{"id":89967,"date":"2010-07-01T10:00:00","date_gmt":"2010-07-01T13:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/07\/01\/con-la-insulina-y-la-glucosa-bien-reguladas\/"},"modified":"2017-02-06T13:38:44","modified_gmt":"2017-02-06T15:38:44","slug":"con-la-insulina-y-la-glucosa-bien-reguladas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/con-la-insulina-y-la-glucosa-bien-reguladas\/","title":{"rendered":"Con la insulina y la glucosa bien reguladas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2010\/07\/01\/con-la-insulina-y-la-glucosa-bien-reguladas\/art4180img3-3\/\" rel=\"attachment wp-att-90928\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-90928\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img31.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"212\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img31.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img31-120x88.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img31-250x183.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">LAURA DAVI\u00d1A<\/span><\/a>Todo el mundo sabe que hacer ejercicios f\u00edsicos con regularidad y evitar el consumo excesivo de carnes rojas grasosas ayuda a prevenir la obesidad y la diabetes, pero las explicaciones acerca de por qu\u00e9 estas recomendaciones funcionan segu\u00edan siendo hasta ahora superficiales. Pero finalmente comienza a entenderse por qu\u00e9: la actividad f\u00edsica promueve una protecci\u00f3n de la regi\u00f3n del cerebro que regula el apetito, precisamente aqu\u00e9lla que es atacada por las grasas saturadas, como las que se encuentran en una tapa de cuadril. De acuerdo con estudios recientes, algunos de ellos realizados en Brasil, el efecto ben\u00e9fico de los ejercicios es similar al que genera el consumo de otro tipo de grasas, las insaturadas de la familia omega 3, encontradas en los aceites de pescado de clima fr\u00edo. Emergen de all\u00ed nuevas posibilidades de detener la obesidad y la diabetes, en especial el tipo 2, cuando el organismo produce insulina, pero no la utiliza adecuadamente.<\/p>\n<p>Una parte de ese nuevo conocimiento proviene de un equipo de la Facultad de Medicina de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) coordinado por el m\u00e9dico endocrin\u00f3logo Mario Saad. Desde hace a\u00f1os, Saad y su equipo estudian las causas de los desequilibrios org\u00e1nicos que llevan a la obesidad y a la diabetes. El a\u00f1o pasado, L\u00edcio Velloso identific\u00f3 una causa espec\u00edfica de esas\u00a0 enfermedades: sucede que el consumo excesivo de grasas saturadas de cadena larga puede generar una inflamaci\u00f3n en las neuronas de una regi\u00f3n ubicada en la base del cerebro: el hipot\u00e1lamo, que controlan el hambre (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2009\/02\/01\/las-grasas-atraen-grasas\/?\" target=\"_blank\">lea en <em>Pesquisa FAPESP<\/em> n\u00ba 156<\/a>, de febrero de 2009). Dicha inflamaci\u00f3n impide el correcto funcionamiento de la hormona insulina, que facilita la captaci\u00f3n de glucosa en las c\u00e9lulas. Las neuronas del hipot\u00e1lamo pierden la capacidad de conectarse con insulina &#8211; en fen\u00f3meno conocido como resistencia a la insulina, com\u00fan en personas obesas o diab\u00e9ticas &#8211; y el hambre predomina sobre la saciedad. Ahora, Eduardo Ropelle ha arribado a la conclusi\u00f3n de que la pr\u00e1ctica de ejercicios f\u00edsicos, adem\u00e1s de quemar calor\u00edas, tal como ya se sab\u00eda, ayuda a disminuir la inflamaci\u00f3n de las neuronas del hipot\u00e1lamo y a restablecer la saciedad.<\/p>\n<p>Ropelle transform\u00f3 ratones comunes normales en obesos, aliment\u00e1ndolos con una dieta rica en grasas saturadas. Posteriormente puso a una parte de los animales a nadar y correr en la cinta, mientras que otros segu\u00edan reposando. Los ratones que se ejercitaban produc\u00edan intensamente prote\u00ednas antiinflamatorias conocidas como interleuquinas (en este caso, de dos tipos: la IL-6 y la IL-10), como se detalla en un art\u00edculo publicado este mes en la revista <em>PLos Biology<\/em>. Estas interleuquinas redujeron la inflamaci\u00f3n en las neuronas del hipot\u00e1lamo y la insulina volvi\u00f3 a funcionar normalmente. Los animales de este grupo empezaron a comer menos y perdieran peso.<\/p>\n<p>&#8220;La actividad f\u00edsica restableci\u00f3 el equilibrio molecular y celular en el hipot\u00e1lamo&#8221;, concluy\u00f3 Ropelle. Para verificar si ambas prote\u00ednas ten\u00edan realmente ese efecto, aplic\u00f3 IL-6 y IL-10 en el cerebro de los animales obesos que no hicieron ejercicios, y \u00e9stos tambi\u00e9n adelgazaron. Los ratones gen\u00e9ticamente modificados, incapaces de producir esos dos tipos de interleuquinas, siguieron engordando, aun cuando nadasen y corriesen. Este trabajo apunta la posibilidad de controlar la obesidad y la diabetes al intervenir en los procesos inflamatorios del sistema nervioso central, no necesariamente por medio de interleuquinas, que pueden reducir las defensas del organismo contra los microorganismos causantes de enfermedades.<\/p>\n<p>En busca de los or\u00edgenes m\u00e1s profundos de la resistencia a la insulina, Velloso y Saad llegaron a la conclusi\u00f3n de que las grasas saturadas se conectan con las prote\u00ednas de la membrana celular conocidas como TLR-4. Los receptores activan enzimas que bloquean la acci\u00f3n de la insulina, impidiendo el aprovechamiento de la glucosa <em>(<\/em><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2007\/10\/01\/una-dieta-de-alto-riesgo\/?\" target=\"_blank\">lea en <em>Pesquisa FAPESP<\/em> n\u00ba 140<\/a>, de octubre de 2007). &#8220;Cuando se activa&#8221;, dice Velloso, &#8220;el receptor celular TLR-4 acciona a su vez el proceso inflamatorio y el estr\u00e9s celular, que pueden causar la muerte de las neuronas. La consecuencia de ello puede ser un desequilibrio en la cantidad de neuronas: pueden morir m\u00e1s neuronas que activan la ganas de comer que neuronas de las que sacian el hambre&#8221;. Por suerte, a\u00f1ade, los \u00e1cidos graso insaturados omega 3 pueden tener el efecto opuesto que los saturados, y bloquean en lugar de estimular la inflamaci\u00f3n. Esta clasificaci\u00f3n de los \u00e1cidos es una consecuencia del n\u00famero de enlaces qu\u00edmicos dobles entre sus \u00e1tomos de carbono: los \u00e1cidos saturados no tienen enlaces dobles, mientras que los insaturados tienen al menos uno. El tipo de uni\u00f3n qu\u00edmica determina las estructuras espaciales (los saturados son alargados y los insaturados curvos) y sus propiedades, tales como la capacidad de interactuar con diferentes mol\u00e9culas del organismo.<\/p>\n<p>Velloso cree que la propiedad antiinflamatoria de los \u00e1cidos grasos insaturados omega 3 podr\u00eda ser mejor aprovechada, por ejemplo, para motivar cambios en la composici\u00f3n de los alimentos, con el refuerzo de grasas ben\u00e9ficas, que en los \u00faltimos a\u00f1os han ayudado a reducir el riesgo de infarto y otros problemas card\u00edacos, y esto podr\u00eda beneficiar tambi\u00e9n a quienes no lidian adecuadamente con la glucosa. En Brasil, 6 millones de personas saben que son diab\u00e9ticas y otros 6 millones pueden no saberlo a\u00fan, por no haber sido diagnosticadas. En tanto, el sobrepeso y la obesidad, de acuerdo con los datos m\u00e1s recientes del Ministerio de Salud dados a conocer en junio, afectan a casi la mitad de la poblaci\u00f3n, habiendo avanzado del 43% al 47% de 2006 a 2009.<\/p>\n<p>&#8220;Un \u00e1cido graso saturado, el palm\u00edtico, activa al receptor celular TLR-4 y dispara los procesos inflamatorios que llevan a la resistencia a la insulina, mientras que otro, un insaturado, el palmitoleico, tienen el efecto inverso y disminuye la resistencia a la insulina&#8221;, sostiene Rui Curi, coordinador de un grupo de investigaci\u00f3n del \u00e1rea, con sede en el Instituto de Ciencias Biom\u00e9dicas (ICB) de la Universidad de S\u00e3o Paulo (SP). Jarlei Fiamoncini, integrante de su equipo, llev\u00f3 adelante un experimento que demostr\u00f3 claramente ese contraste. Ratones comunes que recibieron una dieta rica en \u00e1cidos grasos insaturados de la familia omega 3, el eicosapentaenoico (EPA) y el docosahexaenoico (DHA), encontrados en pescados de clima fr\u00edo como el salm\u00f3n y el bacalao, exhibieron una mayor sensibilidad a la insulina, normalizando la concentraci\u00f3n de glucosa en la sangre. El exceso de glucosa en la sangre puede tener efectos en nervios y vasos sangu\u00edneos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-93473\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img21.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"222\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img21.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img21-120x92.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img21-250x191.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">LAURA DAVI\u00d1A<\/span>En ese experimento, adem\u00e1s de normalizar los niveles de glucosa, la dieta a base de aceite de pescado disminuy\u00f3 la producci\u00f3n de enzimas que forman grasa a partir de carbohidratos (az\u00facares). Como consecuencia de ello, los animales de ese grupo engordaron menos que los del otro, alimentados con grasa de cerdo, rica en \u00e1cidos grasos saturados. &#8220;La grasa saturada, como la grasa de cerdo, obstaculiza la captaci\u00f3n de glucosa y puede inducir una resistencia a la insulina&#8221;, dice. Los animales del segundo grupo tuvieron m\u00e1s hambre, comieron m\u00e1s y engordaron mucho.\u00a0\u00a0 Las grasas saturadas o insaturadas pueden tener efectos opuestos tambi\u00e9n sobre las c\u00e9lulas musculares. El exceso de dos tipos de \u00e1cido graso saturado, el palm\u00edtico y el este\u00e1rico, perjudicaron el funcionamiento de c\u00e9lulas musculares cultivadas en laboratorio y dificultaron la acci\u00f3n de la insulina, en tanto que los \u00e1cidos oleico, linoleico, EPA y DHA, todos insaturados, no alteraron el funcionamiento de las c\u00e9lulas y dejaron que la insulina actuase normalmente, de acuerdo con los estudios de Sandro Massao Hirabara, docente de la Universidad Cruzeiro do Sul (Unicsul). &#8220;Los \u00e1cidos grasos insaturados omega 3 previenen la resistencia a la insulina inducida por los saturados&#8221;, comenta, con base en estudios en marcha.<\/p>\n<p>&#8220;No en vano, los japoneses y los esquimales, que consumen mucho pescado rico en \u00e1cidos grasos insaturados omega 3 en comparaci\u00f3n con otras poblaciones, exhiben menos problemas card\u00edacos, de diabetes y obesidad&#8221;, dice Curi. Por ende, puede ser bueno reemplazar alimentos ricos en \u00e1cidos grasos saturados (aceite de soja, manteca, grasa animal) por insaturados (aceite de oliva, de linaza o de girasol). Quienes han cumplido ese estadio pueden seguir adelante y cambiar alimentos ricos en \u00e1cidos grasos insaturados omega 6 por los ricos en omega 3. Aceites como el de ma\u00edz, el de girasol, el de azafr\u00e1n y el de soja contienen principalmente \u00e1cido linoleico, del cual derivan los otros componentes de la familia del omega 6, mientras que los de colza, linaza, nuez y plantas de hojas de color verde oscuro en general son ricos en alfa-linolenico, el principal componente de la familia omega 3. No todos los omegas, aunque sean insaturados, tienen el mismo efecto sobre el organismo. Como el dios romano Jano, los \u00e1cidos grasos, incluso los de un mismo tipo, tienen dos caras, de efectos opuestos. &#8220;Los \u00e1cidos grasos insaturados omega 3 reducen la inflamaci\u00f3n que puede llevar a la resistencia a la insulina, en tanto que los insaturados omega 6 pueden actuar en el sentido opuesto&#8221;, dice Curi, recurriendo al efecto Jano.<\/p>\n<p>Los \u00e1cidos grasos pueden ayudar sortear uno de los problemas que llegan con la diabetes: la dificultad de cicatrizaci\u00f3n, que hace que incluso peque\u00f1as heridas se vuelvan cr\u00f3nicas, sostuvo Elaine Hatanaka, de la Unicsul. Su equipo, con colegas de la USP, examin\u00f3 la acci\u00f3n de tres \u00e1cidos grasos &#8211; oleico, linoleico y linol\u00e9nico &#8211; sobre heridas inducidas en ratones. Los tres compuestos aceleraran la cicatrizaci\u00f3n. Como efecto inicial, estimularon la migraci\u00f3n de un tipo de c\u00e9lulas de la sangre, los neutr\u00f3filos, hacia la herida. A su vez, los neutr\u00f3filos produjeron m\u00e1s prote\u00ednas llamadas citocinas, que a su modo, al facilitar la comunicaci\u00f3n entre las c\u00e9lulas, contribuyeron a que la herida se cerrase, tal como se describi\u00f3 en un art\u00edculo publicado en la revista <em>Cell Biochemistry and Function<\/em>.<\/p>\n<p>El efecto de esos \u00e1cidos grasos &#8211; \u00bfotra se\u00f1al del efecto Jano? &#8211; no es uniforme. &#8220;Dependiendo del tipo de c\u00e9lula, la acci\u00f3n de los \u00e1cidos grasos puede ser distinta&#8221;, dice Elaine. Asimismo, en un segundo momento, a lo largo del proceso de cicatrizaci\u00f3n, los mismos \u00e1cidos grasos actuaron de modo inverso: hicieron que los niveles de c\u00e9lulas y prote\u00ednas comunicadoras, moment\u00e1neamente elevados, volviesen a lo normal. &#8220;Los \u00e1cidos grasos modularon la respuesta inflamatoria a lo largo del proceso de cicatrizaci\u00f3n, inicialmente ampliando la acci\u00f3n y la cantidad de neutr\u00f3filos y de citocinas [prote\u00ednas que facilitan la interacci\u00f3n celular] y despu\u00e9s llev\u00e1ndola a los niveles normales&#8221;, comenta Elaine. Los estudios en ese campo explican el efecto cicatrizante de aceites de plantas como la copa\u00edba, que tiene un alto tenor de \u00e1cidos oleico y linoleico, y el antiguo h\u00e1bito de la medicina tradicional china de tratar las heridas con extracto de gl\u00e1ndulas de grillos, ricas, como ahora se sabe, en \u00e1cido linoleico.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-93474\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img42.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"192\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img42.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img42-120x79.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/07\/art4180img42-250x166.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">LAURA DAVI\u00d1A<\/span>Un estudio realizado con ratones comunes en la Universidad Federal de Paran\u00e1 (UFPR), con sede en Curitiba, afianz\u00f3 la perspectiva de usar \u00e1cidos grasos &#8211; principalmente insaturados &#8211; como refuerzo contra el c\u00e1ncer. Luiz Claudio Fernandes y su equipo verificaron que un tipo de tumor bastante agresivo, llamado tumor de Walker, creci\u00f3 bastante menos en los animales que recibieron una dieta rica en \u00e1cidos grasos insaturados EPA y DHA que en animales que no ingirieron dosis extras de l\u00edpidos. Seg\u00fan Fernandes, en los animales del primer grupo, la producci\u00f3n de un compuesto derivado de los \u00e1cidos grasos, la prostaglandina 3, que traba la multiplicaci\u00f3n celular, se intensific\u00f3, y el tumor creci\u00f3 menos. En otro grupo, otro compuesto, la prostaglandina 2, que favorece la multiplicaci\u00f3n de c\u00e9lulas normales y tumorales, se intensific\u00f3. Fernandes not\u00f3 tambi\u00e9n una menor desnutrici\u00f3n en los ratones tratados con l\u00edpidos omega 3. La desnutrici\u00f3n es uno de los efectos del avance del c\u00e1ncer, caracterizado por la p\u00e9rdida del apetito y un abatimiento general, en raz\u00f3n del consumo intenso de glucosa que efect\u00faan los tumores.<\/p>\n<p>Fernandes cree que el organismo humano puede exhibir reacciones al menos similares. &#8220;Cuando ponemos c\u00e9lulas de tumor humano de colon, pulm\u00f3n y pr\u00f3stata en un medio de cultivo con omega 3, la tasa de proliferaci\u00f3n del tumor se reduce&#8221;, dice. &#8220;Los estudios en seres humanos a\u00fan son pocos, pero, por lo que hemos visto, los efectos colaterales indeseados de los \u00e1cidos grasos son m\u00ednimos y se limitan a la flatulencia o a des\u00f3rdenes intestinales&#8221;. En la UFPR, el grupo de Anete Curte Ferraz verific\u00f3 que el omega 3 contribuy\u00f3 a reducir la depresi\u00f3n en personas con Parkinson o depresi\u00f3n severa, de acuerdo con un estudio doble ciego con 31 participantes, publicado en 2008 en <em>Journal of Affective Disorders<\/em>. En otro estudio, investigadores de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp), de la USP de Ribeir\u00e3o Preto y de la Universidad de Mogi das Cruzes (UMC) arribaron a la conclusi\u00f3n de que el omega 3 puede proteger a las neuronas del sistema nervioso central y disminuir la frecuencia de las crisis de epilepsia (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2010\/03\/01\/con-los-temblores-bajo-control\/?\" target=\"_blank\">lea en <em>Pesquisa FAPESP<\/em> n\u00ba 169<\/a>). En Finlandia, un ensayo realizado con 33 mil mujeres sugiri\u00f3 otra posible aplicaci\u00f3n de los \u00e1cidos grasos insaturados omega 3 y 6, complementados con vitamina D: la disminuci\u00f3n de los brotes psic\u00f3ticos en esquizofr\u00e9nicos.<\/p>\n<p>Estos estudios refuerzan la versatilidad de los \u00e1cidos grasos. Pero hay que ir despacio: nada de correr a la farmacia a comprar \u00e1cidos grasos, pensando que esos compuestos puedan darnos una salud como la que ten\u00edamos en los tiempos de ni\u00f1os. Los beneficios dependen no solamente del tipo, sino tambi\u00e9n de la dosificaci\u00f3n. &#8220;Incluso los \u00e1cidos grasos insaturados como el EPA y el DHA, en dosis altas, como en las dietas parenterales [aplicadas en el torrente sangu\u00edneo de personas que no pueden alimentarse por v\u00eda oral], pueden ser t\u00f3xicos para las c\u00e9lulas de la sangre&#8221;, dice Maria Fernanda Cury Boaventura, de la Unicsul. En ensayos con voluntarios sanos y con personas hospitalizadas, Maria Fernanda y otros investigadores de la USP verificaron que el exceso de \u00e1cidos grasos en la sangre &#8211; tal como sucede en las personas sanas en los momentos de ayuno y con personas diab\u00e9ticas u obesas, y no solamente en quienes est\u00e1n hospitalizados y han recibido alimentaci\u00f3n parenteral &#8211; puede ocasionar una reducci\u00f3n, aunque modesta, del n\u00famero de linfocitos, un tipo de c\u00e9lula de defensa.<\/p>\n<p>Lo hecho hasta ahora puede servir de motivaci\u00f3n para que los profesionales de la salud se aboquen a la b\u00fasqueda de tratamientos m\u00e1s adecuados para las personas que est\u00e1n bajo sus cuidados. &#8220;Algunos hospitales est\u00e1n administrando dietas a base de aceite de pescado, pero no es lo ideal a\u00fan&#8221;, dice Maria Fernanda. &#8220;Debemos especificar las dosis y las composiciones de las dietas, de acuerdo con los pacientes. Las dieta parenteral a base de aceite de soja, que es la m\u00e1s adoptada mundialmente, puede contribuir a disminuir las defensas del organismo &#8211; en una palabra, puede ser imunosupresora -, lo que puede ser malo para la mayor\u00eda de las personas hospitalizadas, pero podr\u00eda ser indicada en pacientes transplantados, por ejemplo&#8221;. Curi a\u00f1ade: &#8220;No podemos decir a\u00fan cu\u00e1nto debe contener cada dieta de cada tipo de \u00e1cido graso, pero lo que s\u00ed sabemos es qu\u00e9 tipos no podr\u00edan faltar y aqu\u00e9llos que no podr\u00edan aparecer en exceso. Lo importante son las combinaciones&#8221;. Otra raz\u00f3n para valorar las combinaciones es la que apunta que la que indica que los compuestos puros siguen siendo muy caros.<\/p>\n<p><strong>Los proyectos<br \/>\n1.<\/strong> Estudio de los mecanismos de acci\u00f3n de los \u00e1cidos grasos en leucocitos (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/1587\/estudo-dos-mecanismos-de-acao-dos-acidos-graxos-em-leucocitos\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2004\/12137-1<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad<\/strong>\u00a0Proyecto Tem\u00e1tico;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Rui Curi &#8211; ICB\/USP;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n<\/strong>\u00a0R$ 996.865,44 (FAPESP)<br \/>\n<strong>2.<\/strong> Mecanismos proinflamatorios implicados en el control hipotal\u00e1mico del hambre y termog\u00e9nesis (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/1537\/mecanismos-pro-inflamatorios-envolvidos-no-controle-hipotalamico-da-fome-e-termogenese-implicacoes\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2004\/09789-7<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Proyecto Tem\u00e1tico;\u00a0<strong>Coordinador<\/strong>\u00a0L\u00edcio Velloso &#8211; Unicamp;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n<\/strong>\u00a0R$ 1.090.428,79 (FAPESP)<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nHIRABARA, S. <em>et al.<\/em> <a href=\"http:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/jcp.21936\/abstract;jsessionid=17FFE26B6D64C9133868B2C378A474F4.d02t04\" target=\"_blank\">Saturated fatty acid-induced insulin resistance is associated with mitochondrial dysfunction in skeletal muscle cells<\/a>. <strong>Journal of Cellular Physiology.<\/strong> v. 222, n. 1, p. 187-94. 2009.<br \/>\nPEREIRA, L. M. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/onlinelibrary.wiley.com\/doi\/10.1002\/cbf.1432\/abstract\" target=\"_blank\">Effect of oleic and linoleic acids on the inflammatory phase of wound healing in rats<\/a>. <strong>Cell Biochemistry and Function<\/strong>. (en prensa)<br \/>\nROPELLE, E. R. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/journals.plos.org\/plosbiology\/article?id=10.1371\/journal.pbio.1000465\" target=\"_blank\">IL-6 and IL-10 anti-inflammatory activity links exercise to hypothalamic insulin and leptin sensitivity through IKK and ER stress Inhibition<\/a>. <strong>PLoS Biology<\/strong>. (en prensa)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"\u00c1cidos grasos revierten la inflamaci\u00f3n que desencadena la obesidad","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[280,305,316],"coauthors":[5968],"class_list":["post-89967","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-bioquimica-es","tag-fisiologia-es","tag-medicina-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89967","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89967"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89967\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89967"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89967"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89967"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89967"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}