{"id":89161,"date":"2010-03-01T00:00:00","date_gmt":"2010-03-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/03\/01\/los-misterios-del-jarau\/"},"modified":"2016-06-07T18:43:40","modified_gmt":"2016-06-07T21:43:40","slug":"los-misterios-del-jarau","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-misterios-del-jarau\/","title":{"rendered":"Los misterios del Jarau"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-103384\" title=\"art4086img1\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/art4086img11.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/art4086img11.jpg 620w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/art4086img11-120x39.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/art4086img11-250x81.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 620px) 100vw, 620px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">ALVARO CR\u00d3STA\/UNICAMP<\/span>Se denomina Cerro do Jarau a una cadena de morros de alrededor de 200 metros de altura, que se destaca entre las peque\u00f1as colinas de las Pampas del municipio de Cuara\u00ed, oeste de R\u00edo Grande do Sul, pr\u00e1cticamente en la frontera de Brasil con Uruguay. El origen de estos morros, que vistos desde el cielo forman una hilera en forma de semic\u00edrculo, siempre intrig\u00f3 a los &#8220;ga\u00fachos&#8221;, los habitantes del estado, y incluso lleg\u00f3 a ser el origen de leyendas sobre la formaci\u00f3n de su pueblo. Pero ahora el misterio sobre el surgimiento de los mismos parece haber llegando a su fin. Un estudio llevado a cabo por los ge\u00f3logos Alvaro Cr\u00f3sta y Fernanda Louren\u00e7o, del Instituto de Geociencias de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), hall\u00f3 pruebas de que estas elevaciones se formaron como consecuencia del impacto de un meteorito que cay\u00f3 en la zona hace millones de a\u00f1os y abri\u00f3 un gran cr\u00e1ter.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9llos que no tienen la mirada entrenada de los expertos dif\u00edcilmente ver\u00edan all\u00ed un cr\u00e1ter. A decir verdad, lo que se ve no es el agujero cavado por la violencia del impacto, sino sus bordes, que se elevaron como las olas que forma una piedra al caer en una piscina. Y ni siquiera esos bordes se encuentran tan preservados como ya lo estuvieron alguna vez. En el transcurso de millones de a\u00f1os, el viento, la lluvia y el movimiento de la superficie del planeta corroyeron los bordes de los moros del Jarau dej\u00e1ndolos con la altura de 200 metros actuales. Rocas que forman un anillo de 3,5 kil\u00f3metros de di\u00e1metro marcan la regi\u00f3n m\u00e1s central del cr\u00e1ter, lugar donde posiblemente se produjo el impacto.<\/p>\n<p>Hace dos a\u00f1os, Cr\u00f3sta y Fernanda, en ese entonces su alumna de la carrera geolog\u00eda de la Unicamp, hicieron una expedici\u00f3n al Jarau en busca de se\u00f1ales del choque del meteorito. Durante diez d\u00edas subieron y bajaron de los morros recolectando muestras de rocas que despu\u00e9s se llevaron a Campinas. El an\u00e1lisis de las rocas en el microscopio permiti\u00f3 confirmar que solamente pueden haberse formado a temperaturas y presiones alt\u00edsimas como las generadas por la ca\u00edda de un cuerpo celeste.<\/p>\n<p>El resultado al que el equipo de la Unicamp arrib\u00f3 corrobora la hip\u00f3tesis planteada alrededor de 20 a\u00f1os antes por una pareja de investigadores de la Universidad Federal de R\u00edo Grande do Sul (UFRGS). A finales de los a\u00f1os 1980, los ge\u00f3logos Nelson Amoretti Lisboa, de la UFRGS, y Marisa Terezinha Garcia de Oliveira Schuck, que a la saz\u00f3n trabajaba tambi\u00e9n en dicha universidad, analizaron im\u00e1genes de sat\u00e9lite y el relieve (la geomorfolog\u00eda) de la regi\u00f3n y plantearon que Cerro do Jarau se habr\u00eda formado por el impacto de un meteorito. &#8220;Levantamos a liebre&#8221;, comenta Lisboa. &#8220;Pero no dispon\u00edamos de los recursos t\u00e9cnicos necesarios como para examinar los minerales.&#8221;<\/p>\n<p>Al evaluar la estructura de las rocas en el propio cerro y la composici\u00f3n mineral de las mismas, Cr\u00f3sta y Fernanda hallaron dos indicaciones del choque de un cuerpo celeste. La primera fue la localizaci\u00f3n en el Jarau de las llamadas brechas de impacto, rocas formadas por fragmentos de otras rocas. &#8220;Las brechas pueden tener distintos or\u00edgenes, volc\u00e1nicos por ejemplo&#8221;, explica Cr\u00f3sta. &#8220;Pero las que encontramos en el Jarau tienen las caracter\u00edsticas de las formadas por el impacto de un meteorito&#8221;, comenta el ge\u00f3logo de la Unicamp, quien ya ha ayudado a identificar otros cr\u00e1teres de impacto existentes en el pa\u00eds.<\/p>\n<p>La segunda y m\u00e1s contundente evidencia surgi\u00f3 a trav\u00e9s del examen de las rocas en el laboratorio. En el microscopio, Cr\u00f3sta y Fernanda vieron que los granos de cuarzo de las rocas sufrieron la acci\u00f3n de un fen\u00f3meno conocido como fracturamiento planar. Estas se\u00f1ales aparecen como rasgos paralelos de material vitrificado, diferentes de la estructura natural de los cristales de cuarzo.\u00a0 &#8220;\u00c9sta es una evidencia irrefutable, que se genera \u00fanicamente debido a la deformaci\u00f3n por impacto&#8221;, afirma Cr\u00f3sta.<\/p>\n<p>El ge\u00f3logo de la Unicamp explica que estos granos se forman en niveles de presi\u00f3n muy superiores a los encontrados en la corteza terrestre. Solamente en regiones m\u00e1s profundas del planeta, como en el manto, que va de los 30 kil\u00f3metros a los 2.900 mil kil\u00f3metros debajo de la superficie, la temperatura de miles de grados Celsius y la presi\u00f3n centenas de miles de veces superior a la de la atm\u00f3sfera hace posible la formaci\u00f3n de estructuras equivalentes a las encontradas en cr\u00e1teres de impacto. Pero las rocas del Jarau ten\u00edan caracter\u00edsticas de rocas de superficie y no de manto. Seg\u00fan Cr\u00f3sta, solamente la energ\u00eda liberada en el choque de un cuerpo como un meteorito produce la presi\u00f3n y la temperatura necesarias como para causar este tipo de deformaci\u00f3n en el cuarzo de la superficie del planeta.<\/p>\n<p>Los resultados de Cr\u00f3sta y Fernanda ubican al cr\u00e1ter de Cerro do Jarau como el sexto cr\u00e1ter de impacto \u2013o astroblema, seg\u00fan la expresi\u00f3n griega que significa &#8220;cicatriz dejada por un astro&#8221;\u2013 detectado en Brasil (vea el mapa). Esta cantidad es peque\u00f1a, pero tiende a aumentar con el tiempo. No es que vayan a caer otros meteoritos en los pr\u00f3ximos a\u00f1os sobre en el pa\u00eds. Pero lo que s\u00ed aumentar\u00e1 es el conocimiento sobre los que cayeron en Brasil en un pasado remoto. Los ge\u00f3logos creen que la cantidad de astroblemas conocidos en el Hemisferio Sur del planeta es peque\u00f1a debido a que se carece de estudios geol\u00f3gicos m\u00e1s vastos.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/054-057_Cratera_169-02.jpg\" rel=\"attachment wp-att-215767\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-215767 alignright\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/03\/054-057_Cratera_169-02-300x240.jpg\" alt=\"054-057_Cratera_169-02\" width=\"290\" height=\"232\" \/><\/a>Las conclusiones del grupo de la Unicamp saldr\u00e1n publicadas en breve en el libro Large meteorite impacts IV, editado por la Sociedad Geol\u00f3gica de Am\u00e9rica. Pero \u00e9se no ser\u00e1 el \u00fanico libro que se referir\u00e1 al Cerro do Jarau. A comienzos del siglo XX, el escritor &#8220;ga\u00facho&#8221; Jo\u00e3o Sim\u00f5es Lopes Neto inmortaliz\u00f3 a la regi\u00f3n en el libro Lendas do Sul, de 1913. En el cuento &#8220;La Salamandra del Jarau&#8221;, Lopes Neto narra una historia muy antigua, de cuando a los \u00e1rabes los expulsaron de Espa\u00f1a. Entre los que se refugiaron en el sur de Brasil, habr\u00eda venido una hermosa princesa mora que, luego de un pacto con Anhang\u00e1-pit\u00e3 (el demonio de los indios), se transform\u00f3 en una salamandra con cabeza de piedra &#8220;la Teiniagu\u00e1&#8221; y se escondi\u00f3 en el Cerro do Jarau. A esa princesa mitol\u00f3gica, que volvi\u00f3 a transformarse en mujer gracias al amor de un sacrist\u00e1n, se le adjudica el origen de los rasgos mestizos del pueblo &#8220;ga\u00facho&#8221;.<\/p>\n<p><strong>La leyenda y la guerra<br \/>\n<\/strong>Esa leyenda se mezcl\u00f3 con la historia nacional en la Revoluci\u00f3n Farroupilha, a mediados del siglo XIX, cuando rebeldes &#8220;ga\u00fachos&#8221; enfrentaron a las fuerzas del Imperio de Brasil. Los autodenominados farrapos usaron el Cerro do Jarau, situado en propiedad del general farroupilha Bento Manuel Ribeiro, como puesto privilegiado de observaci\u00f3n de las Pampas. El sitio, que qued\u00f3 conocido como Centinela del Jarau, no fue escenario de conflictos, pero ayud\u00f3 a crear una continuaci\u00f3n de la antigua leyenda de Teiniagu\u00e1. Se comenta por ah\u00ed que Bento Ribeiro habr\u00eda hecho un pacto con la criatura del Jarau para protegerse contra los peligros del conflicto.<\/p>\n<p>La confirmaci\u00f3n del origen de las monta\u00f1as del Jarau es tan s\u00f3lo el comienzo de un largo trabajo. Durante los pr\u00f3ximos a\u00f1os los ge\u00f3logos pretenden determinar las dimensiones reales del cr\u00e1ter y del astro que lo origin\u00f3, por ejemplo. &#8220;Estimamos que el cr\u00e1ter original habr\u00eda tenido aproximadamente 13 kil\u00f3metros de di\u00e1metro, pero es dif\u00edcil saberlo con precisi\u00f3n porque el borde est\u00e1 completamente erosionado&#8221;, dice Cr\u00f3sta.<\/p>\n<p>\u00c9sa es una informaci\u00f3n fundamental para calcular con precisi\u00f3n el tama\u00f1o del meteorito que cay\u00f3 en la zona. Los investigadores de la Unicamp suponen que fue una roca de entre 600 y 700 metros de di\u00e1metro. Pero el propio Cr\u00f3sta advierte: &#8220;Es una estimaci\u00f3n realizada arriba de otra estimaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n que se encuentra entre las prioridades del ge\u00f3logo de la Unicamp es descubrir cu\u00e1ndo se produjo dicho impacto, una pregunta nada sencilla de responder. Para determinar la edad del cr\u00e1ter, se har\u00e1 necesario encontrar muestras de rocas que se hayan fundido exactamente en el momento del impacto y medir la proporci\u00f3n de is\u00f3topos del elemento qu\u00edmico arg\u00f3n que tengan. El problema es que las rocas fundidas en el momento del impacto pueden ser muy similares a las que componen la mayor parte del terreno de Cerro do Jarau;\u00a0 b\u00e1sicamente basalto, una roca \u00edgnea formada a altas temperaturas, como las del interior de los volcanes. Encontrarla ser\u00e1 como encontrar una aguja en un pajar. &#8220;La muestra que buscamos puede medir mil\u00edmetros de longitud y debemos encontrarla en un \u00e1rea de un di\u00e1metro de 13 kil\u00f3metros [equivalente al de un municipio como Americana, interior de S\u00e3o Paulo]&#8221;, afirma el investigador.<\/p>\n<p>Mientras no se encuentran esas rocas, se cuenta una vez m\u00e1s \u00fanicamente con una estimaci\u00f3n. &#8220;Tenemos una edad m\u00e1xima que es la de las rocas m\u00e1s j\u00f3venes [basaltos] afectadas por el impacto, que tienen m\u00e1s o menos 135 millones de a\u00f1os&#8221;, dice Cr\u00f3sta. Como los bordes del cr\u00e1ter fueron bastante desgastados por la erosi\u00f3n, cabe imaginar que no es demasiado reciente y que debe tener algunas decenas o una centena de millones de a\u00f1os.<\/p>\n<p>Esta dataci\u00f3n es importante, porque puede revelar otra historia oculta en los registros geol\u00f3gicos. Un impacto de tama\u00f1a escala puede haber tenidos efectos severos sobre la vida de la regi\u00f3n sur del continente sudamericano, causando extinciones locales considerables. &#8220;No ser\u00eda comparable al evento que acaeci\u00f3 hace 65 millones de a\u00f1os [y produjo el cr\u00e1ter de Chichxulub, ubicado bajo el mar en el Golfo de M\u00e9xico], cuando se extinguieron los grandes reptiles y m\u00e1s del 60% de la vida en la Tierra, pero habr\u00eda tenido un impacto regional considerable&#8221;, afirma Cr\u00f3sta.<\/p>\n<p>Los grandes morros que conforman el Jarau pueden a\u00fan revelar m\u00e1s que el pasado de la Tierra. Es posible que el choque de meteoritos en rocas bas\u00e1lticas cause transformaciones espec\u00edficas, que permitir\u00edan diferenciar la evoluci\u00f3n de \u00e9stas de las de otros tipos de roca, e incluso ayudar a comprender detalles acerca de c\u00f3mo se formaron otros planetas rocosos como Marte y Venus, donde hay mucho basalto. Es probable que en los pr\u00f3ximos a\u00f1os las historias del Jarau vuelvan a cobrar vida. En este caso, de la mano de los investigadores.<\/p>\n<p><em>Cap\u00edtulo de libro<br \/>\n<\/em>CR\u00d3STA, A. P. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/specialpapers.gsapubs.org\/content\/465\/173.abstract\" target=\"_blank\">Cerro do Jarau, Rio Grande do Sul: a posible new impact structure in southern Brazil.<\/a> <em>In:<\/em> <strong>Large meteorite impacts IV<\/strong>. The Geological Society of America.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"La ca\u00edda de un meteorito form\u00f3 una cadena de cerros en el R\u00edo Grande do Sul","protected":false},"author":19,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[309],"coauthors":[111],"class_list":["post-89161","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-geologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89161","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89161"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89161\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89161"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89161"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89161"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89161"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}