{"id":90046,"date":"2010-10-01T00:00:00","date_gmt":"2010-10-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/10\/01\/entre-el-hombre-y-la-naturaleza\/"},"modified":"2017-02-10T19:36:00","modified_gmt":"2017-02-10T21:36:00","slug":"entre-el-hombre-y-la-naturaleza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/entre-el-hombre-y-la-naturaleza\/","title":{"rendered":"Entre el hombre y la naturaleza"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_102586\" style=\"max-width: 590px\" class=\"wp-caption alignnone\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-102586\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/art4265img11.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"239\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/art4265img11.jpg 580w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/art4265img11-120x49.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/art4265img11-250x103.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">ALBERTO C\u00c9SAR ARA\u00daJO \/ AGENCIA ESTADO<\/span>Incendios: problema desde la colonia<span class=\"media-credits\">ALBERTO C\u00c9SAR ARA\u00daJO \/ AGENCIA ESTADO<\/span><\/p><\/div>\n<p>El proyecto del nuevo C\u00f3digo Forestal, aprobado en agosto por la comisi\u00f3n especial de la C\u00e1mara de Diputados, ser\u00e1 votado en el Congreso despu\u00e9s de las elecciones, bajo las cr\u00edticas de cient\u00edficos y ambientalistas, para quienes su homologaci\u00f3n causar\u00e1 graves impactos sobre la biodiversidad y en los servicios ecosist\u00e9micos, en raz\u00f3n de las reducciones significativas de las \u00e1reas de preservaci\u00f3n permanentes (APP) y de la amnist\u00eda a los desmontes efectuados hasta 2008. La pol\u00e9mica ambiental m\u00e1s reciente tiene ra\u00edces antiguas: el dilema entre preservaci\u00f3n de la naturaleza y desarrollo econ\u00f3mico es un tema de discusi\u00f3n en el pa\u00eds desde la \u00e9poca colonial. Un poco posterior es la dificultad de establecer una colaboraci\u00f3n entre el Estado y la sociedad para lograr una soluci\u00f3n equilibrada. &#8220;En Brasil existe un patr\u00f3n hist\u00f3rico: las preocupaciones con el medio ambiente en general han sido producto de la actuaci\u00f3n de grupos de cient\u00edficos e intelectuales y de funcionarios p\u00fablicos que, en su inserci\u00f3n en el Ejecutivo, procuraron influir en las decisiones de los gobernantes en favor de la valoraci\u00f3n de la naturaleza&#8221;, explica el historiador Jos\u00e9 Luiz de Andrade Franco, de la Universidad de Brasilia, autor de <em>Prote\u00e7\u00e3o \u00e0 natureza e identidade nacional no Brasil <\/em>(Fiocruz).\u00a0 &#8220;Por eso la marcha de las pol\u00edticas de protecci\u00f3n de la naturaleza siempre dependi\u00f3 m\u00e1s de las relaciones con los gobiernos y s\u00f3lo secundariamente del eco que las personas preocupadas con las cuestiones ambientales tienen en la sociedad&#8221;, eval\u00faa.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed con el C\u00f3digo Forestal original, creado en 1934 por Get\u00falio Vargas, fruto de articulaciones de un grupo de investigadores del Museo Nacional de R\u00edo de Janeiro (MNRJ), que vali\u00e9ndose de su influencia en los c\u00edrculos del poder, defendi\u00f3 la intervenci\u00f3n de un Estado fuerte para asegurar mediante leyes el equilibrio entre el progreso y el patrimonio natural. Esa legislaci\u00f3n, que pon\u00eda l\u00edmites al derecho de propiedad en nombre de la conservaci\u00f3n, protegiendo \u00e1reas forestales, fue revisada en 1965 durante la dictadura militar. Por primera vez el c\u00f3digo ser\u00e1 revisado en una sociedad democr\u00e1tica y abierta al debate con la opini\u00f3n p\u00fablica. \u00bfRecogeremos mejores frutos que en el pasado?\u00a0&#8220;Los protectores de la naturaleza de los a\u00f1os 1920-1940, que generaron la legislaci\u00f3n, estaban a favor de un Estado fuerte, pero ten\u00edan propuestas de transformaci\u00f3n social y ambiental bastante renovadoras. Los conservacionistas de los a\u00f1os 1960-1980 no estaban a la vanguardia del cuestionamiento pol\u00edtico del r\u00e9gimen militar, pero ten\u00edan preocupaciones con la naturaleza a\u00fan muy distantes del itinerario pol\u00edtico de la izquierda&#8221;, recuerda Franco. &#8220;Hoy en d\u00eda los ambientalistas m\u00e1s preocupados con las cuestiones sociales tienen una postura bastante antropoc\u00e9ntrica, y dejan muchas veces cuestiones urgent\u00edsimas de la biodiversidad al margen&#8221;. Seg\u00fan el investigador, la sociedad y el Estado en Brasil son todav\u00eda hegem\u00f3nicamente desarrollistas. &#8220;El \u00e9xito del ambientalismo a mediano y largo plazo radica en su capacidad de revertir esa disposici\u00f3n de promover el crecimiento econ\u00f3mico a cualquier costo&#8221;. Para el investigador, no es de extra\u00f1arse que estos protectores de la naturaleza del pasado hayan sido casi olvidados en la fuerte corriente del desarrollismo que prevaleci\u00f3 en el pa\u00eds desde la d\u00e9cada de 1940 en adelante. &#8220;Lo que s\u00ed sorprende es que hayan sido olvidados por los ambientalistas brasile\u00f1os, &#8216;cient\u00edficos&#8217; y &#8216;sociais&#8217;, que a partir de los a\u00f1os 1980 emergieron como actores relevantes en la ciencia, en el activismo, en los medios de comunicaci\u00f3n y en los movimientos sociales.&#8221;<\/p>\n<p>Franco denomina a esos protectores &#8220;la segunda generaci\u00f3n de conservacionistas&#8221; brasile\u00f1os, intelectuales que, entre los a\u00f1os 1920 y 1940, le exig\u00edan al Ejecutivo el mantenimiento de un v\u00ednculo org\u00e1nico entre la naturaleza y la sociedad, porque, seg\u00fan afirmaban, la defensa de la naturaleza era una forma de construir nuestra nacionalidad. Eran en su mayor\u00eda cient\u00edficos del MNRJ: Alberto Jos\u00e9 Sampaio (1881-1946), Armando Magalh\u00e3es Correa (1889-1944), C\u00e2ndido de Mello Leit\u00e3o (1886-1948) y Carlos Frederico Hoehne (1882-1959). La tendencia de esos c\u00edrculos intelectuales, como es caracter\u00edstico en la historia ambiental nacional, fue integrarse al Estado para reclamarles a las autoridades por un comportamiento m\u00e1s racional de los agentes econ\u00f3micos privados. &#8220;Exist\u00eda entre ellos la convicci\u00f3n de su responsabilidad en la construcci\u00f3n de la identidad nacional y en la organizaci\u00f3n de las instituciones del Estado&#8221;, sostiene Franco. La serie de c\u00f3digos ambientales decretados por el gobierno de Vargas, sumada a la creaci\u00f3n de los primeros parques nacionales, indica el relativo \u00e9xito que alcanzaron. &#8220;Cre\u00edan que la intervenci\u00f3n autoritaria de Vargas resolver\u00eda los conflictos y la competencia injusta. As\u00ed, pensaban ellos, un nuevo hombre conectar\u00eda a la naturaleza con los otros hombres&#8221;, analiza la historiadora Regina Horta Duarte, de la Universidad Federal de Minas Gerais, autora del art\u00edculo &#8220;P\u00e1jaros y cient\u00edficos en Brasil&#8221;. Para poner en pr\u00e1ctica sus teor\u00edas, crearon sociedades p\u00fablicas de protecci\u00f3n de la naturaleza: la Sociedad de Amigos de los \u00c1rboles, la Sociedad de Amigos del Museo Nacional y la Sociedad de Amigos de la Flora Bras\u00edlica, entre otras.<\/p>\n<p>La iniciativa m\u00e1s ambiciosa de dichas organizaciones fue la Primera Conferencia Brasile\u00f1a de Protecci\u00f3n de la Naturaleza, realizada en 1934, con el apoyo del r\u00e9gimen varguista, que creara el C\u00f3digo Forestal, el C\u00f3digo de Caza y Pesca y la Ley de Expediciones Cient\u00edficas. La Constituci\u00f3n de 1934 tambi\u00e9n inclu\u00eda un art\u00edculo sobre el rol de gobierno federal y las gobernaciones estaduales en la protecci\u00f3n de las &#8220;bellezas naturales&#8221;. El ciclo de conferencias se abri\u00f3 con la lectura de &#8220;Naturaleza&#8221;, del poeta alem\u00e1n Goethe. &#8220;Una evidencia de la importancia que los participantes le asignaban a la percepci\u00f3n est\u00e9tica del mundo natural. Seg\u00fan esta visi\u00f3n, la naturaleza deber\u00eda ser admirada, cuidada y transformada en un jard\u00edn&#8221;, comenta Franco. &#8220;Pero esa influencia rom\u00e1ntica nunca descart\u00f3 la posibilidad del uso econ\u00f3mico de la naturaleza y siempre era recordada la necesidad de renovar las fuentes agotadas. Aparte de ser un &#8216;jard\u00edn&#8217;, el mundo natural pod\u00eda ser una industria. De all\u00ed las distintas propuestas de creaci\u00f3n de &#8216;cunas de \u00e1rboles&#8217;, que eran al mismo tiempo jardines y \u00e1reas de producci\u00f3n de madera en gran escala&#8221;. Los organizadores de la conferencia estaban actualizados sobre la acci\u00f3n de los protectores de la naturaleza en otros pa\u00edses. Conoc\u00edan a fondo la experiencia norteamericana y el debate entre los preservacionistas de John Muir, que defend\u00edan la contemplaci\u00f3n est\u00e9tica de la naturaleza, y los conservacionistas de Guif\u00acford Pinchot, que cre\u00edan en la explotaci\u00f3n racional de los recursos naturales. Ambas corrientes tuvieron espacio durante la Presidencia de Theodore Roosevelt (1901-1909), lo que redund\u00f3 en el crecimiento del Parque Yosemite y en la creaci\u00f3n de varias reservas y cinco nuevos parques nacionales.<\/p>\n<div id=\"attachment_102585\" style=\"max-width: 255px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-102585\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/art4265img21.jpg\" alt=\"\" width=\"245\" height=\"350\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/art4265img21.jpg 245w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/10\/art4265img21-120x171.jpg 120w\" sizes=\"auto, (max-width: 245px) 100vw, 245px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\"> AGENCIA ESTADO<\/span>Devastaci\u00f3n: el precio de atraso y no de progreso<span class=\"media-credits\"> AGENCIA ESTADO<\/span><\/p><\/div>\n<p>Pero lo que divid\u00eda a los norteamericanos era un consenso en Brasil y no hab\u00eda ingenuidad en el grupo, pese a la combinaci\u00f3n que hac\u00edan de romanticismo, ciencia y nacionalismo. &#8220;En aquel momento, los conceptos de protecci\u00f3n, conservaci\u00f3n y preservaci\u00f3n eran intercambiables. Para los cient\u00edficos, la naturaleza deber\u00eda ser protegida, tanto como conjunto de recursos productivos para su explotaci\u00f3n racional por parte de las generaciones futuras, como en su calidad de diversidad biol\u00f3gica, objeto de la ciencia y de la contemplaci\u00f3n est\u00e9tica&#8221;. Argumentos utilitarios coexist\u00edan en armon\u00eda con los est\u00e9ticos, y todo era parte de un proyecto mayor de uni\u00f3n de la naturaleza y la nacionalidad. &#8220;Las met\u00e1foras que emplearon para representar a la sociedad brasile\u00f1a converg\u00edan con las im\u00e1genes del ideario pol\u00edtico varguista&#8221;, sostiene Franco. &#8220;Esa forma de proteger a la naturaleza estaba en sinton\u00eda con el proyecto de Estado corporativista de Vargas, y esa convergencia ayud\u00f3 a elevar el status institucional adquirido por una cantidad de propuestas relacionadas con la protecci\u00f3n ambiental y con el control p\u00fablico y privado de los recursos naturales&#8221;, analiza el investigador. &#8220;Antes de la revoluci\u00f3n de 1930, la descentralizaci\u00f3n pol\u00edtica fortaleci\u00f3 el control a cargo de las elites regionales, incentivando la explotaci\u00f3n extrema de los recursos naturales. La destrucci\u00f3n de los bosques se agrav\u00f3 con los ferrocarriles que, en la definici\u00f3n de Euclides da Cunha, eran &#8216;creadores de desiertos'&#8221;, sostiene el historiador Jos\u00e9 Augusto P\u00e1dua, de la Universidad Federal de R\u00edo de Janeiro y autor de <em>Um sopro de destrui\u00e7\u00e3o: pensamento pol\u00edtico e cr\u00edtica ambiental no Brasil escravista <\/em>(Zahar).<\/p>\n<p>En 1915, el jurista y fil\u00f3sofo Alberto Torres (1865-1917) advirti\u00f3 sobre esa situaci\u00f3n: &#8220;Los brasile\u00f1os, todos, son extranjeros en su tierra, pues no aprenden a explotarla sin destruirla&#8221;. &#8220;Fue el primer brasile\u00f1o en emplear el t\u00e9rmino conservaci\u00f3n como se lo usaba en EE.UU., incluy\u00e9ndolo en su propuesta de una nueva Constituci\u00f3n. Sus ideas apuntaban a influir sobre los cient\u00edficos del MNRJ&#8221;, sostiene Franco. Pese al prestigio de intelectuales como Torres, las acciones pol\u00edticas concretas fueron nulas. &#8220;Incluso con el apoyo del presidente Epit\u00e1cio Pessoa, que confesaba su molestia por que Brasil era el \u00fanico pa\u00eds de grandes selvas sin un C\u00f3digo Forestal, la legislaci\u00f3n sigui\u00f3 siendo omisa&#8221;, recuerda P\u00e1dua. Es posible as\u00ed imaginar el impacto de la acci\u00f3n de los protectores de la naturaleza cuando, pocos a\u00f1os despu\u00e9s del c\u00f3digo y pocos meses antes de la nueva Constituci\u00f3n de 1937, que elev\u00f3 los bienes naturales a la categor\u00eda de patrimonio p\u00fablico, se decret\u00f3 la creaci\u00f3n del Parque Nacional de Itatiaia. La dictadura del Estado Novo crear\u00eda hasta 1939 otros dos parques: el de Serra dos \u00d3rg\u00e3os, en R\u00edo, y el de Igua\u00e7u, en Paran\u00e1.<\/p>\n<p>&#8220;Pero en los a\u00f1os siguientes la acci\u00f3n gubernamental para la preservaci\u00f3n mostrar\u00eda sus l\u00edmites claros, con presupuestos \u00ednfimos para \u00f3rganos forestales, precariedad en las inspecciones y ausencia de una participaci\u00f3n efectiva de la sociedad civil. La fundaci\u00f3n de parques nacionales no privilegi\u00f3 ecosistemas de gran biodiversidad, sino \u00e1reas cercanas a los centros urbanos, como Itatiaia o Serra dos \u00d3rg\u00e3os, o estrat\u00e9gicas, como Igua\u00e7u&#8221;, sostiene Regina Horta. &#8220;La preservaci\u00f3n patrimonial era realmente importante en los proyectos del gobierno de Vargas. Pero m\u00e1s all\u00e1 de su simbolismo cultural y pol\u00edtico, la naturaleza, fuera de los parques, era principalmente vista como una fuente de riquezas explotables para el desarrollo econ\u00f3mico, y los proyectos industrializadores se granjearon el compromiso del Estado Novo.&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;La ideolog\u00eda del crecimiento a cualquier costo siempre le retace\u00f3 importancia a los temas ambientales. Reci\u00e9n ahora tenemos una situaci\u00f3n potencialmente nueva, con la uni\u00f3n de un Estado poderoso y una esfera p\u00fablica m\u00e1s din\u00e1mica que puede crear una verdadera pol\u00edtica de gesti\u00f3n sostenible de la naturaleza&#8221;, dice P\u00e1dua. Seg\u00fan el investigador, existe una continuidad de los problemas ambientales desde la colonia: quemas, deforestaci\u00f3n y degradaci\u00f3n de suelos y aguas. Pero, al mismo tiempo, ha habido mucha reflexi\u00f3n sobre esas cuestiones desde el siglo XVIII. Basta con recordar que en 1876 el ingeniero y l\u00edder abolicionista Andr\u00e9 Rebou\u00e7as ya demandaba la creaci\u00f3n de parques nacionales, pues &#8220;la generaci\u00f3n actual no puede hacer mejor donaci\u00f3n a las generaciones venideras que reservar intactas, libres de hierro y fuego, las bellas islas de Araguaia y de Paran\u00e1&#8221;. Para Rebou\u00e7as, la raz\u00f3n de la incuria para con la naturaleza era la esclavitud, hip\u00f3tesis tambi\u00e9n esgrimida el abolicionista Joaquim Nabuco, para quien era necesario un uso econ\u00f3mico racional de la naturaleza brasile\u00f1a. &#8220;Quer\u00edan establecer una relaci\u00f3n causal entre el esclavismo y las pr\u00e1cticas predatorias. La combinaci\u00f3n entre la abundancia de trabajo cautivo, barato, y una frontera abierta a la ocupaci\u00f3n de nuevas tierras habr\u00eda estimulado una acci\u00f3n extensiva y descuidada de la producci\u00f3n rural, basada en el avance de las quemas, dejando tierras degradadas y abandonadas&#8221;, explica P\u00e1dua. Para estos intelectuales, la devastaci\u00f3n ambiental no era el &#8220;precio del progreso&#8221;, sino el &#8220;precio del atraso&#8221;, producto de la permanencia de pr\u00e1cticas rudimentarias de explotaci\u00f3n de la tierra.<\/p>\n<p>En eso ambos eran herederos de la preocupaci\u00f3n ambiental iluminista de Jos\u00e9 Bonif\u00e1cio, un fisi\u00f3crata egresado de la Universidad de Coimbra, la primera instituci\u00f3n que ya en el siglo XVIII formaba intelectuales que refutaban la explotaci\u00f3n desmedida de los recursos naturales de la colonia. &#8220;La destrucci\u00f3n de montes v\u00edrgenes, en los cuales la naturaleza ofrend\u00f3 con mano pr\u00f3diga las m\u00e1s valiosas maderas del mundo, y sin causa, como se la ha hecho en Brasil, es una extravagancia insoportable, un crimen horrendo y un gran insulto. \u00bfQu\u00e9 defensa esgrimiremos ante el tribunal de la Raz\u00f3n cuando nuestros nietos nos acusen por hechos tan culposos?&#8221;, escribi\u00f3 el futuro Patriarca de la Independencia en 1819. &#8220;Es necesario recordar la riqueza del debate intelectual sobre temas ecol\u00f3gicos en el pa\u00eds; y en algunos momentos, como en el siglo XIX, fue uno de los m\u00e1s intensos del mundo, pese a la pobreza de los resultados. Lo que &#8216;relativiza&#8217; el rol de EE.UU. y de Europa en la g\u00e9nesis de la preocupaci\u00f3n ambiental moderna&#8221;, explica P\u00e1dua. El an\u00e1lisis de la historia ambiental transforma la contribuci\u00f3n de los intelectuales de los siglos XIX y mediados del siglo XX en algo sorprendentemente actual. &#8220;No eran ambientalistas en el sentido moderno, sino que inclu\u00edan los temas de la destrucci\u00f3n del mundo natural en el debate sobre el futuro del pa\u00eds como un todo, relacion\u00e1ndolos con rasgos estructurales de la sociedad, como por ejemplo el esclavismo. Salvando las diferencias de contexto, eso es lo que necesitamos en la actualidad: incluir la dimensi\u00f3n ambiental en el centro del debate sobre el futuro de Brasil y el de la humanidad.&#8221;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El dilema entre preservaci\u00f3n y desarrollo, una constante en Brasil","protected":false},"author":370,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[293],"coauthors":[684],"class_list":["post-90046","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es","tag-ecologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90046","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/370"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90046"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90046\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90046"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90046"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90046"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=90046"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}