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Ciencia

Andando por caminos tortuosos

El más antiguo fósil de homínido sugiere que nuestra historia evolutiva es más compleja de lo que se imaginaba

“Es muy emocionante tener en mis manos el comienzo del linaje humano.” Absolutamente convencido de la importancia de su descubrimiento, el paleontólogo francés Michel Brunet, de la Universidad de Poitiers, era pura alegría el 12 de julio pasado, al exhibir públicamente, y por primera vez, en Francia, un cráneo y los fragmentos de mandíbula hallados por su equipo en un deserto de Chad, en África Central, tras 25 años de excavaciones. Con entre 6 y 7 millones de años, el Sahelanthropus tchadensis, o el Hombre de Toumai -esperanza de vida, en la lengua local- es el más antiguo y primitivo precursor de la especie humana, que reúne rasgos tanto de homínidos como de monos. Es uno de los hallazgos más importantes de los últimos cien años, por haber vivido en un período crítico, en el cual se produjo una separación entre los homínidos y los monos y del cual se conoce muy poco, y por derribar los paradigmas sobre la evolución del Homo sapiens: en lugar de la anhelada linealidad, avanza ahora la idea de que el desarrollo humano fue caótico, con desvíos y atajos, partiendo de un punto inicial, representado por un grupo como el de ese linaje que acaba de surgir.

Toumai, el tema principal de la edición de Nature que entró en circulación en la víspera de la presentación de Brunet, no solamente arrojó el origen del hombre hacia atrás un millón de años, ya que antes de su hallazgo, el ancestro más remoto era el Orrorin tugenensis, descubierto en 2000, de 6 millones de años. El cráneo que emergió de las arenas de Chad mostró también que el proceso evolutivo del Homo sapiens no tiene nada de especial y pasó por los mismos dramas que cualquier otra especie.

“Nuestra historia no es ni por acaso lineal”, dice Hilton Silva, antropólogo del Museo Nacional de Río de Janeiro. Ha caído el árbol con un tronco único que representa nuestro pasado. En su lugar, está creciendo un arbusto, con ramos que brotan a todo momento, creciendo en todas las direcciones y conectándose entre sí. Tampoco es posible ya sostener que haya habido un eslabón perdido: “Cuanto más especies se descubren, vemos que no existe un eslabón, sino más bien varios grupos entre el hombre de hoy y los monos”, recuerda Silva.

Pero ha quedado más claro que entre cinco y diez linajes de homínidos deben haber coexistido -algunos más parecidos a los monos, y otros, a los futuros humanos. “Muchos investigadores ya habían sugerido que existieron muchos linajes o caminos en la historia evolutiva humana, ya que la mayoría de los procesos evolutivos está compuesta por muchas nuevas adaptaciones, de las cuales solamente unas pocas sobreviven”, comenta Eric Delson, paleontólogo del Museo Americano de Historia Natural y de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos. “Pero ahora tenemos una prueba”.

Delson sólo hesita al reiterar el valor de Toumai por considerar que existen dos hallazgos relativamente recientes que no han sido debidamente evaluados todavía: el Ardipithecus ramidus, descubierto en 1994 en Etiopía, con 4,4 millones de años, que ahora se supone que no habría sido enteramente bípedo; y el Orrorin tugenensis, cuya importancia podría tornarse más clara cuando se encuentren ejemplares mejor preservados que el actual, del cual solamente existen fragmentos de cráneo.

Toumai exhibe una inédita combinación -o mosaico- de rasgos primitivos y avanzados: el rostro achatado y los caninos lo aproximan a los homínidos, mientras que la caja craneana se equipara en tamaño a la de un pequeño chimpancé. Visto de espaldas, probablemente parecía un mono. Al salir de las arenas del desierto e ir a parar a manos de los investigadores, se hizo más importante todavía que el Australopithecus africanus, que en 1925 atestiguó el origen africano del Homo sapiens. Es el mosaico más antiguo, pero no el único: el Kenyanthropus platyops, descubierto en Kenia en 1999, también combina rasgos de homínidos y monos -sólo que éste vivió mucho después, entre 3,5 y 3,2 millones de años atrás.

El artículo de Nature del 11 de julio, que describe el descubrimiento, firmado por 38 investigadores -de Francia, Estados Unidos, España, Suiza y Chad-, sugiere que los primeros homínidos vivían bastante dispersos a lo largo del este de África hace 6 millones de años. Si Chad es efectivamente la cuna de la humanidad, el inicio de la aventura humana se desplaza 2.500 kilómetros y abandona el Valle Rift, en el este de África, donde se concentraban hasta ahora los descubrimientos.

Toumai, encontrado en el desierto de Djurab en julio de 2001 por Ahounta Djimdourmalbaye, un estudiante de la Universidad de Ndjamena que trabajaba junto a los investigadores, vivió cuando había florestas y sabanas, a orillas de un lago con peces, anfibios y cocodrilos, pero no muy lejos de las dunas de arena, de acuerdo con las evidencias geológicas, examinadas en un artículo complementario suscrito por Patrick Vignaud, también de la Universidad de Poitiers, al frente de 20 especialistas. Brunet finaliza el artículo principal de Nature mostrando que sabe que la historia apenas si ha comenzado: “El Sahelanthropus tendrá un papel decisivo en el esfuerzo (de entender los primeros capítulos de la historia de la evolución humana), pero todabvía pueden esperarse más sorpresas”.

Durante los días que siguieron a la presentación del fósil ante el mundo, surgieron críticas. Las más enfáticas partieron de Brigitte Senut, del Museo Nacional de Historia Natural de París. “Para mí se trata de un gorila primitivo”, dice Senut. “Rasgos tales como el rostro achatado y los pequeños caninos están relacionados con el sexo y por sí solo no definen a un homínido”. En los años 60, recuerda Senut, especies consideradas como precursoras de los homínidos, como el Kenyapithecus y el Ramapithecus, fueron reubicadas como monas y salieron del árbol evolutivo humano. Pero hay una cosa que es incuestionable: la confirmación de que se debe observar atentamente hacia diferentes lugares cuando se pretende ampliar las fronteras del conocimiento. Por tal razón, Brigitte trabaja en Uganda, Kenia, Nanibia y Sudáfrica desde hace 17 años.

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