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Memoria

Exhibición de cine

Hace 107 años se producía la primera película de ficción científica conocida

Memoria_homemREPRODUCCIÓNLas películas de ciencia ficción tuvieron su origen con un cineasta francés para quien la expresión por primera vez fue utilizada varias veces. En 1902, George Méliès realizó lo que se considera como el primer film de ese género, que algunas veces, avizora y hasta inspira nuevas tecnologías. El viaje a la Luna (Le voyage dans la Lune), de 14 minutos, se basó en dos libros, de escritores a quienes les encantaba crear historias con elementos científicos De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, y El primer hombre en la Luna, de H. G. Wells. La película cuenta la saga de cinco astrónomos que construyen una cápsula espacial para viajar hasta el satélite terrestre. La nave es disparada mediante un cañón y cae aparatosamente en la Luna, dónde los científicos encuentran selenitas y son perseguidos por ellos, pero logran regresar a la Tierra.

El viaje a la Luna, fue uno de los primeros filmes de ficción científica, dice Ismail Xavier, crítico cinematográfico y docente de la Escuela de Comunicaciones y Artes de la Universidad de São Paulo. Pero no se puede afirmar que fuera el primero, porque había mucha gente produciendo en los albores de ese siglo y no contamos con un registro de todo. Lo cierto es que Méliès fue el primer cineasta asociado con la idea del futuro y de la tecnología. Su empatía y el deseo de trabajar con la imagen en movimiento fueron instantáneos y nacieron junto con el cine.

George Méliès (1861-1938) era un ilusionista, dueño del teatro Robert Houdin, en París, dónde representaba números de magia. Hacia fines de 1895, fue uno de los invitados de Louis y Auguste Lumière para asistir a la primera exhibición de cine en una pequeña sala en el subsuelo del Grand Café, en el centro de la ciudad. Los hermanos Lumière habían inventado el cinematógrafo, una máquina que capturaba imágenes en fotogramas y las proyectaba en forma acelerada creando una ilusión de movimiento. Méliès percibió el potencial de la invención para sus espectáculos de magia e intentó sin éxito comprar el equipo.

El mago construyó entonces su propia cámara, y comenzó a realizar filmes en 1896. En los comienzos, sólo filmaba eventos aislados tales como escenas de la calle- para más tarde exhibir en su teatro. Tanto la dramatización de las historias como la continuidad de las escenas no se consideraban importantes en los comienzos del cine, entre 1895 y 1908, de acuerdo con Ismail Xavier. Se trataba de un cine de atracción o cine de trucos, algo similar a un circo, en el que existen cuadros y situaciones presentados en forma independiente, dice. La escenografía se revelaba y los efectos no eran nada sutiles, sino creados para ser notados. Los trucos eran el gran cebo. Era un cine que gustaba de exhibirse y encantaba por su técnica y las nuevas tecnologías utilizadas. La narrativa y el drama se consolidaron recién a partir de 1910.

El viaje a la Luna fue una excepción en aquellos tiempos porque presentaba una historia, con escenografía y efectos especiales. La escena de la nave apuntada hacia la Luna es una de las más conocidas de la historia del cine. Méliès fue uno de los primeros en utilizar efectos especiales y caracterizar seres alienígenas. También habría sido el primero en utilizar el recurso de la exposición múltiple de negativos, del proceso de pintura sobre la película para conseguir filmes coloridos, y crear las técnicas de fade in (cuando una imagen surge de la oscuridad) y del fade out (cuando la imagen va desapareciendo gradualmente), y también en producir sketchs y story boards, entre otras innovaciones. El primer estudio de Europa fue construido por él.

Ser pionero de nada le valió en términos de dinero: en 1912 Méliès estaba en bancarrota. En 1926 fue redescubierto vendiendo juguetes en un kiosco de París por Leon Druhot, editor de una revista sobre el cine. Éste escribió su historia y algunos de los más de 500 filmes que hizo Méliès fueron restaurados. En 1931, el cineasta recibió la Legión de Honor de Francia. Aunque no le sirviera como consuelo por la miseria en la que murió. Méliès también recibió elogios públicos por parte de otros dos genios del cine. Le debo todo a él, dijo D. W. Griffith. Charlie Chaplin lo consideraba el alquimista de la luz.

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