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Ciencia

Larga vida al palo de Brasil

Las semillas de Caesalpinia echinata pueden conservarse por un año y medio, seis veces más de lo que se imaginaba hasta ahora

MIGUEL BOYAYANLa germinación del Caesalpinia echinata: reproducción facilitadaMIGUEL BOYAYAN

Cuando ha pasado ya medio milenio desde el arribo de los portugueses, se ha dado inicio a una nueva ofensiva sobre el palo de Brasil. Pero esta vez, los candidatos a conquistadores de este hermoso y ligeramente perfumado árbol autóctono del Bosque Atlántico son unos 20 investigadores del Instituto de Botánica de São Paulo, que desde hace casi dos años, y con el auxilio de colegas de otras instituciones paulistas, e incluso del exterior, se lanzan desde varios flancos y sin tregua sobre este recurso natural, íntimamente vinculado a la historia brasileña.

Pero en vez de extraer la brasilina, aquel colorante que imprimía la tonalidad rojiza de las ropas de la realeza, o de cortar su preciosa madera, tal como lo hacían los antiguos verdugos de la especie, este polifacético equipo de explotadores contemporáneos (por llamarlos de alguna manera, claro que en el buen sentido) de la actualmente escasa y amenazada de extinción Caesalpinia echinata va en busca de fines más nobles.

Mediante experimentos en las áreas de fisiología, bioquímica, anatomía, ecología y tecnología, e incluso echando mano de investigaciones históricas, el grupo poco a poco va iluminando algunos conos de sombra, que por momentos tornaban – y aún continúan tornándolo – oscuro o poco preciso el conocimiento científico referente al palo de Brasil. De esa manera, surgen más elementos para nutrir el trabajo de conservación de las pocas reservas remanentes de la especie y, quien sabe, impulsar su reforestación, o incluso su explotación sostenible, si acaso tal actividad se vuelve viable algún día.

“Tenemos capacidad para estudiar a fondo la importancia histórica, científica y económica de esta especie”, afirma Rita de Cássia Figueiredo Ribeiro, del Instituto de Botánica y coordinadora del proyecto, que realiza entre los días 12 y el 14 de marzo en São Paulo un simposio internacional sobre el palo de Brasil. “Mucha gente cree que el palo de Brasil ha sido investigado exhaustivamente, pero es una falsa impresión.”

En poco tiempo, en realidad menos de dos años, el proyecto haampliado el saber científico sobre el palo de Brasil de manera considerable. Hasta ahora, el descubrimiento más significativo muestra que las semillas del árbol, conocidas por ser relativamente frágiles y de difícil preservación en el ambiente natural, pueden conservarse por un lapso de 18 meses, siempre y cuando sean sometidas a ciertas condiciones. Este período es seis veces mayor que el que podía hallarse en la parca literatura científica sobre el tema.

Hasta la publicación de los resultados de este trabajo, que ganó las páginas de la Revista Brasileira de Botânica en diciembre, se creía que las semillas del palo de Brasil tenían una corta vida: duraban apenas un mes, si se las mantenía en ambiente natural, y como máximo 90 días; y eso si se las guardaba en una cámara fría. Esto equivalía a decir que, si no fueran plantadas enseguida, las semillas no germinarían y se pudrirían. El dominio de técnicas más eficaces de almacenamiento de las semillas de palo de Brasil hace más fácil la tarea de aquéllos que se abocan a proyectos de conservación y reforestación de la especie.

Algunos especialistas llegaron incluso a pensar que las semillas de palo Brasil no toleraban el secado, el principal método empleado para la conservación de este tipo de estructura reproductiva. En las semillas de buena parte de las especies vegetales, la reducción en el tenor de agua de su masa total a niveles inferiores al 10% constituye un modo eficaz de asegurar su longevidad. La disecación prácticamente paraliza su actividad metabólica y reduce la aparición de reacciones perjudiciales, al margen de disminuir la actuación de microorganismos e insectos dañinos. Pero con el palo de Brasil, tal procedimiento parecía no provocar ese efecto protector. No obstante, ésa era tan solo una impresión; hasta que los investigadores paulistas demostraron que, con algunos cuidados extras, el secado también prolonga la vida útil de las semillas de esta especie.

Los estudiosos seleccionaron las mejores semillas, las más maduras, y las sometieron a un calor de entre 40 y 50° Celsius (C), que las dejaba con una humedad ligeramente superior al 8%. Por último, las almacenaron en un ambiente con una temperatura controlada, de alrededor de 8° C. “Con esos procedimientos, logramos aumentar de manera significativa su longevidad”, dice Cláudio José Barbedo, también del Instituto de Botánica. “Pero el método solamente da resultado con semillas de buena calidad”.

Los investigadores observaron que al seguir los procedimientos descritos, más del 80% de las semillas germinaba, si se las mantenía en un ambiente refrigerado durante un año y medio. “Ahora estamos intentando entender cuáles son las alteraciones metabólicas que llevan a que estas semillas secas pierdan su viabilidad, llegado un determinado momento”, afirma Rita. “Existen indicios de que eso está relacionado con alteraciones en sus niveles de carbohidratos (azúcares) solubles.”

Y de la semilla del palo Brasil han germinado otros hallazgos. Los científicos constataron que el recubrimiento de las semillas de palo de Brasil es menos espeso, y está formado por un tipo de célula diferente a la usualmente presente en las semillas de las especies leguminosas, la familia a la que pertenece la C. echinata. “En lugar de las estructuras celulares, que dotan de rigidez al recubrimiento de las semillas de las leguminosas, en las semillas del palo de Brasil encontramos estómatos”, afirma la experta en anatomía vegetal Simone Teixeira de Pádua, de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de São Paulo (USP) de Ribeirão Preto. Los estómatos, normalmente alojados en las hojas de las plantas, sitio en donde se regulan los intercambios gaseosos con el medio ambiente, funcionan como poros, y raramente aparecen en las semillas.

Fragilidad
Esta peculiaridad anatómica puede ser una de las razones para que el palo de Brasil tenga semillas más frágiles y de conservación más complicada que otras leguminosas. Un poco de anatomía comparativa puede ayudar a entender esta situación. Simone cotejó semillas de palo de Brasil y de ‘pau-ferro’ (Caesalpinia ferrea), otra leguminosa típica. Más específicamente, analizó la testa de los dos tipos de semilla, ese tegumento que recubre y protege al embrión, denominado popularmente cáscara.

En conclusión: la testa de la semillas de ‘pau-ferro’ presenta dos capas de células ricas en lignina, la misma sustancia que otorga rigidez a la madera, mientras que la del palo de Brasil es literalmente más porosa y tiene estómatos. Por lo tanto, no es extrañarse que los dos tipos de estructura germinal se comporten de manera tan diferente, cuando se los coloca en un ambiente natural. “Las semillas de ‘pau-ferro’ son tan duras y resistentes que pueden conservarse en la tierra sin germinar durante dos años, cosa que no sucede con las de palo de Brasil”, comenta Simone.

Otras líneas de investigación también han arribados a resultados preliminares importantes. El ingeniero agrónomo Marcelo Dornelas, que está haciendo su posdoctorado en la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la USP de Piracicaba, estudia la estrategia reproductiva de la especie y ha observado que el desarrollo de las flores de la C. echinata transcurre de una forma similar a la de otras leguminosas. “Este dato puede ser útil en el manejo de las reservas naturales de la especie y de áreas plantadas”, cree Dornelas.

Entretanto, otros trabajos procuran comprender las reacciones de esta especie tropical en condiciones ambientales bastante disímiles a las dominantes en el Bosque Atlántico. En esa línea de investigación, experimentos llevados a cabo en la ciudad de São Paulo y en un centro de estudios de España indican que el palo de Brasil parece crecer menos en ambientes con altos índices de un tipo específico de agente contaminante: el gas ozono, y se desarrolla mejor en sitios con aire puro. “Aparentemente, esta especie es más afectada por la presencia del ozono que por los contaminantes primarios, como el monóxido de carbono y el dióxido de azufre”, comenta Marisa Domingos, de la sección de ecología del Instituto de Botánica. La primera pista en ese sentido la han suministrado los resultados preliminares de un estudio comparativo iniciado hace diez meses en la capital paulista.

Resistencia a los contaminantes
Alrededor de 600 plantas de palo de Brasil fueron expuestas en cuatro diferentes puntos de la ciudad: el Parque Ibirapuera, el Aeropuerto de Congonhas, un gran jardín mantenido por la Secretaría de Estado de Medio Ambiente a orillas del río Pinheiros (Proyecto Pomar) y un vivero especial (Casa de la Vegetación) del propio Instituto de Botánica. Cada uno de estos lugares fue escogido en función de los contaminantes a lo que más frecuentemente están expuestos. En Congonhas hay una gran cantidad de los llamados contaminantes aéreos primarios: gases como el monóxido de carbono y el dióxido de azufre, que son subproductos directos de la quema de combustibles.

En el Parque Ibirapuera predomina el ozono, un contaminante secundario, que no esemitido directamente por ninguna fuente contaminadora: se forma naturalmente en la atmósfera a través reacciones químicas que se suceden entre moléculas de hidrocarburos y óxidos de nitrógeno, mediadas por la luz solar. En el Proyecto Pomar hay de todo un poco: contaminantes primarios y secundarios, sumados al nefasto efecto de la proximidad de un río agonizante. La Cada de la Vegetación, con una temperatura máxima controlada a 28° C, y aire puro y filtrado, funciona como punto de control, como la representación de un local urbano libre de contaminación.

Pese a que aún no se ha llegado ni siquiera a la mitad del estudio, los investigadores ya han notado una tendencia: las plantas cultivadas en el vivero con aire puro, donde reciben normalmente luz solar, crecen más que las otras, y aquéllas que son expuestas al ambiente con mucho ozono parecen desarrollarse de manera menos significativa que las de otros espacios. Para verificar si el exceso de ozono puede ser la causa de ese retraso en el crecimiento de las plántulas del Ibirapuera, se hizo un ensayo más detallado en la Fundación Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (Ceam) de Valencia.

En cámaras especiales, plantines de palo de Brasil permanecieron durante un mes en tres ambientes con características diferentes: uno con aire puro, otro con una cierta dosis de ozono y un tercero con una cantidad mayor de ese gas. “De una manera general, observamos que, cuanto mayor era el nivel de ozono en la atmósfera, menores eran los índices de fotosíntesis de las plantas y la producción de sustancias antiestrés (antioxidantes)”, dice Marisa.

Ciudades y termitas
Pero, ¿por qué estudiar el comportamiento de un árbol típico del Bosque Atlántico fuera de su hábitat natural, y encima en lugares contaminados? La respuesta es la siguiente: para ver si tiene sentido establecer una política pública que impulse el plantío del palo de Brasil en las grandes ciudades brasileñas, un proyecto que, al margen de su innegable valor simbólico e histórico, podría ayudar a embellecer los centros urbanos. El palo de Brasil, capaz de soltar en el aire un sutil aroma que recuerda al del jazmín, es, al margen de todo patriotismo, un hermoso árbol ornamental, especialmente en el período en el que sus flores, de una tonalidad amarilla, se abren, entre agosto y noviembre, pese a que tiene dimensiones un poco aventajadas para incorporarse masivamente al escenario urbano, pues puede llegar a los 20 metros de altura.

Con un abordaje igualmente práctico, empero abocado a las características físicas y acústicas de la madera del palo de Brasil, ensayos de laboratorio realizados en el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT) están empezando a suministrar los primeros indicios de que el leño rojizo de ese árbol, que otrora le daba su color al mundo, puede tener una buena resistencia natural a la acción de las termitas. La especie parece tener propiedades similares a las del cebil (Anadenanthera macrocarpa), un árbol que soporta muy bien el ataque de esos insectos (y también el de los hongos).

“Por ahora hemos observado que el desgaste sufrido por el palo de Brasil, cuando está en contacto con las termitas, se limita a la superficie”, informa la bióloga Maria Beatriz Bacellar Monteiro. En el IPT también se está haciendo un estudio sobre las propiedades mecánicas y acústicas del palo de Brasil, en un intento por entender por qué esa madera es la preferida de los constructores de arcos para instrumentos de cuerda (violines, violas, violonchelos y contrabajos), quizás el único uso comercial que todavía hoy tieneeste árbol tropical.

En una vertiente poco común en proyectos de botánica, el esfuerzo de los investigadores del Instituto de Botánica contempla una investigación concerniente a la historia del palo de Brasil, y una revisión de su distribución geográfica en el territorio nacional, en el pasado y en el presente. En la actualidad, la especie es hallada naturalmente en los estados de Pernambuco, Bahía y Río de Janeiro. El año pasado, y trabajando como un mixto de historiador y taxonomista, el ingeniero agrónomo Yuri Taveres Rocha, del Instituto de Botánica, realizó dos grandes viajes.

Entre abril y mayo estuvo en Portugal, de donde regresó con copias de unos 800 documentos datados entre los siglos XVI y XIX. Su principal fuente de investigación fue el Archivo Histórico Ultramarino (AHU) de Lisboa. Allí Rocha analizó 500 manuscritos, con el objetivo de recabar informaciones que narren la explotación y el comercio del palo de Brasil durante los siglos XVII y XVIII, a partir del estudio de los cargamentos de los barcos que partían de las costas brasileñas, especialmente de Pernambuco, rumbo a Portugal. “Hasta hoy no se sabe a ciencia cierta qué cantidad palo de Brasil salió de acá ni dónde estaban ubicadas precisamente las existencias naturales de la especie”, dice Rocha.

Identidades cambiadas
En su segundo periplo, Rocha recorrió 12 ciudades paulistas a bordo de un automóvil cedido por Fiat, para realizar un estudio de los principales puntos del estado en donde se plantaron ejemplares palo de Brasil. “Esta información es fundamental para saber en qué condiciones se encuentra la conservación ex situ (fuera de su hábitat natural) del palo de Brasil en São Paulo”, comenta el investigador. Algunas constataciones: en Iperó, en el Bosque de Palo de Brasil para la Conservación Ex Situ , hay más de mil ejemplares de la especie, que fueron plantados en 1999; en Paulínia, en el Bosque Brasil 500, hay otros 500 especímenes; en la Fazenda Lageado, en el campus de la Unesp de Botucatú, Rocha se encontró con un palo de Brasil de 15 metros de altura, de aproximadamente 80 años de edad.

La gira paulista también sirvió para intentar responder a una cuestión que intriga a científicos e historiadores: ¿la especie crecía en forma espontánea en São Paulo? Existen relatos de que hubo reservas autóctonas de palo de Brasil en Ilhabela y Ubatuba, pero hasta la fecha no hay una comprobación científica fehaciente. Rocha recorrió los senderos del Parque Estadual de Ilhabela, siempre con idéntico resultado: todas las formaciones arbóreas que le señalaron como palo de Brasil, eran a decir verdad ejemplares de otras especies, cuyos nombres populares oscilan entre lo cómico y lo cuasi obsceno: jacarandá pico de pato (Machaerium sp.), cáscara de cucaracha o ‘pindaíba’ (Xylopia brasiliensis), ‘araçá-piranga’ o ‘goiabão’ (Eugenia leitonii) y ‘mamica-de-porca’ (‘mama de puerca’, Zanthoxylum rhoifolium). La confusión obedecía al hecho de que estos árboles tienen corteza rojiza o protuberancias en forma de espinos (acúleos) en el tronco o en las ramas, características que remiten al palo de Brasil.

Pese a haber sido desde diversos aspectos de fundamental importancia para la historia y la economía del Brasil colonial, e incluso del Brasil imperial, el palo de Brasil es todavía un ilustre desconocido, por decirlo de alguna manera. En las manos del hombre, la trayectoria de ese recurso natural se rigió casi siempre por una máxima noescrita: un buen árbol era un árbol cortado. Durante alrededor de 370 años, entre el comienzo del siglo XVI y el final del XIX, mientras el Bosque Atlántico contó con existencias significativas de esta especie tropical, y las tinturas artificiales no ganaban terreno, el C. echinata dio sus tonos de fuego a las ropas, los papeles y los cuadros, al margen de ser utilizado en la construcción civil y naval. Posteriormente cayó en el olvido o fue relegado a un papel superficial en los libros de historia.

Afortunadamente ese panorama está empezando a cambiar, con el avance de los esfuerzos de conservación de la especie, que cobraron nuevo vigor durante las conmemoraciones de los 500 años del descubrimiento de Brasil, y el con el lanzamiento de grandes proyectos científicos sobre el más brasileño de todos los árboles.

El insuperable Pernambuco
Hace alrededor de 230 años, el francés François Tourte construyó el primer arco de violín de palo de Pernambuco, una madera que reunía una rara combinación de atributos físicos: rigidez, flexibilidad, densidad, belleza y capacidad de adquirir y mantener durante años y años una determinada curvatura. Desde entonces nadie ha descubierto un material, sintético o natural, mejor que el palo de Pernambuco, o simplemente Pernambuco, tal como el palo de Brasil es también conocido en el exterior, para fabricar arcos de violines, violas, violonchelos y contrabajos.

“Es posible hacer arcos de alta calidad con otras maderas, como el lapacho, pero los músicos son tradicionalistas y prejuiciosos con los nuevos materiales”, dice Daniel Romeu Lombardi, de 54 años, un arquitecto de profesión que en la década del 80 se convirtió en arquetero, tal como se los denomina a los artesanos que esculpen ese complemento fundamental de los instrumentos de cuerda de una orquesta.

De su taller en la ciudad de São Paulo – en realidad un cuarto en los fondos de su casa, ubicada en el barrio de Perdizes – salen cuatro arcos por mes. Los más caros, que pueden costar hasta 3 mil reales, son siempre de palo de Brasil. Eso no quiere decir que cualquier pedazo de Caesalpinia echinata sea potencialmente apto para adquirir las formas de un arco de primera línea. “Puede haber una gran diferencia de calidad entre dos trozos de palo de Brasil”, asegura Lombardi, que intercambia informalmente informaciones prácticas con Edenise Segala Alves, investigadora del Instituto de Botánica de São Paulo, que coordina los estudios anatómicos con la madera que hace las veces de materia prima en su trabajo.

“Por eso en algunas ocasiones tengo que descartar algunos pedazos”. Con la ayuda de un aparato italiano, que emite un campo eléctrico en los trozos de palo de Brasil en estado semibruto, destinados a transformarse en arcos, el arquetero mide aquello que define como el potencial acústico de la pieza examinada. Cuando el resultado del examen es poco prometedor, Lombardi sencillamente descarta la madera de dudosa calidad.

En Japón, investigadores ya han intentado transferir algunos compuestos químicos del palo de Brasil a otras maderas, con la esperanza de dotarlas de las características acústicas del árbol brasileño. Pero los resultados no han sido alentadores todavía. La naturaleza va ganando la batalla – al menos por ahora.

EL PROYECTO
Caesalpinia echinata Lam. (palo de Brasil): de la Semilla a la Madera, un Modelo para Estudios de Plantas Arbóreas Tropicales Brasileñas
Modalidad
Proyecto temático
Coordinadora
Rita de Cássia Leone Figueiredo Ribeiro – Instituto de Botánica
Inversiones
R$ 400.648,82 y US$ 68.754,88

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