{"id":93026,"date":"2003-08-01T00:00:48","date_gmt":"2003-08-01T03:00:48","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=93026"},"modified":"2015-05-12T18:46:14","modified_gmt":"2015-05-12T21:46:14","slug":"los-payasos-y-la-carpa-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/los-payasos-y-la-carpa-3\/","title":{"rendered":"Los payasos y la carpa"},"content":{"rendered":"<p>Fragmentos de exhibiciones circenses atraviesan nuestro cotidiano en las grandes ciudades: grupos de payasos llegan a los restaurantes; malabaristas, a los grandes cruzamientos; chicos de la calle ensayan peque\u00f1os n\u00fameros con pelotitas de tenis. \u00bfEs una \u201ccirquizaci\u00f3n\u201d de la vida en la ciudad? \u00bfSon evocaciones tristemente nost\u00e1lgicas del circo, de su alegr\u00eda espectacular?<\/p>\n<p>El excelente trabajo de M\u00e1rio Fernando Bolognesi, intitulado Palha\u00e7os [Payasos], nos ubica bastante bien con relaci\u00f3n a tales cuestiones. Y a partir de su lectura, podr\u00eda decirse que a estas manifestaciones del circo dispersas por la ciudad les falta precisamente la lona, la carpa, es decir, el propio circo. Y nosotros, los espectadores, nos faltar\u00eda la disposici\u00f3n para el espect\u00e1culo, aqu\u00e9lla capaz de tomar por asalto las atenciones de los que atraviesan la lona de la carpa. De hecho, lo que esta investigaci\u00f3n permite notar es que el circo le otorga sentido a la figura del payaso, y organicidad a su relaci\u00f3n con las otras exhibiciones circenses. Y el circo, a partir de ciertas transformaciones hist\u00f3ricas, parece mostrar actualmente una tendencia a subyugarse al mundo del mercado, con sus valores r\u00edgidos de excelencia y belleza, perdiendo as\u00ed su potencia, en medio a un proceso de sedentarizaci\u00f3n, especialmente en las grandes ciudades. No obstante, al recorrer el pa\u00eds, el autor nos lleva a constatar que el circo \u2013y no solamente el circo de gran porte\u2013 permanece vivo y conserva su esencia.<\/p>\n<p>Como dice Bolognesi, la materia del circo es el cuerpo sublime, como el de los gimnastas y los acr\u00f3batas, o el cuerpo grotesco, como el de los payasos. Del espanto y la fascinaci\u00f3n con las maniobras <em>sobrehumanas<\/em>, el espectador pasa a la risa, producida por el relajamiento y por la impresi\u00f3n de superioridad dada por la experiencia de ser, al fin y al cabo, m\u00e1s que aquel<em> humano<\/em>, el payaso. Por lo tanto, seg\u00fan el autor, es en ese juego incesante entre lo sublime y la grotesco que se produce la emoci\u00f3n del espect\u00e1culo circense. Aliando una preocupaci\u00f3n por situar hist\u00f3ricamente los or\u00edgenes y el desarrollo de las formas del circo y del payaso al inter\u00e9s en discutir, a partir de varias aristas, la significaci\u00f3n de estos fen\u00f3menos en t\u00e9rminos antropol\u00f3gicos, culturales y art\u00edsticos, el autor lleva a cabo una investigaci\u00f3n valiosa, procurando ubicar las especificidades y transformaciones que se fueron incorporando a los circos brasile\u00f1os, en particular en los de peque\u00f1o y mediano porte, que en gran medida se caracterizaran como circos-teatros. Al recorrer sus an\u00e1lisis de las escenificaciones de melodramas llevadas a peque\u00f1os circos, descubrimos que el mismo juego se realiza all\u00ed: la entrada del payaso hace que dialoguen en escena lo sublime y lo grotesco, el miedo y la risa, el drama y la comedia.<\/p>\n<p>As\u00ed, lo que se constata es el hecho de que el espect\u00e1culo no se orienta al intelectualismo o a la elevaci\u00f3n moral. \u201cEl payaso tiene en su cuerpo la base primordial de la escena, ya sea bajo los moldes del sublime cuerpo acrob\u00e1tico o del grotesco cuerpo del payaso\u201d, escribe Bolognesi. Sus artistas no exhiben \u201cinterioridades\u201d: \u201cEllos son puro cuerpo exteriorizado, sublime o grotesco, que se realiza y se extingue en la propia dimensi\u00f3n de su gesto\u201d. La acci\u00f3n de los payasos explota, en reposiciones que parodian a las propias exhibiciones de excelencia circense, en entradas de d\u00faos o tr\u00edos de payasos, actuando m\u00edmica o verbalmente, o incluso en escenificaciones cortas propias de los circos-teatros, ya sea en la m\u00edmica como en el doble efecto de las palabras, la emergencia del cuerpo, en su dimensi\u00f3n grotesca, indisciplinada, vivaz.<\/p>\n<p>Por lo tanto, el circo traer\u00eda en s\u00ed una dimensi\u00f3n inherente de alternancia de poderes y emociones, en la que dialogan en escena la perfecci\u00f3n y la imperfecci\u00f3n, la magia y la incapacidad, los vuelos en las alturas y las ca\u00eddas rastreras. All\u00ed dentro, la realidad es como que revertida en sus leyes, pero, al mismo tiempo, en esa alternancia de exhibiciones, algo de las leyes de la realidad se revela. Es lo que se expresa en aquello que se ha constituido hist\u00f3ricamente como d\u00fao t\u00edpico de payasos, en el que dialogan en escena tipos antag\u00f3nicos, uno dominador y el otro dominado. El conflicto que all\u00ed se escenifica tiene una dimensi\u00f3n pol\u00edtica, que se irradia por el terreno m\u00e1s cotidiano de la vida, a trav\u00e9s de las inhabilidades y virtudes del cuerpo.<\/p>\n<p>\u00bfPayasos en el restaurante? \u00bfMalabaristas en el sem\u00e1foro? Efectivamente, se podr\u00eda rematar diciendo que Brasil es un gran circo. No obstante, es necesario convenir con el autor en que algo de esencial se disuelve en la ausencia de la carpa: la potencia de una imaginaci\u00f3n fe\u00e9rica y contagiosa, que se confronta con la muerte en cada movimiento y con la risa en cada victoria de la vida. En el espect\u00e1culo de fuera de la carpa, ejecutamos meras tentativas de ser espectadores, ante los intentos de acierto de los pobres ni\u00f1os de los triviales sem\u00e1foros del tr\u00e1nsito. \u00bfCu\u00e1l de esas inquietudes es m\u00e1s potente?<\/p>\n<p><strong>Camila Pedral Sampaio<\/strong> es doctora en psicolog\u00eda cl\u00ednica de la Pontificia Universidad Cat\u00f3lica de S\u00e3o Paulo y profesora de la Facultad de Psicolog\u00eda de dicha universidad<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los payasos y la carpa","protected":false},"author":397,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[190],"tags":[],"coauthors":[711],"class_list":["post-93026","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-resenas"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/93026","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/397"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=93026"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/93026\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=93026"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=93026"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=93026"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=93026"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}