{"id":89989,"date":"2010-08-01T00:00:00","date_gmt":"2010-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/08\/01\/no-basta-con-tener-alas\/"},"modified":"2016-04-12T13:13:46","modified_gmt":"2016-04-12T16:13:46","slug":"no-basta-con-tener-alas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/no-basta-con-tener-alas\/","title":{"rendered":"No basta con tener alas"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\"alignright wp-image-100983\" title=\"art4202img1-300x183\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4202img1-300x1831.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4202img1-300x1831.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4202img1-300x1831-120x73.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4202img1-300x1831-250x153.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">FABIO COLOMBINI<\/span>Muchos f\u00f3siles hallados en China durante los \u00faltimos a\u00f1os est\u00e1n ayudando a entender mejor c\u00f3mo y cu\u00e1ndo surgieron y comenzaron a volar las aves. Uno de los m\u00e1s recientes, presentado en septiembre de 2009 en <em>Nature<\/em>, es el del <em>Anchiornis<\/em>, un animal con plumas y cuatro alas que vivi\u00f3 hace alrededor de 150 millones de a\u00f1os, 10 millones de a\u00f1os antes que el <em>Archaeopteryx<\/em>, hasta ahora visto como el ave m\u00e1s antigua. El <em>Anchiornis<\/em>, al menos hasta aparecer otro f\u00f3sil m\u00e1s antiguo, dio inicio a la formaci\u00f3n de un grupo de animales caracterizados fundamentalmente por su habilidad de volar, a veces miles de kil\u00f3metros, como las aves migratorias. \u201cEn la actualidad, el 90% de las especies de aves vuela\u201d, dice el bi\u00f3logo Jos\u00e9 Eduardo Bicudo, docente del Instituto de Biociencias de la Universidad de S\u00e3o Paulo y principal autor del libro <em>Ecological and environmental physiology of birds<\/em>, publicado en febrero por la Universidad de Oxford, Inglaterra. Sus estudios, sumados a los de otros expertos, indican que las aves lograron volar no solamente porque desarrollaron alas y plumas apropiadas para el vuelo, sino tambi\u00e9n porque adquirieron adaptaciones fisiol\u00f3gicas que les permiten volar durante semanas a alturas elevadas en donde hay poco ox\u00edgeno, mucho m\u00e1s arriba de lo que el ser humano logra llegar, a no ser en aviones.<\/p>\n<p>\u201cEl principio fisiol\u00f3gico es sencillo: cuanto menos carga se lleva durante el viaje, mejor\u201d, dice Bicudo. Antes de la partida, los m\u00fasculos que ayudan a volar adquieren volumen, pero despu\u00e9s se atrofian, a medida que el viaje transcurre. Otra peculiaridad es la eficiencia digestiva: \u201cLas aves migratorias pueden aumentar o reducir la producci\u00f3n de enzimas digestivas, dependiendo de si tienen mucho o poco alimento. Si no hay alimento, las c\u00e9lulas del sistema digestivo mueren y el tracto digestivo se encoge a la mitad del volumen inicial. Cuando acaba el ayuno, el est\u00f3mago, los intestinos y el h\u00edgado producen nuevas c\u00e9lulas y vuelven al volumen normal\u201d.<\/p>\n<p>Ver aves de rapi\u00f1a planeando sobre la cordillera del Himalaya, a 9 mil metros de altura, puede ser un hermoso espect\u00e1culo para nosotros, aunque para las aves probablemente sea una actividad molesta: a elevadas alturas, hace mucho fr\u00edo y la concentraci\u00f3n de ox\u00edgeno es baja. \u201cSuperan las dificultades a trav\u00e9s de la eficiencia respiratoria\u201d, comenta Bicudo. En un art\u00edculo publicado en 2006 en <em>Integrative and Comparative Biology<\/em>, Douglas Altshuler, del Instituto de Tecnolog\u00eda de California, y Robert Dudley, del Smithsonian Institute, describen los mecanismos fisiol\u00f3gicos que permiten el vuelo a altura elevadas; mecanismos que van m\u00e1s all\u00e1 de los sacos a\u00e9reos, unas bolsas conectadas a los pulmones y a los huesos que dejan el esqueleto m\u00e1s livianos. Los pulmones de las aves extraen casi todo el ox\u00edgeno del aire, y su hemogloblina tiene mayor capacidad de unirse y separarse del ox\u00edgeno que la humana.<\/p>\n<p>Conocidas por su mirada penetrante, las aves pueden tener tambi\u00e9n un olfato razonablemente aguzado. \u201cMuchas especies de aves marinas detectan dimetilsulfato, una sustancia generada por los peces en descomposici\u00f3n, y esto les sirve en la navegaci\u00f3n y en la b\u00fasqueda de alimentos. Los albatros hacen un vuelo relativamente aleatorio hasta que encuentran un cardumen de peces que exhala dimetilsulfato\u201d, informa Bicudo. Adem\u00e1s del olfato desarrollado, aunque por d\u00e9cadas haya sido soslayado, otro concepto que puede sorprender apunta que el cerebro de los mam\u00edferos y el de aves, aun cuando son morfol\u00f3gicamente muy diferentes, tienen estructuras funcionales equivalentes, una conclusi\u00f3n que echa por tierra la expresi\u00f3n \u201ccerebro de gallina\u201d con la cual se tilda a alguien poco inteligente. \u201cLas palomas pueden memorizar 400 patrones de colores\u201d, argumenta Bicudo. Es tambi\u00e9n por medio del sistema nervioso que las aves detectan el eje magn\u00e9tico de la Tierra e identifican el norte y el sur.<\/p>\n<p><strong>Del desierto al polo<br \/>\n<\/strong>Estas peculiaridades del vuelo, que ni siquiera los expertos conoc\u00edan hasta hace poco tiempo, explican por qu\u00e9 las aves se propagaron, ocupando todo el planeta y adapt\u00e1ndose a ambientes tan diferentes como los desiertos y los polos helados. Este grupo cuenta actualmente con especies tan distintas como la harp\u00eda, cuyas alas abiertas pueden medir2,5 metros, y el jilguero dorado, menor que la mano de un adulto.<\/p>\n<p>Los f\u00f3siles m\u00e1s antiguos confirman que las aves evolucionaron de los dinosaurios y emergieron en las regiones ecuatoriales de bajas latitudes como China y Brasil, aunque por ac\u00e1 el suelo h\u00famedo de las selvas no haya preservado f\u00f3siles. Bicudo cree que muchas especies que actualmente pasan por nuestro continente, como el \u00e1guila pescadora, una de las 33 especies migratorias ya avistadas en las sabanas paulistas, se originaron ac\u00e1. Los colibr\u00edes, a cuyo estudio se dedica hace a\u00f1os, ejemplifican esa irradiaci\u00f3n: Sudam\u00e9rica alberga alrededor de 90 especies, Am\u00e9rica Central no m\u00e1s de 15 y Norteam\u00e9rica, cinco o seis. \u201cBrasil es un granero de colibr\u00edes\u201d, dice.<\/p>\n<p>En 2001, la bi\u00f3loga Claudia Vianna y \u00e9l verificaron que el m\u00fasculo pectoral del colibr\u00ed golondrina, que corresponde a un tercio de su volumen corporal, produce una\u00a0 prote\u00edna llamada HmUCP, que permite que el ave se caliente r\u00e1pidamente y llegue a la temperatura m\u00e1s confortable en un per\u00edodo de 30 a40 minutos, antes de levantar vuelo. A la noche, despu\u00e9s de un d\u00eda de vuelo incesante, el colibr\u00ed experimenta una dr\u00e1stica disminuci\u00f3n de temperatura corporal: baja de 40\u00b0Ca alrededor de la temperatura ambiente, a veces de hasta 15\u00b0C. El drama es que, al despertar, debe llegar a una temperatura que le permita alzar vuelo y recomenzar la b\u00fasqueda de alimento. A partir de entonces, las alas empiezan a batirse 700 veces por minuto en promedio, y el coraz\u00f3n, 1.400 latidos. Hasta ahora, prote\u00ednas equivalentes hab\u00edan sido detectadas \u00fanicamente en mam\u00edferos (<em>lea en <\/em>Pesquisa FAPESP<em> n\u00ba 69, de octubre de 2001<\/em>). Bicudo y su equipo no avanzaron mucho con esa l\u00ednea de trabajo con los picaflores, pues la obtenci\u00f3n de las autorizaciones para extraer muestras de sangre es m\u00e1s dif\u00edcil que capturar a los animales; pero en 2005, Denise Loli y \u00e9l encontraron prote\u00ednas similares, que ayudan a calentar el cuerpo en abejorros del g\u00e9nero <em>Bombus<\/em> y en <em>Melipona<\/em>, un tipo de abeja sin aguij\u00f3n, lo que indica que los animales que vuelan \u2013 aves, insectos y murci\u00e9lagos \u2013 pueden tener muchos mecanismos fisiol\u00f3gicos en com\u00fan.<\/p>\n<p><strong>El proyecto<\/strong><br \/>\nEstudio comparativo de las interrelaciones de factores ontogen\u00e9ticos y ambientales sobre la endotermia de Melipona bicolor Lepeletier (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/bolsas\/99921\/estudo-comparativo-de-inter-relacoes-de-fatores-ontogeneticos-e-ambientais-sobre-a-endotermia-de-mel\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2002\/13973-2<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>Beca de Doctorado (Denise Loli); <strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Jos\u00e9 Eduardo Pereira Wilken Bicudo \u2013 IB-USP; <strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$\u00a095.369,33 (FAPESP)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Las aves se adaptaron a la escasez de alimento y de ox\u00edgeno durante el vuelo","protected":false},"author":17,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[300,335],"coauthors":[5968],"class_list":["post-89989","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-evolucion","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89989","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/17"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89989"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89989\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89989"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89989"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89989"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89989"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}