{"id":89005,"date":"2009-11-01T00:00:00","date_gmt":"2009-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2009\/11\/01\/el-faro-de-hercules\/"},"modified":"2017-01-30T18:43:27","modified_gmt":"2017-01-30T20:43:27","slug":"el-faro-de-hercules","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-faro-de-hercules\/","title":{"rendered":"El faro de H\u00e9rcules"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-104576\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/Farol-1-300x2111.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"211\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/Farol-1-300x2111.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/Farol-1-300x2111-120x84.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2009\/11\/Farol-1-300x2111-250x176.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MARK GARLICK\/SCIENCE PHOTO LIBRARY<\/span>Durante las primeras horas del d\u00eda 13 de diciembre de 1934, el astr\u00f3nomo amateur John Philip Manning Prentice vio surgir en el cielo de Suffolk, interior de Inglaterra, una de las estrellas m\u00e1s brillantes del Hemisferio Norte. Apasionado por la observaci\u00f3n de meteoros, Prentice sab\u00eda que hab\u00eda sido testigo un evento importante. Se subi\u00f3 a su coche y condujo durante algunas horas hasta llegar al Observatorio de Greenwich, donde les inform\u00f3 sobre el fen\u00f3meno a investigadores profesionales. Lo que Prentice hab\u00eda presenciado no hab\u00eda sido el nacimiento de una estrella, sino un raro suspiro de un sistema doble que actualmente define a toda una categor\u00eda de objetos celestes: las llamadas estrellas novas, cuyo brillo aumenta s\u00fabitamente centenas de miles de veces como consecuencia de una gran explosi\u00f3n. El comportamiento de este d\u00fao de estrellas, estudiado continuamente durante los \u00faltimos 75 a\u00f1os, es ahora mejor comprendido gracias al trabajo de dos astrof\u00edsicos del sure\u00f1o estado de Santa Catarina.<\/p>\n<p>Raymundo Baptista, de la Universidad Federal de Santa Catarina, y Roberto Saito, actualmente investigador visitante de la Universidad Cat\u00f3lica de Chile, pasaron los \u00faltimos cinco a\u00f1os analizando im\u00e1genes obtenidas en el Observatorio Palomar de California de esa estrella binaria que lleva el nombre de <em>Nova Herculis<\/em> por hallarse ubicada en la constelaci\u00f3n de H\u00e9rcules, que homenajea al mitol\u00f3gico h\u00e9roe griego. Mediante el empleo de una t\u00e9cnica sofisticada destinada a evaluar la variaci\u00f3n de brillo durante el eclipse causado por el paso de la estrella mayor y menos brillante delante de la menor y m\u00e1s luminosa, lograron reconstruir la configuraci\u00f3n tridimensional de las estrellas y establecer el origen de los r\u00e1pidos impulsos de luz detectados por los telescopios apostados en tierra.<\/p>\n<p>Hoy en d\u00eda se sabe que el impresionante aumento de brillo observado en 1934 fue el resultado de un evento pasajero, que se repite \u00fanicamente cada decenas de miles de a\u00f1os y vuelve alrededor de 200 mil veces m\u00e1s luminoso a ese d\u00fao de estrellas en general invisible a simple vista. Lo que Prentice vio en el cielo de Inglaterra fue la m\u00e1s reciente explosi\u00f3n sufrida por la <em>Nova Herculis<\/em>, un fen\u00f3meno de proporciones catastr\u00f3ficas com\u00fan en sistemas estelares dobles de peque\u00f1o porte en el ocaso de su vida. En dicha explosi\u00f3n, que a decir verdad ocurri\u00f3 alrededor de 1.500 a\u00f1os antes (su luz tarda todo ese tiempo en llegar a la Tierra), la estrella principal conocida como enana blanca, un objeto con la masa del Sol comprimida en un volumen 60 veces menor, similar al de la Tierra expeli\u00f3 su capa m\u00e1s externa a velocidades alt\u00edsimas hacia el medio interestelar. Remodelada, la enana blanca empez\u00f3 a emitir cada 71 segundos pulsos de luz que, aunque son muchos menos intensos que el de la explosi\u00f3n, ocultan el brillo de su compa\u00f1era.<\/p>\n<p>Desde las primeras observaciones, astr\u00f3nomos y astrof\u00edsicos de todo el mundo procuran entender una peculiaridad de la <em>Nova Herculis<\/em>: la variaci\u00f3n en el ritmo de los pulsos de luz. De tiempo en tiempo, dichos pulsos, en general repetidos cada 71 segundos, pasan por una aceleraci\u00f3n o desaceleraci\u00f3n. Mediciones han mostrado que en determinada d\u00e9cada la enana blanca emite pulsos de luz una vez cada 69,5 segundos, mientras que en otras el intervalo entre cada centelleo sube a 71,5 segundos. Medio segundo m\u00e1s o menos no representa diferencia para cualquier ser humano que lleva la vida presurosa de los d\u00edas actuales. Pero representa mucho para una enana blanca, que gira a velocidades alt\u00edsimas, y da as\u00ed una vuelta sobre s\u00ed misma en tan s\u00f3lo 71 segundos. Si la Tierra girase a la velocidad de la enana blanca de la <em>Nova Herculis<\/em>, el d\u00eda empezar\u00eda y terminar\u00eda antes de que fuera posible caminar del living a la cocina para llenar una taza con caf\u00e9.<\/p>\n<p>Las explicaciones apuntadas hasta hace muy poco parec\u00edan demasiado elaboradas. O requer\u00edan condiciones que por ser tan especiales son improbables. En una de ellas el aumento o la disminuci\u00f3n del ritmo del brillo depender\u00eda de la presencia de una cantidad de masa mucho mayor que la existente en aquella regi\u00f3n del espacio para acelerar o frenar el giro de la enana blanca. Era una situaci\u00f3n inc\u00f3moda, afirma Baptista, especialista en im\u00e1genes de estrellas. Pero no lo es m\u00e1s.<\/p>\n<p>Canibalismo Con base en la reconstrucci\u00f3n de este sistema, Baptista y Saito lograron determinar la fuente de luz de la Nova Herculis y arribaron a una explicaci\u00f3n mucho m\u00e1s sencilla y aceptable para la variaci\u00f3n en el ritmo de su brillo. Despu\u00e9s de la explosi\u00f3n por la cual se libra de la corteza, la estrella principal comienza a devorar a su compa\u00f1era: el campo gravitacional de la enana blanca arranca las capas externas de la secundaria una estrella mayor, pero menos densa que la principal, que va deshaci\u00e9ndose mientras hace un giro completo alrededor de la primera en 4 horas y 40 minutos. En este proceso de canibalismo espacial se forma un disco de gas caliente compuesto por part\u00edculas cargadas el\u00e9ctricamente que nutre a la enana blanca. Campos magn\u00e9ticos miles de veces m\u00e1s intensos que el del Sol orientan el gas del disco hacia los polos de la estrella primaria, donde el choque con la atm\u00f3sfera origina un haz c\u00f3nico de rayos X.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda puntos por aclarar. No se sab\u00eda si hab\u00eda solamente un haz de luz o si exist\u00edan dos, uno en cada polo, barriendo sentidos opuestos, como un faro portuario. Tambi\u00e9n se cre\u00eda que la luz detectada por los telescopios hab\u00eda sido originada directamente en los polos de la enana blanca. En un art\u00edculo publicado este a\u00f1o en Astrophysical Journal, Baptista y Saito solucionan las dos cuestiones con un solo modelo, m\u00e1s sencillo que los anteriores. Nuestros resultados indican que la enana blanca de la Nova Herculis emite dos haces de rayos X, que se bambolean a un \u00e1ngulo muy cercano al plano del disco de gas, comenta Saito. Pero en la Tierra, solamente es posible ver la luz emitida por uno de ellos. Descubrieron tambi\u00e9n que la radiaci\u00f3n detectada desde ac\u00e1 no es la emitida por el polo, sino la reflejada por el disco de gas que alimenta a la enana blanca. La energ\u00eda de los haces de rayos X calienta el disco, que pasa a emitir otro tipo de luz. Es como si en lugar de ver la luz emitida por el faro, observ\u00e1semos la luz reflejada por el mar que \u00e9ste ilumina, compara Baptista.<\/p>\n<p>Este nuevo modelo permite tambi\u00e9n comprender la variaci\u00f3n en la frecuencia de los impulsos de luz. Lo que determina la velocidad de los impulsos de luz es la cantidad de masa suministrada por la estrella secundaria a la enana blanca, afirma Baptista. Cuando la estrella compa\u00f1era pierde una cantidad mayor de materia, el borde m\u00e1s externo del disco se torna m\u00e1s espeso. En tanto, en los momentos en que el ritmo de degradaci\u00f3n de la secundaria disminuye, el disco se vuelve m\u00e1s fino y estrecho. Como el gas gira en espiral a velocidades diferentes en la distintas franjas del disco cuanto m\u00e1s cerca de la enana blanca, m\u00e1s r\u00e1pido gira el gas, el ritmo de los pulsos de luz var\u00eda. Es una explicaci\u00f3n m\u00e1s simple y natural, dice Baptista.\u00a0 Esta respuesta, que parece ponerle fin a un misterio de 75 a\u00f1os, tambi\u00e9n ayuda a entender qu\u00e9 sucede con las estrellas binarias de peque\u00f1o porte similares a la <em>Nova Herculis<\/em> se calcula que corresponden a un tercio de los puntos brillantes en el cielo antes de apagarse definitivamente.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<strong><br \/>\n<\/strong><\/em>SAITO, R. K.; BAPTISTA, R. <a href=\"http:\/\/iopscience.iop.org\/article\/10.1088\/0004-637X\/693\/1\/L16\" target=\"_blank\">Spin-cycle eclipse mapping of the 71 s oscillations in dq herculis: reprocessing sites and the true white dwarf spin period<\/a>. <strong>The Astrophysical Journal<\/strong>. v. 693, p. L16-L18. mar 1. 2009.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un equipo de Santa Catarina devela el enigma de una estrella doble","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[274],"coauthors":[105],"class_list":["post-89005","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-astronomia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89005","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89005"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89005\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89005"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89005"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89005"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89005"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}