{"id":90155,"date":"2011-02-01T10:40:00","date_gmt":"2011-02-01T12:40:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2011\/02\/01\/marionetas-de-ocho-patas\/"},"modified":"2017-02-16T14:27:03","modified_gmt":"2017-02-16T16:27:03","slug":"marionetas-de-ocho-patas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/marionetas-de-ocho-patas\/","title":{"rendered":"Marionetas de ocho patas"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-102609\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/art4351img12-300x183.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"183\" \/><span class=\"media-credits-inline\">JOBER SOBCZAK \/ UFSCAR<\/span>En la b\u00fasqueda de telas con dos o tres centenares de ara\u00f1as de una especie que vive en colonias, los bi\u00f3logos Marcelo Gonzaga y Jober Sobczak descubrieron algo todav\u00eda m\u00e1s sorprendente: una avispa posada en una tela sin ara\u00f1a a la vista. Un turista distra\u00eddo probablemente no prestar\u00eda atenci\u00f3n a la escena, pero Gonzaga, r\u00e1pidamente prepar\u00f3 la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica. El instinto estaba en lo cierto: a continuaci\u00f3n, una mosca fue capturada por la tela, y la ara\u00f1a emergi\u00f3 de la hoja enrollada que le serv\u00eda de guarida y, antes que alcanzase su plato del d\u00eda, fue atacada. La avispa sujet\u00f3 a la ara\u00f1a e introdujo su ovipositor en la boca de la due\u00f1a de la tela, liberando una sustancia paralizante durante el tiempo suficiente como para pegar un huevo en la parte posterior del abdomen de la v\u00edctima. El investigador presion\u00f3 el obturador de la c\u00e1mara y registr\u00f3 todo. &#8220;Fue una gran suerte, no imagin\u00e1bamos encontrar eso&#8221;, informa Gonzaga, docente de la Universidad Federal de Uberl\u00e2ndia (UFU), Minas Gerais, y miembro del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnolog\u00eda de los Hymenoptera Parasitoides de la Regi\u00f3n Sudeste Brasile\u00f1a.<\/p>\n<p>El encuentro fortuito en la sierra de Japi, una reserva del bosque atl\u00e1ntico de la localidad de Jundia\u00ed, interior de S\u00e3o Paulo, sucedi\u00f3 en 2007 y origin\u00f3 la primera descripci\u00f3n de la parasitosis de una ara\u00f1a (Araneus omnicolor) por parte de una avispa (Hymenoepimecis veranae) en el pa\u00eds. Un caso similar hab\u00eda sido informado siete a\u00f1os antes por William Eberhard, de la Universidad de Costa Rica. Desde entonces, Gonzaga mantuvo contacto con su colega de Centroam\u00e9rica y describi\u00f3 el comportamiento parasitario, una interacci\u00f3n en el que el hu\u00e9sped siempre es matado por el par\u00e1sito, en otras seis especies de avispas, dos de ellas hasta entonces desconocidas por la ciencia.<\/p>\n<p><strong>Lo que describieron Gonzaga y Sobczak<br \/>\n<\/strong>Alumno de doctorado de Ang\u00e9lica Penteado Dias, de la Universidad Federal de S\u00e3o Carlos (UFSCar), y co dirigido por Gonzaga \u2014\u00a0es un procedimiento complejo que involucra la manipulaci\u00f3n del hu\u00e9sped por parte de la avispa. Luego de paralizar a la ara\u00f1a (el veneno llega al sistema nervioso central a trav\u00e9s del ganglio subesof\u00e1gico), la avispa inspecciona el abdomen de la v\u00edctima y, de ser necesario, mata y remueve a alguna larva competidora. Acto seguido, deposita all\u00ed un huevo de donde saldr\u00e1 una larva, que se adhiere al cuerpo de la ara\u00f1a, realizando perforaciones en su abdomen y aliment\u00e1ndose de hemolinfa, el fluido correspondiente a la sangre.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/060-063_Vespa_1801.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-209166\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/060-063_Vespa_1801-813x1024.jpg\" alt=\"060-063_Vespa_180\" width=\"290\" height=\"365\" \/><\/a>Dos semanas despu\u00e9s, al momento en que la larva forma la c\u00e1psula en donde se transformar\u00e1 en una avispa adulta, la ara\u00f1a altera s\u00fabitamente la estructura de su tela. Pr\u00e1cticamente deja de producir la espiral de hilos viscosos que capturan las presas y monta una estructura m\u00e1s simple y resistente. En algunos casos, crea incluso una barrera de seda que protege el capullo. La larva se prende entonces a los hilos de la tela mediante unas estructuras en forma de gancho que surgen de su caparaz\u00f3n en la \u00faltima muda, mata a la ara\u00f1a y forma su capullo.<\/p>\n<p>En un 40% de las 85 telas examinadas en el trabajo publicado en 2007 en Naturwissenschaften, la pareja de bi\u00f3logos encontr\u00f3 hembras maduras de ara\u00f1as con par\u00e1sitos o ya solamente el capullo adherido a la tela. Es una proporci\u00f3n alta, dado que las avispas no atacan a cualquier ara\u00f1a. Gonzaga y Sobczak no encontraron machos parasitazos, pero ser\u00eda prematuro afirmar que \u00e9stos no resultan v\u00edctimas por ser de menor tama\u00f1o o si no estaban a disposici\u00f3n de los investigadores durante la \u00e9poca del a\u00f1o en que fue realizado el estudio, entre los meses de marzo y abril. Gonzaga explica que las hembras muy grandes cuentan con mayor capacidad de luchar y dar vuelta el partido, transformando a la avispa en almuerzo. &#8220;Nunca encontramos hembras grandes parasitadas&#8221;, comenta. Tampoco las ara\u00f1as peque\u00f1as parecen ser un buen blanco por no contar con el tama\u00f1o suficiente como para sustentar el desarrollo de una larva de avispa. Adem\u00e1s, las habitantes inmaduras de las telas todav\u00eda deben atravesar por mudas (cambio del esqueleto, que es externo) hasta alcanzar el tama\u00f1o adulto, lo cual dejar\u00eda a la larva adherida a un cascar\u00f3n seco y hueco para nada nutritivo. Para sobrevivir, las avispas deben escoger muy bien.<\/p>\n<p>El hallazgo de nuevos casos de avispas parasitarias y la descripci\u00f3n de la interacci\u00f3n entre ellas y sus hu\u00e9spedes constituy\u00f3 tan s\u00f3lo el primer paso de la investigaci\u00f3n. Hasta ahora, las especies identificadas en Brasil fueron halladas en el bosque atl\u00e1ntico, en S\u00e3o Paulo y en Esp\u00edrito Santo. No obstante, eso no significa que las avispas par\u00e1sitas de ara\u00f1as sean exclusivas de este ecosistema. La restricci\u00f3n geogr\u00e1fica est\u00e1 determinada por la regi\u00f3n en donde Gonzaga realiz\u00f3 su estudio: \u00e9l trabaj\u00f3 en el bosque atl\u00e1ntico durante su posdoctorado en la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y tambi\u00e9n durante el per\u00edodo en que fue investigador en la UFSCar con financiaci\u00f3n del programa J\u00f3venes Investigadores de la FAPESP.<\/p>\n<p>En Uberl\u00e2ndia desde 2008, Gonzaga comienza ahora a explorar la sabana de la Estaci\u00f3n Ecol\u00f3gica de Panga, un \u00e1rea de investigaci\u00f3n de la UFU ubicada a 30 kil\u00f3metros de la ciudad, &#8220;Ya he observado que la interacci\u00f3n entre la Nephila y la Hymenoepimecis bicolor, que not\u00e1ramos en la sierra de Japi, tambi\u00e9n existe en el cerrado&#8221;, informa el bi\u00f3logo. \u00c9l tambi\u00e9n descubri\u00f3 una especie de avispa par\u00e1sita de ara\u00f1as que viven en colonias, pero falta publicar la descripci\u00f3n. Parte del proceso de descripci\u00f3n del parasitismo ha consistido en comparar los comportamientos que Gonzaga y Sobczak encontraron aqu\u00ed en Brasil con aqu\u00e9llos hallados por Eberhard en Costa Rica. &#8220;Hasta ahora los patrones de comportamiento se repiten, y las modificaciones en las telas son similares&#8221;.<\/p>\n<p><strong>Mecanismos<br \/>\n<\/strong>Otra fase del estudio, que se est\u00e1 realizando simult\u00e1neamente, consiste en comprender cu\u00e1l\u00a0 es la se\u00f1al que la ara\u00f1a reconoce para la modificaci\u00f3n de la tela. Los bi\u00f3logos brasile\u00f1os han descartado la hip\u00f3tesis de que la energ\u00eda succionada por las larvas alterar\u00eda el comportamiento de la ara\u00f1a, tal como demostraron en un experimento descrito en 2010 en la revista Ethology, Ecology and Evolution. En campo, ellos dispusieron jaulas de bamb\u00fa y malla alrededor de las ramas y arbustos que sosten\u00edan 15 telas, como modo de impedir que los insectos llegasen hasta ellas. Y luego controlaron la alimentaci\u00f3n de las ara\u00f1as durante 21 d\u00edas. A un grupo sin par\u00e1sitas se le suministraba una mosca por d\u00eda, a otro tambi\u00e9n sin larva se lo dejaba sin comida y el tercer grupo, el de las ara\u00f1as parasitadas, recib\u00eda una mosca cada d\u00eda. Las ara\u00f1as adelgazaron con el tratamiento, pero no pasaron a producir telas como las que sujetan los capullos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-102610\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/art4351img2-300x1832.jpg\" alt=\"art4351img2-300x183\" width=\"300\" height=\"183\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/art4351img2-300x1832.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/art4351img2-300x1832-120x73.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/02\/art4351img2-300x1832-250x153.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><span class=\"media-credits-inline\">MARCELO GONZAGA \/ UFU<\/span>En colaboraci\u00f3n con un grupo de la Unicamp, Sobczak intenta descubrir posibles alteraciones qu\u00edmicas en las larvas durante la etapa final de su desarrollo. &#8220;No sabemos si la larva inyecta un compuesto desconocido en el hu\u00e9sped o si induce a la ara\u00f1a a producir una sustancia parecida a la que libera antes de la muda, ya que la tela modificada se asemeja a la que las ara\u00f1as construyen en esos momentos&#8221;, explica Gonzaga.<\/p>\n<p>Sobczak, lleva invertida buena parte de su tiempo en la sierra de Japi, donde realiza experimentos de campo, en la evaluaci\u00f3n de la importancia de la modificaci\u00f3n de las telas para la supervivencia de las larvas. Seg\u00fan Gonzaga, una tela normal se deshace en pocos d\u00edas si no recibe el mantenimiento constante de la ara\u00f1a, mientras que la modificada dura m\u00e1s de un mes, tiempo m\u00e1s que suficiente para la larva, que pasa alrededor de una semana en el capullo para transformarse en una avispa adulta. La tela que alberga al capullo es m\u00e1s robusta porque est\u00e1 realizada con hilos reforzados adheridos a ramas y hojas y tambi\u00e9n porque no cuenta con los hilos adhesivos que sirven de trampa para los insectos. &#8220;Una presa debati\u00e9ndose en la tela podr\u00eda derribar al capullo&#8221;, imagina el bi\u00f3logo de la UFU.<\/p>\n<p>En el intento de probar que la tela modificada interviene en la supervivencia de las avispas, Sobczak est\u00e1 instalando capullos en telas normales. Tan pronto como la ara\u00f1a modifica la tela y la larva se dispone a matarla y encapsularse, \u00e9l transfiere hacia una tela intacta y deshabitada a la ara\u00f1a y a la larva, que construye su capullo en una tela que continuar\u00e1 capturando insectos y no recibir\u00e1 el mantenimiento de una ara\u00f1a. Los resultados, a\u00fan iniciales, apuntan en la direcci\u00f3n esperada: los capullos no prosperan en las telas normales.<\/p>\n<p>Gonzaga tiene mucho trabajo por delante. El universo de la manipulaci\u00f3n de hu\u00e9spedes por par\u00e1sitos cuenta con una serie de ejemplos fascinantes. Es el caso de la oruga de mariposa que resulta ni\u00f1era de los capullos de avispas que se alimentan de ella en su fase larval, estudiado por un grupo holand\u00e9s de la Universidad de \u00c1msterdam, en colaboraci\u00f3n con investigadores de la Universidad Federal de Vi\u00e7osa (UFV), Minas Gerais, liderados por Eraldo Lima y Angelo Pallini.<\/p>\n<p>Las orugas Thyrinteina leucocerae y las avispas del g\u00e9nero Glyptapanteles fueron recolectadas en el campus de la UFV y mantenidas en laboratorio. En este caso, los huevos, alrededor de 80, son depositados dentro del cuerpo del hu\u00e9sped. Las larvas emergen por orificios que practican en las orugas, que permanece junto a los capullos hasta el final del desarrollo de la avispa, seg\u00fan un art\u00edculo de 2008 publicado en revista PLoS One. Frente a los ataques de los predadores, la guardiana realiza vigorosos movimientos con la cabeza y espanta hasta a la mitad de ellos. Pero muere poco despu\u00e9s que las avispas adultas emergen de los capullos. Es posible que las larvas que permanecen vivas dentro de la oruga manejen los hilos de esta marioneta, pero no se sabe c\u00f3mo.<\/p>\n<p>Manipulaciones todav\u00eda m\u00e1s espectaculares por parte de avispas parasitarias ya han sido descritas en otros pa\u00edses, pero resulta dif\u00edcil imaginar que se trate de ubicaciones privilegiadas. En funci\u00f3n de la inmensa diversidad biol\u00f3gica que albergan los ecosistemas brasile\u00f1os, es cuesti\u00f3n de tiempo \u2014\u00a0y de mucho trabajo \u2014\u00a0hasta que surjan otros ejemplos. Dignos, quien sabe de las m\u00e1s horripilantes pel\u00edculas de terror.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2011\/02\/09\/aranhas-a-servi%C3%A7o-de-vespas\/\" target=\"_blank\"><em>Vea la galer\u00eda de fotos.<\/em><\/a><\/p>\n<p><strong>El proyecto<br \/>\n<\/strong>Cuidado maternal en ara\u00f1as de la familia Theridiidae (<a href=\"http:\/\/www.bv.fapesp.br\/pt\/auxilios\/4211\/cuidado-maternal-em-aranhas-da-familia-theridiidae\/\" target=\"_blank\">n\u00ba 2006\/59810-8<\/a>);\u00a0<strong>Modalidad\u00a0<\/strong>J\u00f3venes Investigadores;\u00a0<strong>Coordinador\u00a0<\/strong>Marcelo de Oliveira Gonzaga \u2014\u00a0UFSCar;\u00a0<strong>Inversi\u00f3n\u00a0<\/strong>R$ 52.450,78 (FAPESP)<\/p>\n<p><em>Art\u00edculo cient\u00edfico<br \/>\n<\/em>GONZAGA, M. O. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.tandfonline.com\/doi\/abs\/10.1080\/03949371003707836\" target=\"_blank\">Modification of <em>Nephila clavipes<\/em> (Araneae, Nephilidae) webs induced by the parasitoids <em>Hymenoepimecis bicolor<\/em> and <em>H. robertsae<\/em> (Hymenoptera Ichneumonidae)<\/a>.\u00a0<strong>Ethology Ecology &amp; Evolution<\/strong>. v. 22, p. 151-65. 2010.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Larvas de avispas controlan el comportamiento de ara\u00f1as\r\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[293,335],"coauthors":[95],"class_list":["post-90155","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-ecologia-es","tag-zoologia-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90155","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90155"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90155\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90155"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90155"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90155"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=90155"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}