Imprimir

LENGUA

El redescubrimiento de la filología

Investigadores discuten temas teóricos para elaborar aportes que den base a los estudios clásicos del área

Reproducción de paneles del Museo de la Lengua Portuguesa

Eduardo CesarReproducción de paneles del Museo de la Lengua PortuguesaEduardo Cesar

Históricamente, puede considerarse a la filología como una especie de ciencia troncal, de la cual brotaron no sólo estudios tales como la etimología, sino también ciencias modernas como la lingüística y los estudios literarios. En un sentido estricto, la filología es el estudio del texto, lo que incluye a su lenguaje y sus aspectos literarios, mediante el análisis histórico de documentos escritos. Con todo, a medida que aquellas ramas del conocimiento se fueron independizando, su campo fue dejando de tener contornos claros. En algunos casos, el propio término dejó de usarse. En lugar de “filología clásica” (que trabaja con textos de la Antigüedad griega y romana), se suelen utilizar en Brasil las expresiones “letras clásicas” o “estudios clásicos”. En la actualidad puede observarse en el mundo un esfuerzo académico tendiente a fortalecer los estudios filológicos, al repensar su campo teórico. En el país, el principal polo de esas actividades está en la Universidad de Campinas  (Unicamp).

“La teoría de la filología aún es poco conocida en Brasil, aunque se encuentra en pleno desarrollo en países como Alemania”, dice la profesora Isabella Tardin Cardoso, del área de estudios clásicos del Instituto de Estudios del Lenguaje (IEL) de la Unicamp, quien desde 2006 es investigadora y docente invitada del Seminario de Filología Clásica de la Universidad de Heidelberg (Alemania), donde lleva adelante estudios y dicta cursos, conferencias y workshops conjuntos y en intercambio con el profesor alemán Jürgen Paul Schwindt. Varias de esas actividades contaron con el apoyo de la FAPESP bajo la forma de ayuda a la organización de coloquios y a la llegada a Brasil de investigadores del exterior.

“Resulta interesante observar que los estudios clásicos suelen verse como un área sumamente práctica, e incluso reticente a la teoría”, dice Tardin Cardoso. Serían actividades “casi artesanales y desprovistas de principios interpretativos”. La investigadora menciona como ejemplos de tareas atribuidas a la filología clásica la identificación y el cotejo de fragmentos textuales, la comparación y la edición de textos antiguos contenidos en manuscritos, la suposición e identificación de lagunas, la contextualización de la información hallada en esos documentos y su traducción. “Estas prácticas son bastante valoradas también entre profesionales brasileños.”

Fragmentos
Sin embargo, una observación un poco más profunda echa por tierra la idea de que esas actividades están desprovistas de intencionalidad o de subjetividad, tal como se puede inferir por la elección de los manuscritos que se estudiarán o en el propio proceso de investigación o traducción, cuando el estudioso pondera qué privilegiar y o qué dejar de lado. Entre los documentos escritos de la Antigüedad, existe una gran cantidad de obras que llegaron a los días actuales incompletas o en distintas versiones. Tardin Cardoso cita como ejemplo la tragedia Atreo, del dramaturgo y poeta latino Lucio Accio (170 a. C. ‒ 86 a. C.). “El orden en que un estudioso edita los fragmentos se rige por ciertos principios, conscientemente o no”, dice la investigadora, quien viene trabajando con los fragmentos de Accio y del orador y filósofo Cícero (106 a.C.-43 a.C.), también latino.

El latinista y docente del IEL-Unicamp Paulo Sérgio de Vasconcellos sostiene que no sólo en Brasil se le da poca atención a la discusión de los supuestos teóricos de la filología clásica. “Un ilustre clasicista, el escocés David West [1926-2013], pregonaba ante sus alumnos el abandono de la teoría para ir directamente a los textos, como si fuese posible abordarlos sin una teoría, explícita o implícita”, dice Vasconcellos. “En los últimos tiempos hemos asistimos a un cambio en el área: hay un interés cada vez mayor en discutir los asuntos teóricos que dan base al trabajo de los clasicistas, y el proyecto ‘Teoría de la filología’, en el caso brasileño, es fundamental en este proceso”. Dicho proyecto, que propició en 2014 la fundación del Centro de Estudios de Teoría de la Filología, con sedes en la Unicamp y en Heidelberg, cuenta con Tardin Cardoso y Vasconcellos como coordinadores en Brasil, y con Schwindt y Melanie Möller (Freie Universität, de Berlín), en Alemania. Participan también investigadores de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) y  de la  Universidad de Budapest (Hungría).

La identificación, el estudio y el cuestionamiento de los supuestos subyacentes en las prácticas usuales de los filólogos constituyen el campo de la teoría de la filología, que puede ser considerada como una epistemología de ese campo del saber. “La perspectiva epistemológica es indispensable si no queremos quedarnos afuera de cualquier narrativa moderna en las artes y las humanidades”, afirma Schwindt, uno de los pioneros del área en Alemania. “La teoría de la filología examina el modo de relacionarnos con los textos, y el énfasis de mis investigaciones recae sobre cómo encontrar en ellos algo que es similar a aquello que nos lleva a conocerlos como primer impulso.”

Con el fin de explorar y desarrollar la teoría de la filología, los grupos de intercambio pensaron en un posible diccionario de conceptos importantes del área, pero no los más obvios, tales como “texto” y “autor”. Rápidamente se pasó a la idea de tematizar ya no dichos conceptos sino palabras que “normalmente se plantean como con un significado evidente”. Entre muchos otros, se estudiaron los términos “clásico”, “conocimiento” y la propia palabra “filología”. Nació entonces el proyecto bilingüe y binacional “Palabras para una teoría de la filología”, con financiación de instituciones de fomento de la investigación de Alemania, tales como DFG y Alexander von Humboldt, que está en marcha desde 2013. En 2016 saldrá un libro bilingüe homónimo, publicado por editorial Winter Universitätsverlag, de Heidelberg.

Schwindt ve a este proyecto como el puntapié inicial de un trabajo de mapeo e incluso de redefinición, de ser necesario, de los conceptos y vocablos que pueden relacionarse con la filología. “En estos estudios, fenómenos que tradicionalmente no están asociados al campo de la filología, tales como temporalidad, reconocimiento, orden y subversión, se plantean en un vínculo sustancial con el trabajo filológico”, sostiene el profesor alemán. Tardin Cardoso quedó a cargo del estudio de la palabra “efimeridade” [calidad o carácter de efímero, en portugués]. “Reflexiono acerca de cómo este vocablo está presente en el vocabulario filológico y de qué modo se conjuga con el propio carácter efímero del conocimiento, sin el cual no se puede pensar la noción de progreso, por ejemplo, un principio de las ciencias modernas”, dice la investigadora.

Imitación
Este proyecto fue precedido por otros, empezando por el ensayo de Tardin Cardoso intitulado “Teatro del mundo: filología e imitación”, incluido en el libro Was ist eine philolo-gische Frage? (¿Qué es un tema filológico?), que Schwindt recopiló para la editorial alemana Suhrkamp, una de las más tradicionales de Europa. “En ese capítulo abordo un concepto importante para los estudios filológicos antiguos y modernos, el de la imitación”, comenta Tardin Cardoso. “Recurrí a la obra teatral La vida de Galileo, de Bertolt Brecht, y utilizo la metáfora del ‘teatro del mundo’ para observar más de cerca la imitación y ese hacer de cuenta que la misma involucra, como parte de las ciencias en general y de la filología en particular.”

La metáfora del teatro como representación del mundo o de la vida tiene una presencia recurrente en la literatura y en la filosofía occidental, y en la visión de Tardin Cardoso constituye un recurso necesario para la ciencia en sus formulaciones y desarrollos, como si el texto científico fuese “una imitación del propio objeto de estudio”. Dando proseguimiento a la comparación entre ciencia y arte, la investigadora escribió un texto sobre la palabra “ilusión”, editado en forma de libro para la Universidad de Viena (Austria), intitulado Trompe l’oeil: Philologie und Illusion (Trampatojo: Filología e ilusión), un título referente a la expresión francesa, Trompe l’oeil, que identifica a la técnica de pintura que da una impresión de profundidad en imágenes bidimensionales.

Intertextualidad
La investigadora sostiene que, a diferencia de lo que solía ocurrir con los estudios clásicos entre los siglos XIX y XX, la imitación, en la Antigüedad y en el Renacimiento, era un procedimiento aceptado y enaltecido en la literatura, y funcionaba como una especie de competencia. Y lo ejemplifica con la descripción de un “mundo de los muertos” en Homero, Virgilio, Dante y Boccaccio. Una referencia moderna y autoirónica a ese hábito fue la definición que diera Ariano Suassuna de su comedia O santo e a porca (1957) como una “imitación nordestina de Plauto”. Otro aspecto revelador del estudio de la imitación es el hábito existente entre investigadores de intentar “imitar la intención del autor”. Para ello, hasta mediados del siglo XX, a falta de información histórica, se solían admitir “datos” sobre la vida de escritores que se habían deducido partiendo de su estilo. De este modo, “Plauto era pobre y se dirigía a un público más sencillo” o “Catulo escribía sus poemas para una novia”. Tardin Cardoso subraya que en la actualidad las metodologías cuestionan ese enfoque sobre el “autor”, pero no dejan de lado la imitación de su objeto de estudio, ya sea del texto (su estilo y su lógica) o del público que el texto tendría en la época en que se lo elaboró.

Vasconcellos viene llevando adelante estudios emparentados y pioneros en el campo de la intertextualidad, el análisis de dos o más textos, de manera tal de revelar nuevos aspectos sobre los mismos. “Todo latinista sabe que la literatura de la antigua Roma mantiene un diálogo constante y complejo con la literatura griega y también internamente”, informa el investigador. “En el pasado, el filólogo sencillamente se contentaba con mencionar los pasajes de los otros autores. La teoría intertextual sofisticó ese estudio comparativo, al mostrar un proceso de generación de sentidos”. Vasconcellos, junto a Patricia Prata, también docente del IEL-Unicamp, coordina un equipo que está traduciendo en portugués “textos fundamentales sobre intertextualidad en los estudios clásicos”, entre ellos Arte alusiva, del italiano Giorgio Pasquali, y En los hombros de gigantes: Intertextualidad y estudios clásicos, del inglés Don Fowler.

Para Tardin Cardoso, la repercusión obtenida por todos estos trabajos comprueba la necesidad de reflexionar sobre la práctica de la filología. Según la investigadora, el proyecto “Palabras para una teoría de la filología” estimuló a un grupo binacional de expertos a reunirse alrededor de algunos temas centrales que referentes a estas prácticas. Schwindt descubrió ventajas en la colaboración con investigadores brasileños. “Me quedó claro que la perspectiva científica en el estudio de las estructuras de la filología pueden desarrollarse mucho mejor en un contexto académico no expuesto a la carga de influencias ideológicas que moldeó nuestro trabajo en Europa”, sostiene. Para él, la intensidad de los viajes de estudiosos de ambos países motivados por el interés en la teoría de la filología constituye una prueba de que existe un terreno fértil para ambos lados.