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Carlos Nobre

Carlos Nobre: Un modelo ambiental del Sur

São Paulo puede convertirse en un gran laboratorio destinado al avance del conocimiento sobre los cambios climáticos globales

Eduardo CesarCarlos Nobre, de 58 años, uno de los más respetados y premiados estudiosos brasileños del clima y los cambios climáticos globales, había llegado luego de pasar seis días en Copenhague, Dinamarca, durante la mañana de aquel domingo 20 de diciembre, después de ver disiparse finalmente todas las esperanzas de firmar un tratado internacional consistente de prevención y combate contra los efectos del calentamiento del planeta. A la tarde, en su agradable casa de la ciudad de São José de los Campos, a 97 kilómetros de la capital paulista, con la compañía atenta y cariñosa de Ana Amélia Costa, con quien cumplirá en julio 25 años de casado, manteniendo a cierta distancia a sus ocho perros y sus nueve gatos, estaba seguramente cansado, al cabo de la travesía transoceánica. Pero fue en un clima de simpática acogida, con la tranquilidad y la notable capacidad expresiva y argumentativa de siempre, que habló durante casi dos horas con el equipo de Pesquisa FAPESP.

Los resultados de la COP-15 fueron objeto de sus consideraciones, por supuesto, pero Nobre fue mucho más allá: logró delinear, en una especie de vislumbre, el gran laboratorio de experiencias ambientales avanzadas que ve que está comenzando a erigirse en el estado de São Paulo, y procuró mostrar por qué el Programa FAPESP de Investigaciones sobre Cambios Climáticos Globales, del cual es coordinador general, tiene un enorme potencial para ampliar la de por sí ya razonable influencia de Brasil en el debate científico y en las decisiones políticas globales referentes a los cambios climáticos. Abordó su trayectoria como investigador y dos nuevas contribuciones científicas, inéditas todavía – una que contiene nuevos elementos para la profundización de su teoría de la sabanización de la Selva Amazónica y otra volcada a la comprensión de la persistencia de una ancha zona de transición entre la selva y la sabana en la región –, cuyos artículos científicos se encuentran en fase de análisis en publicaciones internacionales. El trabajo de Nobre, como es sabido, es fundamental para tener una mejor comprensión acerca de las relaciones entre el clima, la selva tropical, los impactos de la deforestación y el calentamiento global en la Amazonia.

Ingeniero electrónico egresado del Instituto de Tecnología de la Aeronáutica (ITA), doctor en el área de meteorología del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y en rigor un experto en modelado matemático de escenarios climáticos, con  un posdoctorado en ese campo realizado en la Universidad de Maryland, Nobre acumula muchos premios, producto de su trabajo científico, entre los cuales se pueden incluir, como es miembro del IPCC, el Nobel de la Paz de 2008, y el más reciente, que recibió este año: el WWF-Brasil de Personalidad Ambiental. Son victorias que parecen justas para alguien que siempre se abocó con determinación a los caminos más desafiantes que le fueron surgiendo en la vida. Y son sin duda extraordinariamente gratificantes para este descendiente de inmigrantes italianos por vía materna que se establecieron inicialmente en Salto, interior de São Paulo, y de migrantes bahianos que se radicaron en Conquista, en la zona de Minas Gerais conocida como Triângulo Mineiro. O para el hijo mayor de Wilson Nobre, un jugador de fútbol profesional y ex obrero de São Paulo, que murió tempranamente, dejándole al en ese entonces joven estudiante de ingeniería electrónica, ex alumno de una escuela pública de un suburbio de São Paulo, la tarea de seguir adelante con la manutención de la familia y la educación de sus hermanos.

En la mirada del científico, ¿la Conferencia de Copenhague fue un total fracaso?
Obviamente, no fue un éxito. Ahora bien, yo no diría que fue “un total fracaso”, pues todos allí reconocieron el rol de la ciencia. Los diversos discursos, los diversos textos plantearon el rol de la ciencia, destacaron el rol del IPCC [el Panel Intergubernamental de Cambios Climáticos] y destacaron que cifras y metas de cualquier acuerdo deben revisarse periódicamente en función de lo que la ciencia indique. Por eso actualmente la ciencia se apoya sobre la base de esas negociaciones y da la palabra final sobre qué es necesario hacer en términos de metas y en cuanto a los riesgos de que la temperatura suba. Ahora bien, eso es  casi todo lo que se pudo salvar, al menos desde el punto de vista científico. La urgencia que la ciencia plantea para el problema no fue tenida debidamente en cuenta, pues de ser así, todos estos años de negociación ya habrían desembocado en alguna decisión mucho más abarcadora.

¿Pero hubo algún espacio para el debate científico en el marco de la conferencia?
No, las COP’s no son espacios en los cuales se discute ciencia, y cualquier tema sobre el que sobrevuelen muchas dudas científicas es retirado. Por ejemplo, implementar o no medidas de mitigación tipo captura y almacenamiento geológico de carbono. Como existe mucha incertidumbre científica al respecto, aunque sea una técnica muy estudiada y con algún potencial, llega a ser sugerida, pero no pasa. Pero hablando simbólicamente, el hecho de que todos los países coincidan en que deben hacer el esfuerzo necesario para que la temperatura no suba más que dos grados Celsius es un hecho y gracias a la ciencia, así como el hecho de que realmente se empiece a pensar, al observarse la velocidad con que el nivel del mar está subiendo y las proyecciones de cuánto subiría durante este siglo y el próximo, que 2 grados es mucho. Quizá sea muy difícil que se caliente solamente un grado y medio, pero es posible que todos los esfuerzos tengan que ir en la dirección de no dejar que la composición de la atmósfera cambie mucho más con relación a como está ahora.

Pero, pese a todo el apoyo de los datos de la ciencia, existe un límite para su influencia sobre las decisiones diplomáticas, sobre las decisiones políticas, sobre la superación de los impasses provocados por intereses económicos divergentes.
Efectivamente, existe un límite de la propia ciencia. La ciencia es y siempre será limitada, pero avanza y ha avanzado muy rápido en los últimos años. La preocupación de los científicos es porque, si vamos a esperar mucho tiempo, hasta que la ciencia tenga certeza absoluta o, dicho de otro modo, si únicamente se cree en lo que se ve y no en lo que se proyecta para el futuro – en otras palabras, estamos viendo que el hielo flotante del Ártico está desapareciendo –, si vamos a esperar que la ciencia haga no ya el pronóstico, sino el diagnóstico en el sistema climático, será quizá demasiado tarde. Y para proyectar el futuro, la ciencia siempre será intrínsecamente limitada. El sistema climático es muy complejo y por principio es imposible prever todo lo que puede suceder porque son infinitas trayectorias posibles. Lo que la ciencia hace y muy bien es saber qué está sucediendo, por eso el IPCC dijo en 2007 que el calentamiento es inequívoco y actualmente lo es más todavía. La intención de actuar, de obrar en función de un escenario que no es un 100% seguro, debe ser una decisión política, económica, diplomática. Los ejemplos muestran que la incertidumbre va en ambas direcciones: hace muy poco tiempo se proyectaba que el hielo ártico podría desaparecer en el verano del Hemisferio Norte más o menos al final del siglo, y se proyectaba también que para ello la temperatura debía subir varios grados, 3 ó 4 grados. Hoy todas las proyecciones de la glaciología indican que ya con 2 grados no habrá manera de impedir que aquel hielo desaparezca. La realidad se mostró mucho más rápida, por eso la diplomacia, la política y la economía deben ubicarse del lado más seguro, sin imaginar que la incertidumbre siempre penderá hacia el lado más tranquilo

EDUARDO CESARA la distancia, tuvimos la impresión de que la discusión sobre la incertidumbre de las proyecciones del IPCC tomó en Copenhague un espacio inesperado. A lo mejor debido a la invasión de los hackers en aquel centro científico de East Anglia y la consiguiente ventilación de los e-mails de Phil Jones en noviembre [lea en esta edición] y también por la postura de algunos científicos, como Joanne Simpson, Ivar Giaever, el Premio Nobel de 1973, y Kiminori Itoh, en síntesis, gente seria de la propia área científica que habría dado asidero a los escépticos militantes.
Ninguno de esos nombres corresponde a escépticos realmente, en el sentido de negacionistas. A decir verdad, respetado científicamente creo que existe sólo un escéptico en el mundo: el profesor Richard Lindzen, del MIT. Los otros son personas que plantean cuestiones inherentes a la incertidumbre, a la dificultad de prever de qué manera los extremos meteorológicos se comportarán en el futuro.

¿Esos científicos no dicen “el planeta no está calentándose”?
No, Joanne Simpson y otros creen que la ciencia debe madurar mucho para que tengamos capacidad de pronosticar que pasará con el calentamiento global, por ejemplo en lo que hace a los fenómenos meteorológicos extremos. Quienes estuvieron en Copenhague se dieron cuenta de que durante los primeros días de la conferencia aún había un remanente de la discusión de los hackers y de los e-mails pirateados, pero al final eso ya no estaba más presente con fuerza. Lógicamente, los negacionistas deben estar festejando, porque cuanto más tiempo siga la inacción, más se estará en el territorio de ellos, pues creen que no es necesario hacer nada. Pero resulta interesante ver de qué manera algunos escépticos tienen una mirada distinta. Por ejemplo, Lindzen, un físico muy bueno, sabe que el planeta está calentándose y que inyectándole gases se va a calentar  más. Pero cree que ese calentamiento es pequeño y que aun cuando se duplique la cantidad de gas en la atmósfera seguirá siendo pequeño, menos que la media de las proyecciones del IPCC. Y más todavía, tiene una postura filosófica que apunta que eso no es necesariamente malo, es decir, que un planeta más cálido es mejor. Pero eso equivale a ignorar los enormes impactos que los cambios climáticos pueden traer aparejados. En cuanto a los e-mails de Phil Jones pirateados, eso tiene que ser debidamente esclarecido. Yo lo conozco personalmente hace más de 15 años, y estoy seguro de que, como sucede comúnmente entre las personas que intercambian e-mails, él usó con una cierta informalidad una palabra en inglés, trick, que se podría traducir como “avivada”, para referirse a lo que había hecho con determinados números. Puede también haber sido un engaño, pero decir “yo hice unos arreglos” sería tal vez una manera de decir que resolvió un problema en un análisis de datos, sin que eso tenga que confundirse con algún tipo de fraude. Y bueno, existen miles de trabajos científicos publicados que analizan series históricas de datos climáticos, por eso no existe la menor posibilidad de que se cuestione que el planeta está calentándose. Creo que ese tema ha perdido un poco de relevancia, pero hay una serie de acciones, hay varias academias de ciencia abocadas a una investigación independiente en los e-mails, así como el IPCC y la Universidad de East Anglia. Las instituciones de Inglaterra tienen una actitud que creo que es sumamente correcta de apartar inmediatamente a cualquier persona de su cargo si sobre ella recae alguna sospecha. Y Phil Jones está separado temporalmente de su cargo de director del Climate Research Unit de esa universidad hasta que dicha investigación concluya. Para resumirlo, creo que científicos como Joanne Simpson, que cuestiona algunos aspectos en los cuales la ciencia debe avanzar, son importantes precisamente para que la ciencia avance. Y hasta donde yo sé, ninguno de los nombres que usted mencionó corresponde a personas ligadas a los lobbies del petróleo y del carbón.

La duda apunta a si las visiones de esas personas no terminaron dando algo de fuerza a la postura de esos lobbies.
Pienso que no. ¿Quién tendría mayor interés en sembrar cualquier duda  en toda esta cuestión? China. Pero es el país en donde desde hace varios años el calentamiento global es caracterizado como capaz de generar una dificultad enorme para el desarrollo. Existen estudios de la ciencia china que muestran que el efecto del calentamiento ya está presente: olas de calor, sequías, lluvias, inundaciones, perturbaciones en la agricultura… Esta cuestión está fuera de discusión en los países que pesan en lo que hace a porcentaje de población. Y por eso la única frase que restó de Copenhague sostiene que no se puede dejar que la temperatura suba más de dos grados (y los países de África y las pequeñas islas en su conjunto quieren que sea 1,5 grado, lo que en algunos lugares semiáridos, significa 2,5 grados ó 3 grados, y constituye una perturbación muy grande, porque modifica los recursos hídricos, que se tornan mucho más escasos, y produce sequías más intensas, etc.).

Hugh Lacey, filósofo de la ciencia, dijo en un artículo publicado hoy en Folha de S. Paulo que solamente la propia ciencia puede llevar a una disminución de la incertidumbre presente en las investigaciones sobre los cambios climáticos. Las líneas de investigación en curso en Brasil, en el marco del programa del clima de la FAPESP o fuera éste, ¿apuntan a disminuir esa incertidumbre?
Ése es unos de los principales puntos de esas líneas de investigación. Tienen tres ejes: primero, estudiar los cambios climáticos y sus impactos en todos los  sistemas. Otro es el enfoque tecnológico: ¿qué debe hacer Brasil para disminuir las emisiones? El tercer eje es la disminución de la incertidumbre en las proyecciones: son los modelos del sistema climático global. En el programa FAPESP tenemos una línea muy fuerte de financiamiento destinada a desarrollar por primera vez un modelo auténticamente brasileño de sistema climático global. En éste, partiendo de experiencias existentes en el mundo, porque no es necesario reinventar la rueda, se pone en juego lo mejor de nuestro conocimiento, se reúnen todos los componentes, todos los elementos – el océano, la atmósfera, la vegetación, el ciclo de carbono, las quemas, las perturbaciones más características del ambiente brasileño que conocemos bien –, para crear ese modelo propio. Estamos adquiriendo las herramientas, las supercomputadoras que nos permitirán delinear escenarios por décadas y siglos (las compras están en fase de licitación), en función del conocimiento que tenemos acá. Y será un aporte a la ciencia mundial. Aportaremos cosas típicas de Sudamérica, incluiremos las variaciones del clima que conocemos bien, disponiendo de una herramienta que nos dará bastante autonomía como para delinear cuantos escenarios nos parezcan importantes, aprendiendo siempre más y más con eso. Estas herramientas constituyen un elemento que nos ubicará tal vez en dos o tres años en el mismo nivel de los países desarrollados. El esfuerzo destinado a disminuir la incertidumbre es a decir verdad mundial. Y nosotros ya hemos expandido el esfuerzo brasileño para que pueda ser a en realidad el esfuerzo de modelado de tres países: Brasil con Sudáfrica y la India, y tal vez Argentina y Chile también. Yo diría que es casi un modelo “del Sur”. Y es bueno que sea un esfuerzo compartido, porque solamente cuando sumamos a la comunidad científica que trabaja en modelado en esos países empezamos a llegar cerca de los números mínimos necesarios para este emprendimiento. Cualquier centro de EE.UU., Europa o Japón tiene de mínima 100 ó 120 doctores abocados a esa actividad de modelado, y nosotros juntos tenemos menos de 150.

El programa FAPESP del clima se presentó en 2008 y ahora están en marcha en ese marco 10 proyectos. ¿Es una buena cantidad?
Se presentó en agosto de 2008, y en el primer llamado seleccionó 10 propuestas que están en marcha, y una segunda parte del primer llamado se orientó precisamente al montaje de un consorcio capaz de desarrollar un modelo matemático brasileño de sistema climático global. Esta propuesta está casi en fase final de análisis. Como el primer llamado terminó reuniendo a una gran cantidad de excelentes propuestas, la FAPESP tomó la decisión de, en lugar de efectuar un nuevo llamado en 2009, revisar los proyectos que fueron muy bien evaluados pero no lograron pasar en la primera fase. Imagino que de allí surgirán más 4, 5 ó 6 propuestas aprobadas y en 2010 podremos tener lo que considero que será el primer paquete, estructurado en torno de entre 15 y 17 propuestas.

EDUARDO CESARLa previsión inicial era que la FAPESP invirtiera en 10 años 100 millones de reales en el programa, ¿no es cierto?
Es un poco más que eso. La FAPESP se comprometió con alrededor de 12 millones de reales anuales durante 10 años, y estableció una asociación con el gobierno federal, que no es exactamente 50%-50%, pero es muy buena, incluso porque los recursos federales llegan para un componente importantísimo del programa, que son las becas de maestría, doctorado y posdoctorado, para capacitar a una nueva generación de investigadores. Es decir que dentro de cinco o seis años vamos a tener, solamente de esos primeros proyectos, unos 50 nuevos doctores. En modelado del sistema climático específicamente, Brasil entero tiene hoy entre 40 y 50 doctores, la mayor parte en el estado de São Paulo. Y si es que el país quiere tener plena autonomía, necesitará en 10 años formar a otros 100 doctores en ese campo, y tener empleo para todos ellos. De una manera más general, la cuenta que podemos hacer es ésta: si dentro de 10 años la FAPESP tiene una cartera de 20 proyectos, habiendo logrado mantener cada año 15 proyectos en marcha, habremos formado a unos 200 doctores. Solamente su programa habrá multiplicado por cuatro la cifra de investigadores existentes hoy en todas las subáreas vinculadas a los cambios climáticos. Como existen programas también del gobierno federal, la Red Clima, en 10 años Brasil podrá contar con algunos centenares de doctores, y espero que las instituciones puedan acoger a una gran parte de ellos, y el sector privado otra parte.

Entonces si la articulación con la India, Sudáfrica y algunos países de Sudamérica efectivamente cobra cuerpo, la contribución del Hemisferio Sur puede ser significativa.
Sin duda. Vamos a poder mejorar nuestra capacidad de estudiar los  impactos de los cambios climáticos proyectados en la agricultura, en las zonas costeras, en la biodiversidad, en la energía, en los recursos hídricos, en las ciudades… El foco es desarrollar modelos, pero aplicarlos también. Y quién sabe – esto es un poco de optimismo de mi parte –, podremos incluso compartir el desarrollo tecnológico. Porque el nudo gordiano de toda esta cuestión de acuerdos sobre cambios climáticos es la cuestión tecnológica de la mitigación. La gran cuestión que no avanza, y que no avanzó en Copenhague, es producto de una visión excesivamente nacionalista de la tecnología que tienen los países. Es decir, nadie comparte el desarrollo tecnológico, todos quieren vender, asumiendo que los  países que tienen capacidad de innovar tecnología son los desarrollados y que ése es el resorte propulsor del desarrollo económico. Por eso a lo mejor en nuestros países, con historias parecidas, logramos romper con algunos paradigmas y desarrollar proyectos tecnológicos conjuntos, apuntando a la disminución de las emisiones. Los que estuvieron en Copenhague se dieron cuenta de que, mientras que EE.UU. y China no se arreglen en la cuestión de la tecnología, será difícil imaginar un acuerdo abarcador.

¿Es una falsa impresión o de hecho los grupos de otros países han venido acumulando mucho más conocimiento sobre la Amazonia que los grupos brasileños?
Las bases de investigación, a decir verdad, siempre fueron de instituciones brasileñas, que en asociación con investigadores de otros países, principalmente Estados Unidos, hicieron posibles proyectos conjuntos, el mayor de los cuales es el experimento del LBA [el Programa de Gran Escala de la Biosfera-Atmósfera de la Amazonia]. Pero, efectivamente, cuando observamos los últimos 20 ó 30 años, notamos una predominancia de artículos científicos cuyo primer autor no es  brasileño. Y eso es un reflejo de que los países desarrollados, que destinan cuantiosos recursos a la investigación científica, tienen una visión global de la ciencia. Sin embargo, en el transcurso de los últimos 10 años, establecimos una serie de colaboraciones científicas, y así logramos iniciar el desarrollo de una comunidad acá en Brasil que hace investigación de nivel internacional sobre la Amazonia, pero principalmente en el sudeste del país. ¿Cómo alterar esto? Fortaleciendo a las instituciones científicas de la Amazonia, un proceso que afortunadamente comienza a mostrar resultados significativos. Existe una limitación por vencer, que es el modelo secuencial de desarrollo científico y tecnológico, por el cual solamente después de un gran impulso de desarrollo económico se deriva algo de la riqueza obtenida hacia la investigación científica. La FAPESP es un típico modelo en ese sentido: recibe un porcentaje del Impuesto a la Circulación de Mercaderías y Servicios (ICMS), y si el estado va bien económicamente, los fondos para la investigación aumentan, y eso realimenta el proceso económico a través de la innovación, a través de la capacitación, de la fuerza de las universidades… Ése fue el modelo con el que prácticamente el mundo entero se desarrolló. Pero la Amazonia y las regiones pobres de África y del sur de Asia requieren realmente otro modelo: se hace necesario un tipo de “modelo antártico” de desarrollo científico. La Antártida no tiene ninguna explotación económica, pero el mundo gasta en investigación antártica – donde por ley internacional está prohibida la inversión con fines económicos – más que toda la inversión de Brasil en ciencia y tecnología. Debemos hacer con la Amazonia algo similar, sin la restricción a las inversiones con fines económicos. De los 166 mil millones de dólares de inversiones en el área de cambios climáticos que el presidente Lula anunció en Copenhague para los próximos 10 años, una parte no desdeñable se destina a reducir la deforestación de la Amazonia, a instalar nuevos institutos, nuevas universidades… Creo que ése es el camino. Hicimos los cálculos en la Academia Brasileña de Ciencias y arribamos a la conclusión de que en 10 años necesitaremos de mínima dos mil nuevos investigadores en la Amazonia. Lo ideal serían tener 4 mil nuevos investigadores e ingenieros. Yo siempre digo lo siguiente: colectivamente, sumando todas las universidades y todos los institutos de investigación de la Amazonia, no se llega a gastar el equivalente al 50% del presupuesto de la USP. Pues bien, son 4 millones de kilómetros cuadrados, 25 millones de habitantes, inmensas potencialidades, ¿todo eso no merece una USP?

¿Cómo surgió su interés por la meteorología y cómo se dio su tránsito hacia la investigación sobre el clima, los sistemas terrestres, etc.?
Si yo fuera actualmente un adolescente de 17 años intentando entrar en una universidad, no estudiaría en el ITA. Pero yo era un adolescente al final de la década de 1960, y en aquella época, los que no tenían un referente familiar de estudios sólo veían las cosas así: le gusta ver sangre, plantas y animalitos, va a seguir medicina; es bueno en matemática, va a ingeniería; quiere ser rico, va a seguir derecho. Me apuntaron como bueno en matemática, entonces rendí el examen de ingreso a ingeniería en la Politécnica de la USP y en el ITA. Me aprobaron en los dos; empecé en la Politécnica, no me gustó el trato dado a los novatos y mi papá me sugirió que probase yendo al ITA una semana. Y me encantó el ITA, y allí me quedé. Como siempre me han gustado los retos, resolví hacer la carrera más difícil, que en aquella época era ingeniería electrónica. En el medio de la carrera se murió mi papá, y nos dejó en mala situación económica. Como yo era el mayor, asumí la responsabilidad familiar. Simultáneamente, y desde la adolescencia, me interesaba mucho la cuestión ambiental. Conocí al doctor Paulo Nogueira Neto antes incluso de que el estructurase la Sema, la Secretaría Especial de Medio Ambiente del gobierno federal, y asistí a muchas charlas y actividades que el organizó. La meteorología apareció un poco por coincidencia: yo había desarrollado en el Inpe [el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales] mi tesi na graduación de ingeniería, un modelo matemático para calcular la contaminación que la refinería de Petrobras, en ese momento en construcción, iba llevar a São José de los Campos. Hice unas  investigaciones arriesgadas en pleno régimen militar, porque necesitaba saber dónde iba a estar la chimenea, su altura, etc. Volé con un compañero de promoción del ITA, Oswaldo Saback, que ya murió, piloto del aeroclub, fotografié en película infrarroja con mi Nikon F2… Pero la cosa es que en el Inpe los  alumnos del ITA estaban en un aula aledaña a la naciente área de meteorología y yo conocí a varias personas allí. Una de éstas, el profesor Luís Carlos Molion, quien actualmente está en Alagoas y es conocido como el escéptico brasileño, empezó a llenarme la cabeza para que estudiara meteorología. Cuando me recibí en 1975, me quedé unos meses en São José y después me fui a Manaos a trabajar en el Inpa [el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia] como ingeniero, gracias a un amigo del Inpe, Mostafa Nosseir, quien conocía al en ese entonces presidente de la Academia Brasileña de Ciencias, Pacheco Leão, quien como supo acerca de mi interés en la Amazonia, me mandó a hablar con el entonces presidente del CNPq, José Dion de Mello Telles, quien a su vez llamó por teléfono desde su despacho de Río a Warwick Kerr, uno de los fundadores de la FAPESP, en aquella época director del Inpa. Dion mandó emitir el pasaje y ni siquiera volví a São Paulo: del CNPq me fui directamente al aeropuerto, al Galeão. Empecé a trabajar como ingeniero de mantenimiento de equipos en el Inpa y Kerr enseguida me puso en otros proyectos. A una determinada altura pasó por allá una expedición científica del MIT, y el doctor Kerr me puso como una especie de ayudante de orden, solamente porque yo hablaba más o menos en inglés. El jefe del grupo, el profesor John Edmonds, geoquímico, supo que yo era ingeniero electrónico y me invitó a ir al MIT a aprender a trabajar en su laboratorio con un equipamiento idéntico a aquél que, habiendo sido donado al Inpa por el gobierno japonés, seguía encajonado porque ningún ingeniero sabía armarlo. Fui y estuve tres meses, aprendí todo y regresé. Pero en ese ínterin el jefe del departamento de meteorología, el profesor Jule Charney, terminó proponiéndome que me postulase para hacer el doctorado. Y me postulé simultáneamente al departamento de meteorología de Wisconsin, a ciencias ambientales en la Universidad de California en Berkeley y al MIT. Como había seguido en el ITA, yo pensaba que era muy bueno; todos los alumnos de allá salían creyéndose eso. Me aceptaron en las tres instituciones y elegí el MIT, con Charney como director de tesis. Trabajé aspectos muy teóricos de meteorología, hice una tesis teórica en modelado y tuve allí una excelente formación.

¿A su regreso usted fue a trabajar al Inpe?
Pensé que regresaría al Inpa. Pero en una charla con Enéas Salatti, en 1979, en ese entonces director del instituto, él vio que yo andaba muy teórico, juzgó que no tendría nada que hacer en el Inpa y me recomendó que fuera al Inpe. Él mismo, en 1981, le habló de mí al director, Nélson de Jesus Parada.

EDUARDO CESAR¿En EE.UU usted contó con una beca? ¿De dónde?
De allá mismo. Una beca de un año de la OEA [la Organización de Estados Americanos] y durante los otros cuatro años y medio tuve una beca del MIT. Me ofrecieron para hacer un posdoctorado directo, yo tenía la posibilidad de tener un empleo, pero no pensé en eso ni siquiera un minuto: quería volver. Mi mamá estaba muy enferma, y Manaos era muy lejos; São José me permitiría estar cerca de ella, que vivía en São Paulo. En aquella época, la contratación en el Inpe era muy sencilla: éramos registrados en relación de dependencia y empecé a trabajar allá a comienzos de 1983. Pero yo seguía interesado en la Amazonia; mi tesis de modelado se basó en circulaciones tropicales… En el ‘83, Molion me invitó a participar en un experimento junto con los ingleses en la Amazonia. Fui en agosto, me quedé durante dos meses enteros en el noroeste de Manaos. Así fue como empecé a interesarme nuevamente en el ambiente, en la selva, y fue una seguidilla: en el ‘85 y el ‘87 hicimos un experimento junto con la Nasa. En el ‘87 asumí la responsabilidad de coordinar la parte de meteorología del experimento con la Nasa. En el ‘90, un grupo de ingleses vino a hacer un gran experimento en colaboración con investigadores de acá, que abarcó tres sitios en la Amazonia, y fui el coordinador brasileño. Se trataba de entender cómo son los flujos de la Selva Amazónica. Los flujos de calor, de vapor de agua y de carbono; empezaba a entrar entonces el carbono. Y yo no era del  área, pero fui el coordinador del experimento como un todo. Lo hicimos en Marabá, en Rondônia – en Ji-Paraná – y en Manaos. En el ’93 empezamos a delinear el experimento del LBA.

Como a esa altura ya había pasado la Cumbre de la Tierra Río-92, la cuestión del medio ambiente estaba en  el tapete en Brasil…
De cierto modo, se puede decir que el LBA es un producto de la Río-92. A decir verdad, la propuesta previa del LBA surgió a finales de 1992 en EE.UU. Yo fui allá y empecé a organizarlo junto con la Nasa y los europeos, en 1993. Y así, poco a poco, empecé a abrir mi línea de investigación más allá de la meteorología más tradicional, de modelado atmosférico, porque empecé a observar las cuestiones de la vegetación. En el ‘88 había pasado un año en Maryland, en un posdoctorado, lo que me ayudó mucho, porque hice entonces uno de los primeros estudios sobre el impacto de la deforestación de la Amazonia en el clima. Ese estudio se volvió muy importante. Para darle una idea, publicamos dos papers, uno en Science en 1990 y otro en el Journal of Climate en 1991. Este último, sin ser de Science o de Nature, ya cuenta con más de 200 citaciones. El estudio de Science tiene 230 citaciones. En el paper de 1991 hicimos la propuesta teórica, la hipótesis de la sabanización de la Amazonia.

¿Ésa es considerada su principal contribución científica al debate sobre los cambios climáticos, no es cierto?
Sí, y en el fondo sigo en la misma línea. Ahora mismo hemos enviado para su publicación un paper importante que reafirma eso. Lógicamente, dirigí alumnos en muchas áreas, incluso en meteorología clásica, en pronóstico del tiempo, pero eso es producción de mis alumnos junto conmigo, y que tuvo menos relieve. La producción más conocida internacionalmente está muy relacionada con la Amazonia, incluso porque esa región atrae el interés mundial.

Sí, y al plantear el concepto de sabanización, usted efectivamente estaba lanzando algo muy provocativo.
Sí, y ahora, casi 20 años después de la publicación del primer paper, esa idea es abrazada mundialmente. Hoy yo contaría más 100, 200 papers que fueron en esa línea. Seguí en eso, aunque estuve muchos años implicado en la creación del CPTEC [el Centro de Pronóstico del Tiempo y de Estudios Climáticos], y 12 años como jefe del centro. No me alejé de la ciencia, pero disminuyó mi producción durante ese período. En 2003, un alumno y yo publicamos un paper que muestra de qué manera podría ocurrir la sabanización, y hace quince días vimos que ya tenía 59 citaciones. Publiqué con mis alumnos también dos papers importantes en 2007, un demostrando de qué modo la sabanización podría suceder debido al calentamiento global, y otro definiendo cuál es el limite de deforestación para causar la sabanización. Es una ciencia que tiene mucha visibilidad. Hemos ahora enviado un nuevo paper en el cual, por primera vez, hemos logrado explicar la importancia  de las descargas eléctricas, del fuego en la vegetación causado por descargas eléctricas, por relámpagos, por rayos, para determinar dónde comienza la Selva Amazónica y dónde termina el Cerrado [la sabana brasileña], una cuestión que siempre rondó en mi cabeza. Demostramos que, si no fuera por los  relámpagos y los rayos, la Selva Amazónica invadiría 300 ó 400 kilómetros de lo que es actualmente el Cerrado. El fuego empuja a la selva 400 kilómetros.

¿Los que estudian los relámpagos en el Inpe participaron en ese trabajo?
Mi colega Osmar Pinto fue el que siempre lideró el área de rayos y relámpagos. Trajimos a las personas de ese campo al nuevo centro que montamos en el Inpe y que actualmente dirijo (Centro de Ciencias del Sistema Terrestre). Osmar está con nosotros. Ese paper salió porque le propuse a una alumna de doctorado, Marina Hirota Magalhães, la siguiente cuestión: acá está plagado de rayos, si no hubiera rayos habría menos fuego, y si no hubiera fuego, la selva invadiría la sabana. Quero saber si eso es real. Por supuesto que todo lo que hago dentro de mi línea de modelado matemático es cuantitativo. En un abordaje cualitativo, los ecólogos de la sabana ya saben desde hace 50 años que el fuego es  importante, pero yo quería cuantificarlo. Diseñamos un tipo de estudio en que la parte más difícil era cómo ubicar al fuego originado por las descargas eléctricas. Y en eso Osmar Pinto nos ayudó mucho. Marina es matemática de la Unicamp. Logramos hacer un modelo matemático en el cual ella tiene un gran mérito. Estoy terminando de revisar otro paper que vamos a elevar al PNAS – en ése yo soy el primer autor –, en que juntamos el calentamiento global, la deforestación y el incendio selvático y examinamos qué sucede con la Amazonia.

¿Hay algún cambio en el horizonte de la sabanización de la Amazonia?
Voy a proponer un experimento de largo plazo, que es un sistema de observaciones en el sur-sudeste de la Amazonia. Lo que quiero es que acá en Brasil tengamos capacidad como para detectar cuando comiencen efectivamente a aparecer las señales de sabanización. De acuerdo con nuestros cálculos, si el aumento de la temperatura en la región pasa de los 3,5 grados – estamos lejos todavía: está llegando a 1 grado – o si la deforestación se vuelve demasiado grande, comenzaremos a tener efectivamente señales de sabanización.

¿Usted observa un paralelismo entre el desarrollo de su carrera científica y la constitución del campo de las ciencias ambientales, de las ciencias del sistema terrestre acá en el país?
Esto va a parecer medio… pero sí creo que sí. Si se buscasen 10 personas que desde la década de 1980 hayan dedicado un tiempo muy grande de sus carreras a esta cuestión, yo estaría en esa lista. Al coordinar muchos de esos experimentos científicos, pienso que realmente ayudé en el desarrollo del área en Brasil. Y el área tiene mucha visibilidad internacional

¿En qué medida el programa del clima, bajo su coordinación, se articula con el Bioen y con el Biota-FAPESP?
Existe una gran oportunidad que se abre para Brasil, de explotar racionalmente sus recursos naturales renovables, todos sus biomas, y convertirse en una especie de potencia ambiental tropical, en la línea de frente de la producción de un biocombustible limpio para el mundo, con respeto a la calidad ambiental y los  ecosistemas, si logra sustentarse bien con una ciencia y una tecnología avanzada. Esos tres programas son modelos articulados en ese sentido. El Bioen es el gran programa de expansión del uso y de las posibilidades del biocombustible como tal y como pilar de la futura alcoholquímica. Veo los tres programas como ejemplo para Brasil y como los tres primeros pilares del conocimiento que constituirá la base de un nuevo y real desarrollo del país.