{"id":89912,"date":"2010-05-01T00:00:00","date_gmt":"2010-05-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/05\/01\/un-paraiso-contaminado\/"},"modified":"2017-02-02T17:45:02","modified_gmt":"2017-02-02T19:45:02","slug":"un-paraiso-contaminado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/un-paraiso-contaminado\/","title":{"rendered":"Un para\u00edso contaminado"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-103222\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/05\/art4137img11-265x300.jpg\" alt=\"\" width=\"265\" height=\"300\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MAR\u00cdLIA CUNHA LIGNON<\/span>La ciudad de Iguape, ubicada en el extremo sur de la costa paulista, es testigo de que no siempre es posible controlar el impacto que generan las peque\u00f1as intervenciones en el ambiente. Enclavada en medio del m\u00e1s extenso tramo continuo y bien preservado de Bosque Atl\u00e1ntico del estado, Iguape vi\u00f3 surgir a partir de\u00a0 1827 un canal de tan s\u00f3lo cuatro kil\u00f3metros de extensi\u00f3n construido para acortar el camino que el arroz cultivado a orillas del r\u00edo Ribeira de Iguape deb\u00eda recorrer hasta el puerto de la ciudad, desde donde sal\u00eda hacia otras regiones del pa\u00eds. Durante estos casi 200 a\u00f1os, la ciudad vio tambi\u00e9n los dr\u00e1sticos cambios ambientales que gener\u00f3 en la regi\u00f3n este atajo entre el r\u00edo y el brazo de mar que separa Iguape de Ilha Comprida, y que ahora han sido revelados en detalle por investigadores del Instituto Oceanogr\u00e1fico de la Universidad de S\u00e3o Paulo (IO-USP).<\/p>\n<p>En su inauguraci\u00f3n en 1855, el canal de Valo do Rocio ten\u00eda tan s\u00f3lo cuatro metros de ancho y dos de profundidad. Sin embargo, en poco tiempo, las aguas desviadas del Ribeira de Iguape y la circulaci\u00f3n de canoas y barcos profundizaron su lecho y erosionaron sus orillas. El canal, actualmente conocido como Valo Grande, tiene hasta siete metros de profundidad y casi 300 de ancho en algunos puntos. Y arroja en el llamado Mar Pequeno, el brazo de mar existente entre Iguape e Ilha Comprida, casi el 70% de las aguas del Ribeira de Iguape, que antes solamente llegaban al Atl\u00e1ntico 40 kil\u00f3metros al norte, en donde el r\u00edo desemboca en el oc\u00e9ano. Toda esta agua dulce alter\u00f3 las caracter\u00edsticas f\u00edsicas, qu\u00edmicas y biol\u00f3gicas de Mar Pequeno, parte del conjunto de albuferas, estuarios, bah\u00edas, islas y canales naturales que forman el complejo estuarino-lagunar Iguape-Cananeia-Paranagu\u00e1, uno de los m\u00e1s importantes viveros de peces y crust\u00e1ceos del Atl\u00e1ntico Sur.<\/p>\n<p>Cuando se abri\u00f3 el canal, no exist\u00eda la legislaci\u00f3n ambiental y el nivel de concientizaci\u00f3n era muy distinto, comenta el ge\u00f3logo Michel Michaelovitch de Mahiques, director del IO-USP y coordinador de los estudios realizados en Iguape. No se puede negar que Valo Grande es el origen de muchos de los cambios ambientales detectados en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Hace alrededor de tres a\u00f1os, el equipo de Mahiques reuni\u00f3 muestras de sedimentos en 14 puntos de Mar Pequeno. Con un aparato de sondeo, los investigadores extrajeron columnas de barro de hasta dos metros de profundidad. Este material depositado en el fondo de r\u00edos y mares guarda indicadores org\u00e1nicos e inorg\u00e1nicos que permiten estimar las condiciones ambientales del pasado. Cuanto m\u00e1s profunda la capa, m\u00e1s antigua la informaci\u00f3n almacenada.<\/p>\n<p>Al analizar los sedimentos, observaron que el tenor de sales diluidas en el agua de Mar Pequeno decay\u00f3 mucho despu\u00e9s de la apertura de Valo Grande, y en muchos puntos, la salinidad actual es cero. En la ciudad de Cananeia, a 60 kil\u00f3metros al sur del canal, en per\u00edodos muy lluviosos, el agua es pr\u00e1cticamente dulce. Desde entonces, tambi\u00e9n se ha alterado el tipo de sedimentos que llegan a Mar Pequeno. Las aguas del Ribeira de Iguape cargan granos m\u00e1s finos y m\u00e1s materia org\u00e1nica, seg\u00fan informan los investigadores en un art\u00edculo publicado a finales de 2009 en el Brazilian Journal of Oceanography.<\/p>\n<p>Estas alteraciones tuvieron efectos en la fauna de los bentos, organismos que viven en el fondo de r\u00edos y mares. Por ejemplo, la diversidad de foramin\u00edferos calc\u00e1reos, seres unicelulares sensibles a las alteraciones en la salinidad, disminuy\u00f3 bastante, y en algunos per\u00edodos \u00e9stos desaparecieron. La variedad de especies aument\u00f3 recientemente, pero con una composici\u00f3n distinta: actualmente prevalecen las adaptadas al agua dulce.<\/p>\n<p>Lo que sucede en el fondo de Mar Pequeno parece tener influjo tambi\u00e9n en la vida en sus orillas. Durante la \u00faltima d\u00e9cada, la bi\u00f3loga Mar\u00edlia Cunha Lignon, que integraba otro equipo del Instituto Oceanogr\u00e1fico y actualmente trabaja en el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, monitorea las transformaciones en la vegetaci\u00f3n y en el paisaje de la regi\u00f3n. Cunha Lignon not\u00f3 que 70 kil\u00f3metros al sur de Valo Grande, los \u00e1rboles t\u00edpicos de los manglares, como el mangle blanco (Laguncularia racemosa), el mangue rojo (Rhizophora mangle) y el mangle prieto (Avicennia schaueriana), forman bosques bien conservados. En tanto, en las cercan\u00edas de Valo Grande, en donde la salinidad del agua es m\u00e1s baja, la vegetaci\u00f3n de agua dulce prolifera y puede impedir la fijaci\u00f3n de plantas de mangle. El crecimiento de los bosques de mangle parece ser diferente en ambas regiones, dice Mar\u00edlia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de alteraciones en la salinidad del agua y en la composici\u00f3n org\u00e1nica de los sedimentos de Mar Pequeno, Mahiques y su equipo verificaron tambi\u00e9n una alteraci\u00f3n qu\u00edmica que preocupa: niveles elevados de metales pesados, en especial plomo. Sucede que este elemento qu\u00edmico t\u00f3xico, contaminante y de dif\u00edcil degradaci\u00f3n puede entrar en la cadena alimentaria marina, acumularse en el organismo de especies de alto valor comercial, tales como robalos, pescadas [Cynoscion], anchoas \u00f1atas, camarones, ostras y mejillones, y llegar a las personas, ocasionando da\u00f1os en el sistema nervioso central.<\/p>\n<p>El sedimento extra\u00eddo de las inmediaciones de Valo Grande conten\u00eda un tenor de plomo hasta 20 veces superior al de antes de la apertura del canal. A 20 kil\u00f3metros del canal, el nivel de plomo en el sedimento disminuye, pero aun as\u00ed es cinco veces m\u00e1s elevado que antes. La concentraci\u00f3n de plomo tambi\u00e9n vari\u00f3 en el tiempo. Los niveles de ese metal son m\u00e1s altos en el per\u00edodo correspondiente a la segunda mitad del siglo XX, durante la actividad de la empresa de miner\u00eda Plumbum, que funcion\u00f3 de 1945 a 1995 en Adrian\u00f3polis, Paran\u00e1. Residuos de ese metal llegaban al r\u00edo Ribeira de Iguape y eran transportados hasta la albufera, adonde entraban por Valo Grande, afirma Mahiques. Con la extinci\u00f3n de Plumbum, el tenor de plomo en los sedimentos decay\u00f3, pero a\u00fan no ha retornado a los niveles previos a la actividad industrial: actualmente es en promedio cinco veces superior a lo esperado para la zona.<\/p>\n<p>Es sabido que mucha gente que viv\u00eda en las cercan\u00edas de Plumbum tiene altas concentraciones de plomo en organismo. En 2003, un equipo coordinada por Bernardino Figueiredo y Eduardo de Capitani, de la Universidad Estadual de Campinas, extrajo muestras de sangre de 335 ni\u00f1os de edades entre 7 y 14 a\u00f1os que viv\u00edan en dos barrios de la periferia de Adrian\u00f3polis: en alrededor del 60% de los casos, los niveles de plomos eran superiores a los considerados seguros para la salud. As\u00ed y todo, Mahiques pretende verificar si las plantas y los animales de la regi\u00f3n de Iguape y Cananeia no han absorbido parte del plomo que a\u00fan se encuentra en el sedimento de Mar Pequeno, lo que aumentar\u00eda el riesgo de contaminaci\u00f3n humana. Es probable, dice Mahiques, que estemos no solamente ante un problema ambiental y geol\u00f3gico, sino tambi\u00e9n ante un problema de salud p\u00fablica.<\/p>\n<p><strong>El proyecto<br \/>\n<\/strong>Registro geol\u00f3gico de la actividad antr\u00f3pica en el sistema estuarino-lagunar de\u00a0 Cananeia-Iguape (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/23076\/o-registro-geologico-da-atividade-antropica-no-sistema-estuarino-lagunar-de-cananeia-iguape\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2006\/04344-2<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Auxilio Regular a Proyecto de Investigaci\u00f3n;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Michel Michaelovitch de Mahiques IO-USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 129.948,01<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<strong><br \/>\n<\/strong><\/em>MAHIQUES, M. M. <em>et al.<\/em> <a href=\"http:\/\/www.scielo.br\/scielo.php?pid=S1679-87592009000400007&amp;script=sci_arttext\" target=\"_blank\">Anthropogenic influences in a lagoonal environment: a multiproxy approach at the Valo Grande mouth, Cananeia-Iguape system (SE Brazil).<\/a> <strong>Brazilian Journal of Oceanography<\/strong>. v. 57, p. 325-37. oct.\/dic. 2009.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Un canal facilit\u00f3 la dispersi\u00f3n de metales pesados en S\u00e3o Paulo","protected":false},"author":18,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[269,321],"coauthors":[109],"class_list":["post-89912","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-ambiente-es","tag-oceanografia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89912","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/18"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89912"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89912\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89912"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89912"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89912"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89912"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}