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Pensamiento

La actualidad de la Grecia Antigua

Un estudio de los textos de Aristóteles y Platón revela los orígenes de ciertos conceptos científicos contemporáneos

BEL FALLEIROSCuando se confrontan con dos teorías –una simple y otra compleja– para explicar un problema, la mayor parte de la gente no vacila en preferir la primera, también calificada como elegante. “Sin embargo, en muchos casos, la compleja puede ser más interesante”, recuerda el filósofo Marco Zingano, de la Universidad de São Paulo (USP). Según él, esa elección resulta tan natural en la cultura occidental contemporánea porque el pensamiento de esa civilización sigue los modelos de Aristóteles y Platón, los filósofos más destacados de la Grecia Antigua, para quienes la metafísica de la unidad tenía como paradigma la simplicidad. Entender hasta qué punto ideas desarrolladas hace alrededor de 2.400 años determinan la percepción del mundo aún hoy en día es lo que mantiene a Zingano inmerso en textos antiguos. Y lejos está de hacerlo solo. Al cabo de una sucesión de proyectos que ya llevan 10 años, ha reunido a un grupo rico y heterogéneo de investigadores de varias universidades brasileñas y extranjeras en seminarios destinados a debatir textos e ideas.

La línea maestra del grupo consiste en reconocer la influencia de Aristóteles y de Platón, su profesor durante 20 años, en el pensamiento contemporáneo. “Cuando se estudia a los griegos, uno se topa con temas actuales”, dice el filósofo de la USP Luiz Henrique Lopes dos Santos, uno de los investigadores asociados al proyecto. “Hacer la historia de la filosofía implica hacer filosofía”, añade. “El tiempo de la ciencia es acumulativo, el de la filosofía es mítico, y se caracteriza por retomar continuamente, desde diferentes perspectivas históricas, los mismos conceptos fundamentales”. El enfoque del estudio difiere de las miradas más comunes al respecto de los escritos de la Grecia Antigua, que, o bien involucran historiografía pura, o bien consideran que Aristóteles se mantendría hoy en la frontera del pensamiento, en caso de que fuese posible resucitarlo. “Sería ingenuo tanto limitarlo al pasado como traerlo al presente para corregirlo”, afirma Zingano.

Tomada al pie de la letra, la recuperación de aquello puramente historiográfico de los aportes de la Antigüedad puede parecer algo folclórico, y hasta risible, frente al conocimiento actual. Puede hallarse ejemplos interesantes de ello en la biología, que representa un tercio de los escritos de Aristóteles remanentes en la actualidad. Aristóteles describió una serie de especies, tales como peces y corales, pero también iba más allá e intentaba explicar los patrones que observaba en la naturaleza. Por ejemplo: ¿por qué ciertos animales tienen pezuñas hendidas? La explicación del filósofo griego partía del principio de que cada organismo posee un determinado porcentaje de material óseo que es utilizado en su constitución. Debido a su necesidad de defenderse, los venados, por ejemplo, desviarían parte de ese material hacia las astas y no contarían con lo suficiente para las patas, que quedarían incompletas. Una explicación largamente refutada por el conocimiento actual, pero no por ello completamente irrelevante.

Pensando en la permanencia de las ideas, Zingano cita la búsqueda de Aristóteles por comprender aquello que hace a los hombres generar hombres y a las plantas, plantas, una observación aparentemente obvia, pero que en ese entonces constituía una investigación que contrariaba a los antecesores. Los organismos, según definía el griego, están compuestos de materia y forma. Lo que confiere estructura a un ser vivo es la forma, transmitida de generación en generación y que gobierna sobre la materia. “La idea de que la forma no proviene de la materia, sino que la gobierna, se tornó familiar a punto tal que el concepto de ADN en cierto modo aún hoy lo refleja”, explica el filósofo de la USP, en una analogía del concepto antiguo con lo que ahora se sabe que controla la herencia.

BEL FALLEIROSOtra teoría que en primera instancia no parece relevante se refiere al cosmos, que para los griegos antiguos era único, integrado tan sólo por un sol y todos los planetas girando alrededor de la Tierra. Más allá de los cuatro elementos básicos que componen la materia –tierra, aire, agua y fuego–, todo lo que parece vacío en el espacio estaría formado por un quinto elemento: el éter. Invisible, inalterable y con un movimiento circular uniforme, el éter definiría el denominado mundo supralunar. En apariencia disociado por completo de la comprensión cosmológica moderna, el concepto de éter, sin embargo, fue retomado por el físico Albert Einstein unos 23 siglos después, para la construcción de su modelo de espacio-tiempo, hoy fundamental para la astrofísica.

Por lo tanto Aristóteles se encuentra presente, aunque oculto, en la forma en que el pensamiento rige los hábitos intelectuales de la civilización actual. Así como eso es real para disciplinas más exactas como la biología y la física, lo es más aún para las bases más amplias tanto de la ciencia como del pensamiento en general, la lógica, la ética y la metafísica.

Uno de los problemas que ocuparon a Platón y Aristóteles fue la acracia, que conduce a un individuo a asumir una postura contraria a la que sabe que es correcta. Por ejemplo, si está claro que una moderada dosis diaria de ejercicio resulta suficiente para prevenir una serie de enfermedades graves y aporta beneficios palpables para la salud, ¿por qué alguien optaría por varias horas ininterrumpidas en un sofá, trasladarse solamente en auto y dejar de lado el gimnasio? Para Sócrates, que fue profesor de Platón, la respuesta era sencilla: al guiarse por la razón, el ser humano sólo deja de hacer lo que es mejor si le falta el conocimiento.

Platón disentía, y resolvió el dilema dividiendo al alma en tres partes, representadas por una yunta de caballos alados conducidos por un cochero que representa una de ellas, la razón. A uno de los caballos, díscolo, sólo puede controlárselo a latigazos y representa la porción de los apetitos. El otro, más dócil, es la parte irascible del alma. Es el impulso, en general obediente a la razón, pero que puede conducir a decisiones impetuosas en determinadas circunstancias. “Lo que determina las acciones serían las distintas fuentes de motivación”, sostiene Zingano. Platón pensó que el conflicto era algo interno del alma, originando la acracia. En tanto, Aristóteles, dedicó un libro de su Ética al fenómeno. El encuentro entre razón y pasión, tan familiar actualmente, tiene su matriz en las reflexiones de ambos griegos sobre las fuentes de motivación para la acción.

Algunos de los aportes del pensamiento antiguo resultan esenciales para el desarrollo científico. “Aristóteles legó un conjunto de textos sobre cómo argumentar, y cómo esas formas argumentativas pueden utilizarse de manera general”, comenta Roberto Bolzani, también del Departamento de Filosofía de la USP. El objeto de su estudio son los diálogos socráticos de Platón, sobre todo el que se refiere a refutación y persuasión. En el grupo de investigación, él compara las ideas del maestro con los modos de argumentación descritos por Aristóteles en sus tópicos. Entre ellos se encuentran la inducción y la deducción, que se convirtieron en elementos centrales del método científico aplicado hasta hoy. “Antes de Aristóteles y Platón no existía un sentido de conocimiento”, explica, “al que ellos definieron como algo inmutable, eternamente verdadero y que puede demostrarse”. Esa definición sirvió como base para la concepción moderna, que tiene en cuenta el uso de experimentos para probar hipótesis.

BEL FALLEIROSEn opinión de Bolzani, el encuentro entre ética, lógica, metafísica y teoría del conocimiento es natural en la búsqueda por aprehender el pensamiento de Platón y Aristóteles. “La percepción del mundo de los dos autores griegos establece que todo se relaciona”, afirma. “Para ellos, la búsqueda del conocimiento es una búsqueda ética”. Hoy en día la ciencia ha adquirido cada vez más especificidad, una característica que también acaba definiendo a la filosofía moderna. “Contrariamente a lo que sucedía en la Antigüedad, ahora es posible estudiar física sin un sentido moral”.

La relación con el pensamiento moderno confiere al proyecto, según Bolzani, una cierta vivacidad. “No se trata solamente de un estudio de erudición”. Aristóteles y Platón cumplieron un rol importante –y persistente– porque fueron grandes sistematizadores del conocimiento. Ellos intentaron dominar los conceptos más diversos del Universo, del cuerpo y de la mente, comprender su funcionamiento y dejarlo registrado para utilizarlo en el futuro. El rescate de esos textos, explica Zingano, más allá de propiciar el mantenimiento de la erudición, constituye una búsqueda por comprender cómo la cultura occidental describe el mundo y se percibe a sí misma. Para eso, él mantiene un riguroso calendario de seminarios que todas las semanas convocan a los integrantes del proyecto en torno al análisis de un texto. Algunos integrantes del grupo vienen de lejos, tal como un posdoctorando venezolano, un italiano, un estadounidense y un francés. Asimismo, la estructura de un gran proyecto permite el arribo de investigadores de otros países para exponer y debatir el trabajo en curso, más allá de enviar estudiantes a pasar temporadas de aprendizaje y discusión fuera de São Paulo e incluso fuera de Brasil.

A medida que construye un ambiente de investigación y convierte a São Paulo en un centro reconocido en el estudio de filosofía antigua, Zingano crea una cultura en el departamento. En un primer momento, los alumnos se sorprendían al ver a un profesor llenar la pizarra con escritura griega durante las clases. “Ahora ya es algo normal”, afirma el filósofo, quien considera esencial integrar la expresión de la lengua con el pensamiento.

La traducción es, de hecho, una parte central del grupo de estudios y termina por ser indisociable de las cuestiones filosóficas. Daniel Lopes, profesor de lengua y literatura griega de la USP, es investigador asociado en ellproyecto y concentró su carrera en la traducción de textos griegos, aunque se graduó en filosofía. En los seminarios, contribuye para el debate de aspectos de la traducción e interpretación de textos, pero su investigación particular se centra en un problema filosófico específico: el hedonismo en los diálogos Gorgias y Protágoras, de Platón. El año pasado publicó la traducción del primero en la editorial Perspectiva y ahora está traduciendo el segundo. “En Gorgias, el personaje de Sócrates condena al placer y en Protágoras parece considerar a los placeres y dolores como el criterio para la acción”, explica. Lopes aún no ha concluido el análisis de los textos, pero por ahora considera que la contradicción es solamente aparente, puesto que Sócrates no está comprometido con la tesis hedonista de Protágoras. “Las opciones del traductor en la interpretación del texto marcan la diferencia”, concluye.

Para quienes se asombran ante la idea de un grupo internacional constantemente abocado al estudio de textos escritos hace más de 20 siglos en una lengua muerta, queda el mensaje: su contenido está lejos de ser obsoleto, si se lo escudriña a fondo.

Proyecto
Filosofía griega clásica: Platón, Aristóteles y su influencia en la Antigüedad (nº 2009/16877-3); Modalidad Proyecto Temático; Coordinador Marco Antonio de Avila Zingano; Inversión R$ 379.440,00 (FAPESP)

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