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Convenios de alto nivel

La FAPESP Week en Alemania marca un acercamiento entre la FAPESP y la Max Planck Society

FABRÍCIO MARQUES | ED. 217 | MARZO 2014

 

Andreas Trepte, jefe de la oficina de la Max Planck Society en América Latina: “Existe un gran potencial para la cooperación entre Brasil y Alemania”

Andreas Trepte, jefe de la oficina de la Max Planck Society en América Latina: “Existe un gran potencial para la cooperación entre Brasil y Alemania”

Por primera vez, Alemania será la sede de la FAPESP Week, el simposio que organiza periódicamente la Fundación para divulgar en el exterior la ciencia realizada en São Paulo y promover la cooperación internacional. Ya se han realizado ediciones del evento en el Reino Unido, Japón, España, Estados Unidos y Canadá. La reunión se llevará a cabo en Múnich, durante el mes de octubre y se extenderá por cuatro días, con presentaciones de investigadores de los dos países. Los preparativos del evento marcan un acercamiento entre la FAPESP y la Max Planck Society for the Advancement of Science, la principal organización de investigación básica de Alemania, cuya presidencia se encuentra en Múnich, la capital del estado federado de Baviera.

Representantes de ambas instituciones discuten los términos de un posible acuerdo de cooperación capaz de profundizar las relaciones ya existentes entre los investigadores alemanes y los del estado de Sao Paulo, y también abrir nuevos caminos para la investigación conjunta, además de promover el intercambio de investigadores y estudiantes. “Existe un gran potencial para la colaboración y esperamos lograr una transformación de ese potencial en proyectos de investigación coordinados”, dice Andreas Trepte, jefe de la oficina de relaciones con América Latina de la Max Planck Society, con sede en Buenos Aires. “Los temas de colaboración podrían abarcar desde investigación climática en la Amazonia y enfermedades tropicales hasta nuevos materiales o biofármacos”, dice Trepte.

La Max Planck Society es una agrupación de 82 institutos de investigación ‒76 de ellos con sede en Alemania‒ abocados a investigaciones que abarcan desde las humanidades hasta la biología evolutiva, de física de plasmas a inteligencia artificial, con más de 22 mil personas involucradas y un presupuesto en el orden de los 5 mil millones de reales anuales, integrado por asignaciones estaduales y federales en aquel país. Diecisiete científicos ligados a la institución han sido laureados con el Premio Nobel.

Investigadores de los institutos Max Planck de Cibernética Biológica

Investigadores de los institutos Max Planck de Cibernética Biológica

La ciencia brasileña ocupa un puesto poco prominente en las relaciones con la Max Planck Society. Entre los países latinoamericanos, Brasil se encuentra detrás de México en cantidad de estudiantes de doctorado e investigadores de posdoctorado recibidos por los institutos. Hay 105 investigadores brasileños, frente a unos 120 mexicanos. “Contamos con alrededor de 450 investigadores provenientes de Latinoamérica. Suman aproximadamente el mismo número que los estadounidenses, pero esas cifras se encuentran muy por debajo de las que ostentan los países asiáticos: hay 800 chinos y 700 indios”. Brasil aparece en primer lugar cuando se computan los convenios celebrados directamente entre científicos de ambos países, con escasa intervención institucional. En tanto, cuando se toman en cuenta los proyectos cooperativos, aquéllos en que efectivamente hay investigadores de ambos lados trabajando en conjunto y compartiendo laboratorios y equipamientos, quien se destaca en Latinoamérica es Argentina, que incluso alberga un instituto colaborador de la Max Planck Society vía Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), el Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires.

El director del instituto argentino es Eduardo Arzt, quien fue investigador del Instituto de Psiquiatría Max Planck en Múnich y es miembro extranjero de la Max Planck Society. La cercanía científica  con Argentina y el apoyo institucional que el instituto colaborador recibe del Conicet condujeron a la Max Planck Society a instalar en Buenos Aires una de las dos oficinas de cooperación que poseen en el mundo ‒la otra se encuentra en Bruselas‒ como nexo con las instituciones europeas. Trepte, quien posee un título en estudios latinoamericanos y un doctorado en economía, se desempeña en la Max Planck Society desde la unificación de las dos Alemanias, cuando colaboró en la creación de 20 nuevos institutos en ciudades de la extinta Alemania Oriental, fue designado para el puesto en Buenos Aires. “Deseamos establecer el mismo nivel de cooperación que tenemos con Argentina, con otros países de América Latina”, afirma Trepte. “Considerando la importancia de la ciencia desarrollada en Alemania y en São Paulo, la cooperación aún se encuentra por debajo de las posibilidades”.

Investigadores de los institutos Max Planck de Física de Plasmas

Investigadores de los institutos Max Planck de Física de Plasmas

Trepte acota que la condición para que la cooperación prospere radica en que los científicos de alto nivel de Alemania y de Brasil que trabajan en las áreas de frontera del conocimiento se acepten unos a otros como colaboradores y comiencen a trabajar juntos. La principal directriz de la Max Planck Society es el denominado principio de Harnack, referido a una regla postulada por Adolf von Harnack, primer presidente de la Kaiser Wilhelm Society, precursora de la Max Planck, que consiste en captar a las mentes más brillantes que se desempeñan en temas interdisciplinarios y otorgarles libertad y condiciones ideales de trabajo. Una vez designados, los jefes de departamentos o los grupos de investigación de los institutos no están sujetos a currículos o programas de investigación determinados por la organización, sino que siguen su propia intuición, lo cual los estimula a producir conocimiento original. “Nos movilizamos hacia donde lo hace la frontera del conocimiento, pero la decisión de invertir en esos campos dentro de los institutos Max Planck depende de la identificación de investigadores de alto nivel capaces de afrontar ese desafío, independientemente de su nacionalidad”, dice. “Para conjugar el trabajo de los científicos alemanes y brasileños de tal nivel, serán fundamentales  los eventos catalizadores, como lo es, por ejemplo, la FAPESP Week”, sostiene Trepte.

Uno de los primeros pasos, según él, consiste en la identificación de las áreas para dar inicio a los proyectos cooperativos. “Un buen ejemplo de ello sería conectar a especialistas del Instituto Max Planck para Biología infecciosa, en Berlín, con investigadores del Instituto Butantan, en São Paulo, para que trabajen en conjunto coordinando grupos de investigación en busca de una nueva vacuna contra la tuberculosis. O promover colaboraciones entre grupos que investigan nuevos materiales en ambos países y que posean intereses en común”, explica. Desde 2009, el Instituto Max Planck de Química mantiene una cooperación con el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa) para la construcción de una torre de 320 metros de altura, en el marco de un programa que apunta a estudiar el rol de la selva amazónica en el ciclo global del carbono.

Trepte considera importante la firma de un acuerdo de cooperación entre la Max Planck Society y la FAPESP. “Nuestra experiencia con países latinoamericanos evidencia que la falta de instrumentos jurídicos es uno de los principales obstáculos para organizar las posibilidades de colaboración”, sostiene Andreas Trepte. En Alemania, la FAPESP ya posee acuerdos con científicos patrocinados o conectados con el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD), con el Deutsche Forschungsggemeinschaft (DFG) ‒Fundación de Investigación Alemana‒ y con el Ministerio de Estado de Ciencias, Investigación y Artes del Estado Libre de Baviera.

Investigadores de lo instituto Max Planck de Biología Evolutiva

Investigadores de lo instituto Max Planck de Biología Evolutiva

La conjugación de los intereses de la FAPESP y de la Max Planck Society, dice Trepte, implica algunos desafíos. “Existe una enorme diferencia entre los sistemas de ciencia, tecnología e innovación de Brasil y Alemania”, añade. En Alemania, la mitad de la capacidad de investigación vinculada al sector público reside en las universidades, mientras que la otra mitad está dedicada a instituciones de investigación con finalidades específicas. Los institutos Max Planck se dedican a la investigación básica, la Fraunhofer Society cuenta con alrededor de 70 institutos de investigación aplicada y la Asociación de Centros de Investigación Helmholtz patrocina laboratorios para temas estratégicos. “Esa estructura no tiene parangón en los países con los que mantenemos acuerdos. Por esa razón, es importante que generemos eventos que pongan en contacto a ambos sistemas, para lograr un acercamiento entre los mejores investigadores”, dice.

La presencia de investigadores extranjeros en los Institutos Max Planck tiene una gran incidencia en la capacidad de investigación de esas instituciones. “La Max Planck Society posee 62 escuelas, los International Max Planck Research Schools, que se encargan del reclutamiento internacional de sus alumnos de doctorado y sólo se acepta a los mejores. Más del 50% de ellos no son alemanes”, informa Trepte. “En el nivel de posdoctorado, más del 80% son extranjeros. La mayoría de los puestos se divulgan a nivel internacional, mediante anuncios en revistas tales como Science y Nature, así como en websites muy conocidos. El reclutamiento se realiza teniendo en cuenta la calidad, y no el origen del postulante. Tenemos lugar para recibir más brasileños en nuestros institutos y mayor número de científicos de los institutos Max Planck colaborando en Europa con laboratorios brasileños”, afirma.

Otras posibilidades de cooperación, observa Trepte, son, por un lado, los grupos de investigación colaboradores de la Max Planck Society. Se encuentran dispersos por varios países y son liderados por investigadores que se desempeñaron en institutos Max Planck y regresaron a su país natal. “Durante cinco años, esos grupos reciben financiación local y también de la Max Planck Society. Eso posibilita repatriar a esos investigadores, manteniendo el vínculo con la institución en Alemania”, informa Trepte. Por otro lado, están los grupos Max Planck de investigación independiente, que se conforman con un colaborador local en campos altamente innovadores y cuyos líderes se reclutan mediante concursos internacionales. “La idea consiste en brindarles a los más talentosos jóvenes investigadores la oportunidad de liderar un proyecto de investigación completamente bajo su responsabilidad, y capacitar científicos reputados a nivel internacional, que sean capaces de administrar investigaciones en el futuro”.

Muchos científicos de los institutos Max Planck tienen gran interés en trabajar con estudiantes e investigadores latinoamericanos, a los que se considera muy creativos. “Ellos logran trabajar bien en condiciones que están lejos de lo ideal. Tienen un gran talento para la improvisación. Mantuve una reunión con investigadores que coordinan las escuelas de investigación y reciben a jóvenes investigadores en nuestros institutos. Les pregunté si les gustaría recibir más latinoamericanos y ellos respondieron: por supuesto. Pero pocos se postulan”, sostiene. Como jefe del despacho en América Latina, Trepte se acostumbró a escuchar de los investigadores que desempeñarse en Alemania sería difícil a causa del idioma. “Siempre les contesto que, con excepción de los institutos en el campo de las humanidades, en el resto se utiliza el inglés como lengua principal”. Y resalta que mantener un vínculo con la Max Planck Society aporta una acreditación respetable. “Somos una de las instituciones más importantes en investigación básica a nivel internacional. Entre las instituciones con mayor número de artículos altamente citados, la Max Planck Society figura en el segundo puesto, detrás de la Universidad Harvard. Quienes logran establecer colaboraciones con nosotros salen beneficiados”, sostiene.


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