{"id":89190,"date":"2010-04-01T00:00:00","date_gmt":"2010-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/04\/01\/el-progreso-animal\/"},"modified":"2017-02-02T16:08:51","modified_gmt":"2017-02-02T18:08:51","slug":"el-progreso-animal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-progreso-animal\/","title":{"rendered":"El progreso animal"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-102216\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img1-300x1831.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"183\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img1-300x1831.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img1-300x1831-120x73.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img1-300x1831-250x153.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUcci\u00f3n <\/span>De acuerdo con los registros, fue en 1685, en Recife, que un mosquito pic\u00f3 a un incauto ciudadano, y as\u00ed habr\u00eda surgido el primer caso de dengue en Brasil. Actualmente, m\u00e1s de 300 a\u00f1os despu\u00e9s, en pleno siglo XXI, un simple mosquito a\u00fan logra hacer que se rinda un pa\u00eds, una se\u00f1al de que la modernidad brasile\u00f1a no fue capaz, tal como esperaban los que cre\u00edan en el progreso a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, de &#8220;vencer&#8221; el &#8220;atraso&#8221; representado por los &#8220;animales&#8221;. Ni siquiera en una metr\u00f3polis avanzada como S\u00e3o Paulo. &#8220;En aquel tiempo, los animales de la ciudad pasaron por un proceso de &#8216;recolonizaci\u00f3n&#8217;, como parte del proceso de migraci\u00f3n de un modelo de ra\u00edces coloniales a otro con elementos de modernidad, en el cual el hombre redefini\u00f3 sus actitudes y relaciones con los animales, y puso en oposici\u00f3n al &#8216;cuero&#8217;, s\u00edmbolo del animal, con el &#8216;acero&#8217;, lo moderno&#8221;, analiza Nelson Aprobato Filho en la tesis doctoral El cuero y el acero: la &#8220;aventura&#8221; de los animales por los &#8220;jardines&#8221; de S\u00e3o Paulo, defendida en el Departamento de Historia de la USP bajo la direcci\u00f3n de Nicolau Sevcenko, con apoyo de la FAPESP.<\/p>\n<p>&#8220;Mi objetivo fue entender los impactos de la modernidad sobre los animales de la ciudad y demostrar que la modernidad paulista se dio en sus dimensiones (reales, imaginarias o simb\u00f3licas) gracias a y con base en los animales y en las actitudes, los usos y las sensibilidades que el hombre empez\u00f3 a adoptar y tener con relaci\u00f3n a ellos&#8221;, sigue. Seg\u00fan el investigador, con la revoluci\u00f3n cient\u00edfico-tecnol\u00f3gica, los animales pasaron a tener una importancia inesperada, ya que en el proceso de emergencia de las grandes metr\u00f3polis, eran para los hombres la parte constitutiva de una &#8220;cultura de referencias estables y continuas&#8221; que, acota el investigador, se dilapidaron con el progreso. &#8220;Fue por ende sintom\u00e1tica la elecci\u00f3n f\u00edsica y simb\u00f3lica de los animales como elementos singulares de experimentaci\u00f3n, contrapunto y confrontaci\u00f3n para la justificaci\u00f3n o la detracci\u00f3n (real o imaginaria) de la modernidad paulistana&#8221;. Ejemplos no faltan, desde el &#8220;O S\u00e3o Paulo termina con las hormigas, o las hormigas terminan con\u00a0 S\u00e3o Paulo&#8221; hasta la asociaci\u00f3n que hizo Monteiro Lobato entre el cuadro social nacional y la carreta de bueyes, vista como s\u00edmbolo del atraso, la lentitud y la rusticidad &#8220;antigua&#8221; y perniciosa. No sin raz\u00f3n, una estad\u00edstica comparativa realizada en S\u00e3o Paulo sobre la cantidad de vacunos, equinos, asininos y mulares revela que, si en 1905 eran 21.606, en 1920 pasan a ser 38.885 y en 1940 esa cifra llega a tan s\u00f3lo 5.375. En dos d\u00e9cadas, m\u00e1s de 35 mil animales desaparecieron del paisaje de la gran ciudad y, lo que m\u00e1s importante, desaparecieron de la conciencia de los ciudadanos.<\/p>\n<p>Este proceso de &#8220;menosprecio&#8221; empieza a mediados del siglo XIX. &#8220;Basta con ver las caricaturas de \u00c2ngelo Agostini, en Cabri\u00e3o o en Diabo Coxo para darse cuenta de que en esa \u00e9poca los animales aparecen cada vez m\u00e1s asociados al atraso, a la pachorra, a la inmundicia. Con\u00a0 todo, en la realidad sociocultural de la \u00e9poca, la maleabilidad del cuero era todav\u00eda m\u00e1s resistente que la solidez del acero. Paulatinamente ese cuadro se fue invirtiendo&#8221;, explica el autor. En ese entonces no era dif\u00edcil ver 300 carretas de bueyes (que solamente ir\u00edan a desaparecer entre los a\u00f1os 1910 y 1920) circulando entre S\u00e3o Paulo y Santo Amaro. La ciudad tambi\u00e9n era constantemente atravesada por tropas compuestas por entre 40 y 80 animales. &#8220;Si por una casualidad hubiese un encuentro de cuatro tropas en una calle paulistana, era posible observar el tr\u00e1nsito provocado por 320 mulares y centenares de insectos y par\u00e1sitos que acompa\u00f1aban a las tropas. De \u00e9stas a las carretas de bueyes, de los carros a las monter\u00edas, de los arreos de vacas a los zopilotes, de las aves a los peces y as\u00ed sucesivamente: los animales viv\u00edan e invad\u00edan calles y plazas. Era imposible no tener una convivencia intensa con ellos&#8221;, comenta. El contrapunto de estas maneras de vida cotidiana, en que los animales eran de una forma hasta cierto punto equilibrada agentes y pacientes, se manifest\u00f3 en los proyectos y mecanismos creados por elementos vinculados al poder p\u00fablico y a las entidades cient\u00edficas y tecnol\u00f3gicas, que pasaron a actuar en S\u00e3o Paulo a partir de finales del siglo XIX y comienzos del XX.<\/p>\n<p>&#8220;Haciendo un seguimiento de las diversas leyes y proyectos que ten\u00edan como objetivo a los animales, se nota de qu\u00e9 manera el poder p\u00fablico abord\u00f3 la cuesti\u00f3n: cu\u00e1les eran los lugares, las funciones y los roles que les cabr\u00edan en la nueva ciudad; cu\u00e1les eran los animales &#8216;elegidos&#8217; para permanecer en el \u00e1mbito urbano, y qu\u00e9 disputas se trabaron entre ellos y el progreso&#8221;. El investigador recuerda que, al mismo tiempo, surg\u00eda la tendencia a considerar al ingeniero como el profesional m\u00e1s capacitado para administrar los destinos de una ciudad. &#8220;Pasan a ver con una cierta codicia a las administraciones municipales que subordinaban a sus habitantes y animales a los mecanismos de la ingenier\u00eda moderna. Entre el cuero y el acero iba brotando una nueva y excluyente mentalidad tecnol\u00f3gica. En las sendas de las mulas, que para ellos eran sin\u00f3nimo de ruralismo y pasado colonial, los ingenieros paulistas intentaban cimentar sus ideales de civilizaci\u00f3n en una &#8216;cruzada&#8217; por la modernidad&#8221;, sostiene. Incluso &#8220;v\u00edctimas&#8221; inesperadas, como los perros, se convierten en blanco de campa\u00f1as de represi\u00f3n mediante ordenanzas regulatorias que inclu\u00edan gastos de la municipalidad con &#8220;bolas de alimento con veneno adentro&#8221;, que se les daban a los canes sueltos en las calles, como as\u00ed tambi\u00e9n las tasas y la obligatoriedad del uso de collar y correa (&#8220;los perros deben tener bozal y collar numerado que indique que se pag\u00f3 el impuesto municipal&#8221;, dec\u00eda la Ordenanza n\u00ba 68 del C\u00f3digo de Posturas de 1886). Hab\u00eda discusiones acaloradas sobre qu\u00e9 era o no un &#8220;perro de raza&#8221;, y por ende, digno de privilegios. &#8220;Para construir una ciudad moderna era necesario crear mecanismos tendientes a corregir a aqu\u00e9llos que denotasen una tendencia al &#8216;vagabundeo&#8217;, ya sean hombres o canes.&#8221;<\/p>\n<p><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-102217 alignleft\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img2-300x1691.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"169\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img2-300x1691.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img2-300x1691-120x68.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img2-300x1691-250x141.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUcci\u00f3n <\/span>Hormiguero<br \/>\n<\/strong>No solamente los perros callejeros adquirieron una denotaci\u00f3n metaf\u00edsica. &#8220;La guerra contra las hormigas cortadoras [&#8216;sa\u00favas&#8217;] moviliz\u00f3 a la ciudad en todos los niveles, ya sea en la destrucci\u00f3n f\u00edsica de los hormigueros como en la simbolog\u00eda. Lobato fue uno de los escritores paulistas que m\u00e1s endilgaron a los insectos el car\u00e1cter de s\u00edmbolos del arca\u00edsmo y el ruralismo, y \u00e9stos estuvieron presentes en sus reflexiones durante d\u00e9cadas. En sus tesis c\u00e1usticas, escritas en 1908, por ejemplo, las hormigas representaban la ant\u00edtesis del progreso, la demostraci\u00f3n cabal del atraso en que estaban sumidas las ciudades y las poblaciones pobres&#8221;. Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, M\u00e1rio de Andrade se referir\u00eda a ellas en un registro m\u00e1s ir\u00f3nico, en Macuna\u00edma. &#8220;A\u00fan tanto nos sobran en este grandioso pa\u00eds las enfermedades y los insectos de los que hemos de encargarnos. Estamos corro\u00eddos por el morbo y por los miri\u00e1podos. En breve seremos una colonia de Inglaterra o de Am\u00e9rica del Norte. Por eso y para remembranza de los paulistas, la \u00fanica gente \u00fatil del pa\u00eds, proponemos un d\u00edstico: &#8216;Poca salud y muchas &lt;sa\u00favas&gt;, los males del Brasil son'&#8221;. El historiador Nicolau Sevcenko, en su art\u00edculo &#8220;Brasil y las cortadoras&#8221;, hace un curiosa s\u00edntesis del uso metaf\u00f3rico del &#8220;insecto que molestaba&#8221;, por parte de las diversas elites dirigentes, en diferentes \u00e9pocas hist\u00f3ricas, siempre que se intentaba &#8220;eliminar a las hormigas&#8221;, sean quienes fuesen: la elite agraria del siglo XX y el campesino indolente; Vargas y la campa\u00f1a contra el &#8220;malandro&#8221;; los militares y la represi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero los animales pod\u00edan ser un h\u00e1bito arraigado de dif\u00edcil contenci\u00f3n. &#8220;Al observar las distintas leyes u ordenanzas, se ve por ejemplo la ineficacia de las medidas gubernamentales para intentar cohibir el tr\u00e1fico de carretas de bueyes por el centro de la capital. En especial despu\u00e9s de 1900, se nota la insistencia del poder p\u00fablico en alejar a esos elementos de las &#8216;\u00e1reas nobles&#8217; y la resistencia de los carreros a abandonar una pr\u00e1ctica de desplazamiento que era esencial entre las formas populares de supervivencia. Estas figuras y sus animales se iban convirtiendo en visiones indeseables y disonantes para la nueva metr\u00f3polis&#8221;. Al mismo tiempo, el cuero y el acero, de cara a la tecnolog\u00eda incipiente, eran obligados a convivir, como en el caso de los tranv\u00edas de tracci\u00f3n animal. &#8220;Utilizados hasta entonces en tropas de mulas o en carros, hubo un extra\u00f1amiento tanto de parte de la poblaci\u00f3n, desacostumbrada a ese g\u00e9nero de transporte, como de parte de los animales, toda vez que el peso de los tranv\u00edas era mucho mayor que el que estaban acostumbrados a tirar&#8221;. O en las palabras de un testigo ocular: &#8220;Los grupos saltaban y descend\u00edan de los tranv\u00edas y se ubicaban delante de los pobre mulares, que bajo el ardor de los azotes hac\u00edan lo imposible para arrastrar los coches que ten\u00edan un peso superior al que deb\u00edan&#8221;. Algunos se quejaban del nuevo servicio, al verse s\u00fabitamente viviendo al lado de las cocheras. &#8220;\u00bfNo habr\u00e1 un medio de terminar con tan molesta asamblea?&#8221;, reclamaba a las autoridades un habitante de Ros\u00e1rio.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-102222\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img31.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"155\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img31.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img31-120x62.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/04\/art4110img31-250x129.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">REPRODUcci\u00f3n <\/span>El progreso le aportar\u00eda enseguida sosiego a los que estaban molestos. A partir de 1901, el monopolio de los transportes urbanos pasa al control de la compa\u00f1\u00eda canadiense Light &amp; Power, que inici\u00f3 el retiro de los tranv\u00edas de tracci\u00f3n animal de las calles centrales de S\u00e3o Paulo. El \u00faltimo fue retirado en 1910. Del entusiasmo inicial por el nuevo transporte, la ciudad se avergonzaba ahora de tener que andar algunos tranv\u00edas tirados por mulas. &#8220;Existi\u00f3 la Revoluci\u00f3n de Santana, organizada por habitantes del barrio, que descontentos por pertenecer a uno de los \u00fanicos barrios de la ciudad por los que a\u00fan rodaban tranv\u00edas tirados por animales, resolvieron usar la fuerza para intimidar al poder p\u00fablico y a la Light &amp; Power. Soltaron a los mulos y les prendieron fuego a los tranv\u00edas&#8221;, cuenta Aprobato. Al mismo tiempo, los tranv\u00edas el\u00e9ctricos afectaron a los paulistas no solo en su ego. &#8220;Para una poblaci\u00f3n acostumbrada a los desplazamientos que ten\u00edan como par\u00e1metro la velocidad desarrollada por bueyes, mulas y caballos, la adaptaci\u00f3n integral a los nuevos veh\u00edculos lleg\u00f3 poblada de recelos y miedos constantes&#8221;. El zo\u00f3logo Afonso Schmidt describi\u00f3 de qu\u00e9 manera &#8220;los esp\u00edritus conservadores, habituados a las dulzuras de los peque\u00f1os tranv\u00edas tirados por una yunta de l\u00edricos mulos, no ve\u00edan con buenos ojos su reemplazo por amplios, limpios y r\u00e1pidos veh\u00edculos impulsados con fuerza el\u00e9ctrica. Ma\u00f1osamente alegaron un sagrado horror a los desastres&#8221;.\u00a0 Por eso se hizo necesario que las empresas contratasen a &#8220;t\u00e9cnicos en accidentes&#8221;, personas que se dejaban atropellar por el tranv\u00eda a una velocidad de ocho puntos para demostrar la eficacia de los miri\u00f1aques.<\/p>\n<p><strong>Ritmos<br \/>\n<\/strong>&#8220;Los tranv\u00edas el\u00e9ctricos, m\u00e1s profundamente que los anteriores, de tracci\u00f3n animal, debido a sus singularidades tecnol\u00f3gicas y a su impacto perceptivo-sensorial, fueron uno de los principales veh\u00edculos de la transformaci\u00f3n de comportamientos urbana y sociocultural acaecida en S\u00e3o Paulo a comienzos del siglo XX&#8221;, sostiene el investigador. Y a\u00f1ade: &#8220;despertaban a los habitantes de la ciudad ante los nuevos ritmos que, de all\u00ed en adelante, se ver\u00edan obligados a seguir&#8221;. Pero no era suficiente. Jos\u00e9 Agudo, en <em>Gente rica \u2013 Scenas da vida paulistana<\/em>, revela los nuevos deseos por medio del personaje de Dr. Zezinho, &#8220;de buen vestir y asiduo frecuentador casinos y pensiones sin hora de cerrar&#8221;. Para \u00e9l, era un infierno llegar a casa &#8220;despu\u00e9s de las dos de la madrugada y no poder dormir porque empezaba aquel barullo de tranv\u00edas y carros&#8221;. Pero tambi\u00e9n los autom\u00f3viles estaban llegando y pronto &#8220;cualquier pobret\u00f3n ha de tener uno&#8221;. &#8220;Y dejan atr\u00e1s un f\u00e9tido olor a gasolina, pero es chic andar en autom\u00f3vil. \u00a1Ah! Un 40 HP es soberbio. Adem\u00e1s quien anda en uno de ellos no se ensucia con la polvareda ni siente el mal olor de las raberas de los carros. Los que andan a pata que se las arreglen, \u00a1pero esto est\u00e1 muy bueno!&#8221;, filosofaba el playboy paulistano, para quien la municipalidad deber\u00eda &#8220;calzar las calles con caucho&#8221;.<\/p>\n<p>Dr. Zezinho ten\u00eda tambi\u00e9n otras filosof\u00edas. &#8220;Los tranv\u00edas hicieron m\u00e1s leve el trabajo de los burros. Ya se puede ser burro en S\u00e3o Paulo, pues hasta hay bebederos para ellos en las plazas p\u00fablicas. All\u00ed mismo en Largo S\u00e3o Francisco hay uno. Qu\u00e9 sabia medida. Cu\u00e1ntos burros sufr\u00edan antes de sed. Si los burros hablasen, es posible que uno de ellos que viniera por ac\u00e1 de paseo, parodiando Sarah Bernhardt, exclamase: &#8216;\u00a1S\u00e3o Paulo es el para\u00edso de los burros!'&#8221;.\u00a0 Cuero y acero dan inicio a un extra\u00f1amiento cuyas consecuencias finales a\u00fan estamos sintiendo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"C\u00f3mo la modernidad apart\u00f3 al hombre de la naturaleza en S\u00e3o Paulo","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[310,1170],"coauthors":[117],"class_list":["post-89190","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-historia-es","tag-urbanismo-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89190","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89190"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89190\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89190"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89190"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89190"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89190"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}