanas, fue uno de los elementos centrales de la modernidad perif\u00e9rica. La fusi\u00f3n de un proyecto nacional espec\u00edfico portado por las nuevas clases y facciones de lclases surgidas de las transformaciones sociales de finales del siglo XIX, la manera en como expresan su poder mediante el consumo y, finalmente, c\u00f3mo \u00e9ste se reporta a la base productiva incipiente, componen la base de un capitalismo muy especial, sostiene Milena. Aunque los productos que alimentaban la diferenciaci\u00f3n proviniesen del exterior, era la din\u00e1mica interna del conflicto de clases la que conduc\u00eda sus usos. Por ello, el consumo de importados no se resume a una mera aceptaci\u00f3n pasiva de la oferta imperialista, sino a un reordenamiento entre las clases que model\u00f3 no solamente al consumo, sino tambi\u00e9n su relaci\u00f3n con la industria. La anticipaci\u00f3n del consumo en relaci\u00f3n con la producci\u00f3n constituir\u00eda una de las tantas explicaciones para el atraso y para la continuidad de la dependencia. la modernizaci\u00f3n capitalista perif\u00e9rica, al ser muy veloz, otorga continuidad a la exclusi\u00f3n. Las funciones de inclusi\u00f3n, al quedar libradas al gusto del mercado y sin una base productiva, refuerzan las tendencias espurias de difusi\u00f3n, y luego, la continuidad de la dependencia, culmina Milena. No puede negarse que al pueblo le gusta igualmente el lujo, aunque eso constituya su miseria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La importancia del consumo en el desarrollo del capitalismo nacional","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[294],"coauthors":[684],"class_list":["post-88930","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-economia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88930","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=88930"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88930\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=88930"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=88930"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=88930"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=88930"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}