{"id":88969,"date":"2009-10-01T00:00:00","date_gmt":"2009-10-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/10\/01\/alla-en-lo-alto-de-la-sierra\/"},"modified":"2016-04-20T15:31:41","modified_gmt":"2016-04-20T18:31:41","slug":"alla-en-lo-alto-de-la-sierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/alla-en-lo-alto-de-la-sierra\/","title":{"rendered":"All\u00e1 en lo alto de la sierra"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_104191\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-104191\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img11.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img11.jpg 350w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img11-120x90.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img11-250x188.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">MARCELO TROV\u00d3<\/span><em>Paepalanthus globulifer<\/em>, una de las muchas plantas raras existentes en Serra do Cip\u00f3, Minas Gerais<span class=\"media-credits\">MARCELO TROV\u00d3<\/span><\/p><\/div>\n<p>En enero del a\u00f1o pasado, Alessandro Rapini, junto con su grupo de la Universidad Estadual de Feira de Santana (UEFS), Bah\u00eda, reencontr\u00f3 en la localidad de Santana do Riacho, en Serra do Cip\u00f3, Minas Gerais, algunos ejemplares de una hierba de 15 cent\u00edmetros de altura con flores rosadas que crec\u00eda entre la maleza. Era la <em>Hemipogon abietoides<\/em>, que no era vista desde 1825, cuando los naturalistas de la expedici\u00f3n Langsdorff pasaron por una carretera hacia Diamantina actualmente cerrada para veh\u00edculos. En esa misma regi\u00f3n, los bot\u00e1nicos vieron tambi\u00e9n una especie de arbusto de flores color crema, el <em>Minaria hemipogonoides<\/em>, considerado extinguido desde hac\u00eda algunos a\u00f1os. Las dos especies redescubiertas integran el m\u00e1s amplio estudio sobre plantas pr\u00e1cticamente desconocidas del pa\u00eds: el libro Plantas raras do Brasil (con edici\u00f3n a cargo de Conservaci\u00f3n Internacional y la Universidad Estadual de Feira de Santana, 496 p\u00e1ginas.).<\/p>\n<p>La obra congreg\u00f3 a 170 especialistas de 55 instituciones de investigaci\u00f3n, nacionales y extranjeras, y presenta 2.291 especies confinadas en \u00e1reas de a lo sumo 10 mil kil\u00f3metros cuadrados (el equivalente a un cuadrado de 100 kil\u00f3metros de lado). Sin embargo, la mayor\u00eda se restringe a \u00e1reas a\u00fan menores y a algunas \u00fanicamente se las halla en un solo lugar: una hierba de la misma familia de los bamb\u00faes, de 30 cent\u00edmetros de altura, la <em>Melica riograndensis,<\/em> crece solamente en el municipio sure\u00f1o de Uruguaiana, mientras que la<em> Cissus pinnatifolia<\/em>, una enredadera de flores rojas de los bosques cercanos al mar, lo hace en Santo Amaro das Brotas, Sergipe. Muchas son muy peculiares, como un cactus con flor cuyo tallo es azul y tiene una flor que se asemeja a una mezcla de rosa con orqu\u00eddea.<\/p>\n<p>Debido a que re\u00fanen condiciones espec\u00edficas de clima y suelo, algunas regiones son ricas en especies raras. Tal es el caso de los alrededores del municipio de Datas, en la meseta de Diamantina, al norte de Belo Horizonte, con casi 90 especies, y de toda la zona de Serra do Cip\u00f3, tambi\u00e9n en Minas Gerais, con casi el doble. Minas Gerais es el estado que tiene mayor cantidad de especies de plantas raras: 550. Le siguen Bah\u00eda con 484, R\u00edo de Janeiro con 250, Goi\u00e1s (incluyendo al Distrito Federal) con 202, Amazonas con 164, Esp\u00edrito Santo con 135 y S\u00e3o Paulo con 123. Las plantas raras son m\u00e1s comunes en los sitios altos, como los campos rupestres \u2013con vegetaci\u00f3n abierta que crece sobre terrenos rocosos o pedregosos\u2013 de Cadeia do Espinha\u00e7o, en Minas Gerais y Bah\u00eda, y de Chapada dos Veadeiros, en Goi\u00e1s. Est\u00e1n tambi\u00e9n en las selvas h\u00famedas de la Amazonia Central y del Bosque Atl\u00e1ntico, del sur de Bah\u00eda hasta el Paran\u00e1, pasando por las sierras de Esp\u00edrito Santo, R\u00edo de Janeiro y S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<div id=\"attachment_104192\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-104192\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img21.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img21.jpg 350w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img21-120x96.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img21-250x199.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">\u00c9LVIA RODRIGUES DE SOUZA<\/span><em>Calliandra hygrophila<\/em>, con flores de noviembre a febrero, en Mucug\u00ea y Ibicuara, Bah\u00eda<span class=\"media-credits\">\u00c9LVIA RODRIGUES DE SOUZA<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>Entre ca\u00f1averales<br \/>\n<\/strong>La abundancia de plantas raras en estas regiones tiene otra explicaci\u00f3n. Adem\u00e1s de contar con suelo y clima adecuados, estas \u00e1reas ha sido intensamente estudiadas por los bot\u00e1nicos, debido a que exhiben una riqueza natural notable o est\u00e1n cerca de ciudades. Los bosques de Serra de Petr\u00f3polis, por ejemplo, visitados por naturalistas desde los tiempos del emperador Pedro II, sirven de refugio al menos a 52 especies que probablemente viven \u00fanicamente all\u00ed. Algunas \u00e1reas constituyen refugios naturales para especies raras, tales como los campos de Altin\u00f3polis, rodeados de ca\u00f1averales e industrias de la regi\u00f3n de Ribeir\u00e3o Preto, en S\u00e3o Paulo. All\u00ed aparece la <em>Xyris longifolia<\/em>, redescubierta al cabo de m\u00e1s de un siglo sin hall\u00e1rsela. Incluso en lugares accesibles, estas plantas pueden pasar desapercibidas. &#8220;Solamente los expertos las reconocen como raras, y no siempre es un reconocimiento r\u00e1pido&#8221;, dice Rapini, uno de los editores del libro, coordinado por Ana Maria Giulietti, ex prorrectora de Investigaci\u00f3n de la UEFS, y por Jos\u00e9 Maria Cardoso da Silva, vicepresidente de ciencia de Conservaci\u00f3n Internacional de Brasil.<\/p>\n<p>Como lo raro implica lo fr\u00e1gil, muchas especies listadas en el libro se encuentran bajo amenaza de extinci\u00f3n y algunas de \u00e9stas quiz\u00e1 ya hayan desaparecido. &#8220;\u00bfSer\u00e1 que la <em>Anathallis guarujaensis<\/em> a\u00fan existe?&#8221;, se cuestiona F\u00e1bio de Barros, investigador del Instituto de Bot\u00e1nica de S\u00e3o Paulo. Esa especie \u2013una orqu\u00eddea de 3 cent\u00edmetros de altura y flores de 6 mil\u00edmetros\u2013 fue vista por \u00faltima vez en 1938 en los montes actualmente urbanizados de la isla de Santo Amaro, en localidad de Guaruj\u00e1, por Frederico Carlos Hoehne, fundador del Jard\u00edn Bot\u00e1nico de S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p>Las orqu\u00eddeas forman un grupo (o una familia) integrado por unas 2.600 especies brasile\u00f1as, de las cuales 1.800 son exclusivas de ambientes espec\u00edficos, principalmente del Bosque Atl\u00e1ntico. Barros particip\u00f3 en el grupo de especialistas que identific\u00f3 72 especies de orqu\u00eddeas raras en el pa\u00eds. La mayor\u00eda es peque\u00f1a, pero existen tambi\u00e9n algunas con buen cuerpo, como la <em>Adamantinia miltonioides<\/em>, con flores ros\u00e1ceas, reconocida reci\u00e9n en 2004, a 1.300 metros de altitud, en la localidad bahiana de Mucug\u00ea. La <em>Grobya cipoensis<\/em>, una rareza de Sierra do Cip\u00f3 de 20 cent\u00edmetros de altura y flores amarillas de 5 cent\u00edmetros, fue detectada hace cinco a\u00f1os viviendo sobre una enorme &#8220;canela-de-ema&#8221;: la <em>Vellozia gigantea<\/em>, en una regi\u00f3n de Serra do Cip\u00f3. &#8220;Llegamos al siglo XXI describiendo nuevas especies&#8221;, dice Barros. &#8220;Es una se\u00f1al de que todav\u00eda tenemos mucho por conocer sobre nuestra flora, incluso en lo que hace a grupos bastante estudiados, como el de las orqu\u00eddeas.&#8221;<\/p>\n<div id=\"attachment_104193\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-104193\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img31.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img31.jpg 350w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img31-120x80.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/10\/art3967img31-250x166.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">FRANK ALMEIDA<\/span><em>Lavoisiera macrocarpa<\/em>, un arbusto de flores vistosas en Congonhas do Norte y Santana do Riacho, Minas Gerais<span class=\"media-credits\">FRANK ALMEIDA<\/span><\/p><\/div>\n<p><strong>Linajes raros<br \/>\n<\/strong>Rapini empez\u00f3 a creer que las plantas raras pueden estar gen\u00e9ticamente relacionadas entre s\u00ed luego de identificar grupos de especies raras, y no solamente de especies aisladas. &#8220;Son grupos que evolucionaron confinados en \u00e1reas relativamente reducidas, y al diversificarse generaron especies raras y con relaci\u00f3n cercana entre s\u00ed&#8221;. De las alrededor de 20 especies de <em>Minaria<\/em>, un g\u00e9nero de la familia de las Apocin\u00e1ceas, que est\u00e1n siendo estudiadas gen\u00e9ticamente por el equipo de la UEFS, m\u00e1s de la mitad aparecen en \u00e1reas aisladas de Cadeia do Espinha\u00e7o. En otra familia, la de las Melastomat\u00e1ceas, la mayor\u00eda de las 35 especies del g\u00e9nero <em>Marcetia<\/em> es exclusiva de Chapada Diamantina. No obstante, no siempre es posible establecer las afinidades evolutivas. En dos especies de <em>Paepalanthus <\/em>que viven tan s\u00f3lo un a\u00f1o, las regiones del genoma (el material gen\u00e9tico) com\u00fanmente utilizadas en este tipo de estudio fueron insuficientes para definir relaciones de parentesco.<\/p>\n<p>Los bot\u00e1nicos trabajan para saber exactamente por qu\u00e9 motivo regiones como los campos rupestres de Cadeia do Espinha\u00e7o concentran m\u00e1s especies raras que otras. En busca de explicaciones, Luciano Paganucci de Queiroz, docente de la UEFS y uno de los coordinadores del libro, e investigadores de otras tres universidades de Bah\u00eda, compararon gen\u00e9ticamente ocho grupos de plantas con diversas especies exclusivas de Cadeia do Espinha\u00e7o, incluyendo orqu\u00eddeas, cactus y \u00e1rboles. Los resultados preliminares indican que los linajes m\u00e1s antiguos empezaron a surgir hace 20 millones de a\u00f1os, y los linajes m\u00e1s recientes, hace 4,5 millones de a\u00f1os, cuando grupos especializados de gram\u00edneas tambi\u00e9n empezaron a diversificarse en el Cerrado [la sabana brasile\u00f1a]. Los bot\u00e1nicos arribaron a la conclusi\u00f3n de que la discontinuidad de las sierras y el mosaico de ambientes habr\u00edan promovido el aislamiento geogr\u00e1fico de poblaciones de plantas, favoreciendo as\u00ed la diversificaci\u00f3n de algunos grupos.<\/p>\n<p>Por iniciativa de Cardoso, de Conservaci\u00f3n Internacional de Brasil, que en 1998 public\u00f3 un estudio exploratorio sobre conservaci\u00f3n de aves y plantas en el Cerrado, y con el liderazgo cient\u00edfico de Ana Maria Giulietti, los bot\u00e1nicos formaron una fuerza operativa y concentraron los esfuerzos para encontrar especies de distribuci\u00f3n geogr\u00e1fica restringida, con base en estudios de campo ya realizados. Despu\u00e9s que todas las especies fueron listadas, una parte del equipo aplic\u00f3 las coordenadas geogr\u00e1ficas en que cada especie hab\u00eda sido hallada sobre un mapa de microcuencas hidrogr\u00e1ficas. Emergieron de all\u00ed 752 \u00e1reas claves para la biodiversidad, as\u00ed llamadas por presentar al menos una planta rara. Sumadas, dichas extensiones cubren 140 millones de hect\u00e1reas (una hect\u00e1rea corresponde a 10 mil metros cuadrados). La menor de las mismas ocupa 327 hect\u00e1reas en Ilha das Almas, municipio de Parati, R\u00edo de Janeiro, un refugio exclusivo de la <em>Aureliana darcyi,<\/em> un arbusto de hasta tres metros de altura que crece cerca del mar, y la m\u00e1s grande tiene 2,5 millones de hect\u00e1reas, en el r\u00edo I\u00e7a, uno de los afluentes del Solim\u00f5es, en el estado do Amazonas.<\/p>\n<p>Cardoso cree que las 752 \u00e1reas deber\u00edan incluirse en los planos de conservaci\u00f3n ambiental del gobierno nacional. Otras instancias y grupos tambi\u00e9n pueden actuar. &#8220;En muchos casos&#8221;, dice Cardoso, &#8220;los municipios deben tomar la iniciativa, porque muchas especies se restringen a los municipios&#8221;. El estudio y los mapas pueden servir de argumento para evitar la construcci\u00f3n de complejos habitacionales y otras formas de ocupaci\u00f3n en las \u00e1reas con plantas raras. &#8220;La existencia de plantas raras es uno de los puntos que justifican la detenci\u00f3n de un pedido de deforestaci\u00f3n&#8221;, dice Barros.<\/p>\n<p>&#8220;Logramos movilizar a la comunidad cient\u00edfica&#8221;, comenta Queiroz. El libro entero, con las descripciones resumidas de las plantas, agrupadas en 108 familias, y los mapas con las \u00e1reas claves para la conservaci\u00f3n de la biodiversidad, se encuentra en la p\u00e1gina &lt;<a href=\"http:\/\/www.plantasraras.com.br\">www.plantasraras.com.br<\/a>&gt;. All\u00ed existe tambi\u00e9n un espacio para el env\u00edo de mensajes que han atra\u00eddo a los interesados. &#8220;Han aparecido m\u00e1s bot\u00e1nicos que desean contribuir con informaci\u00f3n sobre otros grupos de plantas raras&#8221;, comenta Queiroz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Plantas raras crecen aisladas, principalmente en tierras altas","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[275,282],"coauthors":[5968],"class_list":["post-88969","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-biodiversidad","tag-botanica-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88969","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=88969"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/88969\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=88969"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=88969"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=88969"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=88969"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}