{"id":89908,"date":"2010-05-01T00:00:00","date_gmt":"2010-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/05\/01\/los-caminos-del-miedo\/"},"modified":"2017-02-02T17:14:01","modified_gmt":"2017-02-02T19:14:01","slug":"los-caminos-del-miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-caminos-del-miedo\/","title":{"rendered":"Los caminos del miedo"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-103237\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4141img31.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"286\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4141img31.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4141img31-120x118.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4141img31-250x247.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">DANILO ZAMBONI<\/span>Ponga un rat\u00f3n frente a un gato y ver\u00e1 una de las reacciones m\u00e1s esenciales de la supervivencia. Inmediatamente el rat\u00f3n queda paralizado, como si estuviera muerto, y es as\u00ed como mitiga el riesgo de llamar la atenci\u00f3n de su predador, en general atra\u00eddo por el movimiento. Si el peligro se mantiene o aumenta con la aproximaci\u00f3n del gato, el roedor se lanza en una secuencia de saltos vigorosos hacia atr\u00e1s que lo hacen volar a una distancia equivalente a algunas veces la longitud de su cuerpo. El congelamiento de los movimientos y el intento en\u00e9rgico de fuga integran el repertorio de reacciones naturales de defensa t\u00edpicas de situaciones que suscitan miedo. Surgieron probablemente hace centenas de millones de a\u00f1os, con los primeros reptiles que huyeron de sus predadores y se propagaron por el planeta, y siguen activ\u00e1ndose en un amplio grupo de animales que incluye a los mam\u00edferos, entre ellos los seres humanos. Pero s\u00f3lo recientemente, con base en estudios realizados en Brasil y Estados Unidos, se verific\u00f3 que las reacciones que preparan al cuerpo para la lucha o para la huida ante el peligro son disparadas y coordinadas por una regi\u00f3n profunda y primitiva del cerebro: el hipot\u00e1lamo, una estructura que tiene la forma y el tama\u00f1o de una aceituna ubicada en la base del cr\u00e1neo, a la altura de los ojos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-103236\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4141img41.jpg\" alt=\"\" width=\"200\" height=\"131\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4141img41.jpg 200w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4141img41-120x79.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 200px) 100vw, 200px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">DANILO ZAMBONI<\/span><\/p>\n<p>Intrigado con la cantidad y la complejidad de cambios que las reacciones de defensa disparan en el cuerpo moment\u00e1neamente elevan la presi\u00f3n arterial, aumentan la atenci\u00f3n y preparan a los m\u00fasculos para actuar, el m\u00e9dico y neuroanatomista Newton Sabino Canteras decidi\u00f3 hace algo m\u00e1s de una d\u00e9cada internarse por los complejos circuitos neurales del hipot\u00e1lamo. Esta estructura de poco m\u00e1s de dos cent\u00edmetros de longitud, uno de espesor y casi dos de altura, protegida\u00a0 en los seres humanos por los hemisferios cerebrales, alberga al menos 16 conjuntos de c\u00e9lulas distintos, con conexiones entre s\u00ed, con otras regiones del cerebro y con otros \u00f3rganos del sistema nervioso central. Produce varias hormonas y est\u00e1 asociada al control del hambre, la sed, la temperatura corporal, el sue\u00f1o, el comportamiento reproductivo y la agresividad.<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n minuciosa acerca de c\u00f3mo estos circuitos se conectan dentro y fuera del hipot\u00e1lamo y la determinaci\u00f3n de la secuencia en que son accionados en situaciones que ponen en riesgo la vida, como en el caso del ataque de un predador, llevaron a Canteras y a investigadores de Estados Unidos a plantear que esta estructura cerebral desempe\u00f1a un papel fundamental tanto en la generaci\u00f3n y en la coordinaci\u00f3n de las reacciones de defensa que el miedo suscita como en la memorizaci\u00f3n de las circunstancias que lo generaron. Experimentos realizados en el laboratorio de Canteras, en el Instituto de Ciencias Biom\u00e9dicas (ICB) de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), hicieron posible tambi\u00e9n constatar que, a diferencia de lo que se cre\u00eda, el camino que recorre el miedo en el cerebro no es \u00fanico: temores generados por situaciones distintas pueden activar circuitos celulares diferentes.<\/p>\n<p>M\u00e1s que un detalle de la fisiolog\u00eda cerebral de los ratones, el descubrimiento de que algunos conjuntos de c\u00e9lulas o n\u00facleos del hipot\u00e1lamo act\u00faan en las reacciones de miedo puede tener influjo incluso en la comprensi\u00f3n y el tratamiento de trastornos mentales tales como la ansiedad, que afecta al 4% de los brasile\u00f1os, y su versi\u00f3n m\u00e1s extrema y menos com\u00fan, el p\u00e1nico, que es la causa en un 1,6% de la poblaci\u00f3n de crisis repentinas de falta de aire y taquicardia en las cuales la mente es tomada por la certeza de que uno va a morirse. Existe un buen motivo para revisar el conocimiento actual sobre estos problemas. Sucede que mucho de lo que se sabe sobre acerca de c\u00f3mo estos trastornos se instalan y evolucionan se basa en experimentos con animales (en especial roedores), simulando situaciones amenazantes distintas que las que se producen en la naturaleza.<\/p>\n<p>En los laboratorios de investigaci\u00f3n se intentan reproducir las situaciones de riesgo de muerte mediante la aplicaci\u00f3n, en determinadas condiciones, de ligeras descargas el\u00e9ctricas en la pata de un rat\u00f3n. Sin embargo, este tipo de amenaza parece no tener el mismo significado evolutivo que la que imponen los predadores. En el transcurso de miles o hasta de millones de a\u00f1os, los animales no contaron en las selvas, sabanas y desiertos con descargas el\u00e9ctricas como \u00e9sas, que asustan y molestan, pero no causan lesiones. En general, se las vieron en esos ambientes con una realidad muy diferente: mientras buscaban comida, deb\u00edan huir de animales m\u00e1s grande o m\u00e1s fuertes, dispuestos a transformarlos en plato. Es m\u00e1s o menos lo que sucede con el rat\u00f3n, que al salir de su cueva, se encuentra de golpe y sopet\u00f3n con un gato, o lo que suced\u00eda con los antepasados del Homo sapiens que dejaban la caverna en busca de alimento. El modelo experimental que echa mano de la descarga para simular los efectos del miedo es muy artificial, afirma Canteras. La descarga genera aversi\u00f3n, pero no despierta miedo como las situaciones que ponen en riesgo la supervivencia.<\/p>\n<p>A fin de entender c\u00f3mo transcurre en el cerebro la respuesta al miedo, Canteras decidi\u00f3 hace alrededor de 15 a\u00f1os usar una representaci\u00f3n m\u00e1s fiel a lo que debe ocurrir en la naturaleza. Con la pareja integrada por Robert y Caroline Blanchard, de la Universidad de Hawai, Estados Unidos, desarroll\u00f3 el modelo experimental en el que el rat\u00f3n permanece durante algunos minutos delante de un gato. Aun protegido en el interior de una caja de acr\u00edlico transparente, lejos de las garras del felino, el roedor casi siempre inicia el intento desesperado de hu\u00edda como si nada lo separase de su predador.<\/p>\n<p>Desde los primeros experimentos, Canteras observ\u00f3 que la mera exposici\u00f3n al gato aumentaba el nivel de actividad de algunas \u00e1reas del hipot\u00e1lamo del rat\u00f3n. M\u00e1s espec\u00edficamente, de un grupo de c\u00e9lulas llamado n\u00facleo premamilar dorsal. Si bien contiene un conjunto peque\u00f1o de c\u00e9lulas son algunos miles de neuronas entre los miles de millones que existen en el cerebro, el n\u00facleo premamilar dorsal mostr\u00f3 que es esencial para las reacciones de defensa. Sin esas neuronas, en lugar de permanecer inm\u00f3viles o intentar huir a los saltos, los ratos sal\u00edan de la caja acr\u00edlica para explorar el ambiente delante del gato, como si el predador no estuviese all\u00ed. Se acercaban a menudo al gato como si no le temiesen m\u00e1s, seg\u00fan demostr\u00f3 Canteras en 1997 en un trabajo publicado en el Brain Research Bulletin, en colaboraci\u00f3n con Silvana Chiavegatto y Luiz Ribeiro do Valle, ambos del ICB, y Larry Swanson, de la Universidad del Sur de California, Estados Unidos.<\/p>\n<p>Desde los a\u00f1os 1920 se sab\u00eda que el hipot\u00e1lamo estaba de alg\u00fan modo involucrado en el comportamiento de defensa. Pruebas realizadas en la \u00e9poca por el fisi\u00f3logo estadounidense Archibald Bard con gatos con lesiones cerebrales detectaron una regi\u00f3n posterior del hipot\u00e1lamo importante para la manifestaci\u00f3n de la llamada ira ficticia: una hiperreacci\u00f3n de defensa asociada al corte de conexiones de \u00e1reas profundas del cerebro con la m\u00e1s superficial, la corteza. Durante las d\u00e9cadas siguientes se mapearon otros centros del hipot\u00e1lamo, pero nada se sab\u00eda sobre la funci\u00f3n del n\u00facleo premamilar dorsal hasta los a\u00f1os 1990. Durante el per\u00edodo que pas\u00f3 en el laboratorio de Swanson, entre 1990 y 1992, Canteras diseccion\u00f3 las conexiones de los n\u00facleos de la regi\u00f3n m\u00e1s central (la zona medial) del hipot\u00e1lamo entre ellos, el premamilar dorsal, vinculados a la expresi\u00f3n de comportamientos innatos o aprendidos. De regreso a S\u00e3o Paulo, comenz\u00f3 a hacer pruebas destinadas a entender de qu\u00e9 manera actuaban esas \u00e1reas del hipot\u00e1lamo.<\/p>\n<p>En el laboratorio de Canteras, el psic\u00f3logo Alessandro Cezario y la bi\u00f3loga Erika Ribeiro Barbosa, en asociaci\u00f3n con Marcus Vin\u00edcius Baldo, del Laboratorio de Fisiolog\u00eda Sensorial, del ICB, realizaron una secuencia m\u00e1s elaborada de pruebas. Pon\u00edan al rat\u00f3n en una caja de acr\u00edlico y la comida en otra, conectada a la primera por un t\u00fanel. En una primera etapa, el rat\u00f3n deb\u00eda atravesar el t\u00fanel para llegar a la comida. Pero al llegar al sitio en que estaba la raci\u00f3n, se encontraba con un gato. Como resultado de ello, quedaba paralizado. Era la reacci\u00f3n de defensa esperada al miedo innato o incondicionado que exhibe naturalmente el roedor ante su predador, algo parecido a lo que debe sucederle a alguien al doblar en una esquina y encontrarse de repente con un perro con cara de pocos amigos.<\/p>\n<p>En la segunda fase de pruebas, el roedor deb\u00eda de recorrer el mismo trayecto para alimentarse, pero el gato no estaba m\u00e1s en el compartimento de la comida. Aun as\u00ed, al entrar en el ambiente en que hab\u00eda visto al felino, el rat\u00f3n congelaba sus movimientos por un tiempo, antes de empezar a explorar el local con cautela, como quien, por haber sido mordido por un perro delante de una casa, evitar posteriormente aquella vereda durante alg\u00fan tiempo.<\/p>\n<p>El objetivo del experimento era ver qu\u00e9 pasaba con el hipot\u00e1lamo en situaciones que provocan miedo condicionado, cuando se produce la anticipaci\u00f3n del peligro. Tambi\u00e9n en ese caso el n\u00facleo premamilar dorsal fue la regi\u00f3n m\u00e1s activa. No obstante, si ese grupo de c\u00e9lulas era destruido antes de la primera fase del experimento (cuando el rat\u00f3n encuentra al gato), el roedor perd\u00eda el miedo de explorar el lugar al d\u00eda siguiente, cuando el felino no estaba m\u00e1s all\u00e1, seg\u00fan demostraron los investigadores en un art\u00edculo de 2008 publicado en el European Journal of Neuroscience. \u00c9sa era una se\u00f1al de que el roedor hab\u00eda perdido la capacidad de recordar el encuentro aterrador y de asociarlo con el ambiente en que hab\u00eda ocurrido. En un trabajo publicado online en enero de este a\u00f1o en Neurobiology of Learning and Memory, el equipo de Canteras demostr\u00f3 que la informaci\u00f3n va del n\u00facleo premamilar dorsal a un centro que almacena las memorias asociadas con las emociones, como el miedo.<\/p>\n<p>Inyectando directamente en el n\u00facleo premamilar dorsal compuestos que bloquean el funcionamiento de las neuronas, el grupo del ICB verific\u00f3 que tanto en el primero como en el segundo caso, la interrupci\u00f3n de la actividad de esa regi\u00f3n reduce y mucho la activaci\u00f3n de un \u00e1rea vecina: la sustancia gris periacueductal. Ubicada en el mesenc\u00e9falo (una estructura situada entre el cerebro y la m\u00e9dula espinal), la sustancia gris periacueductal controla las alteraciones cardiovasculares y de comportamiento que el animal exhibe ante el predador. Tambi\u00e9n lleva a la liberaci\u00f3n de sustancias analg\u00e9sicas y otras que elevan el nivel de ansiedad. Un experimento descrito en 2007 en Science mape\u00f3 la actividad de la sustancia gris periacueductal de personas que participaban en un juego virtual en el cual eran perseguidas por un predador y demostr\u00f3 que el funcionamiento de esa regi\u00f3n cerebral se intensifica a medida que la amenaza se acerca y aumenta la desesperaci\u00f3n. Corroborando esas observaciones, trabajos recientes de Cristina Del-Ben y Frederico Graeff, de la USP de Ribeir\u00e3o Preto, sugieren que alteraciones en esa regi\u00f3n del mesenc\u00e9falo pueden constituir la base neurobiol\u00f3gica del trastorno de p\u00e1nico.<\/p>\n<p>Queda claro ahora que el buen funcionamiento del n\u00facleo premamilar dorsal es fundamental para generar las reacciones de defensa ante el peligro (real o potencial). Sin \u00e9l se pierde la capacidad de tener miedo, tan instintiva y esencial para la supervivencia de cualquier individuo y su especie como la necesidad de comer y procrear. Ese n\u00facleo funciona como un amplificador de las se\u00f1ales relacionadas con la presencia del predador, explica Canteras, quien junto con Antonio Carobrez, de la Universidad Federal de Santa Catarina, verific\u00f3 que la noradrenalina es un importante comunicador qu\u00edmico liberado en esa regi\u00f3n en situaciones de miedo.<\/p>\n<p>Antes de esos trabajos, experimentos realizados por el psic\u00f3logo Joseph LeDoux, de la Universidad de Nueva York, atribu\u00edan la coordinaci\u00f3n de las respuestas al miedo a la am\u00edgdala, una estructura ubicada en el l\u00f3bulo temporal parecida a una almendra, que surgi\u00f3 en los primeros mam\u00edferos. Se sabe que las am\u00edgdalas hay una en cada hemisferio cerebral reciben las informaciones visuales, auditivas y olfativas de la situaci\u00f3n amenazadora y se cre\u00eda que las mismas activaban directamente las neuronas de la sustancia gris periacueductal, responsable de las alteraciones que preparan el cuerpo para la lucha o para la hu\u00edda.<\/p>\n<p>Sin embargo, el trabajo de Canteras indica que no es exactamente as\u00ed. Los est\u00edmulos que despierta la presencia del predador y los asociados al ambiente en que \u00e9ste se encontraba son al principio compilados por la am\u00edgdala. Pero luego\u00a0 convergen hacia el hipot\u00e1lamo, donde son procesados en el n\u00facleo premamilar dorsal, que los env\u00eda hacia la sustancia gris periacueductal.<\/p>\n<p>Sumadas, esas observaciones indican que a lo mejor es preciso rever y refinar los modelos experimentales empleados desde hace d\u00e9cadas para comprender de qu\u00e9 modo reacciona el cerebro ante el miedo. Estos modelos se basan en las ideas planteadas en los a\u00f1os 1970 por el psic\u00f3logo estadounidense Robert Bolles, para quien el medo causado por amenazas reales (predador) y provocado por situaciones artificiales (descargas) activar\u00eda las mismas regiones del cerebro siempre que generasen el mismo tipo de respuesta.<\/p>\n<p>Recientemente, Canteras obtuvo un indicio m\u00e1s de que el trayecto que el miedo recorre en cerebro puede variar seg\u00fan el tipo de amenaza. Simone Motta, del ICB, Swanson y \u00e9l planearon un experimento en el cual la agresi\u00f3n part\u00eda no de un predador, sino de otro rat\u00f3n. Pon\u00edan a un roedor durante algunos minutos en la jaula de un macho m\u00e1s fuerte, que viv\u00eda con una hembra. De entrada el valent\u00f3n atacaba al intruso, quien como respuesta quedaba paralizado en se\u00f1al de sumisi\u00f3n. Esta situaci\u00f3n de peligro tambi\u00e9n involucra la activaci\u00f3n del hipot\u00e1lamo y de la sustancia gris periacueductal, pero de regiones distintas que las que se activan ante el predador, seg\u00fan afirmaron los investigadores en un art\u00edculo de 2009 publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences. En este caso, comenta Canteras, aumenta la actividad del circuito del hipot\u00e1lamo relacionado con las interacciones sociales.<\/p>\n<p><strong>El proyecto<\/strong><br \/>\nBases neurales del comportamiento motivado (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/1192\/bases-neurais-dos-comportamentos-motivados\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 05\/59286-4<\/a>); <strong>Modalidad<\/strong> Proyecto tem\u00e1tico; <strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Newton Sabino Canteras \u2013 ICB\/USP; <strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 1.173.284,17<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<strong><br \/>\n<\/strong><\/em>MOTTA, S.C. et al. <a href=\"http:\/\/www.pnas.org\/content\/106\/12\/4870.full\" target=\"_blank\">Dijocting the brains fear system reveals the hypothalamus is criti\u00adcal for responding in subordinate conspecific intruders<\/a>. <strong>PNAS<\/strong>. v. 106, n. 12, p. 4.870-875. 24 mar. 2009.<br \/>\nCEZARIO, A.T. et al. <a href=\"http:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1111\/j.1460-9568.2008.06392.x\/abstract;jsessionid=2CEAC90E86CEA911F8391F1BEEA97C98.d01t01\" target=\"_blank\">Hypothalamic sites responding to predator threats the role of the dorsal premammillary nucleus in unconditioned and conditioned antipredatory defensive behavior<\/a>. <strong>European Journal of Neuroscience<\/strong>. v. 28, n. 5, p.1.003-15. 2008.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Temores distintos activan diferentes regiones del cerebro","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[305,319],"coauthors":[105],"class_list":["post-89908","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-fisiologia-es","tag-neurociencia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89908","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89908"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89908\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89908"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89908"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89908"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89908"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}