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Menos animales, más investigación

Los zoológicos revisan su papel en la conservación de la vida silvestre

EDUARDO CESARJaguar, mayor felino de AméricaEDUARDO CESAR

Dentro de nichos de ladrillo con la parte frontal de madera pintada de verde, en un patio cercado por bosque atlántico, una mezcla de hojas, ramas y troncos de árboles triturados, serrín, lodo rico en microalgas resultado del tratamiento del agua de los lagos, detritos y carcasas de los animales se descompone durante 90 días, antes de ser usada como adobo en las plantaciones y jardines del zoológico paulistano. En medio de la materia orgánica del compostaje, un equipo de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) encontró casi 400 especies de microorganismos de interés biotecnológico porque producen enzimas que pueden facilitar el desarrollo de nuevos antibióticos, de productos de uso amplio como jabones en polvo o de combustibles derivados de la caña de azúcar. Si los estudios salen bien, varios microorganismos podrían tener una aplicación ambiental, por digerir compuestos contaminantes como fenoles e hidrocarburos.

En otro campo diferente, Fernando Soares, investigador del Hospital del Cáncer AC Camargo y coordinador del Centro de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) del Cáncer financiado por la FAPESP, conoció en diciembre la colección de láminas y bloques de parafinas con muestras de órganos y tejidos de animales necropsiados desde 1958 y le gustó mucho. “Es un material intocado, que abre inmensas posibilidades de investigación”, dijo. “Queremos comenzar a trabajar en cuanto sea posible, ofreciendo nuestra experiencia de 13 años del banco de tumores del Hospital del Cáncer, para formar un banco de tumores de los animales”. Uno de los animales que había sido necropsiado hacía poco tiempo, cuando Suenes estaba allí, era un tamandúa con cáncer de hígado, los tumores son bastante comunes, ya que los animales en cautiverio viven más que en libertad. Otro era un orangután obeso con una severa aterosclerosis, causada por la acumulación de grasas de origen animal en las paredes de los vasos sanguíneos. Algo intrigante, porque los orangutanes son herbívoros.

Normalmente, los zoológicos aprueban los proyectos de investigación y el acceso a los animales, pero raramente ven los resultados finales. Para comprobar las dimensiones de esa contribución a la producción de conocimiento, el actual director técnico-científico del zoológico de São Paulo, João Batista de la Cruz, nos cuenta que buscó las posibles fuentes de información y encontró cerca de 1.100 publicaciones académicas (artículos científicos, tesis o memorias) elaboradas por grupos externos de investigación en los últimos 50 años.

EDUARDO CESARUrumutum, harpía y urubu-rey, raros en vida libreEDUARDO CESAR

Como casi nunca tienen equipos científicos propios, a diferencia de las instituciones equivalentes en Nueva York, Washington o Berlín, los zoológicos de aquí dependen de las iniciativas, de los intereses y de los equipos de otras instituciones. Luiz Antônio da Silva Pires, presidente de la Sociedad de Zoológicos del Brasil (SZB), director del zoo de Bauru y profesor de la Universidad de Marília, ayudó a aprobar cerca de 150 trabajos para ser presentados en el próximo congreso de zoológicos, a finales de marzo en Gramado, en Río Grande do Sul, casi todos de universidades. Es probable que los zoológicos brasileños consigan producir más y más rápidamente cuando no sean sólo proveedores de animales o de materiales, sino que también tengan equipos propios de investigación. En la actualidad, al seguir de cerca las investigaciones recientes, los directores del zoológico de São Paulo pretenden acabar con la imagen de que un zoológico es sólo un lugar para exponer animales que no siempre gozarían de la merecida comodidad. Los zoológicos están revisando su papel como respuesta a las presiones de grupos de protección de animales, a los órganos de gobierno y a los visitantes, que esperan ver los animales en cautiverio siendo bien tratados.

En noviembre de 2010, en uno de los episodios más recientes de rechazo a los zoológicos, un grupo de organizaciones no gubernamentales pidió judicialmente, por medio de un habeas corpus, la transferencia para un espacio más amplio de un chimpancé mantenido en un zoológico de Niterói, alegando que el animal estaba deprimido. Un juez del Río de Janeiro negó el habeas corpus.

Al frente de ese movimiento, el cubano Pedro Ynterian, presidente del Proyecto de los Grandes Primates (GAP), dice que no desistirá: “Vamos hasta el Tribunal Supremo y queremos que los jueces se pronuncien, determinando si un primate es un sujeto, por lo tanto con derechos, o un objeto como un coche. Los primates son sólo los primeros, porque queremos que otros animales, como los delfines, muy parecidos en inteligencia con los seres humanos, también sean reconocidos como sujetos”.

Ynterian divide el tiempo entre su empresa de microbiología en la ciudad de São Paulo y el GAP, en Sorocaba, interior del estado de São Paulo. Allí, según él, viven 50 chimpancés, la mayoría proviene de circos y zoológicos, en espacios amplios y cerrados al público. Con base en esa experiencia, afirma: “En general los zoológicos de Brasil, tal y como son administrados, son depósitos de animales que nunca van a salir de allí. Los animales no representan a las especies en libertad, están todos estresados y se acomodan en espacios pequeños e inadecuados, algunos con problemas mentales que se dejan ver en los movimientos repetitivos. Lo que los niños ven es una caricatura del que pasa en la naturaleza”.

Según él, sería más provechoso ver documentales  que muestran chimpancés en movimiento en los bosques. “Ellos son inteligentes y sufren mucho con el asedio del público. Si los zoológicos no tienen condiciones de hacer recintos grandes, para que tengan privacidad, es mejor que no haya nada. No quiero cerrar zoológicos, ni dejar desempleado a nadie, sino cambiar el propósito de los zoológicos, que deberían ser centro de conservación, cerrados al público”. Catão Días no está de acuerdo. “Los *zoológicos son ventanas de concienciación del mundo. Cuando los niños ven animales de Amazonia o del cerrado, entienden mejor la importancia de conservar las especies animales y los ambientes en que originalmente vivieron.” Según él, los zoológicos podrían ir más allá si se valoraran también las culturas humanas unidas a cada especie animal. “En el zoológico de Buenos Aires, las paredes de los recintos de los leopardos de las nieves están decoradas con dibujos de Nepal, ya que esos animales vinieron del Himalaya, y grupos budistas a veces aparecen para realizar una ceremonia de adoración del leopardo”, dice él.  Catão Días cuenta que en enero de 2005 él asistió en Buenos Aires al homenaje que los representantes del pueblo mapuche rindieron a los cóndores, mantenidos cautivos, que son sus mensajeros frente a las divinidades. Después,  participó de la puesta en libertad cóndores en una península del sur de Argentina. Las plumas que caían eran recogidas y entregadas a un chamán, que las bendecía y después las soltaba al viento. Le regalaron una pluma y la puso en un cuadro que está frente a su mesa de trabajo. “Sería fantástico hacer esos rescates culturales con nuestros animales, usando las tradiciones de los pueblos indígenas, como los guaranís con el lobo guará y el jaguar”, dice.

EDUARDO CESARVivero de aves en el zoo de São PauloEDUARDO CESAR

El Instituto Brasileño del Medioambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) está contribuyendo a la modernización de los zoológicos demostrando más rigor en la inspección, en los últimos años ha cerrado totalmente o sólo para el público una decena de instituciones que no tenían ni equipos ni condiciones sanitarias ni infraestructura adecuados. “Los zoológicos no estaban obligados a tener ni siquiera un técnico para cuidar de los animales, sin embargo hoy tiene que haber como mínimo un médico veterinario y un biólogo”, observa Pires. “Ya no es posible justificar  que se mantenga a un animal en cautiverio si no se encuentra en plena salud física y psicológica.” Aun así queda mucho por hacer. De las 129 instituciones conectadas a la SZB, sólo 45 están registradas en el Ibama.

Mantener animales en cautiverio es un hábito antiguo. Hace 5 mil años los faraones ya coleccionaban hienas, monos, leopardos, jirafas y aves. A los emperadores chinos y romanos, y más tarde a los reyes europeos también les gustaba exponer animales exóticos, como prueba de la vastedad de sus dominios. En Brasil, las primeras colecciones tomaron forma en el Museo Emilio Goeldi, en Belén de Pará, en 1882, y después en Río de Janeiro, Curitiba, São Paulo y otras ciudades, con más intensidad a partir de los años 1970. Ahora, buscando renovarse, los zoológicos brasileños diversifican las colecciones, hoy de cerca de 40 mil animales de Brasil o de otros países, incluyendo los acuáticos, normalmente poco considerados por quienes salen un domingo de sol a ver leones y jirafas. “El acuario también es zoológico”, afirma Pires.

Según Catão Días, los zoológicos tienden a tener menos animales, pero todos ellos con más calidad de vida. Cuenta que en 2001, al asumir la dirección técnico-científica del zoológico paulistano, vivían allí cerca de 4.600 animales. Basándose en una planificación sobre especies prioritarias para la conservación y en información sobre el estado de salud, edad y abundancia de los animales, comenzó un control de la procreación, por medio de esterilización o vasectomía con lo que el total cayó a 3.100 en 2007, cuando él dejó el cargo. “En seis años, reducimos a la mitad el número de grandes carnívoros, como el león, el jaguar y el puma, cuya población era muy grande, sin perjudicar la conservación de esas especies”.

Otra decisión: “Desde 2001 no aceptamos más animales que provengan de aprehensión o de donaciones”, dice Paulo Magalhães Bressan, director presidente del zoológico de São Paulo. “No hay más espacio. Aún tenemos un largo camino por delante, pero la imagen de zoológicos como depósitos de animales es errónea. Los zoológicos ya han sido así, pero han dejado de serlo”. Al igual que la reducción de la población de animales, la investigación científica suele darse en silencio. Raramente se seguía de cerca un estudio, como está sucediendo con la búsqueda de microorganismos en el material en descomposición en los fondos del zoo de São Paulo.  Ese trabajo comenzó de modo inusual por causa de una maleta perdida en el aeropuerto de Chicago. El equipaje venía del Japón, con muestras de microorganismos extraídos de heces de animales de zoológicos. Kohei Oda, profesor emérito del Instituto Tecnológico de Kyoto, pretendía investigar las propiedades de esos microorganismos en la Unifesp, donde estaba temporalmente en 2007. Oda ya había descubierto microbios productores de enzimas que ayudaron a desarrollar nuevos métodos para degradar embalajes plásticos.

En busca de organismos similares, el profesor de la Unifesp Luiz Juliano Neto llevó a Oda a conocer la unidad de compostaje del zoológico paulistano. Oda se entusiasmó, pero inmediatamente tuvo que volver a Japón. El equipo de la Unifesp prosiguió. “Nadie quería remover los excrementos de los animales, pero de repente todos vieron que aquello valía oro”, dice Juliano, coordinador del grupo, que ya ha atraído a colaboradores de la USP y de la Universidad Estadual Paulista (Unesp). Luis Fernando Tamassia, gerente de investigación de la Tortuga, fabricante de comida para animales, sigue el trabajo interesado especialmente en un grupo específico de enzimas, las fitases, que pueden facilitar la absorción de los alimentos y generan menos excrementos.

EDUARDO CESARRinoceronte blanco, amenazado de extinciónEDUARDO CESAR

Por lo menos una vez por semana, Renata Pascon y Julio Cesar Franco de Olivo, profesores de la Unifesp, se ponen las botas, el delantal y los guantes, se suben en los nichos  y colectan muestras de diferentes profundidades del material en descomposición. Aislar e identificar los microorganismos cultivables llevaba mucho tiempo, pero en 2008 Juliano supo que para reconocer los microorganismos podría utilizar un espectrómetro de masa usado para separar e identificar proteínas, equipo que estaba en su laboratorio. “La identificación de las especies pasó de semanas para algunas horas”, dice Renata. El próximo desafío es producir las enzimas de mayor interés. Según Olivo, raramente los microorganismos crecen fuera de sus propios ambientes. Por esa razón, los investigadores están formando un banco de microorganismos y de clones de genes. Ellos creen que podrán expresar los genes en bacterias que producirán las enzimas.

El zoológico de São Paulo debe participar de la gestión del Centro de Investigación de Selección de Animales Silvestres (CPTRAS), que debe comenzar a funcionar este año en Cubatão, en la costa paulista. Dirigido por Eliana Matushima y Luiz Carlos de Sá-Roca, profesores de la Facultad de Veterinaria de la USP, el centro debe promover la investigación de animales que provienen del bosque atlántico y ayudar a encontrar nuevos criterios para saber qué hacer con ellos.

Se estima que los órganos de gobierno incautan millones de animales todos los años cuyo origen es el tráfico ilegal; sólo la Policía Ambiental paulista retuvo 25 mil animales en 2005, el último año contabilizado. La mayoría muere. A los que sobreviven se le suelta, no siempre en los espacios de donde vinieron, o van para criadores autorizados. “Soltar animales sin el debido cuidado puede ser desastroso”, alerta Cruz. “Dos especies de monos, el Callithrix jacchus, llegado del Noreste por medio del tráfico e introducido en el estado de São Paulo, y la C. penicillata, que se da en zonas de transición entre estados en São Paulo, son los más agresivos y amenazan una especie endémica en São Paulo y Río de Janeiro, la C. aurita, compitiendo por espacio y alimentos. El resultado puede ser la pérdida de biodiversidad del Sureste.”

Bressan y Cruz creen que desde el nuevo centro, podrán establecer, basándose en las recomendaciones internacionales, criterios sobre el destino de los animales salvajes incautados o abandonados. “No existen directrices legales, técnicas o científicas que indiquen claramente qué hacer”, dice Cruz. “La eutanasia de animales silvestres, adoptada en instituciones públicas de otros países, por aquí aún es polémica.” Según Pires, en algunos países los animales son sacrificados en el propio aeropuerto en el que son incautados, lo que contribuye a evitar la diseminación de virus desconocidos. Según Catão Días: “Los zoológicos de Australia no podían atender canguros atropellados, que eran eutanasiados, porque la población de esos animales en cautiverio ya suficientemente numerosa”.

Bressan cuenta que el laberinto de leyes dificulta el esfuerzo de conservación: “Un criador de Belo Horizonte está separando harpías machos y hembras porque no quiere que se reproduzcan más. Las harpías nos interesan, pero mientras no tengamos las autorizaciones de varios órganos del gobierno federal, ellas no salen de allá”.  Cristiano Azevedo, investigador de la Universidad Federal de Minas Gerais y actualmente en el Centro Universitario de Belo Horizonte, verificó que los zoológicos brasileños están lejos de representar la diversidad aviar brasileña. Su estudio, publicado en el Zoo Biology, indicó que los zoológicos brasileños mantienen 350 especies de aves, aún insuficientes frente a las casi 2 mil especies nativas. Otra conclusión es que las especies más amenazadas de extinción son las menos encontradas en los zoológicos. Azevedo participó en la elaboración de un índice matemático que evalúa el papel de los zoológicos en la conservación de animales silvestres: “El único con resultados satisfactorios fue el zoológico de São Paulo. Los otros están muy lejos de lo deseable”.

Difícilmente los zoológicos conseguirán acompañar el deseo de los amantes de la vida silvestre. “Brasil es un país mega diverso, con mega problemas y micro presupuestos. No conseguiremos representar la biodiversidad brasileña en los zoos”, comenta Catão Días. Bressan añade: “Tenemos que identificar las especies prioritarias”. Pires alerta: “Los zoológicos no son un Arca de Noé”.

De vuelta al bosque

Anhanguera, encontrada en una carretera y suelta en la sierra del Japi

Eduardo Pontes/Mata CiliarAnhanguera, encontrada en una carretera y suelta en la sierra del JapiEduardo Pontes/Mata Ciliar

Anhanguera, un puma de casi 2 años de edad, un metro y medio de largura y 42 quilogramos de peso, volvió a la libertad el día 10 de febrero, al dejar un cercado de 100 metros cuadrados, limitado por tela metálica, en el que vivió durante un mes, en medio de una vegetación alta y cerrada, a casi 2 mil metros de altitud en la sierra del Japi, resto de bosque atlántico próximo a la capital paulista. “Lo que siempre he soñado  ahora lo estamos consiguiendo”, celebró Cristina Harumi Adania, coordinadora de fauna de la Asociación Mata Ciliar, una de las raras organizaciones no gubernamentales del país que cuidan de animales silvestres y estudian estrategias de conservación, en colaboración con universidades de Brasil y de los Estados Unidos, organismos públicos y empresas.

Cristina estaba al frente de los investigadores que subieron la sierra hasta el cerco donde Anhanguera vivía. Sin que el animal los viera, instalaron tres cámaras para registrar su salida, abrieron la entrada y partieron en silencio alrededor de las 5h30 del día 10. También sin ser visto, el biólogo Jairo de Cássio Pereira subió y descendió dos kilómetros de selva escarpada una o dos veces por día el último mes, para mandar presas vivas (codornices y cobayas) a través de un tubo de PVC para dentro del cercado, así el puma podría cazar, preparándose para la vuelta a la libertad, sin asociar alimento a la presencia humana.  “No queremos sólo soltar los animales, sino también monitorearlos después de libres. ¿Cómo saber entonces  si realmente conseguirán sobrevivir?”, dice Cristina. Encontrada muy flaca, con heridas y un diente roto después de haber sido atropellada en la autovía  Anhanguera en septiembre de 2009, el puma ahora lleva un collar especial, por medio del cual los investigadores de la Mata Ciliar pretenden seguir sus movimientos y conocer mejor su comportamiento en vida libre. Desde el año pasado, ellos monitorean un jaguar y dos  aguarás guazús con radiocollar. No todo sale como se desea. En noviembre de 2010, uno de los aguarás, capturado en Campinas, murió atropellado en la Rodovia Don Pedro I, tras correr 25 kilómetros en un solo día (mucho más los habituales uno o dos kilómetros de los días anteriores) huyendo de un incendio florestal de Bragança Paulista, donde había sido liberado.

El equipo de la Mata Ciliar, por medio del Centro de Rehabilitación de Animales Silvestres (Cras) y del Centro Brasileño para Conservación de Felinos Neotropicales, localizados en una hacienda de 36 hectáreas en Jundiaí, a 60 kilómetros de la capital, recibe en media cinco animales silvestres de la región por día y cuando es posible los suelta en los propios lugares de donde vinieron. En un único día a primeros de febrero, el equipo de la ONG había liberado dos boas, un taguató y 15 aves más, que aparecieron en la ciudad de Cabreúva después de que las fuertes lluvias inundaran la parte de bosque en la que vivían.

A veces el equipo de la Mata Ciliar devuelve los animales en cuanto los encuentra, como sucedió con un puma, retirado, con la ayuda de los bomberos, de un árbol, a 30 metros del suelo, en el municipio de Itirapina, próximo a São Carlos. Los felinos son carismáticos al punto de atraer admiradores y patrocinio de empresas que ayudan a pagar, por ejemplo, los radiocollares. ¿Pero qué hacer con una zarigüeya, o mejor, con las ocho zarigüeyas traídas por  habitantes de la región? “También cuidamos, reduciendo al mínimo el contacto con las personas, y los devolvemos al bosque”, dice Cristina. Según ella, aún existen lagunas en la reglamentación que establecen cómo y cuándo soltar los animales.

Banco de ADN
No todos los animales vuelven a los espacios en los que vivían. Una de las razones es que sus tierras se están reduciendo. William Douglas de Carvalho, investigador de la Mata Ciliar, ha notado que las urbanizaciones residenciales están “estrangulando la sierra del Japi”, como él dice. “Los animales se pierden y ya no consiguen  volver a los espacios en los que vivían.” En los bosques de la sierra, Carvalho localizó 32 especies nativas de mamíferos, además de especies invasoras como la liebre europea, el coipú y un número creciente de perros domésticos. Otra razón es que muchos animales rescatados serían depredados fácilmente o probablemente no conseguirían sobrevivir si volvieran al bosque. Por esa razón la asociación Mata Ciliar mantiene actualmente cerca de 200 animales, entre ellos un gavilán con un ala amputada, monos aulladores rojos heridos por perros y papagayos siempre criados por personas, además de felinos nacidos en cautiverio.

En congeladores y botellas de nitrógeno líquido están cerca de 20 mil muestras de DNA, sangre y otros materiales, que han sido útiles en estudios sobre la biología, la reproducción y el comportamiento de animales silvestres. En 2007 nacieron allí tres ocelotes, por medio de transferencia de embriones, una técnica muy poco usada con felinos en Brasil y adoptada como resultado de la colaboración con los equipos del zoológico de Cincinnati, Estados Unidos. Cristina terminó en 2009 el doctorado en la USP sobre fisiología y gestación de ocelotes, que, como otros felinos brasileños, se encuentran amenazados de extinción.

El Proyecto
Establecimiento de un laboratorio de microbiología aplicada en el parque zoológico de São Paulo: identificación y aislamiento de microorganismos que produzcan enzimas y sus inhibidores  (nº 2009/52030-5); Modalidad Línea Regular de Auxilio a Proyecto de Investigación; Coordinador Luiz Juliano Neto – Unifesp; Inversión R$ 1.046.124,23 (FAPESP)

Artículo científico
Azevedo, C. et al. Role of Brazilian Zoos in Ex Situ Bird Conservation: from 1981 to 2005. Zoo Biology. 29, 1-17. nov. 2010