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INGENIERÍA ESPACIAL 

Un nuevo satélite de comunicaciones

El SGDC le aportará a Brasil avances tecnológicos, y mejorará el sistema de comunicaciones civiles y militares del país

 Esa-Cnes-Arianespace Guayana Francesa: la fase final de preparación para acoplarlo al cohete Ariane Esa-Cnes-Arianespace

El 4 de mayo pasado, Brasil lanzó al espacio un nuevo satélite de comunicaciones desde el Centro Espacial de Kourou, en la Guayana Francesa. Más allá de aportarle mayor autonomía a la comunicación civil y militar en el país, el Satélite Geoestacionario de Defensa y Comunicaciones Estratégicas (SGDC) también contribuirá con beneficios relevantes destinados a la industria aeroespacial brasileña, dado que el contrato de adquisición con la empresa francoitaliana Thales Alenia Space prevé la transferencia de tecnologías a empresas brasileñas de ese sector. El SGDC llevará la señal de internet a todos los municipios brasileños y será la espina dorsal del sistema de comunicaciones de las Fuerzas Armadas. En la actualidad, los satélites que utiliza Brasil, tanto para la comunicación civil como militar, están administrados por estaciones terrestres emplazadas fuera del país o controladas por empresas con capital extranjero. “En ambos casos, el país queda vulnerable, porque existe riesgo de violación del secreto de las informaciones, así como el servicio puede ser interrumpido en el caso de un conflicto de intereses, conduciendo al colapso de una parte de las comunicaciones”, comenta Eduardo Bonini, presidente de Visiona Tecnologia Espacial, una empresa con sede en São José dos Campos (São Paulo), que se desempeña como coordinadora del proyecto.

El proyecto SGDC, fruto de una colaboración interministerial que involucra a las carteras de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones (MCTIC) y la de Defensa de Brasil, tuvo un costo de 2.100 millones de reales. El satélite será operado por Telebras y contará con dos bandas de frecuencia. La denominada banda Ka, correspondiente al 70% de su capacidad, se utilizará para ampliar la oferta de banda ancha en el país, en consonancia con el Programa Nacional de Banda Ancha (PNBL, en portugués), que contempla proveer internet de calidad a las regiones con mayores carencias de infraestructura y tecnología. En tanto, la banda X, que responde por el 30% restante, será de uso militar.

El artefacto, de 5,8 toneladas de peso y 7 metros de altura, se encuentra en órbita a 36 mil kilómetros de la superficie terrestre. El SGDC estará funcionando a pleno seis meses después de su lanzamiento, un período destinado a los ajustes técnicos y para posicionarlo en el lugar exacto para poder cubrir todo el territorio nacional y parte del océano Atlántico. La vida útil del dispositivo se estima en 18 años. Su desarrollo se inició en el mes de noviembre de 2013, cuando Telebras contrató a Visiona para la coordinación del proyecto. La compañía, una joint-venture entre Embraer y la propia Telebras, había sido creada un año antes, enfocada en la integración de sistemas espaciales.

“Como en ese entonces Brasil no disponía de empresas con dominio tecnológico para proyectar y construir un satélite del porte y las especificidades del SGDC, buscamos un proveedor internacional entre las grandes compañías globales del sector”, relata Bonini. Al cabo de un proceso de selección que llevó un año, la empresa francoitaliana Thales Alenia Space fue elegida como proveedora del artefacto. La responsabilidad de poner en órbita al satélite quedó a cargo de Arianespace, la multinacional francesa que opera los cohetes Ariane a partir de su base de lanzamientos de Kourou, en la Guayana Francesa.

La transferencia de tecnología
Uno de los aspectos relevantes del contrato firmado entre Visiona y Thales consiste en una cláusula que obliga a la fabricante francesa a transferir tecnologías de las cuales dispone el satélite a empresas y organismos brasileños. Por contrato, Thales traspasó una lista de tecnologías espaciales acordada durante la etapa de selección. Como complemento a la transferencia de tecnología, también se formuló un Plan de Absorción de Tecnología Espacial (PAT), coordinado por la Agencia Espacial Brasileña (AEB), con la participación de Visiona, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), del Ministerio de Defensa, del MCTIC y de Telebras. Se enviaron 51 ingenieros brasileños empleados de esas instituciones a las filiales en Cannes y Toulouse de la empresa Thales, en Francia. Los mismos participaron durante tres años en el desarrollo del satélite, desde las fases de proyecto e ingeniería hasta la construcción del dispositivo y su acople con el cohete Ariane V.

Los ingenieros realizaron simulaciones de mantenimiento de órbita y actitud (posición del satélite con respecto a la Tierra), montaje, integración y pruebas de módulos y otras partes del artefacto espacial, además de la construcción de subsistemas. Según Bonini, esta cooperación permitió que los ingenieros brasileños aprendieran a desarrollar el software de control de actitud orbital, algo que para él constituye el mayor obstáculo para la fabricación de satélites en Brasil. “Ese programa garantizó que los ingenieros participaran del desarrollo del SGDC, trabajando codo a codo con los técnicos y líderes de Thales en todas las fases del proyecto”, relata Petrônio Noronha de Souza, director de Políticas Espaciales e Inversiones Estratégicas de la AEB.

El PAT, cuyo inicio fue en 2014, también capacitó a los profesionales de Telebras y a los militares que trabajarán en las estaciones de control del satélite, ubicadas en la Base Aérea de Brasilia y en un área perteneciente a la Marina en Ilha do Governador, en la capital fluminense (Río de Janeiro). Según Souza, con la experiencia adquirida durante la construcción del satélite, los ingenieros también estarán aptos para intervenir en futuros proyectos espaciales civiles o militares, entre ellos, aquéllos que forman parte del Programa Nacional de Actividades Espaciales (PNAE) y el Programa Estratégico de Sistemas Espaciales (Pese), que prevé la construcción de otros satélites en el país con la participación de empresas nacionales.

Además de la calificación de recursos humanos vía PAT, el contrato del SGDC también contempla un Acuerdo de Transferencia de Tecnología Espacial (ToT) firmado por Thales y la Agencia Espacial Brasileña (AEB). En el documento se acordó el traspaso de alrededor de 20 tecnologías críticas de los satélites de la empresa francesa a los fabricantes nacionales, entre las que figuran software del sistema de control de actitud, componentes del sistema de propulsión y sistemas electrónicos diversos. En enero de 2015, la AEB divulgó el resultado de una licitación pública con el nombre de las cinco primeras empresas participantes del programa, una de Rio Grande do Sul y cuatro de São Paulo.

Conocimiento integrado
La empresa Fibraforte Engenharia, del municipio de São José dos Campos, fue seleccionada para recibir capacitación técnica destinada al manejo del ciclo de desarrollo del sistema de propulsión monopropelente (que emplea solamente un tipo de combustible) para pequeños satélites, al cabo que Orbital Engenharia, de la misma ciudad, incorporará tecnologías aplicables a la construcción de sistemas de potencia y generadores solares para satélites. En tanto, AEL Sistema, con sede en Porto Alegre, recibió el proyecto de transferencia de tecnología de dos tipos de circuitos integrados para aplicaciones embarcadas en satélites.

Esa-Cnes-Arianespace En la sede de la empresa Tahles Alenia Space, en Francia, el SGDC (arriba) entra en una cámara de vacío térmica que simula el ambiente espacialEsa-Cnes-Arianespace

Equatorial Sistemas, una firma instalada en el Parque Tecnológico Univap, en São José dos Campos (São Paulo), fue designada para recibir tecnologías de control térmico para satélites, y Cenic Engenharia, también de la misma ciudad, quedó a cargo del desarrollo de estructuras mecánicas con base en fibra de carbono para cargas útiles de observación de la Tierra, tal como cámaras ópticas.

“Las cinco empresas están cumpliendo un plan de trabajo y recibiendo la asistencia periódica de Thales. Tenemos la intención de realizar un nuevo llamado a concurso para la selección de otras empresas que participen del programa. Gracias al acuerdo con Thales, pudimos implementar la transferencia de tecnología hasta dos años después del lanzamiento del satélite, algo que ya estamos haciendo”, explica Petrônio Souza, de la AEB. Según Souza, el próximo satélite brasileño de comunicaciones contará con equipamientos desarrollados por empresas nacionales.

“A corto y mediano plazo aún no seremos capaces de fabricar un satélite con ese grado de complejidad, pero podremos implementar varios contenidos nacionales”, pondera. Bonini, de Visiona, anunció que la empresa ya está efectuando los test de un sistema de control de actitud y órbita totalmente desarrollado en Brasil. Si todo sale bien, el mismo podría utilizarse en futuros satélites brasileños.

Esa-Cnes-Arianespace Los paneles solares abiertosEsa-Cnes-Arianespace

Con el SGDC, Brasil retorna al reducido grupo de países cuyos gobiernos cuentan con su propio satélite geoestacionario de comunicaciones, ubicado permanentemente en un punto fijo del espacio, sobre la línea del Ecuador, a una altitud de 35.786 kilómetros, girando a la misma velocidad de la Tierra.

En 1985, Brasil ingresó en ese grupo por medio del Brasilsat A1, lanzado por la Empresa Brasileña de Telecomunicaciones (Embratel). “Embratel, en su condición de empresa estatal, fue pionera al lanzar en 1985 el primer satélite geoestacionario de comunicaciones del país, el Brasilsat A1, de uso esencialmente civil. Nueve años después, aún como empresa gubernamental, puso en operación al Brasilsat B1, el primer satélite geoestacionario brasileño de uso civil y también militar, que fue desactivado en 2010”, relata Lincoln Oliveira, director general de Embratel Star One, la denominación actual de la empresa privatizada en 1998. A continuación vinieron el B3 y el B4, este último ya en la etapa en que el gobierno había resuelto privatizar las telecomunicaciones del país.

Además del SGDC, Brasil utiliza alrededor de 45 satélites de comunicaciones, todos ellos pertenecientes a compañías privadas, tales como Globalstar, Iridium y Embratel Star One, que posee la mayor flota de satélites de Brasil y de América Latina. Hoy en día, Embratel Star One es una multinacional perteneciente al grupo mexicano América Móvil, que también es dueño de la operadora de telefonía celular Claro y controla en el país nueve satélites, entre los cuales figuran los Star One C1 y C2, usados por las Fuerzas Armadas de Brasil.

 Esa-Cnes-Arianespace El montaje del satélite de 7 metros de altura involucró, aparte de los técnicos franceses, a 51 ingenieros brasileños Esa-Cnes-Arianespace

Monitoreo remoto
La integración de todos los componentes del SGDC es el principal proyecto de Visiona, que cuenta en su plantel de empleados con alrededor de 30 ingenieros, casi todos con máster, doctorado y con paso por el Plan de Absorción de Tecnología Espacial. “Muchos de nuestros profesionales trabajaron durante años en el Inpe y cuentan con vasta experiencia”, afirma Bonini. Según éste, dada su participación como coordinadora del programa del SGDC, la empresa pudo estructurarse para otros desafíos. “Estamos en condiciones de fabricar satélites menores, de 100 kilogramos, de órbita baja, en un rango de 600 a mil kilómetros, para aplicaciones de monitoreo remoto, meteorología, observación y colecta de datos”, dice el presidente de Visiona.

Mientras no surja demanda por nuevos dispositivos, la empresa apuesta a otro nicho del negocio: el desarrollo de proyectos de monitoreo remoto en Brasil y en países vecinos en áreas tales como defensa, protección ambiental, prevención de desastres naturales, energía y planificación territorial. La empresa facturó con esos servicios 8,5 millones de reales en 2016 y acaparó proyectos relevantes junto al Inpe, para combatir el desmonte en la Amazonia, y junto a Petrobras, para el monitoreo ambiental de la Cuenca de Campos, en Río de Janeiro. Para ello, Visiona, que no es propietaria de satélites, firmó acuerdos de adquisición de imágenes con algunos de los principales operadores de satélites de observación de la Tierra, entre los cuales figuran Airbus, DigitalGlobe, Restec y SI Imaging Services. En total, la empresa tendrá acceso a una red integrada por unos 28 satélites. “Esos convenios nos permiten desarrollar soluciones integradas en el área del monitoreo remoto”, analiza Bonini.

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