{"id":90595,"date":"2011-12-01T00:00:00","date_gmt":"2011-12-01T00:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/2011\/12\/01\/las-matriarcas-de-la-selva\/"},"modified":"2024-06-05T15:57:44","modified_gmt":"2024-06-05T18:57:44","slug":"las-matriarcas-de-la-selva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/las-matriarcas-de-la-selva\/","title":{"rendered":"Las matriarcas de la selva"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_94871\" style=\"max-width: 310px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-94871\" title=\"\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img12.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"400\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img12.jpg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img12-120x160.jpg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img12-250x333.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">DANIEL DA SILVA FERRAZ<\/span>Un gran abrazo: Yago, Leo, Evita y Elvis en un momento de reposo<span class=\"media-credits\">DANIEL DA SILVA FERRAZ<\/span><\/p><\/div>\n<p>Los muriqu\u00eds, los mayores monos de Am\u00e9rica, aspirantes a convertirse en la mascota de las olimp\u00edadas de R\u00edo de Janeiro, tienen un comportamiento sexual peculiar. Durante el per\u00edodo de apareamiento, la mayor\u00eda de los machos copula con todas las hembras f\u00e9rtiles del grupo, excepto con sus propias madres. La antrop\u00f3loga estadounidense Karen Strier identific\u00f3 ese patr\u00f3n sexual, raro entre los primates, en los a\u00f1os 1980, cuando comenz\u00f3 a estudiar a los muriqu\u00edes de una zona del bosque atl\u00e1ntico de Minas Gerais. Siempre la inquiet\u00f3 una curiosidad: en ese contexto de tanta libertad sexual, \u00bfqui\u00e9n ser\u00eda el padre de las cr\u00edas?<\/p>\n<p>Reci\u00e9n ahora, tres d\u00e9cadas m\u00e1s tarde, Karen y sus colaboradores parecen haber hallado la respuesta. En los grupos de muriqu\u00edes no hay uno, sino varios padres, aunque cada cr\u00eda, obviamente, tiene un solo padre. Esta informaci\u00f3n resulta relevante porque puede auxiliar en la preservaci\u00f3n de este mono brasile\u00f1o en riesgo de extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este resultado, presentado en la edici\u00f3n del 22 de noviembre de la revista <em>Proceedings of the National Academy of Sciences<\/em> (<em>PNAS<\/em>), no resulta tan obvio como podr\u00eda parecer. Sucede que en muchas especies de animales, monos inclusive, resulta com\u00fan que un \u00fanico macho sea el padre de casi toda la prole.<\/p>\n<p>Fue necesario aguardar el avance de los test gen\u00e9ticos, actualmente capaces de analizar cantidades \u00ednfimas de ADN extra\u00eddo de la sangre o de las heces, para verificar que los muriqu\u00edes presentan un patr\u00f3n de paternidad distinto al de otros monos.<\/p>\n<p>Para realizar el estudio, Karen seleccion\u00f3 a 22 cr\u00edas nacidas entre 2005 y 2007 y le encarg\u00f3 al bi\u00f3logo Paulo Bomfim Chaves, doctorando en la Universidad de Nueva York, la recolecci\u00f3n del material gen\u00e9tico de \u00e9stos, de sus madres (21 hembras) y de sus posibles padres (24 machos). Posteriormente, con la ayuda de investigadores de la Universidad Federal de Esp\u00edrito Santo (Ufes), cruzaron los datos gen\u00e9ticos con los informes de historia de vida y h\u00e1bitos sexuales de esos monos, que habitan en la reserva Feliciano Miguel Abdala, en el municipio de Caratinga, de la regi\u00f3n oriental de Minas Gerais.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis revel\u00f3 que 12 de los 24 machos del grupo hab\u00edan engendrado al menos un hijo. El m\u00e1s exitoso de ellos fue padre de s\u00f3lo cuatro cr\u00edas o un 18% de los beb\u00e9s. Seg\u00fan la antrop\u00f3loga estadounidense, ese patr\u00f3n de paternidad ocurre como consecuencia de la organizaci\u00f3n social de los muriqu\u00edes, conocidos por su \u00edndole pac\u00edfica y por conformar una sociedad sin disputas aparentes de poder.<\/p>\n<p>En las sociedades con jerarqu\u00eda r\u00edgida, tales como las de los gorilas, el grandul\u00f3n del grupo &#8220;el macho alfa&#8221; suele imponerse por la fuerza y puede ser el padre de hasta un 85% de las cr\u00edas. Incluso entre los bonobos, primos pac\u00edficos de los chimpanc\u00e9s, el n\u00famero de hijos que suele tener un macho es m\u00e1s alto. El m\u00e1s prol\u00edfico de esos simios, que no tienen pareja fija y copulan incluso cuando las hembras no est\u00e1n f\u00e9rtiles, generalmente es el padre de un 30% de la prole, casi el doble que el \u00edndice de los muriqu\u00edes.<\/p>\n<p>Hace tiempo que Karen y sus colaboradores sospechaban que no hubiese hegemon\u00eda de paternidad entre los muriqu\u00edes. Pero faltaban datos que permitieran afirmar que las cr\u00edas que nac\u00edan siete meses despu\u00e9s del apareamiento &#8211; cada hembra da a luz solamente a un beb\u00e9 por vez &#8211; fueran tambi\u00e9n de padres diferentes. &#8220;Los datos gen\u00e9ticos confirmaron lo que indicaban las observaciones comportamentales&#8221;, comenta la antrop\u00f3loga, quien es investigadora de la Universidad de Wisconsin.<\/p>\n<p>Aunque no se observase una competencia expl\u00edcita entre los muriqu\u00edes, no era posible descartar la hip\u00f3tesis de que la disputa ocurriera en alguna otra forma o incluso a nivel celular, esto es, por ejemplo, que los espermatozoides de un determinado macho pudieran ser m\u00e1s r\u00e1pidos que los de otros. Tambi\u00e9n podr\u00edan ocurrir otras formas de interacci\u00f3n social que los investigadores no lograsen registrar una vez que los monos se internaban en la selva. El trabajo de la <em>PNAS<\/em> no descarta por completo esas posibilidades, aunque las torna muy remotas. De este estudio, realizado en colaboraci\u00f3n con el primat\u00f3logo S\u00e9rgio Mendes y la genetista Val\u00e9ria Fagundes, ambos de la Ufes, y el antrop\u00f3logo Anthony di Fiore, de la Universidad de Texas, incluso emergieron otras dos observaciones que pueden ayudar para la preservaci\u00f3n de los muriqu\u00edes.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/042_Muriquis_190-11.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-207651\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/042_Muriquis_190-11-300x277.jpg\" alt=\"042_Muriquis_190-1\" width=\"290\" height=\"268\" \/><\/a>La primera consiste en que, aunque practiquen el amor libre, los muriqu\u00edes no copulan con sus propias madres, o al menos, no generan descendientes con ellas. Resulta una comprobaci\u00f3n importante, ya que el cruzamiento entre individuos emparentados disminuye la diversidad gen\u00e9tica de la especie y la hace m\u00e1s susceptible a ser afectada por enfermedades.<\/p>\n<p>&#8220;Cuando repasamos los datos comportamentales, observamos que ese resultado tiene sentido&#8221;, comenta Karen. Ella ya hab\u00eda observado en a\u00f1os anteriores que en general, son las hembras quienes salen en busca de un nuevo grupo cuando alcanzan la pubertad. Los machos permanecen en compa\u00f1\u00eda de sus madres, en el mismo grupo en el que viven el padre, el abuelo y los t\u00edos paternos. &#8220;No sabemos si las madres impiden a sus hijos copular con ellas o si ellos no las consideran atractivas&#8221;, comenta Karen.<\/p>\n<p>La segunda y m\u00e1s intrigante constataci\u00f3n reside en que, aunque no exista un dominio manifiesto de paternidad, ciertos machos son m\u00e1s exitosos que otros desde el punto de vista reproductivo. Algunos tuvieron tres o cuatro cr\u00edas y otros, ninguna. Al preguntarse por el motivo de esta diferencia, los investigadores notaron que los machos padres de m\u00e1s cr\u00edas eran aqu\u00e9llos que, al alcanzar la adultez, permanec\u00edan mayor cantidad de tiempo con su madre cuando el grupo se encontraba reunido. &#8220;La proximidad de la madre parece beneficiar a algunos machos, aunque a\u00fan no sabemos c\u00f3mo ni por qu\u00e9&#8221;, expresa Karen.<\/p>\n<p>Resulta una forma de influencia bastante distinta de la que se observa, por ejemplo, entre los bonobos. Estos primates forman sociedades regidas por hembras, en las cuales las madres escogen a las compa\u00f1eras de sus hijos y los ayudan a enfrentar a otros machos del grupo. De comprobarse, la influencia materna puede indicar que las hembras de los muriqu\u00edes son matriarcas discretas y que los hijos aprenden a lidiar con otras hembras observando a la madre. O incluso que los hijos m\u00e1s prol\u00edficos se benefician con la red de contactos maternos para conquistar a m\u00e1s hembras. &#8220;Estamos empezando a observar las interacciones entre madres e hijos adultos&#8221;, afirma Karen.<\/p>\n<p>Casi todo lo que se conoce acerca del comportamiento de los muriqu\u00edes es de conocimiento reciente, acumulado durante los \u00faltimos 30 a\u00f1os, en gran parte promovido por el trabajo de Karen, que lleg\u00f3 a Caratinga en 1982 por sugerencia de su director de tesis doctoral en la Universidad de Harvard, el primat\u00f3logo Irven DeVore. \u00c9ste, especialista en babuinos, supo en aquella \u00e9poca que en Caratinga se hab\u00eda encontrado un grupo de monos que se hallaban casi extintos. Apoyada por los primat\u00f3logos C\u00e9lio Vale, en ese entonces profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais, y Russell Mittermeier, de Conservation International, Karen inici\u00f3 el m\u00e1s extenso estudio de observaci\u00f3n de los muriqu\u00edes.<\/p>\n<p>Desde la primera vez que se intern\u00f3 en las 957 hect\u00e1reas de la selva de la hacienda Montes Claros, en Caratinga, Karen est\u00e1 contribuyendo a construir la biograf\u00eda de los muriqu\u00edes y a reordenar las acciones para la conservaci\u00f3n del primate. &#8220;Antes de esos estudios, casi nada se sab\u00eda sobre los muriqu\u00edes&#8221;, dice Mendes.<\/p>\n<p>Luego de implementar el estudio de largo plazo de los muriqu\u00edes del norte (<em>Brachyteles hypoxanthus<\/em>), de pelaje amarillo gris\u00e1ceo y manchas rosadas en la cara, ella estuvo al final de los a\u00f1os 1980 en el Parque Estadual Carlos Botelho, en S\u00e3o Paulo, un \u00e1rea continua de bosque atl\u00e1ntico 40 veces mayor que Caratinga. All\u00ed conoci\u00f3 a los muriqu\u00edes del sur (<em>Brachytheles arachnoides<\/em>), con pelaje casta\u00f1o amarillento y cara completamente negra.<\/p>\n<p>Entonces ella planific\u00f3 realizar en el parque paulista un estudio similar al que desarrollaba en Minas. El objetivo consist\u00eda en comparar el modo de vida de los animales de un \u00e1rea peque\u00f1a, como era Caratinga, con el de los que habitaban un \u00e1rea selv\u00e1tica mayor y mejor conservada. &#8220;Ella fue una visionaria al comenzar los estudios de observaci\u00f3n a largo plazo de los muriqu\u00edes&#8221;, comenta Mauricio Talebi, bioantrop\u00f3logo de la Universidad Federal de S\u00e3o Paulo (Unifesp) en Diadema.<\/p>\n<p>Talebi trabaj\u00f3 con Karen al comienzo de los a\u00f1os 1990, y desde 1993 coordina los estudios en Carlos Botelho, en el municipio de S\u00e3o Miguel Arcanjo, ubicado a 180 kil\u00f3metros de la capital paulista. All\u00ed, se encuentra investigando no s\u00f3lo de qu\u00e9 se alimentan los muriqu\u00edes, sino, fundamentalmente, por qu\u00e9 comen lo que comen y qu\u00e9 estrategia utilizan para seleccionar los alimentos.<\/p>\n<div id=\"attachment_94869\" style=\"max-width: 300px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-94869\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img21.jpeg\" alt=\"Una hembra amamantando a su cr\u00eda\" width=\"290\" height=\"218\" srcset=\"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img21.jpeg 300w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img21-120x90.jpeg 120w, https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/art4572img21-250x188.jpg 250w\" sizes=\"auto, (max-width: 290px) 100vw, 290px\" \/><p class=\"wp-caption-text\"><span class=\"media-credits-inline\">FERNANDA P. TABACOW<\/span>Una hembra amamantando a su cr\u00eda<span class=\"media-credits\">FERNANDA P. TABACOW<\/span><\/p><\/div>\n<p>Durante los 20 a\u00f1os que viene observando a los animales, Talebi identific\u00f3 distintos h\u00e1bitos entre los muriqu\u00edes de Minas Gerais y los paulistas, que no pueden explicarse s\u00f3lo por pertenecer a especies distintas. Una de las diferencias reside en que los monos de Carlos Botelho consumen muchos m\u00e1s frutos y flores que los de la reserva de Caratinga, que se alimentan casi exclusivamente con hojas.<\/p>\n<p>Durante su doctorado en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, Talebi arrib\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que el factor que m\u00e1s incide en la dieta de los muriqu\u00edes es la disponibilidad de alimentos. En Caratinga, los animales habitan en un fragmento peque\u00f1o de bosque atl\u00e1ntico, donde los \u00e1rboles pierden las hojas durante la estaci\u00f3n seca y hay menos disponibilidad de frutos. Carlos Botelho, que integra la mayor extensi\u00f3n continua de bosque atl\u00e1ntico del pa\u00eds, est\u00e1 situado en la sierra de Piranapiacaba, donde la humedad es alta todo el a\u00f1o y los \u00e1rboles son de follaje perenne.<\/p>\n<p>La dieta tambi\u00e9n var\u00eda de acuerdo con el g\u00e9nero, seg\u00fan verific\u00f3 recientemente Talebi, con la colaboraci\u00f3n de Phyllis Lee, de la Universidad de Stirling, en Escocia. Incluso en Carlos Botelho los machos consumen mayor cantidad de hojas que las hembras, quienes prefieren flores y frutos. Talebi atribuye la diferencia a las necesidades nutricionales. Las hembras, explica, necesitan mucha energ\u00eda y nutrientes para desarrollar a las cr\u00edas y producir leche. De las flores, ellas extraen f\u00f3sforo, potasio y magnesio, y de los frutos, altos tenores de az\u00facar. &#8220;Las hojas poseen muchas prote\u00ednas, pero generalmente son de dif\u00edcil digesti\u00f3n&#8221;, expresa Talebi.<\/p>\n<p>Rebbeca Coles y \u00e9l sospechan que el ambiente tambi\u00e9n influye en la forma en que los muriqu\u00edes buscan alimento y en el tiempo que emplean en diferentes actividades. Las condiciones ambientales tambi\u00e9n pueden haber favorecido el surgimiento de una caracter\u00edstica gen\u00e9tica que Talebi, Peter Lucas y Nathaniel Dominy descubrieron que es exclusiva de algunas hembras: la capacidad de distinguir colores, ya que los machos y la mayor\u00eda de las hembras solamente ven en tonos de gris. &#8220;La visi\u00f3n en colores podr\u00eda ayudar a esas hembras a encontrar alimentos mejores y a reproducirse m\u00e1s&#8221;, dice Talebi.<\/p>\n<p>&#8220;Estos trabajos resultan fundamentales para la conservaci\u00f3n de los muriqu\u00edes&#8221;, afirma Leandro Jerusalinsky, jefe del Centro Nacional de Investigaci\u00f3n y Conservaci\u00f3n de los Primates Brasile\u00f1os. &#8220;La simple presencia de investigadores en las \u00e1reas en que habitan los monos ya inhibe la degradaci\u00f3n de las selvas y la caza, un h\u00e1bito cultural frecuente en varias regiones brasile\u00f1as&#8221;, dice.<\/p>\n<p>Pese a la relevancia del trabajo iniciado por Karen, ella no fue la primera en estudiar a los muriqu\u00edes. Lo fue el ingeniero agr\u00f3nomo capixaba [natural del estado de Esp\u00edrito Santo] \u00c1lvaro Aguirre, un experto en manejo de la fauna que trabaj\u00f3 en el Ministerio de Agricultura, quien en el a\u00f1o 1960 introdujo a los muriqu\u00edes nuevamente en el mapa de las 116 especies de primates de Brasil. En sus andanzas por el pa\u00eds, Aguirre localiz\u00f3 32 poblaciones, formadas por un total estimado de entre 2.100 y 2.200 muriqu\u00edes y distribuidas en siete estados brasile\u00f1os, desde el norte de Paran\u00e1 hasta el sur de Bah\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando se describi\u00f3 a los muriqu\u00edes, casi 150 a\u00f1os antes, los naturalistas franceses y alemanes los incluyeron dentro del g\u00e9nero <em>Ateles<\/em>, el mismo que incluye al mono ara\u00f1a. \u00c9tienne Geoffroy Saint-Hilaire denomin\u00f3 con el nombre de <em>Ateles arachnoides<\/em> a los monos con pelaje claro, cara negra y mano en forma de gancho que describi\u00f3 en 1806. Catorce a\u00f1os despu\u00e9s, el naturalista alem\u00e1n Heinrich Kuhl clasific\u00f3 como perteneciente a otra especie, <em>Ateles hypoxanthus<\/em>, a los animales que se distingu\u00edan de los anteriores por presentar su cara y \u00f3rganos genitales externos pigmentados en rosa, adem\u00e1s de un micropulgar, ausente en el primero. En 1823, otro alem\u00e1n, Johann Baptiste von Spix, propuso que pertenec\u00edan a un nuevo g\u00e9nero, <em>Brachyteles<\/em>, aceptado hasta la actualidad.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/042_Muriquis_190-21.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-207652\" src=\"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/wp-content\/uploads\/2011\/12\/042_Muriquis_190-21-300x178.jpg\" alt=\"042_Muriquis_190-2\" width=\"290\" height=\"172\" \/><\/a>A pesar del conocimiento acumulado desde los a\u00f1os 1980 al respecto del modo de vida de los muriqu\u00edes, la situaci\u00f3n de ambas especies no ha mejorado mucho durante los \u00faltimos 50 a\u00f1os. Fabiano Rodrigues de Melo, ec\u00f3logo de la Universidad Federal de Goi\u00e1s, conduce uno de los grupos que trabajan en el recuento de los muriqu\u00edes en Minas Gerais y en Bah\u00eda, y estima que existen a lo sumo 2.400 monos viviendo en estado silvestre. No es mucho m\u00e1s que lo que hab\u00eda contabilizado Aguirre. &#8220;La cantidad total de animales permaneci\u00f3 pr\u00e1cticamente constante&#8221;, dice Melo. &#8220;Lo preocupante es que el n\u00famero de poblaciones est\u00e1 disminuyendo&#8221;.<\/p>\n<p>En las selvas de Minas Gerais y Bah\u00eda, Melo incluso identific\u00f3 dos poblaciones que no hab\u00edan sido descritas por Aguirre. Aunque, por otra parte, ya no encontr\u00f3 muriqu\u00edes donde anteriormente se sab\u00eda que exist\u00edan, como en el caso de la regi\u00f3n de Ilh\u00e9us, en Bah\u00eda. Actualmente, s\u00f3lo se conocen\u00a0 12 poblaciones de muriqu\u00edes del norte que, seg\u00fan se calcula, suman menos de mil individuos. Talebi, quien realiza el censo de los muriqu\u00edes del sur, estima\u00a0 que existen 15 poblaciones de esa especie, con 1.500 monos. Aunque se sospecha la existencia de otras poblaciones, uno de los problemas, seg\u00fan Melo, consiste en que varias de ellas son peque\u00f1as, conformadas por menos de media docena de animales, lo cual puede hacer inviable que permanezcan durante demasiado tiempo si no se inician acciones tendientes a su conservaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La protecci\u00f3n de los muriqu\u00edes obtuvo en 2010 el respaldo de la legislaci\u00f3n federal. Un resoluci\u00f3n emitida por el Instituto Chico Mendes de Conservaci\u00f3n de la Biodiversidad aprob\u00f3 el Plan Nacional para la Conservaci\u00f3n de los Muriqu\u00edes (PAN-Muriquis). El plan, el primero de la esfera nacional para la protecci\u00f3n de un primate, determina 10 metas para la protecci\u00f3n de las dos especies de estos monos. El objetivo consiste en reducir para 2020 el riesgo de extinci\u00f3n del muriqu\u00ed del norte, del estatus de <em>cr\u00edticamente en peligro<\/em> al de <em>en peligro<\/em>, y el del muriqu\u00ed del sur, de <em>en peligro<\/em> a <em>vulnerable<\/em>. &#8220;La preservaci\u00f3n de los muriqu\u00edes dej\u00f3 de ser solamente el sue\u00f1o de un investigador y se convirti\u00f3 en una pol\u00edtica de estado&#8221;, refiere Talebi, uno de los ide\u00f3logos del PAN-Muriquis.<\/p>\n<p>Para que el plan de acci\u00f3n no quede solamente en el papel, dice Jerusalinsky, uno de los coautores del proyecto de conservaci\u00f3n y coordinador del PAN-Muriquis, ser\u00e1 necesario que las acciones logren involucrar, adem\u00e1s de a investigadores y ambientalistas, a los propietarios de tierras y a los residentes de las regiones donde habitan los muriqu\u00edes. &#8220;Varias poblaciones de esas especies se encuentran en reservas y, en teor\u00eda, se encuentran m\u00e1s protegidas&#8221;, dice. &#8220;Pero otras se hallan en propiedades particulares, que pueden perder \u00e1reas de vegetaci\u00f3n aut\u00f3ctona en caso de que algunas de las modificaciones propuestas para el c\u00f3digo forestal se aprueben&#8221;.<\/p>\n<p>Una estrategia que se revel\u00f3 interesante y puede complementar la demarcaci\u00f3n de las \u00e1reas protegidas es la transferencia de hembras que est\u00e1n por alcanzar la edad reproductiva hacia otros grupos. En 2005, el equipo de S\u00e9rgio Mendes captur\u00f3 a Renata, una hembra que viv\u00eda en un peque\u00f1o sector de selva en Santa Maria de Jerib\u00e1, Esp\u00edrito Santo, y estaba entrando en la pubertad, prepar\u00e1ndose para abandonar su grupo. Los investigadores la condujeron hacia otra selva, donde habitaba otro grupo. Luego de tres a\u00f1os, Renata tuvo a su primera cr\u00eda, la hembra Rubi, y, en 2010, a la segunda, R\u00e9gia. &#8220;El nacimiento de esas cr\u00edas comprueba que la estrategia funciona&#8221;, dice Mendes. &#8220;Si lo hubi\u00e9semos intentado 30 a\u00f1os atr\u00e1s probablemente no hubi\u00e9ramos tenido \u00e9xito, porque la tendencia hubiera sido transferir a un macho joven, que, entre otros primates, es el individuo que suele migrar&#8221;, comenta.<\/p>\n<p>En Minas Gerais, Fabiano Melo repiti\u00f3 la prueba en 2006 con la hembra Eduarda, que tambi\u00e9n ha tenido dos cr\u00edas. El d\u00eda 30 de noviembre, Melo parti\u00f3 con un equipo hacia el municipio de Simon\u00e9sia, cercano al l\u00edmite de Minas Gerais con R\u00edo de Janeiro, donde pretend\u00edan capturar a una hembra de muriqu\u00ed que se encuentra aislada en un sector selv\u00e1tico muy reducido. La intenci\u00f3n es conducirla al zool\u00f3gico de Belo Horizonte, donde le har\u00eda compa\u00f1\u00eda a Zidane, un macho que, tal como el famoso atacante de la selecci\u00f3n francesa, les dio un baile a los investigadores. Si todo sale bien, \u00e9sa ser\u00e1 la primera colonia de muriqu\u00edes del norte en cautiverio, fundamental para un d\u00eda, qui\u00e9n sabe, proveer nuevos ejemplares a la naturaleza.<\/p>\n<p><em>Art\u00edculos cient\u00edficos<\/em><br \/>\nSTRIER, K. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/www.pnas.org\/content\/early\/2011\/10\/31\/1116737108.abstract\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Low paternity skew and the influence of maternal kin in an egalitarian, patrilocal primate<\/a>. <strong>PNAS<\/strong>. v. 108, p. 18. 915-19. 22 nov. 2011.<br \/>\nCOLE, R.C. <em>et al<\/em>. <a href=\"http:\/\/link.springer.com\/article\/10.1007%2Fs10764-011-9555-2\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Fission-Fusion Dynamics in Southern Muriquis (<em>Brachyteles arachnoides<\/em>) in Continuous Brazilian Atlantic Forest. <\/a><strong>International Journal of Primatology<\/strong>. En prensa.<br \/>\nTALEBI, M.G.; LEE, P.C. <a href=\"http:\/\/link.springer.com\/article\/10.1007%2Fs10764-010-9414-6\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Activity Patterns of Southern Muriquis (<em>Brachyteles arachnoides<\/em>) in the last continuous remnant of Brazilian Atlantic Forest<\/a>. <strong>International Journal of Primatology<\/strong>. v. 31, p. 571-83. 2010.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Convivencia con las madres aumenta el \u00e9xito reproductivo de los machos","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[181],"tags":[293,300,306],"coauthors":[105],"class_list":["post-90595","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciencia-es","tag-ecologia-es","tag-evolucion","tag-genetica-es","keywords-comportamiento"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90595","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=90595"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90595\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":518775,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/90595\/revisions\/518775"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=90595"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=90595"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=90595"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=90595"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}