{"id":90196,"date":"2011-04-01T00:00:00","date_gmt":"2011-04-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2011\/04\/01\/la-herencia-americana\/"},"modified":"2017-02-17T12:54:51","modified_gmt":"2017-02-17T14:54:51","slug":"la-herencia-americana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-herencia-americana\/","title":{"rendered":"La herencia americana"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_100012\" style=\"max-width: 228px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-100012 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img11-218x300.jpg\" alt=\"\" width=\"218\" height=\"300\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\"> MARIO BOLLINI<\/span>Mayas de Guatemala: uno de los pueblos portadores de la mutaci\u00f3n<span class=\"media-credits\"> MARIO BOLLINI<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los pueblos originarios de Am\u00e9rica y sus descendientes llevan en sus cuerpos una caracter\u00edstica particular que los distingue de las poblaciones de los otros continentes. Hace casi 300 generaciones que sus c\u00e9lulas albergan una alteraci\u00f3n gen\u00e9tica que en el pasado permiti\u00f3 su supervivencia, pero que en los \u00faltimos 40 a\u00f1os ha venido contribuyendo a enfermarlos. Esa mutaci\u00f3n, hallada por un equipo internacional de investigadores en 29 poblaciones abor\u00edgenes americanas, especialmente de M\u00e9xico y Am\u00e9rica Central, aumenta la reserva de energ\u00eda de las c\u00e9lulas y, en tiempos de abundancia alimenticia, favorece el desarrollo de los problemas de salud que m\u00e1s se est\u00e1n incrementando a nivel mundial: la obesidad, la diabetes y las afecciones cardiovasculares, que matan a 17 millones de personas anualmente.<\/p>\n<p>La variaci\u00f3n gen\u00e9tica detectada hasta ahora solamente en abor\u00edgenes americanos contempor\u00e1neos y sus descendientes afecta a un gen conocido por la sigla ABCA1 y origina un cambio en uno de los 140 millones de nucle\u00f3tidos (las unidades formadoras del ADN) que conforman el cromosoma 9. Ese tipo de alteraci\u00f3n, com\u00fan en el organismo, ocurre miles de veces mientras las c\u00e9lulas duplican su material gen\u00e9tico antes de dividirse y casi siempre se corrige mediante los mecanismos de reparaci\u00f3n celular. Cuando ese mecanismo falla, el cambio no suele interferir en el funcionamiento del cuerpo.<\/p>\n<p>Sin embargo, \u00e9se no es el caso de la falla en el ABCA1. La sustituci\u00f3n de un \u00fanico nucle\u00f3tido en ese gen modifica la estructura de una prote\u00edna de la membrana celular que controla el nivel de colesterol en las c\u00e9lulas. Como resultado de ello, las c\u00e9lulas acumulan un \u00edndice un 30% mayor de colesterol, que interviene en la composici\u00f3n de hormonas y sirve como reservorio energ\u00e9tico.<\/p>\n<p>\u00c9sta no es la primera alteraci\u00f3n observada en ese gen, ni la \u00fanica caracter\u00edstica de los nativos americanos, expresa V\u00edctor Acu\u00f1a-Alonzo, investigador del Instituto Nacional de Arqueolog\u00eda e Historia (INAH) de M\u00e9xico, primer autor del art\u00edculo que describi\u00f3 la frecuencia de esa mutaci\u00f3n entre los amerindios en la revista <em>Human Molecular Genetics <\/em>de julio de 2010. Aunque, hasta donde conocemos, es la primera mutaci\u00f3n que, adem\u00e1s de ser exclusiva de esos pueblos, fue seleccionada por las condiciones ambientales, se esparci\u00f3 por el continente y afecta al funcionamiento del organismo.<\/p>\n<p>V\u00edctor, miembro del equipo del bioqu\u00edmico Samuel Canizales-Quinteros, que estudia los efectos de esa alteraci\u00f3n en la poblaci\u00f3n mexicana, se encuentra trabajando con investigadores de Brasil y otros pa\u00edses en el mapeo de esa variaci\u00f3n gen\u00e9tica en el continente. Durante su primera visita al pa\u00eds en el a\u00f1o 2008, s\u00f3lo contaba con muestras de sangre de abor\u00edgenes de M\u00e9xico y de Am\u00e9rica Central. En la Universidad Federal de R\u00edo Grande do Sul conoci\u00f3 a los genetistas Francisco Salzano y Maria C\u00e1tira Bortolini, quienes dispon\u00edan del material gen\u00e9tico de 5 mil abor\u00edgenes sudamericanos y le propusieron trabajar en colaboraci\u00f3n. El mismo a\u00f1o, T\u00e1bita H\u00fcnemeier, quien realizaba un doctorado bajo la direcci\u00f3n de Maria C\u00e1tira, pas\u00f3 dos meses en la Unam, dirigi\u00e9ndose luego para el laboratorio de Andr\u00e9s Ruiz-Linares, en la University College London, en donde caracteriz\u00f3 al gen ABCA1 de abor\u00edgenes de los Andes y de Canad\u00e1.<\/p>\n<p>T\u00e1bita, V\u00edctor y Teresa Flores Dorantes analizaron informes gen\u00e9ticos de 4.405 individuos de 38 poblaciones abor\u00edgenes americanas y las cotejaron con las de 863 miembros de poblaciones asi\u00e1ticas, europeas y africanas. Constataron que la alteraci\u00f3n gen\u00e9tica en el ABCA1 que origina el reemplazo de un amino\u00e1cido arginina por uno ciste\u00edna, no existe en los otros continentes al menos no en los grupos estudiados y afecta en promedio a un 15% de los nativos americanos. Aunque su frecuencia var\u00eda bastante. Ning\u00fan individuo del pueblo Seri, del noroeste de M\u00e9xico, presenta la alteraci\u00f3n, hallada en un 29% de los abor\u00edgenes Coras, un 21% de los Zapotecas, y un\u00a0 20% de los Mayas, en Mesoam\u00e9rica. En Am\u00e9rica del Sur, la mutaci\u00f3n no fue detectada entre los Jamamadis y Karitianas, de la Amazon\u00eda, o en los Mapuches, de Chile y Argentina, pero es com\u00fan entre los Xavantes (un 31%) de Mato Grosso.<\/p>\n<p>Pese a esas diferencias, existe un patr\u00f3n en los datos: la distribuci\u00f3n de esa variante gen\u00e9tica resulta m\u00e1s homog\u00e9nea en M\u00e9xico y Am\u00e9rica Central, escasa en los Andes y oscilante en las tierras m\u00e1s bajas de Suram\u00e9rica, en donde est\u00e1 comprendido Brasil. En el art\u00edculo de la <em>Human Molecular Genetics<\/em>, los investigadores plantean dos explicaciones.<\/p>\n<div id=\"attachment_100013\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-100013 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img2a1.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"245\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img2a1.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img2a1-120x101.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img2a1-250x211.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">AFP<\/span>La premio Nobel Rigoberta Mench\u00fa, descendiente de los Mayas<span class=\"media-credits\">AFP<\/span><\/p><\/div>\n<p>La primera expresa que la mutaci\u00f3n debe haber favorecido la supervivencia de los individuos por presentar un efecto protector contra las enfermedades infecciosas. Virus tales como el de la fiebre amarilla y el dengue, o el par\u00e1sito causante de la malaria, parecen necesitar del colesterol para invadir el organismo y reproducirse. Y ser\u00edan perjudicados por esa alteraci\u00f3n en el gen ABCA1. Los experimentos del equipo de Canizales revelan que las c\u00e9lulas con la variante alterada del gen liberan un 30% menos de colesterol en sangre. Con menor cantidad de colesterol disponible para los agentes infecciosos, una mayor cantidad de gente sobrevivir\u00eda y transmitir\u00eda a las generaciones siguientes el gen alterado. Hay un dato que sostiene esta idea: los pueblos en que la mutaci\u00f3n en el ABCA1 resulta m\u00e1s com\u00fan viven en las regiones donde es mayor la incidencia de esas infecciones.<\/p>\n<p>T\u00e1bita y Maria C\u00e1tira, quienes firman junto con V\u00edctor y Canizales otro art\u00edculo que todav\u00eda no ha sido publicado, consideran mayormente una segunda explicaci\u00f3n, la denominada hip\u00f3tesis del gen frugal. Seg\u00fan esta teor\u00eda, postulada en 1962 por el genetista\u00a0 estadounidense James Neel, las caracter\u00edsticas gen\u00e9ticas que de alguna manera se muestran ventajosas se mantendr\u00edan en una poblaci\u00f3n. En el lenguaje de los bi\u00f3logos, atravesar\u00edan un proceso de selecci\u00f3n positiva. En este caso, la reducci\u00f3n del flujo de colesterol hacia el exterior de las c\u00e9lulas redundar\u00eda en una mayor acumulaci\u00f3n de energ\u00eda, fundamental para los per\u00edodos de escasez alimenticia, tales como los que los primeros habitantes de Am\u00e9rica y de otros sitios del globo &#8211; deben haber enfrentado a menudo antes de que la agricultura se volviese estable y los animales fuesen domesticados.<\/p>\n<p>Las investigadoras <em>ga\u00fachas <\/em>[naturales de Rio Grande do Sul] evidencian en la domesticaci\u00f3n del cultivo del ma\u00edz, el probable factor que cataliz\u00f3 la dispersi\u00f3n de esa forma alterada del ABCA1 entre la poblaci\u00f3n amerindia, especialmente en Mesoam\u00e9rica. Datos arqueol\u00f3gicos recientes indican que el ancestro silvestre del ma\u00edz una gram\u00ednea denominada <em>teosinte o tambi\u00e9n teosintle<\/em>, que produce vainas como las del man\u00ed o cacahuate comenz\u00f3 a ser cultivado hace 8.700 a\u00f1os en el valle del r\u00edo Balsas, en el sur de M\u00e9xico. All\u00ed se encontraron artefactos de piedra y microf\u00f3siles de ma\u00edz, que, seg\u00fan se estima, suministraron un 70% de las calor\u00edas consumidas por los pueblos de Meso\u00e1m\u00e9rica y todav\u00eda constituyen la base de la dieta en esa regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Luego de analizar las alteraciones relacionadas con el ABCA1, T\u00e1bita y Maria C\u00e1tira estiman que la variante que favorece la acumulaci\u00f3n de colesterol en las c\u00e9lulas surgi\u00f3 hace 8.300 a\u00f1os, casi 10 mil a\u00f1os despu\u00e9s de que los primeros seres humanos arribaron a Am\u00e9rica (<a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2011\/04\/01\/como-nuestros-padres\/\" target=\"_blank\">lea el texto<em> Como nuestros padres<\/em><\/a>).<\/p>\n<p>Este dato coincide con el comienzo del cultivo del ma\u00edz y fortalece la idea que indica que el cereal puede haber contribuido a la selecci\u00f3n positiva de esa mutaci\u00f3n. Seg\u00fan la opini\u00f3n de John Doebley, de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, y estudioso del origen del cultivo del ma\u00edz, resulta l\u00f3gico pensar que el comienzo de la agricultura en Am\u00e9rica haya influido en la selecci\u00f3n de la variante mutada del ABCA1, as\u00ed como el consumo de leche y la domesticaci\u00f3n de la vaca originaron un aumento de la frecuencia de la variante gen\u00e9tica que permite a los adultos digerir la lactosa en Europa y en \u00c1frica.<\/p>\n<p>Pero, lo que en el pasado fue una ventaja evolutiva, \u00bfse mantendr\u00eda luego del comienzo de la agricultura Es probable que s\u00ed. Los investigadores imaginan que, luego de identificar al ma\u00edz como alimento y aprender a cultivarlo, los abor\u00edgenes se tornaron sedentarios y la poblaci\u00f3n se multiplic\u00f3. Christopher Gignoux, de la Universidad Stanford, utiliz\u00f3 datos gen\u00e9ticos de pueblos que practican la agricultura y grupos de cazadores-recolectores, para estimar el ritmo de crecimiento poblacional. En un estudio que saldr\u00e1 publicado en la revista <em>PNAS<\/em>, Gignoux concluye que el surgimiento de la agricultura quintuplic\u00f3 el \u00edndice de crecimiento de las poblaciones en Europa, Asia y \u00c1frica.<\/p>\n<p>Los grupos anteriormente formados por decenas de personas pasaron a albergar miles. Aument\u00f3 la cantidad de brazos para producir, y la de bocas por saciar. Se imagina que, al comienzo, la agricultura debe haber generado un \u00e9xito solamente parcial, dice Maria C\u00e1tira. Informes arqueol\u00f3gicos se calcula el grado de desnutrici\u00f3n analizando los dientes y los huesos sugieren que los per\u00edodos de escasez de alimentos (y de alta mortalidad) fueron frecuentes durante los primeros miles de a\u00f1os, antes de que la producci\u00f3n se estabilizase.<\/p>\n<div id=\"attachment_100014\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-100014 \" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img31.jpg\" alt=\"\" width=\"290\" height=\"223\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img31.jpg 290w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img31-120x92.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/04\/art4389img31-250x192.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">MATT LAVIN \/ MONTANA STATE UNIVERSITY (TEOSINTE) E USDA<\/span>Teosinte, arriba: ancestro silvestre del ma\u00edz<span class=\"media-credits\">MATT LAVIN \/ MONTANA STATE UNIVERSITY (TEOSINTE) E USDA<\/span><\/p><\/div>\n<p>Solamente los que lograsen almacenar energ\u00eda y soportar durante m\u00e1s tiempo el hambre ser\u00edan capaces de sobrellevar esos per\u00edodos. En esas \u00e9pocas, hasta un 80% de las personas que sobrevivieron deber\u00edan ser portadoras de al menos una copia de la forma alterada del ABCA1, calcula T\u00e1bita. Si se comprueba la hip\u00f3tesis de que el cultivo del ma\u00edz propici\u00f3 la expansi\u00f3n de la mutaci\u00f3n en Am\u00e9rica, \u00e9ste ser\u00eda el primer caso registrado de selecci\u00f3n natural bajo influjo de la agricultura entre los pueblos originarios americanos. Aunque, por ahora, esto es s\u00f3lo una hip\u00f3tesis. La \u00fanica convicci\u00f3n de los investigadores indica que, en M\u00e9xico y en Am\u00e9rica Central, la dispersi\u00f3n del gen alterado no sucedi\u00f3 por azar. Ahora bien, en Am\u00e9rica del Sur, especialmente en Brasil, puede haber resultado distinto, debido a que el ma\u00edz no revisti\u00f3 la misma importancia, ni existen evidencias s\u00f3lidas de que hayan existido grandes grupos poblacionales.<\/p>\n<p>Sea cual fuere la explicaci\u00f3n, lo cierto es que el factor que permiti\u00f3 sortear \u00e9pocas de hambruna, actualmente debilita la salud de los amerindios. Canizales y su equipo revelaron a\u00f1os atr\u00e1s que esa alteraci\u00f3n en el ABCA1, presente en un 20% de la poblaci\u00f3n mexicana, es m\u00e1s frecuente entre las personas obesas, con diabetes e \u00edndices anormales de colesterol (dislipidemia). Tambi\u00e9n percibieron que la misma propicia la obesidad, la diabetes y las dislipidemias, que constituyen factores de riesgo en las afecciones cardiovasculares. Ahora, al cotejar los datos gen\u00e9ticos con informaciones sobre estatura, peso y niveles de l\u00edpidos y az\u00facares en 1.729 personas, el grupo not\u00f3 que, entre las alteraciones conocidas del ABCA1, la mutaci\u00f3n que conduce al cambio de la arginina por la ciste\u00edna es la que m\u00e1s contribuye a la reducci\u00f3n de los niveles de HDL, la forma de dislipidemia m\u00e1s com\u00fan en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Aunque aparentemente se encuentran ausentes en otras poblaciones, estas mutaciones t\u00edpicas de grupos espec\u00edficos pueden poseer un efecto funcional importante, en ese caso,\u00a0 sobre el metabolismo, explica la genetista Carla D\u00c1ngelo, de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP). Debido a que la alteraci\u00f3n resulta compartida por otros pueblos de Am\u00e9rica, considero que puede afectar a la salud de las personas de Ecuador, Per\u00fa, y Bolivia, donde el componente aborigen en la poblaci\u00f3n es importante, afirma V\u00edctor. A partir de ahora, dice Maria C\u00e1tira, no ser\u00e1 posible comprender los problemas metab\u00f3licos de los pueblos nativos de Am\u00e9rica sin considerar el rol de esa alteraci\u00f3n gen\u00e9tica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Grupos abor\u00edgenes de todo el continente comparten una alteraci\u00f3n gen\u00e9tica","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[179],"tags":[270,306,316],"coauthors":[105],"class_list":["post-90196","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-tapa","tag-antropologia-es","tag-genetica-es","tag-medicina-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90196","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90196"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90196\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90196"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90196"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90196"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=90196"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}