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Especial

Una dosis de pesimismo puede ser importante

La fundación fue la primera experiencia de ese tipo: de una asociación entre un hospital público y una entidad privada. Esto otorga al InCor una enorme flexibilidad administrativa y agilidad en la toma de decisiones. Permite que los problemas y la lentitud de la burocracia del estado se reduzcan al mínimo. Genera recursos, por medio de donaciones y del cobro de lechos y servicios a los convenios médicos y a pacientes particulares. Habiendo dado por terminada su labor en el área, Anthero se dedica hoy principalmente a la dirección de una editora de libros.

Tengo algunos reparos que hacer con relación a lo que fue dicho por mis compañeros de mesa. A decir verdad, al escucharlos, tomé un baño de optimismo. Fue algo muy bueno para mí. Sin embargo, después de pensar un poco, llegué a la conclusión de que soy un poco más pesimista que ellos. Quizás por ser el decano de esta mesa, no veo la situación de la misma manera como la ven los demás disertantes. Por ejemplo, no coincido con la afirmación de que el mercado sería el mayor incentivador de las inversiones en tecnología. Al contrario: el mayor incentivador de la tecnología siempre fue el gobierno, en todas las épocas y en todos los países desarrollados.

La acción del gobierno en Estados Unidos, en Europa y en los países asiáticos fue y continúa siendo absolutamente fundamental. Incluso en Brasil en los grandes períodos de desarrollo esa acción existió. Un ejemplo es el período del gobierno del presidente Juscelino Kubitschek. Otro es el tiempo en el cual estuvo en el poder un gobierno militar. Fui enemigo intransigente del régimen militar. Pero reconozco que en aquel período el gobierno adoptó políticas decididas y eficaces de incentivo a la tecnología. La única excepción se dio en el campo de la informática.

Pero vamos a pasar a otro tema. Creo que fui invitado para hablar en este Fórum debido a mi experiencia de 23 años en la Fundación Zerbini, que es la fundación que brinda apoyo al Instituto del Corazón (InCor) de la Universidad de São Paulo(USP). Las fundaciones de apoyo, para decirlo breve y directamente, son mecanismos creados para esquivar legítimamente las dificultades que la legislación impone a la administración de entidades públicas.

Las fundaciones reciben recursos que deberían ir a parar a organismos públicos, y administran esos recursos con base en parámetros y criterios similares a los vigentes en la iniciativa privada. Se trata de un excelente mecanismo de dinamización, pero que acarrea consigo muchos riesgos. Porque la verdad es que el control de esas fundaciones puede ser algo muy complejo. Hace algunos años, el ministro que era a la época encargado de la reforma de la administración federal, Luiz Carlos Bresser Pereira, propuso que las fundaciones de apoyo fueran institucionalizadas. Ésa seria una manera de controlarlas.

Ese control sería ejercido por medio de lo que se denominó en aquella época organizaciones sociales. Sin embargo, esas organizaciones sociales tenían dificultades para funcionar. Ellas nacieron ya enyesadas. El primer ítem del estatuto de las organizaciones sociales proponía entidades autónomas y flexibles, muy parecidas a las fundaciones de apoyo. Eran grupos sueltos y ágiles. Pero en su formato final se introdujeron condicionantes burocráticos que prácticamente eliminaron toda flexibilidad administrativa, pese a que dicha flexibilidad es la a propia razón de ser de esas organizaciones.

En el estado de São Paulo, la figura de la organización social fue creada para que funcione solo en el área hospitalaria. Sin embargo, a último momento fueron incluidas en el proyecto también las entidades culturales. El objetivo era principalmente apoyar a la Orquesta Sinfónica del Estado de São Paulo, la cual por cierto marcha muy bien como organización social y también musicalmente.

La idea era que yo hablara aquí sobre ese mecanismo y ayudara a explorar las facilidades que el mismo puede traer para la integración de los órganos de investigación con la industria. Pero creo que ese tema es irrelevante frente a lo que fue dicho anteriormente. El mecanismo está ahí. Necesita retoques e institucionalizarse. Tiene defectos e implica riesgos, pero puede llegar a ser eficiente cuando, digámoslo así, es dirigido con tino.

Sin embargo, me gustaría volver a hablar sobre mi pesimismo. Realmente, no veo con optimismo el escenario actual. Las razones son fundamentalmente dos. La primera es el hecho de que el gobierno no muestra ninguna disposición real para incentivar la tecnología. El Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT), en el cual pasé alrededor de 15 meses como director administrativo y financiero, es un buen ejemplo. El gobierno del estado de São Paulo, específicamente, no tiene ningún ánimo positivo con relación al IPT. La institución presenta claros indicios de degradación. Corre incluso riesgo de extinción.

Basta decir que los cuadros del instituto no se renuevan efectivamente desde hace muchos anos. Se trata de algo fatal para cualquier organización, especialmente las de investigación. El promedio de edad de los investigadores del IPT está llegando a los 50 años. No entra gente nueva en el IPT hace muchos años. Los más viejos se jubilan y son recontratados como autónomos, para continuar prestando servicios. Se trata de un cuadro capaz de generar enormes preocupaciones y que además es muestra de una ineficiencia muy grande.

No existe una política de inversiones. El gobierno espera que el IPT se mantenga generando ganancias, como si fuera una empresa privada. Eso indica una total incomprensión acerca de cuáles es la verdadera finalidad de la institución, que debería constituirse en una pieza fundamental para el desarrollo económico del estado y del país.

El IPT podría volver a ser, como ya lo fue, un instrumento altamente dinamizador. Pero no está logrando ser ese instrumento. Eso quizá ocurra porque no recibe recursos por parte del gobierno. Pero existiendo recursos o no, lo que se da es una enorme inapetencia. No hay en el gobierno aquella visión de que se debe ayudar al desarrollo tecnológico por medio de mecanismos clásicos, muy conocidos y probados con éxito en varias partes del mundo.

La verdad, subrayo nuevamente, es que el gran inductor del desarrollo tecnológico es el gobierno. Si el gobierno no está dispuesto a asumir esa función, se hace muy difícil resolver el problema. El IPT tiene una enorme competencia para cumplir su papel de dinamizador. No obstante, no basta apenas querer. Es preciso recibir la colaboración del gobierno. Ese papel dinamizador del instituto solo será posible en el marco de una nueva realidad, en la que el poder público se decida aceptar y asumir su papel de inductor del proceso.

La segunda razón de mi pesimismo es el panorama internacional. Quiero referirme a la tan mentada globalización. Se trata de algo que tal vez necesite ser mejor discutido, pues ha adquirido un carácter casi dogmático. Actualmente las personas, incluso en las organizaciones más sofisticadas, consideran la globalización una fatalidad, algo absolutamente incontrolable, sobre la cual nada hay para hacer. Pues yo, al contrario, creo que si no se hace nada al respecto de la globalización la perspectiva para los países como Brasil es aterradora. Como no siento esa preocupación en ustedes, me siento aún más alarmado.

¿Qué es lo que se ve a nivel internacional? Una brutal concentración de empresas. En todos los sectores, empezando por la industria farmacéutica, pasando por la industria automotriz y llegando a los bancos, la concentración se efectiviza de tal forma que, aparentemente, tendremos en breve pocas y grandes empresas multinacionales dominando diversos sectores de la economía. Quizás queden apenas una o dos empresas por sector. Esas compañías tendrán dimensiones gigantescas y serán probablemente más poderosas que la mayoría de las naciones. ¿Que ocurrirá después? Yo, ciertamente, no les sé decir. Pero no estoy tan tranquilo como ustedes parece estarlo.

La humanidad ha logrado a lo largo del tiempo, indiscutiblemente, grandes conquistas en términos de respeto a los derechos del ciudadano, los derechos humanos y en el área política, es decir, en la confrontación entre el ciudadano y el Estado. Pero todos concuerdan en que los derechos del empleado frente a la empresa no son tan amplios como los derechos del ciudadano ante el Estado. Son mucho menores. Si las grandes corporaciones prevalecen por sobre las naciones, algo que aparentemente va a acontecer es que la condición principal de la persona pasará a ser la de empleado y no más la de ciudadano.

Ahora bien, ante la empresa, la persona (el empleado) casi no tiene derechos (considérese, por ejemplo, el derecho a la libre manifestación del pensamiento). Volveremos por lo tanto a una condición casi feudal. Será necesario sin dudas reiniciar la lucha por la conquista de los derechos humanos. Entonces, ¿es o no es una perspectiva aterradora?

Existe, por otra parte, una contradicción grosera, pero que parece pasar desapercibida. La lógica teórica del mercado, actualmente transformado en divinidad, debería determinar una atomización de empresas, de tal forma que ninguna tendría poder, o dimensiones, para influir sobre los precios. Pues es exactamente lo contrario lo que está ocurriendo. Es decir, la práctica de la economía de mercado parece que estállevando al fin del mercado. Se trata de una contradicción muy curiosa.

En cuanto a los dineros para ciencia y tecnología en São Paulo, no son una cosa maravillosa. Pero son montos importantes, sobre todo si consideramos el saldo impresionante de las colocaciones efectuadas por la FAPESP. No obstante, creo que la tecnología debería recibir una fracción mayor que la actual con relación a la ciencia.

Sin embargo, es necesario determinar cómo llegar a ese objetivo. Las instituciones de fomento no financian a la ciencia en si misma, sino a los científicos. Cuando tuve conocimiento de ello, en mis primeros contactos en la Fundación Zerbini, pensé que eso era extraño. Pero la razón es clara. El objetivo es facilitar todo el proceso. Pues el científico, como persona física, puede obrar de manera independiente de legislación que pesa sobre los órganos públicos.

Pero existen otras dificultades. Por fuerza del propio mecanismo, la institución en la cual trabaja el científico necesita entrar en cierto momento en el campo de acción. Surge entonces la exigencia de la donación de los equipos.La Fundación Zerbini es un artificio para contornear esas dificultades. Sin duda, ella está al filo de la legalidad. Es discutible incluso si ella debería existir. Pero fue la solución encontrada por la USP. Y tuvo resultados satisfactorios. Tanto es así que la universidad tiene en la actualidad casi cien fundaciones.

Se trata de una solución creativa y que resolvió una situación. Pero es también una solución a medias. No debería subsistir por tanto tiempo. Por lo tanto, urge hallar una solución definitiva. Mi sugerencia es que el problema comience a encararse seriamente y que se empiece a buscar una solución duradera. Debemos admitir que no es posible que las instituciones funcionen bien en las actuales condiciones. La legislación existente es absolutamente arcaica.

Las soluciones adoptadas hasta ahora son de cierta manera eficientes para zanjar las dificultades. Pero todas tienen sus defectos. Entonces debemos dar un solución a esto. Ha llegado la hora de parar con ese juego, fingiendo que tenemos un instrumento flexible, cuando la verdad lo que tenemos es un instrumento problemático.

No podemos olvidar que las pequeñas y medianas empresas no tienen la misma estructura que las grandes. Tienen problemas para absorber personal calificado e incluso para pagar el impuesto a la renta. Pero generan la mayor cantidad de empleos.No me gustaría transmitir un mensaje pesimista. Pero como los otros conferencistas crearon una gran cuota de optimismo, creo que mi pequeño pesimismo no va a aguar la fiesta. Y quizás inocule el germen de una pequeña y saludable preocupación.

Fórum São Paulo Siglo XXI
Presidente: diputado Vanderlei Macris
Relator general: diputado Arnaldo Jardim

Grupo Temático número 13 Ciencia, Tecnología y Comunicación
Coordinador: diputado Carlos Zarattini
Relator: diputado Edmur Mesquita
Consejo temático:
José Aníbal Perez de Pontes
Flávio Grynszpan
Ozires Silva
Aldo Malavasi
Hernan Chaimovich
Antonio Manoel dos Santos Silva
Carlos Vogt
Crodowaldo Pavan
João Pisysieznig Filho
Nely Bacelar
Otaviano Helene
Nélson Raimundo Braga
Eduardo Antonio Bulisani
Fernando Leça
Carlos Henrique de Brito Cruz
Claudio Rodrigues
Hélio Waldman
Marcos Antonio Monteiro
Mônica Teixeira

Paulo Anthero Soares Barbosa tiene una larga y fructífera experiencia en órganos públicos y empresariales. Formado en Ingeniería por la antigua Universidad de Brasil, hoy Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), ocupó, entre otros cargos, el de director administrativo y financiero del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT, sigla en portugués) de São Paulo y el de coordinador de Pensamiento Nacional de las Bases Empresariales (PNBE). Pero es principalmente conocido por haber sido uno de los creadores de la Fundación Zerbini, establecida en septiembre de 1978 con el objetivo específico de apoyar al Instituto del Corazón (InCor) de la Universidad de São Paulo (USP).

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