{"id":90131,"date":"2011-01-01T00:00:00","date_gmt":"2011-01-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2011\/01\/01\/en-ruta-segura\/"},"modified":"2017-02-15T19:11:18","modified_gmt":"2017-02-15T21:11:18","slug":"en-ruta-segura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/en-ruta-segura\/","title":{"rendered":"En ruta segura"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_102567\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-102567\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"231\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota-120x96.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota-250x199.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">NASA<\/span>Sol y Tierra: nuevo modelo computacional evita colisi\u00f3n<span class=\"media-credits\">NASA<\/span><\/p><\/div>\n<p>La situaci\u00f3n era desconcertante. Durante las dos \u00faltimas d\u00e9cadas, cada vez que un astrof\u00edsico hacia una simulaci\u00f3n computacional sobre el origen del sistema solar, el resultado era invariablemente el mismo: la Tierra deber\u00eda haber desaparecido hace mucho tiempo. Alrededor de 100 mil a\u00f1os despu\u00e9s de su g\u00e9nesis, antes incluso de haberse formado por completo, el planeta deber\u00eda haber entrado en una espiral suicida que lo habr\u00eda hecho colisionar contra el Sol. De acuerdo con los modelos tradicionales que procuran explicar el surgimiento de los sistemas planetarios, la Tierra ser\u00eda otro cuerpo celeste destinado a chocarse contra la estrella madre. Claro que nada de eso sucedi\u00f3 y el impacto fatal nunca se produjo. Pero s\u00f3lo recientemente algunos investigadores formularon una teor\u00eda alternativa capaz de explicar por qu\u00e9 el planeta no fue engullido por el astro rey. \u201cLogramos hacer la primera simulaci\u00f3n en que la Tierra no \u2018se ca\u00eda\u2019 en el Sol\u201d, afirma el astrof\u00edsico Wladimir Lyra, un brasile\u00f1o de 29 a\u00f1os que est\u00e1 haciendo su posdoctorado en Museo Americano de Historia Natural (AMNH, sigla en ingl\u00e9s) de Nueva York. El investigador fue el encargado de alimentar con datos y llevar adelante el ensayo digital que en las computadoras cambi\u00f3 el curso de la historia evolutiva de la Tierra.<\/p>\n<p>Al igual que los dem\u00e1s planetas de nuestro sistema solar, la Tierra surgi\u00f3 a partir de la acumulaci\u00f3n de polvo y gas del disco protoplanetario, una nube que envolv\u00eda al Sol inmediatamente despu\u00e9s de su formaci\u00f3n, hace alrededor de 4.600 millones de a\u00f1os. Hoy en d\u00eda existe pr\u00e1cticamente un consenso entre los cient\u00edficos en el sentido de que los planetas del sistema solar \u2013 y tambi\u00e9n los m\u00e1s de 500 mundos extrasolares hasta ahora descubiertos\u00a0\u2013 no se originaron en el mismo lugar en que se encuentran actualmente. Nacieron en un punto del disco y luego de una serie de interacciones gravitacionales con el gas y con los objetos del sistema, migraron hacia otra regi\u00f3n. All\u00ed encontraron una \u00f3rbita de equilibrio alrededor del Sol y se establecieron.<\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos 20 a\u00f1os, los modelos computacionales adoptados por varios grupos de astrof\u00edsicos part\u00edan del principio de que, aunque la temperatura a lo largo de todo el disco variase (cuanto m\u00e1s cerca del Sol, m\u00e1s calor), cualquier fluctuaci\u00f3n t\u00e9rmica sufrida por el gas en un determinado punto era instant\u00e1neamente irradiada hacia el ambiente externo. En la pr\u00e1ctica, esto equivaldr\u00eda a decir que el eventual exceso de calor en un lugar espec\u00edfico se transfer\u00eda al espacio y la temperatura en cada punto del disco se manten\u00eda siempre constante. Las consecuencias de tal forma de pensar, que se emplea sin problemas en el estudio de las galaxias, eran catastr\u00f3ficas en las simulaciones sobre la evoluci\u00f3n del sistema solar: no solamente la Tierra, sino todos los planetas se estrellaban contra el Sol. \u201cCuando introdujimos fluctuaciones locales de temperatura en el disco, los planetas empezaron a migrar hacia \u00f3rbitas m\u00e1s alejadas del Sol\u201d, dice Lyra, que fue el primer autor de un art\u00edculo publicado en la edici\u00f3n del 1\u00b0 de junio de 2010 del <em>Astrophysical Journal Letters<\/em> (ApJL) con los resultados de las nuevas simulaciones.<\/p>\n<p>De acuerdo con los investigadores, el nuevo modelo prev\u00e9 la evaporaci\u00f3n total de la nube protoplanetaria al cabo de 5 millones de a\u00f1os y es capaz de explicar la migraci\u00f3n de planetas con masa hasta 40 veces mayor que la de la Tierra. \u201cDurante su proceso de evoluci\u00f3n, el disco pierde gas y queda con una densidad muy baja, a punto tal de ya no lograr mover a los planetas, que terminan as\u00ed entrando en sus nuevas \u00f3rbitas\u201d, explica el astrof\u00edsico Mordecai-Mark Mac Low, coordinador del trabajo del brasile\u00f1o en el AMNH y coautor del estudio.<\/p>\n<div id=\"attachment_102568\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-102568\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota2.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"179\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota2.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota2-120x74.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota2-250x154.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">ESO<\/span>La ilustraci\u00f3n muestra joven estrella con disco de gas a partir de lo cual se forman los planetas<span class=\"media-credits\">ESO<\/span><\/p><\/div>\n<p>Las ideas centrales que permitieron cargar la simulaci\u00f3n computacional derivan en gran medida de trabajos recientes de otro astrof\u00edsico de la nueva generaci\u00f3n. Desde 2006, el holand\u00e9s Sijme-Jan Paardekooper, de 31 a\u00f1os, quien actualmente lleva adelante un posdoctorado en el Departamento de Matem\u00e1tica Aplicada y F\u00edsica Te\u00f3rica de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, public\u00f3 estudios sobre los posibles efectos resultantes de variaciones de temperatura en el gas de un disco protoplanetario. \u201cSiempre apuntamos al modelo te\u00f3rico m\u00e1s simples que pueda explicar un fen\u00f3meno f\u00edsico\u201d, dice Paardekooper, que tambi\u00e9n suscribi\u00f3 el art\u00edculo en la ApJL.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n clave consiste en entender de qu\u00e9 manera la trayectoria de los embriones de planetas podr\u00eda cambiar de curso en una simulaci\u00f3n en funci\u00f3n de alteraciones t\u00e9rmicas en puntos espec\u00edficos de la nube de gas. Pero antes, es necesario tener en mente que la \u00f3rbita final de un planeta en formaci\u00f3n es determinada por una serie de variables, sobre todo las interacciones gravitacionales con los dem\u00e1s componentes del sistema (la estrella madre, otros planetas y el disco de gas). \u201cAlgunos factores favorecen la aparici\u00f3n de una migraci\u00f3n en direcci\u00f3n al Sol y otros hacia lejos de \u00e9ste\u201d, comenta Paardekooper. Por cuestiones did\u00e1cticas, la explicaci\u00f3n siguiente aborda el mecanismo central que, de acuerdo con las simulaciones de Lyra y sus colegas, sac\u00f3 a la Tierra de la ruta de colisi\u00f3n con el Sol.<\/p>\n<p>En un disco protoplanetario, la fuerza gravitacional de un planeta modifica la \u00f3rbita original del gas que lo rodea. En respuesta a este fen\u00f3meno, el planeta tambi\u00e9n altera su \u00f3rbita, pero en direcci\u00f3n opuesta de la que el gas fue desplazado. Hasta ah\u00ed, nada nuevo. Todo esto est\u00e1 previsto en la ley de acci\u00f3n y reacci\u00f3n de Isaac Newton. Pero el as en la manga surge ahora: de acuerdo con las nuevas simulaciones, al incorporar eventuales variaciones locales de temperatura en el disco protoplanetario, los investigadores se percataron de que el gas se vuelve m\u00e1s denso en las zonas m\u00e1s cercanas al Sol y es capaz de desplazar a la Tierra hacia una \u00f3rbita segura.<\/p>\n<p><strong>Tierras troyanas<br \/>\n<\/strong>Antes del trabajo que dilucid\u00f3 por qu\u00e9 la Tierra no migr\u00f3 hacia dentro del Sol, Lyra produjo otra simulaci\u00f3n computacional con discos protoplanetarios que tambi\u00e9n gener\u00f3 gran inter\u00e9s. En el marco de un estudio destacado en la portada de una de las ediciones de enero de 2009 de la revista cient\u00edfica <em>Astronomy &amp; Astrophysics<\/em>, el brasile\u00f1o y otros tres autores dieron a conocer c\u00e1lculos y ecuaciones que indican la posibilidad de que haya mundos rocosos, de masa similar a la de la Tierra, escondidos precisamente \u201cen los hombros\u201d de exoplanetas gigantes y gaseosos. Ser\u00edan las Tierras troyanas. A los objetos que siguen la misma \u00f3rbita de un cuerpo celeste mucho mayor, sin por ello llegar a chocarse con ese aventajado compa\u00f1ero de viaje, se los denomina troyanos. Se ubican en dos regiones, en los llamados puntos lagrangianos de la \u00f3rbita, 60 grados antes y 60 grados despu\u00e9s del lugar en que se encuentra el objeto mayor. Los puntos se llaman as\u00ed porque fueron postulados por el matem\u00e1tico y astr\u00f3nomo \u00edtalo-franc\u00e9s Joseph Louis Lagrange (1736-1813).<\/p>\n<p>No faltan objetos celestes que carguen el adjetivo de troyanos. El gigante gaseoso J\u00fapiter gira alrededor del Sol en compa\u00f1\u00eda de dos grupos de rocas celestes ubicadas en los puntos lagrangianos: los asteroides troyanos (de cuyo nombre surgi\u00f3 la inspiraci\u00f3n para denominar al fen\u00f3meno) y los asteroides griegos. Saturno, Marte y Neptuno tambi\u00e9n son escoltados por objetos troyanos. Pero nunca se ha hallado un planeta troyano, ni siquiera fuera del sistema solar, en donde se descubrieron exoplanetas que orbitan alrededor de m\u00e1s de 420 estrellas. \u201cLas simulaciones de Wladimir muestran que necesitamos los siguientes ingredientes para que haya Tierras troyanas: planetas gaseosos gigantes, como J\u00fapiter, deben formarse r\u00e1pidamente en un disco protoplanetario lleno de guijarros y pedregullos\u201d, afirma el astrof\u00edsico dan\u00e9s Anders Johansen, de 34 a\u00f1os, de la Universidad Lund, Suecia, uno de los coautores del estudio junto a Lyra. \u201cA medida que se concentran en los puntos lagrangianos, los s\u00f3lidos originan un cuerpo tan denso que forman planetas similares al nuestro.\u201d<\/p>\n<p>Al menos \u00e9se fue el resultado del modelo computacional que ide\u00f3 el brasile\u00f1o. En la simulaci\u00f3n, los guijarros y pedregullos que se juntaron para generar Tierras troyanas virtuales ten\u00edan entre 1 cent\u00edmetro y 1 metro. \u201cEmpezamos el experimento con objetos menores\u201d, comenta Lyra. \u201cDe esta forma, logramos resolver la hidrodin\u00e1mica del gas, la fuerza de arrastre en las part\u00edculas y su atracci\u00f3n gravitacional conjunta.\u201d Los cient\u00edficos saben que diminutos granos de polvo se juntan f\u00e1cilmente en discos protoplanetarios, pero la manutenci\u00f3n del proceso se vuelve incierta a medida que los cuerpos s\u00f3lidos se tornan mayores. De cualquier modo, si los c\u00e1lculos de los astrof\u00edsicos estuvieran en lo cierto, la posibilidad de que haya Tierras troyanas en el vecindario de grandes exoplanetas gaseosos es real. Faltar\u00eda solamente que el hombre hallase los medios de detectarlas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-102576\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota3.jpg\" alt=\"\" width=\"580\" height=\"274\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota3.jpg 580w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota3-120x57.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/01\/rota3-250x118.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">NASA \/ JPL-CALTECH<\/span><\/p>\n<p><strong>Baco en vez de HD 128311 b<\/strong><br \/>\n<em>Astrof\u00edsico propone la adopci\u00f3n de nombres de la mitolog\u00eda grecorromana para los exoplanetas conocidos<\/em><\/p>\n<p>No parecen nombres de planetas. Parecen matr\u00edculas de coches. As\u00ed define Wladimir Lyra a la terminolog\u00eda empleada para referirse a los m\u00e1s de 500 exoplanetas, mundos desabitados ubicados fuera del sistema solar descubiertos desde octubre de 1995. Hasta ahora, la regla ha sido denominarlos con el nombre de la estrella alrededor de la cual orbitan con el agregado de una letra (b, c, d y as\u00ed sucesivamente). Tres planetas giran alrededor de una estrella de la constelaci\u00f3n de Virgo, por ejemplo, el pulsar PSR 1257+12 (<em>en la ilustraci\u00f3n<\/em>). En la literatura cient\u00edfica, se los conoce como PSR 1257+12 b, PSR 1257+12 c y PSR 1257+12 d. Lyra propone bautizarlos con nombres de la mitolog\u00eda grecorromana asociados a la constelaci\u00f3n de la estrella. El tr\u00edo de planetas ser\u00eda entonces denominado S\u00edsifo, Ixi\u00f3n y T\u00e1ntalo.<\/p>\n<p>No se trata de una broma. El brasile\u00f1o elabor\u00f3 una propuesta formal, con nombres para m\u00e1s de 400 exoplanetas, y la elev\u00f3 a la Uni\u00f3n Astron\u00f3mica Internacional (IAU, sigla en ingl\u00e9s), el organismo que se dedica a ese tipo de tema. No le aceptaron la idea. Le dijeron que los cient\u00edficos usan la sopa de letras y n\u00fameros para referirse a los planetas sin ning\u00fan inconveniente. \u201cPero se olvidan que los astrof\u00edsicos tambi\u00e9n formaron parte alguna vez de la poblaci\u00f3n en general\u201d, dice Lyra. \u201cA los 6 a\u00f1os yo estaba fascinado con la idea de que hab\u00eda otros mundos como la Tierra y me pasaba d\u00edas memorizando los nombres de sat\u00e9lites como la Luna\u201d. Lyra a\u00fan no ha abandonado la idea y la presentar\u00e1 nuevamente ante la IAU.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nLYRA, W.<em> et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/iopscience.iop.org\/2041-8205\/715\/2\/L68\/\" target=\"_blank\">Orbital migration of low-mass planets in evolutionary radiative models: Avoiding catastrophic infall<\/a>. <strong>Astrophysical Journal Letters<\/strong>. v. 715, n. 2, p. L68-L73. 1\u00ba jun. 2010.<br \/>\nLYRA, W. <em>et al<\/em>.<a href=\"http:\/\/www.aanda.org\/index.php?option=com_article&amp;access=standard&amp;Itemid=129&amp;url=\/articles\/aa\/pdf\/2009\/03\/aa10797-08.pdf\" target=\"_blank\"> Standing on the shoulders of giants \u2013 Trojan Earths and vortex trapping in low-mass selfgravitating protoplanetary disks of gas and solids<\/a>. <strong>Astronomy &amp; Astrophysics<\/strong>. v. 493, n. 3, p. 1.125-39. jan. 2009.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Una simulaci\u00f3n explica por qu\u00e9 la Tierra no choc\u00f3 contra el Sol","protected":false},"author":13,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[274,304],"coauthors":[101],"class_list":["post-90131","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-astronomia-es","tag-fisica-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90131","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/13"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90131"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90131\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90131"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90131"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90131"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=90131"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}