{"id":97476,"date":"2005-12-01T20:11:20","date_gmt":"2005-12-01T22:11:20","guid":{"rendered":"http:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/?p=97476"},"modified":"2013-01-22T20:13:59","modified_gmt":"2013-01-22T22:13:59","slug":"el-tigre-de-tasmania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/el-tigre-de-tasmania\/","title":{"rendered":"El tigre de Tasmania"},"content":{"rendered":"<p>Josiel Monte evitaba dirigir su mirada directamente hacia la hoguera, y disfrutaba la vista de la V\u00eda L\u00e1ctea que se cern\u00eda encima de su cabeza y se empecinaba en brillar.<\/p>\n<p>Pero el walkie-talkie son\u00f3 y la voz nasal de la profesora Kristie Carroll fue bastante clara en medio a la noche fr\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMonte? Ac\u00e1 ya terminamos. Volvemos en una hora.<\/p>\n<p>\u2014B\u00e1rbaro, Kristie. Yo me quedo de guardia en el campamento.<\/p>\n<p>Monte era profesor visitante de biolog\u00eda en la Universidad de New South Wales, Australia. Era un embajador de los marsupiales sudamericanos, en un reino donde los marsupiales son soberanos. Desde un principio se sinti\u00f3 un miembro junior en la cofrad\u00eda de expertos del Departamento de Zoolog\u00eda. En Brasil, ten\u00eda un nombre y un s\u00f3lido nicho profesional. Pero ah\u00ed era poco m\u00e1s que una curiosidad acad\u00e9mica. Asociada a la soledad. Por eso, cuando Alan Briggs, el jefe del departamento, lo invit\u00f3 a hacer una actividad de campo, avizor\u00f3 la chance de estrechar lazos con \u00e9l y con Carroll, su asistente.<\/p>\n<p>Y sonri\u00f3. Briggs se hab\u00eda \u201colvidado\u201d de informarle de entrada cu\u00e1l era la real naturaleza de la expedici\u00f3n: recabar evidencias de la existencia del tigre de Tasmania, el tilacino. El \u00faltimo ejemplar conocido de dicha especie muri\u00f3 en 1936, en el zool\u00f3gico de Hobart, la capital de la isla. Se acord\u00f3 de im\u00e1genes de celuloide del tilacino, mostrando su cuerpo alargado de cola r\u00edgida, su cabeza canina, sus flancos rayados y su expresi\u00f3n alerta. Im\u00e1genes de la terrible soledad de un animal exilado de los montes, exilado del futuro, condenado a un registro borroso y a una presencia nebulosa en el sentimiento de culpa colectivo de la humanidad.<\/p>\n<p>Pues todav\u00eda se hablaba de avistamientos del animal, algunos incluso fuera de la isla. Gente de Australia (e incluso de Inglaterra) dec\u00eda haberlo visto. En Tasmania propiamente, las \u00faltimas b\u00fasquedas se concretaron a mediados de la d\u00e9cada de 1990. Y fueron infructuosas. El predador marsupial hab\u00eda existido en Papua y en toda a Australia, pero hab\u00eda sido acorralado en Tasmania con la llegada del dingo, un mam\u00edfero placentario de la familia de los perros y un predador m\u00e1s agresivo. Una vez restringido a la isla que se colgaba como un aro al sur de Australia, el tilacino fue masacrado por los reci\u00e9n llegados criadores de ovejas, en una lucha breve pero definitiva.<\/p>\n<p>La pareja de bi\u00f3logos realmente no cre\u00eda en la idea de que el tilacino hubiera sobrevivido. Les parec\u00eda bien a ambos eso de hacer una pausa en sus actividades acad\u00e9micas \u2014y el incentivo econ\u00f3mico del millonario australiano que patrocinaba discretamente la expedici\u00f3n, quien participaba en el esfuerzo de clonar al tilacino, de traerlo de vuelta a la vida. De encontrar animales vivos, tal como afirmaban los testigos, podr\u00edan sumar su variedad gen\u00e9tica a los ejemplares f\u00f3siles que formaban la base del proyecto de clonaci\u00f3n, y as\u00ed crear y mantener una poblaci\u00f3n viable.<\/p>\n<p>Briggs y Carroll estaban all\u00e1 abajo, en el valle, entrevistando al campesino que era el \u00faltimo \u201ctestigo\u201d de la existencia del animal. El hecho de estar en la falda del pico Ossa, acompa\u00f1\u00e1ndolos y de guardia en el campamento, era para Monte como participar de una b\u00fasqueda de la mula sin cabeza<a title=\"\" href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/usuario\/Desktop\/Tradu%C3%A7%C3%B5es%20%C2%AD%20Espanhol\/Espanhol%20118\/Pesquisa%20FAPESP%20118esp.doc#_ftn1\">[1]<\/a> o del mapinguar\u00ed<a title=\"\" href=\"file:\/\/\/C:\/Users\/usuario\/Desktop\/Tradu%C3%A7%C3%B5es%20%C2%AD%20Espanhol\/Espanhol%20118\/Pesquisa%20FAPESP%20118esp.doc#_ftn2\">[2]<\/a> en los campos y selvas de Brasil. Por m\u00e1s que se afirmase que los tigres de Tasmania sobrevivientes habr\u00edan adquirido una timidez casi sobrenatural, producto de la escala en que fueron cazados o envenenados, no pod\u00eda existir tilacino alguno viviendo una guerrilla contra el Hombre en aquellas monta\u00f1as&#8230;<\/p>\n<p>Monte cerr\u00f3 los ojos. Deseaba estar equivoc\u00e1ndose.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a abrirlos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ser\u00eda lo que le habr\u00eda franqueado la visi\u00f3n? Quiz\u00e1 su mirada extranjera&#8230; o la soledad que sent\u00eda y lo har\u00eda sintonizarse con el extra\u00f1o sentimiento de p\u00e9rdida que exist\u00eda por detr\u00e1s de las noticias de avistamientos.<\/p>\n<p>El animal abandon\u00f3 su guarida de las rocas y camin\u00f3 t\u00edmidamente rumbo al campamento. Era m\u00e1s grande de lo que Monte imaginara. Sus orejas giraban hacia adelante y hacia atr\u00e1s en su cabeza, y su largo hocico sub\u00eda y bajaba, mientras circundaba lentamente la hoguera, con los ojos centellado llamaradas y apuntando hacia Monte.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 m\u00e1s cerca de donde \u00e9ste estaba, olfate\u00f3 el aire, bostez\u00f3. Las mand\u00edbulas se abrieron en un \u00e1ngulo sorprendente. Monte pudo sentir su aliento de carn\u00edvoro, y el olor no muy canino de su pelo. El tilacino lleg\u00f3 hasta \u00e9l, husme\u00f3 su brazo y acto seguido se sent\u00f3 sobre uno de sus costados. Y se qued\u00f3 as\u00ed, al lado suyo, observando la hoguera.<\/p>\n<p>Monte extendi\u00f3 su mano izquierda para tocarlo. La movi\u00f3 bien despacio, como si realmente pudiera asustar a la aparici\u00f3n. Sus dedos nunca hallaron el pelaje pardo, no trazaron las rayas que cubr\u00edan sus ancas y parte de su lomo. Ese brazo entero fue fustigado por un hormigueo intenso, un estertor y el desfallecimiento de los nervios. Monte entonces lo retrajo. El tilacino no cambi\u00f3 de posici\u00f3n; solamente lo mir\u00f3 de reojo y parpade\u00f3, como que tullido en su propia inmaterialidad.<\/p>\n<p>\u00bfLa mente del cient\u00edfico estaba viviendo un estado alterado de conciencia? \u00bfLa raz\u00f3n se iba a dormir y ced\u00eda su lugar a la pantalla y su visi\u00f3n del mito? \u00bfNo era el Hombre el vig\u00eda del mundo? \u00bfEl centinela solitario ante la hoguera de la mente? Y cuando la raz\u00f3n no respond\u00eda m\u00e1s a las ansiedades del esp\u00edritu, otra mirada deber\u00eda mantener la vigilia y ser testigo. \u00bfPero Josiel Monte era testigo de qu\u00e9? \u00bfDe que la culpa del ser humano por sus v\u00edctimas iba m\u00e1s lejos y m\u00e1s a fondo de lo que \u00e9l se imaginaba? \u00bfO de que los animales tambi\u00e9n producir\u00edan sus fantasmas, apareci\u00e9ndosele al Hombre con una presencia huidiza o tranquila como \u00e9sta, y no odiosa e iracunda como los fantasmas humanos? Y esa aparici\u00f3n, \u00bfhabr\u00eda nacido no ya en su mente, sino de la propia tierra, que tambi\u00e9n so\u00f1aba y lamentaba la ausencia de uno de sus hijos? Quiz\u00e1 cada especie extinguida dejara una herida en el coraz\u00f3n de Gaya, nostalgia profunda de la madre que siente la p\u00e9rdida del hijo como una mutilaci\u00f3n de la propia carne.<\/p>\n<p>Monte y el tilacino se quedaron ah\u00ed, junto al fuego, como un hombre y su perro, compartiendo el campamento y lo que ambos representaban: el punto en que el mundo natural y el mundo humano se tocaban y uno se desped\u00eda del otro, vislumbrando una frontera intransponible a\u00fan no trazada. En esa penumbra reg\u00eda todav\u00eda una extra\u00f1a completud.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 este sentimiento fuera la fuente \u00faltima de los avistamientos del tilacino. Ya que la verg\u00fcenza se mezclaba a la sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida por lo que se hab\u00eda dejado atr\u00e1s, en el camino de la especie humana.<\/p>\n<p>Briggs y Carroll regresaron, una vez pasada la prometida hora de ascenso de la monta\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014Oh, se lo ve muy bien \u2014dijo la mujer. \u2014Alan y yo pensamos que se iba a aburrir ac\u00e1 solo.<\/p>\n<p>El fantasma del tigre de Tasmania era para ellos invisible. \u00bfEs un castigo o una bendici\u00f3n?, le pregunt\u00f3 Monte silenciosamente a la aparici\u00f3n que estaba a su lado, que a\u00fan ten\u00eda las orejas alertas, con las llamas reflej\u00e1ndose en sus ojos. Ambos, compa\u00f1eros uno del otro, contemplaban una segunda frontera trazada en el suelo del precario campamento. \u00bfQu\u00e9 ojos pod\u00edan ver lo que estaba por verse?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, s\u00ed \u2014dijo. \u2014Estoy bien, tanto como hace mucho no lo estaba.<\/p>\n<p>Briggs dijo que deb\u00eda ser el aire de la monta\u00f1a, y esto lo hizo sonre\u00edr a Monte.<\/p>\n<p>A su lado, el tilacino bostez\u00f3.<\/p>\n<p>Y se qued\u00f3 junto a \u00e9l toda la noche, para partir reci\u00e9n cuando despunt\u00f3 el sol.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Roberto de Sousa Causo ha publicado cuentos en diez pa\u00edses, y es autor del estudio <em>Fic\u00e7\u00e3o cient\u00edfica, fantasia e horror no Brasil <\/em>[<em>Ciencia ficci\u00f3n, fantas\u00eda y horror en Brasil<\/em>] y de la novela <em>A corrida do rinoceronte<\/em> [<em>La carrera del rinoceronte<\/em>].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"El tigre de Tasmania","protected":false},"author":394,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[185],"tags":[],"coauthors":[707],"class_list":["post-97476","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ficcion"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/97476","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/394"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=97476"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/97476\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=97476"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=97476"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=97476"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistapesquisa.fapesp.br\/es\/wp-json\/wp\/v2\/coauthors?post=97476"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}