{"id":90059,"date":"2010-11-01T00:00:00","date_gmt":"2010-11-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2010\/11\/01\/neuronas-a-marcha-lenta\/"},"modified":"2017-02-14T15:11:35","modified_gmt":"2017-02-14T17:11:35","slug":"neuronas-a-marcha-lenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/neuronas-a-marcha-lenta\/","title":{"rendered":"Neuronas a marcha lenta"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" class=\" wp-image-102404 alignright\" title=\"art4282img1-300x183\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/art4282img1-300x1831.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/art4282img1-300x1831.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/art4282img1-300x1831-120x73.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2010\/11\/art4282img1-300x1831-250x153.jpg 250w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MARIANA SAMPAIO<\/span>Cuando sufre una agresi\u00f3n, el cerebro humano logra en ocasiones reaccionar de una manera fascinante. En ciertos casos a\u00fan no muy bien comprendidos, es capaz de desplazar el control de funciones vitales, cuyo mando se situaba en \u00e1reas en ese momento lesionadas, hacia zonas con conexiones neuronales todav\u00eda preservadas. Pero \u00e9ste no es el \u00fanico esfuerzo de autopreservaci\u00f3n de este \u00f3rgano ante una amenaza. Estudios coordinados durante los \u00faltimos dos a\u00f1os por el brasile\u00f1o Antonio Bianco, jefe de la Divisi\u00f3n de Endocrinolog\u00eda, Diabetes y Metabolismo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, tienen su foco en otro tipo de plasticidad del cerebro, mucho menos conocida, pero que igualmente se manifiesta en situaciones de peligro: la capacidad de regular la cantidad de hormonas de la tiroides que act\u00faa localmente en sus c\u00e9lulas y, de esa forma, de acelerar o detener el ritmo de funcionamiento seg\u00fan sus necesidades. Otros \u00f3rganos, como el coraz\u00f3n, los m\u00fasculos y los nervios, tambi\u00e9n exhiben esta facultad, pero ninguno de ellos de manera tan refinada como el cerebro.<\/p>\n<p>En un trabajo reciente con c\u00e9lulas del cerebro humano cultivadas in vitro, publicado en junio en el Journal of Clinical Investigation (JCI), Bianco describe el complejo mecanismo celular que le permite al cerebro disminuir el \u00edndice de funcionamiento de esas hormonas cuando ocurre un problema de salud, como por ejemplo un derrame. De acuerdo con la interpretaci\u00f3n del investigador, esta reducci\u00f3n forma parte de un esfuerzo adaptativo del \u00f3rgano para frenar su metabolismo e intentar minimizar los efectos nocivos de la condici\u00f3n cl\u00ednica. El cerebro aumenta o disminuye el nivel de hormonas tiroideas en raz\u00f3n de estar expuesto a situaciones de enfermedad o de salud, dice el endocrin\u00f3logo. El derrame causa un hipotiroidismo localizado en el tejido cerebral, que, por lo que todo indica, es ben\u00e9fico para el organismo.<\/p>\n<p>El accidente cerebrovascular, nombre t\u00e9cnico del derrame, causa hipoxia. Falta sangre y ox\u00edgeno para el buen funcionamiento de las neuronas. De ser privado por mucho tiempo de estos elementos, el tejido cerebral muere. Al enfrentar esa amenaza, el cerebro disminuye los niveles locales de hormonas de la tiroides, pasa a usar menos energ\u00eda y las neuronas demandan menos ox\u00edgeno. El hecho de implementar un metabolismo en el modo slow-motion constituye una forma de luchar contra los efectos nocivos del derrame. Otros dos brasile\u00f1os tambi\u00e9n participaron en el estudio del JCI: Rui Maciel, de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo, y la alumna de doctorado Beatriz Freitas.<\/p>\n<p><strong>Transformaci\u00f3n<br \/>\n<\/strong>La comprensi\u00f3n del modo en que el cerebro modula el impacto local de la hormona de la tiroides implica un conocimiento de todo el proceso de metabolizaci\u00f3n de esas sustancias. Ubicada en la base frontal del cuello, la gl\u00e1ndula tiroides utiliza el iodo de los alimentos para fabricar no una sino dos hormonas: la tiroxina (T4) y la triiodotironina (T3). En una persona normal, alrededor del 80% de la cantidad de hormonas secretadas es T4, y el resto T3. La tiroides produce esas dos formas de hormonas y las arroja en el torrente sangu\u00edneo, que las distribuye por los tejidos del cuerpo. T\u00e9cnicamente, la T4 es una prohormona, una forma menos activa de hormona de la tiroides que, para tener un influjo en el metabolismo, debe ser convertida por una enzima en T3, su versi\u00f3n activa. Por eso, lo que cuenta, en t\u00e9rminos pr\u00e1cticos es la cantidad de T3 presente en un \u00f3rgano espec\u00edfico.<\/p>\n<p><strong>Efecto doble<br \/>\n<\/strong>Bianco es uno de los mayores expertos del mundo en desiodasas, un conjunto de tres enzimas (D1, D2 y D3) que activan o desactivan a las hormonas de la tiroides, y hall\u00f3 en el cerebro un patr\u00f3n de expresi\u00f3n sumamente particular de estas prote\u00ednas. De acuerdo con el modelo planteado en el JCI, la enzima D2 act\u00faa en las abundantes c\u00e9lulas gliales del cerebro, que dan soporte a las neuronas y las nutren. Esta enzima convierte la T4 en T3, elevando as\u00ed el nivel de la forma activa de la hormona de la tiroides en el \u00f3rgano. La T3 resultante de la acci\u00f3n de la D2 es transportada a las c\u00e9lulas neuronales adyacentes a las gliales. En un derrame, la falta de ox\u00edgeno reduce la producci\u00f3n de T3 en las c\u00e9lulas gliales, al tiempo que las neuronas aumentan la expresi\u00f3n de otra desiodasa, la D3, que inactiva a la T3. Un cuadro de hipoxia hace que la expresi\u00f3n de la enzima D3 aumente alrededor de siete veces en las neuronas, explica Bianco. En otras palabras, pone aisladamente al cerebro en una condici\u00f3n an\u00e1loga a la de un individuo con hipotiroidismo. El \u00f3rgano pasa a funcionar en marcha lenta, consumiendo menos energ\u00eda y mitigando los estragos de la escasez de ox\u00edgeno. Existen indicios tambi\u00e9n de que el hipotiroidismo instalado en ciertos tejidos estimula la proliferaci\u00f3n de c\u00e9lulas, y as\u00ed ayuda en la regeneraci\u00f3n y la cura de enfermedades.<\/p>\n<p>En la pr\u00e1ctica m\u00e9dica, los endocrin\u00f3logos se preocupan con la concentraci\u00f3n que circula en la sangre de la hormona activa de la tiroides. Es \u00e9sta la que indica si una persona tiene hipo o hipertiroidismo, dos condiciones anormales que pueden causar problemas de salud de no ser tratadas. Pero la observaci\u00f3n de los niveles de esa hormona en tejidos espec\u00edficos, tanto en cuadros asociados a enfermedades como en situaciones de plena salud, tambi\u00e9n puede suministrar informaci\u00f3n importante. Algunos estudios han demostrado que, en individuos al borde de la muerte, reaparece una cantidad aumentada de la enzima D3 en tejidos como el h\u00edgado, los m\u00fasculos y el coraz\u00f3n, afirma Bianco. Como se ha visto, la mayor producci\u00f3n de la D3 en un tejido reduce dr\u00e1sticamente la presencia de la forma activa de la hormona de la tiroides. En esos casos terminales, el hipotiroidismo es aparentemente la postrera maniobra del organismo para desacelerar al m\u00ednimo posible el gasto energ\u00e9tico y as\u00ed quiz\u00e1 seguir vivo. Esta estrategia parece tener sentido. Al fin y al cabo, las c\u00e9lulas de los pacientes con hipotiroidismo pueden consumir alrededor de la mitad de la energ\u00eda de las c\u00e9lulas de los individuos normales y una cuarta parte de la de las personas con hipertiroidismo.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<br \/>\n<\/em>FREITAS, B. C. <em>et al.\u00a0<\/em><a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pmc\/articles\/PMC2877954\/\" target=\"_blank\">Paracrine signaling by glial cell-derived triiodothyronine activates neuronal gene expression in the rodent brain and human cells.<\/a> <strong>Journal of Clinical Investigation<\/strong>. v. 120, p. 2.206-17. jun. 2010.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Hipotiroidismo protege al cerebro contra agresiones como los derrames\r\n","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[316],"coauthors":[101],"class_list":["post-90059","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-medicina-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90059","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90059"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90059\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90059"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90059"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90059"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=90059"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}