{"id":89991,"date":"2010-08-01T00:00:00","date_gmt":"2010-08-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/08\/01\/el-infierno-en-la-tierra\/"},"modified":"2017-02-06T17:12:30","modified_gmt":"2017-02-06T19:12:30","slug":"el-infierno-en-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-infierno-en-la-tierra\/","title":{"rendered":"El infierno en la Tierra"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_100998\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-100998\" title=\"art4204img1-300x183 (1)\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img1-300x183-1.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img1-300x183-1.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img1-300x183-1-120x73.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img1-300x183-1-250x153.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">CAETANO JULIANI \/ USP<\/span>Restos del n\u00facleo (<em>cerro menor<\/em>) y dos flancos de volc\u00e1n, y movimiento de magma impreso en ignimbrita (<em>al lado<\/em>)<span class=\"media-credits\">CAETANO JULIANI \/ USP<\/span><\/p><\/div>\n<p>Una sucesi\u00f3n de decenas de volcanes arrojan grandes cantidades de cenizas y proyectiles de roca derretida que trazan el aire, incandescentes. R\u00edos de lava chorrean desde los cr\u00e1teres y bajan por las laderas, esparci\u00e9ndose y moldeando un nuevo paisaje. Eso es lo que el ge\u00f3logo Caetano Juliani, del Instituto de Geociencias de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), ve cuando navega por los r\u00edos Tapaj\u00f3s y Xing\u00fa, o sube a los cerros de la Selva Amaz\u00f3nica, en Par\u00e1. Pero no existen motivos de preocupaci\u00f3n: la mayor\u00eda de la gente no ve all\u00ed m\u00e1s que la densa selva o las \u00e1reas deforestadas en donde el ganado pasta libremente, no corre riesgos mayores que las enfermedades transmitidas por hordas de mosquitos, y el calor que siente, por m\u00e1s que parezca sofocante, ni se acerca al que emiten los volcanes.<\/p>\n<p>El escenario que el ge\u00f3logo vio existi\u00f3 hace casi dos mil millones de a\u00f1os y solamente sus cicatrices perduran all\u00ed hasta hoy, para quienes saben verlas. \u201cAquello era el infierno en la Tierra\u201d, bromea Juliani. Es de esa \u00e9poca el volc\u00e1n m\u00e1s antiguo del cual se tengan noticias, que es actualmente un monte redondeado de alrededor de 200 metrosde altura (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2002\/11\/01\/detectan-mas-oro-bajo-la-selva\/?\" target=\"_blank\">lea en <em>Pesquisa FAPESP<\/em> n\u00ba 81<\/a>).\u00a0 Sin embargo, en los \u00faltimos a\u00f1os, el grupo de la USP encontr\u00f3 m\u00e1s vestigios de decenas de volcanes desdibujados por la erosi\u00f3n, pero con una firma inconfundible en las rocas. \u201cMis colegas de Estados Unidos no lo pueden creer, que esas rocas se hayan preservado\u201d, celebra el investigador. Los testigos de los sucesos volc\u00e1nicos de esa \u00e9poca, conocidos como evento Uatum\u00e3, son muy raros en el mundo.<\/p>\n<p>Esta rareza les asigna gran importancia a los hallazgos realzados en la parte sur del crat\u00f3n amaz\u00f3nico, uno de los m\u00e1s antiguos de la superficie terrestre. Es una regi\u00f3n de alrededor de 1,2 millones de kil\u00f3metros cuadrados, un 15% del \u00e1rea de Brasil, que el grupo de Juliani se ha abocado a caracterizar en las excursiones anuales de alrededor de 40 d\u00edas en las cuales recorren r\u00edos y sendas, recolectando muestras de rocas, identificando formaciones y documentando el pasado en sus cuadernos. Y ese escenario develado no se restringe a aquella regi\u00f3n. \u201cLos grandes ciclos volc\u00e1nicos suelen ser planetarios\u201d, explica Juliani. Para \u00e9l, lo que est\u00e1 registrado en la Amazonia cuenta la historia de buena parte de la Tierra en el per\u00edodo.<\/p>\n<p>Una de las \u00e1reas caracterizadas se ubica en S\u00e3o F\u00e9lix do Xingu, un municipio del sur del estado de Par\u00e1, junto al r\u00edo Xing\u00fa, donde una gran diversidad geol\u00f3gica forma un rico cuadro de ese per\u00edodo, el final del Paleoproterozoico. Parte del trabajo se hizo en conjunto con Carlos Marcello Fernandes \u2013 que el a\u00f1o pasado termin\u00f3 su doctorado con Juliani y ahora es profesor del campus de Marab\u00e1 de la Universidad Federal de Par\u00e1 (UFPA) \u2013 y sali\u00f3 publicada en el <em>Journal of Volcanology and Geothermal Research.<\/em><\/p>\n<p>Al examinar los paisajes, es preciso tener imaginaci\u00f3n \u2013 bien apoyada en el conocimiento geol\u00f3gico \u2013 para encontrar los volcanes. Las cumbres puntiagudas, como la de la foto que abre este reportaje, est\u00e1n formadas por el material que alguna vez ocup\u00f3 el cr\u00e1ter de un volc\u00e1n. Las laderas fueron corro\u00eddas por el tiempo, que dej\u00f3 en ocasiones cadenas de montes menores dispuestos en semic\u00edrculo, que delimitan el \u00e1rea en donde se ergu\u00eda el volc\u00e1n. La ignimbrita, roca formada por materiales fundidos que t\u00edpicamente sal\u00edan de los volcanes y rodaban por las laderas, es uno de los testigos que ayuda a reconstruir esas formaciones fantasmas. Dentro de esa ignimbrita es com\u00fan encontrar fragmentos de piedra p\u00f3mez, una roca porosa como esponja, t\u00edpica de las zonas volc\u00e1nicas.<\/p>\n<p>El tenor de s\u00edlice de las rocas volc\u00e1nicas de la regi\u00f3n, que tambi\u00e9n contienen potasio, sodio y escaso magnesio, es la principal caracter\u00edstica de un magma muy viscoso que, en lugar de escurrirse como una salsa de chocolate por los lados del volc\u00e1n, es lanzado en erupciones explosivas. Restos de un magma m\u00e1s l\u00edquido, que se escurr\u00eda fluido, est\u00e1n m\u00e1s lejos del volc\u00e1n que lo expeli\u00f3, y ayudan a distinguir \u00e1reas cercanas y distantes de los cr\u00e1teres activos, una forma m\u00e1s de relevar la superficie repleta de cr\u00e1teres.<\/p>\n<p><strong>Valles de fuego<br \/>\n<\/strong>Registros de la violencia de las erupciones pueden verse en incrustaciones presentes en las rocas conocidas como bombas volc\u00e1nicas. Juliani comenta que pedazos de magma eran arrojados y volaban por los aires adquiriendo una forma de huso debido a la resistencia del aire durante el vuelo. Al aterrizar, perforaban la capa de dep\u00f3sitos volc\u00e1nicos del suelo, una acci\u00f3n paulatinamente petrificada cuando el conjunto se enfriaba. Actualmente, de acuerdo con el sentido en que la roca se quiebra, estos proyectiles aparecen como c\u00edrculos, cuando la rotura es transversal a su trayectoria, o con una forma alargada y afilada en la punta, cuando est\u00e1n de perfil. Este material les permite a los ge\u00f3logos mirar en derredor y apuntar, como si viesen el volc\u00e1n en plena erupci\u00f3n, desde d\u00f3nde llegaban las bombas.<\/p>\n<div id=\"attachment_100999\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-100999\" title=\"art4204img2 (1)\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img2-1.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"271\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img2-1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img2-1-120x112.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/08\/art4204img2-1-250x234.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">TM-LANDSAT, TRATAMENTO DE GEOBOT\u00c2NICA POR TEODORO ISNARD DE ALMEIDA \/ USP<\/span>Restos de volcanes junto al r\u00edo Xing\u00fa, vistos por sat\u00e9lite<span class=\"media-credits\">TM-LANDSAT, TRATAMENTO DE GEOBOT\u00c2NICA POR TEODORO ISNARD DE ALMEIDA \/ USP<\/span><\/p><\/div>\n<p>Otras formaciones reveladoras de los procesos y de la composici\u00f3n geol\u00f3gica de aquel tiempo son las rocas salpicadas de puntitos de colores, conocidas como mechones de cristales. Durante una erupci\u00f3n, una gran cantidad de cenizas finas se esparce por el aire y termina deposit\u00e1ndose en el suelo, formando una capa de sedimento fino a la que los ge\u00f3logos denominan vidrio volc\u00e1nico. Cuando fragmentos de cristales como el cuarzo son expelidos por el volc\u00e1n y caen, se hunden, y en el camino alteran la configuraci\u00f3n de las capas de ceniza. Esta trayectoria de los cristales queda preservada cuando el conjunto se cristaliza, y constituye un testigo m\u00e1s que hace posible conocer y calcular la direcci\u00f3n y la fuerza con que esos minerales ca\u00edan.<\/p>\n<p>Como si no bastase con la sucesi\u00f3n de volcanes, la lengua de tierra delimitada al este por la curva del r\u00edo Xing\u00fa, que aparece en el mapa que ilustra estas p\u00e1ginas, tambi\u00e9n alberga una grieta de la corteza terrestre. De all\u00ed el magma sal\u00eda a borbotones por fisuras ubicadas a lo largo de una franja de centenas de metros de extensi\u00f3n en la cual el magma, al salir y alejarse de la rajadura, form\u00f3 una\u00a0 estructura similar a un valle. \u201cNunca algo parecido se hab\u00eda descrito en Brasil\u201d, comenta Juliani, que recorri\u00f3 con sus alumnos toda esa ex rajadura, documentando y recolectando material.<\/p>\n<p>En todas las oportunidades que van a la regi\u00f3n, los ge\u00f3logos regresan a casa con el equipaje lleno de pedregullos. No como viajantes que se llevan <em>souvenires,<\/em> o como chicos que se llenan los bolsillos de municiones para una posible batalla, sino con\u00a0 objetivos definidos. De regreso al laboratorio, las rocas recolectadas pasan por una\u00a0 serie de an\u00e1lisis que indican en detalle su composici\u00f3n y edad. Las muestras son examinadas a simple vista o con lupas, en una superficie pulida de la roca, y pueden tambi\u00e9n cortarse con\u00a0 una l\u00e1mina de diamante y despu\u00e9s ser limadas y pulidas hasta que quedan, ya pegadas en placas de vidrio, de un espesor de 30 mil\u00e9simas de mil\u00edmetro, transparentes a punto tal de poder analiz\u00e1rselas en el microscopio. Asimismo, existen otras t\u00e9cnicas disponibles, tales como an\u00e1lisis qu\u00edmicos, dataci\u00f3n y microscop\u00eda electr\u00f3nica.<\/p>\n<p><strong>El mapa del tesoro<br \/>\n<\/strong>Juliani tambi\u00e9n ha escrutado el r\u00edo Tapaj\u00f3s, en parte con la ayuda de su alumno Carlos Misas. All\u00ed descubrieron ricos dep\u00f3sitos de alunita, un\u00a0 indicio de que habr\u00eda filones muy ricos en oro. La alunita es un mineral que se forma solamente cuando el agua que sale del magma a alrededor de 450 grados Celsius (\u00b0C) llega a la superficie a\u00fan muy caliente, a alrededor de130\u00b0C, alterando las rocas de la superficie. Tambi\u00e9n caracterizaron un dep\u00f3sito de oro y cobre tipo p\u00f3rfiro, una\u00a0 pista que sugiere la existencia de grandes dep\u00f3sitos minerales que, pese a que contienen un bajo tenor de oro, pueden alcanzar grandes vol\u00famenes, de m\u00e1s de 1.200 toneladas de oro. Los investigadores sellan colaboraciones con empresas mineras para financiar el trabajo. Es una inversi\u00f3n rentable para las empresas, dado que los estudios geol\u00f3gicos aportan informaciones destinadas a saber ad\u00f3nde vale la pena invertir en la b\u00fasqueda de un mineral valioso.<\/p>\n<p>Habiendo o no recursos minerales de gran valor econ\u00f3mico, la idea de Juliani es contar la historia de lo que sucedi\u00f3 mediante el trabajo que forma parte del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnolog\u00eda (INCT) de Geociencias de la Amazonia, con sede en la UFPA. \u201cLo que hacemos es un trabajo de detective\u201d, comenta. Con el conocimiento creciente sobre el crat\u00f3n amaz\u00f3nico, los investigadores empiezan a detallar el evento Uatum\u00e3, y dividen ese per\u00edodo de explosiones volc\u00e1nicas en t\u00e9rminos geogr\u00e1ficos y temporales. Adem\u00e1s del vulcanismo, esa reconstituci\u00f3n hist\u00f3rica tambi\u00e9n permite detectar movimientos tect\u00f3nicos de las placas que compon\u00edan la corteza terrestre en aquella \u00e9poca. \u201cEn la regi\u00f3n que estudiamos existen indicios de una colisi\u00f3n tect\u00f3nica como la que form\u00f3 la cordillera de los Andes. Pero no hay monta\u00f1as tan altas, no sabemos por qu\u00e9.\u201d<\/p>\n<p>A\u00f1o tras a\u00f1o, en la medida en que lo permiten el financiamiento y las intensas lluvias amaz\u00f3nicas que impiden el trabajo de campo, el equipo re\u00fane las piezas de ese antiguo rompecabezas. Las que no se encajan, como la ausencia de monta\u00f1as en donde las placas parecen haber colisionado, y la preservaci\u00f3n ins\u00f3lita de las rocas en el sur del estado Par\u00e1, sirven como un acicate m\u00e1s. Esa fascinaci\u00f3n por el reto se hace patente en la frase del f\u00edsico alem\u00e1n Albert Einstein que Marcello Fernandes eligi\u00f3 como ep\u00edgrafe de su\u00a0 tesis: \u201cSi en principio, la idea no es absurda, entonces no hay ninguna esperanza para ella\u201d.<\/p>\n<p><em> Art\u00edculo cient\u00edfico<\/em><br \/>\nJULIANI, C. &amp; FERNANDES, C. M. D. <a href=\"http:\/\/www.sciencedirect.com\/science\/article\/pii\/S0377027310000326\" target=\"_blank\">Well-preserved late paleoproterozoic volcanic centers in the S\u00e3o F\u00e9lix do Xingu region, Amazonian Craton, Brazil<\/a>. <strong>Journal of Volcanology and Geothermal Research<\/strong>. v. 191, n. 3-4, p. 167-79. abr. 2010.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Hace dos mil millones de a\u00f1os, los volcanes reinaban en la actual Amazonia","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[309],"coauthors":[1601],"class_list":["post-89991","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-geologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=89991"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/89991\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=89991"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=89991"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=89991"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=89991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}