{"id":90529,"date":"2011-10-01T00:00:00","date_gmt":"2011-10-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2011\/10\/01\/la-fuerza-social-del-culto-umbanda\/"},"modified":"2013-03-07T17:05:56","modified_gmt":"2013-03-07T20:05:56","slug":"la-fuerza-social-del-culto-umbanda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/la-fuerza-social-del-culto-umbanda\/","title":{"rendered":"La fuerza social del culto umbanda"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_92997\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2011\/10\/01\/la-fuerza-social-del-culto-umbanda\/art4540img1-3\/\" rel=\"attachment wp-att-92997\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-92997\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img11.jpg\" width=\"300\" height=\"424\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img11.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img11-120x170.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img11-250x353.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">ALBANI RAMOS \/ FOLHAPRESS<\/span><\/a> Hijos de santos reciben a las entidades durante un culto en el terreiro de Pai Benedito, en Cod\u00f3, Maranh\u00e3o<span class=\"media-credits\">ALBANI RAMOS \/ FOLHAPRESS<\/span><\/p><\/div>\n<p>De acuerdo con la publicaci\u00f3n denominada <em>Mapa das religi\u00f5es<\/em>, dada a conocer recientemente por la Funda\u00e7\u00e3o Get\u00falio Vargas (FGV), la cantidad de personas que se declararon umbandistas se resume al 0,23% de la poblaci\u00f3n brasile\u00f1a. En 1980 ya reun\u00edan un menguado 0,6%, porcentaje que se redujo al 0,5% en 1991 y al 0,3% en 2000, de acuerdo con Instituto Brasile\u00f1o de Geograf\u00eda y Estad\u00edstica [IBGE]. \u00bfCu\u00e1les son las consecuencias de esta disminuci\u00f3n demogr\u00e1fica de la umbanda, tenida como la primera religi\u00f3n efectivamente brasile\u00f1a&#8221;. &#8220;Que el catolicismo se redujese cada vez m\u00e1s era se esperarse. Pero que sea la umbanda, la &#8220;religi\u00f3n brasile\u00f1a&#8221; por antonomasia, una mezcla de indios, negros y europeos, prosopopeya consumada de nuestro mestizaje constitutivo, a la que los cient\u00edficos sociales consideraron una forma religiosa plenamente ajustada, habida cuenta de su sincretismo con la realidad brasile\u00f1a, incluso la realidad m\u00e1s urbana y modernizada, es un fen\u00f3meno que da que pensar. Me entristece la declinaci\u00f3n censal de la umbanda, es &#8220;el Brasil brasile\u00f1o&#8221; que se diluye&#8221;, analiza Fl\u00e1vio Pierucci, soci\u00f3logo de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP) y autor de <em>A religi\u00e3o como solvente<\/em> (2006). En las p\u00e1ginas finales de <em>As religi\u00f5es africanas no Brasil<\/em> (1958), Roger Bastide ya advert\u00eda al respecto de &#8220;las amenazas que se ciernen sobre la umbanda&#8221;, sin la cual no existen m\u00e1s defesas seguras contra las tensiones y los conflictos peculiares de la sociedad de clases. Las comunidades umbandistas no ser\u00edan m\u00e1s &#8220;nichos&#8221;.<\/p>\n<p>En ellas, los valores de lo sagrado corrompido reflejar\u00edan las dilaceraciones de la sociedad inclusiva. Pero no todo lo que es m\u00e1gico se disuelve en el aire: \u00bfqu\u00e9 estamos perdiendo con el debilitamiento de la umbanda?<\/p>\n<p>&#8220;La historia cultural brasile\u00f1a puede aprenderse y aprehenderse, adem\u00e1s de en los libros de historia, en los llamado terreiros de umbanda [il\u00e9s o casas de umbanda, lugares de culto]. La umbanda reinterpreta los valores, las visiones hist\u00f3ricas y los acontecimientos nacionales, en di\u00e1logo con la realidad. Los tipos de pertenencia de sus esp\u00edritus reflejan tambi\u00e9n grupos que generalmente sufren o sufrieron la exclusi\u00f3n social, una marca de la resistencia y la preservaci\u00f3n de un modo de dialogar con la realidad social de manera tal de articular mediante rituales la inclusi\u00f3n social&#8221;, afirma el psic\u00f3logo Jos\u00e9 Francisco Miguel Henriques Bairr\u00e3o, docente de psicolog\u00eda social de la Universidad de S\u00e3o Paulo (USP), en donde coordina el Laboratorio de Etnopsicolog\u00eda, que se aboca al estudio de fen\u00f3menos ligados a la umbanda, tales como el trance umbandista, un acto enunciativo en el que se condensan reminiscencias personales y sociales. &#8220;Portadoras de voces ancestrales inconscientes, esas memorias, una vez rescatadas, pueden distribuir beneficios ps\u00edquicos y simb\u00f3licos a sus herederos&#8221;, recuerda el investigador. Seg\u00fan Bairr\u00e3o, el Panth\u0115on umbandista est\u00e1 constituido por personajes que se\u00f1alan la necesidad en el pasado (la memoria colectiva), como as\u00ed tambi\u00e9n en muchos casos a\u00fan en el presente, de atenci\u00f3n y de inclusi\u00f3n, una visi\u00f3n bastante alejada de la &#8220;teolog\u00eda de la prosperidad&#8221; de la Iglesia Universal, que ve en ella un rival que debe ser diezmado, como religi\u00f3n del diablo y del mal.<\/p>\n<p>La particularidad religiosa de la umbanda, sostiene el autor, que no es ni africana ni cristiana, puede ser la expresi\u00f3n de un patrimonio cultural pujante y digno de la realidad social brasile\u00f1a. Comporta procesos de inclusi\u00f3n social y puede constituir un medio de elaboraci\u00f3n de experiencias sociales traum\u00e1ticas para significativos grupos sociales brasile\u00f1os. Para Bairr\u00e3o, el estudio del imaginario popular religioso de la umbanda, adem\u00e1s de hacer posible la elaboraci\u00f3n de aportes al conocimiento de la realidad social y ps\u00edquica brasile\u00f1a, puede ayudar al desarrollo de estrategias \u00e9ticas para el trabajo con las comunidades y la consolidaci\u00f3n de un m\u00e9todo emp\u00edrico de estudio de la alteridad, tal como \u00e9l lo analiza en su investigaci\u00f3n intitulada <em>Im\u00e1genes y signos en el cuerpo de la umbanda<\/em>, financiada por la FAPESP. Para el investigador, la umbanda brinda tambi\u00e9n una excelente oportunidad para mostrar formas sociales y alternativas de resistencia \u00e9tnica y cultural.<\/p>\n<p>&#8220;La umbanda ofrece una ocasi\u00f3n \u00fanica para aprender con los sectores populares a relativizar el psicologismo y el individualismo, y consagra lo humano, al colocar en su Panth\u0115on la totalidad de sus sutilezas, agradables o no: es un testimonio de una \u00e9tica singular de vocaci\u00f3n universal, que plantea un sentido de inclusi\u00f3n psicol\u00f3gica y social, pol\u00edticamente ind\u00f3cil ante las tentativas hist\u00f3ricas y te\u00f3ricas de manipulaci\u00f3n&#8221;, eval\u00faa. Por todas estas caracter\u00edsticas, la umbanda ser\u00eda un lugar de excelencia para albergar a las minor\u00edas despose\u00eddas, en especial a los negros, aunque, tal como sostiene Pierucci, siendo &#8220;afirmativamente afro y marcadamente popular, no se encerraba \u00e9tnicamente en su negritud, sino que se ofrec\u00eda brasile\u00f1amente a todos a los brasile\u00f1os&#8221;. Pero las cifras prueban lo opuesto: los negros convertidos al pentecostalismo se muestran en proporci\u00f3n mucho mayor (14,2%) que los que se declaran adeptos a las religiones de los orishas (un 3%). En tanto, el Censo 2000 revelaba que hab\u00eda en Brasil alrededor de dos millones de negros evang\u00e9licos ante menos de 100 mil negros que se declaraban adeptos a los cultos afro-brasile\u00f1os (66.398 a la umbanda y 29.123 al candombl\u00e9). El estudio de la umbanda y la comprensi\u00f3n de estos mecanismos se convierten entonces en una necesidad. &#8220;El crecimiento aparentemente irrefrenable de las conversiones a las iglesias pentecostales y neopentecostales de ra\u00edz protestante est\u00e1 ah\u00ed para mostrar que en Brasil, en la actualidad, la vivencia de una religi\u00f3n implica romper con el propio pasado religioso. En esas rupturas con mundos religiosos que antes parec\u00edan bastar, pero de repente ya no m\u00e1s, los adioses son muchos. Entre ellos el adi\u00f3s al sincretismo umbandista, que se supon\u00eda estaba adherido con an\u00e1loga perfecci\u00f3n a la identidad cultural brasile\u00f1a&#8221;, eval\u00faa Pierucci. &#8220;Esa demonizaci\u00f3n de los orishas funciona, pues la gente tiene miedo. Con pastores hablando sistem\u00e1ticamente en la televisi\u00f3n o en la radio y diciendo que eso es cosa del demonio, la gente realmente comienza a creer que existen religiones demon\u00edacas en Brasil.&#8221;<\/p>\n<p>Entre el apogeo y la ca\u00edda de la umbanda pasaron pocos a\u00f1os. Seg\u00fan los seguidores de esta religi\u00f3n, su primera manifestaci\u00f3n sin ligaz\u00f3n con el kardecismo o con el candombl\u00e9 se produjo en S\u00e3o Gon\u00e7alo, R\u00edo de Janeiro, el 15 de noviembre de 1908. Ese d\u00eda, en la Tenda Nossa Senhora da Piedade, el m\u00e9dium Z\u00e9lio Fernandino de Moraes, quien por ese entonces contaba con 17 a\u00f1os, &#8220;recibi\u00f3&#8221; a Caboclo Sete Encruzilhadas. Quedaba as\u00ed fundada la religi\u00f3n y el primer terreiro de umbanda fue oficialmente reconocido de all\u00ed en adelante. Es una religi\u00f3n reciente: se desarroll\u00f3 en los a\u00f1os 1920, cuando los kardecistas de la clase media, atra\u00eddos por los esp\u00edritus de caboclos [cholos, mestizos indios y blancos] y pretos-velhos [negros viejos] que eran &#8220;incorporados&#8221; en los terreiros de macumba cariocas, asumieron el liderazgo. Inmediatamente les extirparon a los cultos sus rituales m\u00e1s &#8220;primitivos&#8221;, capaces de agudizar los pruritos de la clase media, moralizaron a los &#8220;gu\u00edas&#8221;, educ\u00e1ndolos en los principios de la caridad cristiana en\u00a0 una lectura kardecista, racionalizaron las creencias y organizaron las primeras federaciones a las que se asociaron los terreiros, hasta ese entonces fragmentados.<\/p>\n<div id=\"attachment_92996\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2011\/10\/01\/la-fuerza-social-del-culto-umbanda\/art4540img2-3\/\" rel=\"attachment wp-att-92996\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-92996\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img21.jpg\" width=\"300\" height=\"189\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img21.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img21-120x76.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img21-250x158.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">LEO RAMOS<\/span><\/a> Meditaci\u00f3n durante las ceremonias de imantaci\u00f3n en terreiro carioca.<span class=\"media-credits\">LEO RAMOS<\/span><\/p><\/div>\n<p>En las d\u00e9cadas de 1930 y 1940 la umbanda comenz\u00f3 a propagarse por el tejido urbano m\u00e1s moderno del pa\u00eds: el de las grandes ciudades de la regi\u00f3n m\u00e1s desarrollada, el sudeste. La perspectiva de la construcci\u00f3n de una identidad nacional estuvo siempre cerca entre los intelectuales, al menos desde la Proclamaci\u00f3n de la Rep\u00fablica, hecho que desde el vamos impuls\u00f3 la buena voluntad con la umbanda. En 1941 se lleg\u00f3 a realizar el Primer Congreso Nacional de Umbanda, para espantar definitivamente el estigma de &#8220;la macumba&#8221;. En los a\u00f1os 1960, dichos esfuerzos se vieron recompensados y la religi\u00f3n fue reconocida oficialmente en el censo nacional. Los festivales de umbanda comenzaron a entrar en los calendarios oficiales, y en los a\u00f1os 1970, era la fe que m\u00e1s crec\u00eda, con una poblaci\u00f3n estimada en 20 millones de fieles. El reflujo empez\u00f3 en la d\u00e9cada de 1980 y desde entonces no par\u00f3 m\u00e1s, en sinton\u00eda con el crecimiento de las sectas pentecostales. \u00c9stas se desarrollaron en la estela de la crisis metropolitana de las \u00faltimas d\u00e9cadas, ocupando el espacio de los terreiros en las periferias urbanas. &#8220;La gente, con el incremento de la pobreza, o se apega a religiones de pr\u00e1cticas m\u00e1s intensas como las pentecostales o pierde la esperanza y se queda sin religi\u00f3n&#8221;, explica el antrop\u00f3logo Ronaldo de Almeida, investigador del Centro Brasile\u00f1o de An\u00e1lisis y Planificaci\u00f3n (Cebrap).<\/p>\n<p>La &#8220;teolog\u00eda de la prosperidad&#8221; de la Iglesia Universal hizo del pobre un actor econ\u00f3mico y lo convirti\u00f3 en responsable por su salvaci\u00f3n. La umbanda, a su vez, trabaja en registros m\u00e1s &#8220;comprometidos&#8221; socialmente. &#8220;La justicia, vista desde la \u00f3ptica de los subalternos, de los despose\u00eddos, los marginados o precariamente dispuestos en los lugares sociales, aparece como un fundamento moral de la pr\u00e1ctica m\u00e1gica umbandista&#8221;, sostiene el soci\u00f3logo L\u00edsias Nogueira Negr\u00e3o, autor del libro <em>Umbanda: entre a cruz e a encruzilhada<\/em> (1998).<\/p>\n<p>De acuerdo con el investigador, esta moralidad particular, que legitima el castigo de los malos por parte de sus v\u00edctimas, est\u00e1 lejos de la moralidad burguesa vigente. &#8220;Se trata m\u00e1s bien de una moral basada en el sentimiento de justicia de aqu\u00e9llos que viven en un medio competitivo, sin los medios materiales necesarios como para afrontar la lucha cotidiana y superar los problemas. Es una \u00e9tica pragm\u00e1tica, que no opone los valores abstractos a las relaciones concretas restrictivas, sino que las reconoce y las acepta como lo que son: exigencias y demandas&#8221;. Una forma de ver el mundo que da armas a sus &#8220;rivales&#8221;, poniendo en riesgo a la religi\u00f3n, dada su &#8220;demonizaci\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p>Sin lugar a dudas, sostiene Bairr\u00e3o, y en compromiso con estrategias de camuflaje ante lo dominante, los Esh\u00faes y las Pombagiras se asocian a las tinieblas, no solamente de manera metaf\u00edsica, sino y por encima de todo, en las facetas sociales y pol\u00edticas. Los Esh\u00faes tienen la funci\u00f3n de darle ciudadan\u00eda a lo reprimido, de simbolizarlo m\u00edticamente, desde el punto de vista psicol\u00f3gico y social. De este modo, si bien el reino de la &#8220;izquierda&#8221;de la umbanda (el de los esp\u00edritus &#8220;sin luz&#8221;) guarda lo escondido, es igualmente ind\u00f3cil ante las tentativas de dominaci\u00f3n. Para el investigador, la umbanda, al hacer que sus adeptos lidien con sus lados m\u00e1s obscuros, refuerza su fuerza libertaria, al ense\u00f1ar el funcionamiento de los aspectos sociales y colectivos menos exhibibles, y por eso m\u00e1s verdaderos. &#8220;La &#8220;izquierda&#8221; umbandista no es el mal metaf\u00edsico, sino aquello que es personal y socialmente &#8220;mal dicho&#8221;: la sensualidad, la rebeld\u00eda, la cr\u00edtica mordaz, los dichos inconvenientes, la falta de hipocres\u00eda y el placer sin mordazas. Es la guardiana de un bien precioso: la libertad, y encarna un sentido social de resistencia y vitalidad&#8221;, explica. En ese contexto, los Esh\u00faes no son malos, aunque puedan ser (mal) vistos as\u00ed; la respuesta al mal como expropiaci\u00f3n de s\u00ed mismo en pro de un bien del otro.<\/p>\n<p>Este incentivo a la &#8220;acci\u00f3n&#8221; se encuentra presente en el cotidiano de los adeptos, incluso en sus relaciones amorosas, tal como lo revela la investigaci\u00f3n de la antrop\u00f3loga Kelly Hayes, de la Universidad de Indiana, quien acaba de publicar en EE.UU. el libro <em>Holy harlots: femininity, sexuality, and black magic in Brazil<\/em> (University of California Press), un estudio sobre Pombagiras. &#8220;Constituyen la corporificaci\u00f3n de la feminidad transgresora, que es al mismo tiempo deseable y mortal, es el &#8216;lado oscuro&#8217; de lo femenino. Quiz\u00e1 en ning\u00fan otro lugar fuera de Brasil esta figura fue imbuida del poder de vengar y cuidar&#8221;, dice Kelly. Seg\u00fan la investigadora, esta entidad es venerada por la poblaci\u00f3n de las clases trabajadoras de los centros urbanos, en particular por las mujeres y los homosexuales. &#8220;Aqu\u00e9llos que reciben a la Pombagira en la posesi\u00f3n de un trance, ya sean varones o mujeres, se transforman durante un tiempo en reinas ultrafemeninas, seductoras y prostitutas desbocadas. Bajo la &#8216;disfraz&#8217; de la Pombagira, los pose\u00eddos adquieren poder de las demandas sobre los amantes y el marido, alterando eventos sobre los cuales, sin la entidad, no tendr\u00edan control o lo tendr\u00edan escasamente&#8221;, comenta.<\/p>\n<div id=\"attachment_92995\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/2011\/10\/01\/la-fuerza-social-del-culto-umbanda\/art4540img3-3\/\" rel=\"attachment wp-att-92995\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-92995\" title=\"\" alt=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/10\/art4540img31-300x214.jpg\" width=\"300\" height=\"214\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">JOS\u00c9 PATR\u00cdCIO\/ AGENCIA ESTADO<\/span><\/a> Escultura con rosario en la ceremonia de Caboclo Sete Flechas<span class=\"media-credits\">JOS\u00c9 PATR\u00cdCIO\/ AGENCIA ESTADO<\/span><\/p><\/div>\n<p>&#8220;Se cree que la Pombagira tiene una experiencia de vida sumamente rica y sus consejos adquieren valor debido a su comprensi\u00f3n de los deseos y las fantas\u00edas&#8221;, analiza el soci\u00f3logo Reginaldo Prandi, autor de Pombagira e as faces inconfessas do Brasil (1996). &#8220;Ella permite el acceso a los instintos y a los deseos inconfesables, y su culto revela el lado &#8216;menos noble&#8217; de la concepci\u00f3n popular de mundo, una negaci\u00f3n del estereotipo del brasile\u00f1o cordial. Con la <em>Pombagira se entabla la guerra<\/em>&#8220;. Pero no se trata de &#8220;una cosa del diablo&#8221;. &#8220;La umbanda reconoce al mal como una parte de la naturaleza humana y lo descaracteriza como maldad, dado que es una religi\u00f3n de liberaci\u00f3n, y no del encubrimiento de las pasiones humanas, como hacen los pentecostales&#8221;, analiza. Por eso, la investigadora cree que el Esh\u00fa femenino se adapt\u00f3 muy bien al pa\u00eds. &#8220;Las brasile\u00f1as sufren la presi\u00f3n de ser al mismo tiempo sexualmente atractivas y castas. Muchas mujeres internalizan este conflicto y sufren por no saber c\u00f3mo dar cuenta de \u00e9l&#8221;, dice Kelly. Seg\u00fan la norteamericana, este dilema lleva tanto a la obsesi\u00f3n nacional por la cirug\u00eda pl\u00e1stica como a la devoci\u00f3n de la Pombagira entre los sectores populares. &#8220;A aqu\u00e9llos que no pueden pagar un analista, la Pombagira les permite que convivir con impulsos y deseos que no son socialmente aceptables en su medio.&#8221;<\/p>\n<p>As\u00ed, el trance &#8220;habilitar\u00eda&#8221; a amas de casa a hacer cosas impensables en su cotidiano, adem\u00e1s de infundirles fuerzas para desafiar a los maridos infieles y violentos. La Pombagira ser\u00eda la que ejercer\u00eda la venganza. &#8220;Para la mujer, la umbanda legitima un mundo que rompe con las normas dominantes y le otorga un lenguaje moral y un repertorio ritual que le facilita la articulaci\u00f3n de esos significados alternativos&#8221;, dice Kelly. Se forma un &#8220;tri\u00e1ngulo&#8221; entre la mujer, la Pombagira y el marido, que se somete de cara a la nueva fuerza de la esposa, lo cual redefine relaciones. &#8220;Esto les permite a las mujeres negociar convenciones patriarcales de g\u00e9nero y sexualidad que las relegan a un lugar subordinado al hombre, que limitan el poder femenino a la esfera del hogar y estigmatizan la sexualidad de la mujer, mientras que al hombre todo se le permite&#8221;. La figura de la Pombagira tuvo efectos en las cabezas de los varones, incluso de los intelectuales. &#8220;La etn\u00f3loga Ruth Landes, en 1940 fue quien se\u00f1al\u00f3 por primera vez la presencia de relaciones de g\u00e9nero transgresoras en los cultos de posesi\u00f3n, con la formaci\u00f3n de &#8216;matriarcados&#8217; y una mayor exhibici\u00f3n de homosexuales varones en los terreiros&#8221;, comenta la antrop\u00f3loga de la Unicamp Patricia Birman, autora de Transas <em>e transes: sexo e g\u00eanero nos cultos afro-brasileiros<\/em> (2005). Hasta ese entonces, las llamadas casas de santos eran cuidadosamente preservadas por investigadores como Bastide y Arthur Ramos: eran vistas como la concreci\u00f3n de una armon\u00eda social y moral que deb\u00eda ser defendida, una visi\u00f3n pol\u00edticamente correcta que pretend\u00eda rebatir el estigma de esas comunidades, que deber\u00edan ser elevadas a un nivel tal que no asustase\u00a0 ni &#8220;a los blancos&#8221; \u00a0ni a sus familias.<\/p>\n<p>&#8220;El horizonte moral orientaba a los estudiosos a valorar la cara reproductiva de las identidades femeninas y a excluir los aspectos desviantes. El ideal de la maternidad y la adecuaci\u00f3n a las relaciones de g\u00e9nero hac\u00edan que las mujeres de esos terreiros fuesen un tanto asexuadas, subordinadas a la vida en familia y a la jerarqu\u00eda patriarcal&#8221;, sostiene Patricia. &#8220;Mujeres poderosas y personas homosexuales de ambos sexos constru\u00edan familias de santos, a quienes sus defensores, intelectuales de la elite brasile\u00f1a, observan repetidamente con candidez y romanticismo, borrando as\u00ed diligentemente las marcas (en gran medida corporales) m\u00e1s que evidentes, en las cuales el sexo, el g\u00e9nero y el poder tan f\u00e1cilmente se reun\u00edan&#8221;. El cuadro anal\u00edtico solamente se modific\u00f3 a partir de 1968. Pero en ese \u00ednterin, las Pombagiras siguieron revolviendo el imaginario femenino. &#8220;Ellas cambiaron las relaciones de poder en las relaciones afectivas y sexuales. Al fin y el cabo, el aliado invisible da protecci\u00f3n y poder al &#8216;caballo&#8217; [el m\u00e9dium], cuyo hombre no tiene las mismas mediaciones espirituales. \u00c9ste se somete y se ve obligado a hacer un pacto con el ser invisible&#8221;, analiza la antrop\u00f3loga Stefania Capone, autora de A <em>busca da \u00c1frica no candombl\u00e9: tradi\u00e7\u00e3o e poder no Brasil<\/em> (Pallas). Se reitera la marca &#8220;activa&#8221; de la umbanda y, al mismo tiempo, su faceta m\u00e1s fr\u00e1gil ante los ataques.<\/p>\n<p>&#8220;En el Brasil actual, uno de los aspectos m\u00e1s relevante de la &#8216;fuerza social&#8217; que tiene todav\u00eda un tipo determinado de religi\u00f3n radica precisamente en su capacidad estad\u00edsticamente probada de disolver antiguas pertenencias y echar por tierra linajes religiosos establecidos. Un<em> bye, bye<\/em>, Brasil!&#8221;, analiza Pierucci. Una religi\u00f3n que, seg\u00fan afirma, es destructiva, predatoria y de salvaci\u00f3n individual, que solamente crece al quitarles miembros a las otras colectividades. Una vez individualizados, son comprometidos en la creaci\u00f3n de una comunidad que ofrece \u00fanicamente lazos religiosos. &#8220;\u00bfDesea hallar un solvente cultural universal? Tome una religi\u00f3n de naturaleza congregacional, receta Weber. &#8216;Tome y pague&#8217;, a\u00f1adir\u00edan nuestros neopentecostales.&#8221;<\/p>\n<p><strong>El proyecto<\/strong><br \/>\nIm\u00e1genes y signos en el cuerpo de la umbanda &#8211; n\u00ba 2007\/ 04368-1<br \/>\n<strong>Modalidad<br \/>\n<\/strong>Ayuda Regular a Proyecto de Investigaci\u00f3n<br \/>\n<strong>Coordinador<br \/>\n<\/strong>Jos\u00e9 Francisco Bairr\u00e3o &#8211; USP<br \/>\n<strong>Inversi\u00f3n<br \/>\n<\/strong>R$ 55.670,00 (fapesp)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"En crisis, &#8220;la religi\u00f3n brasile\u00f1a&#8221; mantiene su poder cultural de inclusi\u00f3n","protected":false},"author":24,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[187],"tags":[],"coauthors":[117],"class_list":["post-90529","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-humanidades-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90529","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90529"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90529\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90529"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90529"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90529"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=90529"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}