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Opinión

El papel de las empresas públicas en la salud

El financiamiento es fundamental para transformar la tecnología en producto

Las nuevas iniciativas de la FAPESP, en el sentido de promover el desarrollo tecnológico en la Universidad, son fundamentales para el país y para las propias Universidades, que procuran orientar parte de sus actividades hacia las prioridades de Brasil, creando productos y empleos. El sector de salud es un caso especial. Pasteur concibió un instituto para la investigación y la producción, asegurando así que la investigación se transformara en producto para atender a la sociedad. Ese modelo centenario, que fue implementado en el Instituto Butantan, actualmente se encuentra revitalizado.

Desde 1985, el Ministerio de Salud invirtió cerca de 150 millones de dólares en la producción de sueros y vacunas. El Butantan, al recibir cerca de 40 millones de dólares de inversión de la Fundación Nacional de Salud (Funasa), demostró que no se trataba apenas de renovar la infraestructura, sino también de invertir en el desarrollo tecnológico. Este desarrollo es diferente al realizado en la Universidad: no se trata tan solo de desarrollar la tecnología de laboratorio, sino también de que ésta se traduzca en un proceso de producción que atienda a las exigencias de Buenas Prácticas de Manufactura para producir consistentemente y a costos compatibles con los recursos disponibles en el Ministerio de Salud.

Valiéndose del auxilio de decenas de proyectos financiados por la FAPESP y otras agencias, el Butantan fue reconocido por la Organización Mundial de la Salud como uno de los laboratorios con el mejor y mayor número de plantas de escalonamiento. Ningún otro productor público desarrolló el mismo tipo de estrategia y, de los 17 institutos que integraban el proyecto, el número está decreciendo año tras año. No solamente los pequeños productores públicos nacionales fueron desapareciendo, sino también prácticamente todos los institutos del estilo del Pasteur de los países en desarrollo. La macroindustria de vacunas, hoy concentrada en cinco empresas, respondió ofreciendo (como en el caso de los medicamentos contra el Sida) precios “de favor”, a alrededor de un 10% de los precios que practica en el hemisferio norte. ¿Cuánto durará ese programa? Probablemente hasta que el último productor público cierre sus puertas…

Actualmente Brasil produce cerca del 80% de las vacunas que distribuye gratuitamente para los recién nacidos y los ancianos. Y el Butantan fabrica el 75% de las dosis (DTP, difteria-tétano, hepatitis B, BCG, rabia en cultivo celular), y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), el 24% (sarampión, fiebre amarilla); el resto corre por cuenta del Instituto de Tecnología de Paraná y de la Fundación Ataulfo Paiva.

Cuando se inició la implementación de la vacunación de los ancianos, el Butantan respondió con 48 millones de dosis de difteria-tétano y arregló la transferencia de tecnología para producir 14 millones de dosis contra la influenza. ¡Es la compra de tres años de vacunas envasadas con tecnología nacional, con una economía de 30 millones por año! Producirá la vacuna en 2003 y la utilizará como base para una nueva vacuna. Con la Fiocruz está lanzando la vacuna DTP-hemófilos b y, el año que viene, la DTP-hepatitis B-hemófilos b.

Las empresas farmacéuticas, públicas y privadas, son industrias de manejo, sin historial de producción de materia prima por síntesis y sin experiencia en el producto biológico. En la actual coyuntura ellas no serán la respuesta para la creación de una industria utilizando tecnología desarrollada en el país. Es por lo tanto fundamental el apoyo de la FAPESP a proyectos de desarrollo tecnológico en el Butantan y de aprovechamiento de proyectos de laboratorio de las Universidades, que solo en institutos como el Butantan llegarán al producto.

Isaias Raw es director del Instituto Butantan de São Paulo

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