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Cultura

Las raíces de Sérgio Buarque

El año del centenario del historiador impulsa la salida del limbo de su tesina de maestría

Las reflexiones sobre el legado de Sérgio Buarque de Holanda (1902-1982), surgidas con motivo del centenario de su nacimiento, el año pasado, tuvieron el don de rescatar un capítulo olvidado de la obra del historiador, que dedicó su carrera académica a comprender el alma nacional. Se trata de la tesina de maestría, defendida por Sérgio Buarque en 1958 en la Escuela Libre de Sociología y Política de São Paulo, que jamás se transformó en libro y estuvo sumergida en una especie de limbo académico. Muy poca gente conoce este trabajo de 145 páginas, intitulado Elementos Formadores de la Sociedad Portuguesa a la Época de los Descubrimientos. Recientemente, el historiador y profesor de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) Edgar de Decca, un estudioso de la obra de Buarque, halló una copia de esa tesina. Dicho texto dormía en el archivo del historiador, confinado en la Unicamp luego de su muerte.

De Decca se sorprendió y quedó intrigado con lo que encontró. “Hay una impresionante línea de continuidad entre esa tesina y el clásico libro Raíces del Brasil , publicado en 1936 [Raízes do Brasil ]”, afirma De Decca. “Algo se alteró en la percepción de Sérgio Buarque. Pierde fuerza en el trabajo de maestría aquello que se transformó en el rasgo más sobresaliente de la obra Raíces del Brasil , que es un ensayo histórico sobre aquello que faltó y lo que fue negado en la constitución de nuestra identidad.”

En Raíces , el análisis histórico parte del criterio de la ausencia: a nuestra cultura le faltó una ética del trabajo, el estado racional se ausentó ante el predominio del patriarcalismo y del paternalismo. En virtud de ello, floreció el carácter cordial brasileño – que privilegia las relaciones personales y tiende a la intimidad en la convivencia social –, un concepto acuñado por Buarque y erróneamente confundido con benevolencia. “EnRaíces, nuestra cultura es sinónimo de ausencia, y por tal motivo, la frase más célebre de esa obra continúa siendo la siguiente: ‘seguimos siendo todavía desterrados en nuestra propia tierra'”, recuerda De Decca. En tanto, en la tesina el autor se aboca a la metrópoli en la era de los descubrimientos; muestra la extrañeza de Portugal dentro de la propia Europa y encuentra en ese singular escenario diversos aspectos embrionarios de la futura colonia. “Se delinea en ese trabajo un complejo horizonte cultural formado por múltiples influencias étnicas, que trazó un camino singular en el escenario de los descubrimientos”, afirma De Decca, que acaba de asumir la cátedra Brasil-Portugal de Ciencias Sociales en Lisboa, creada mediante un convenio entre la Unicamp y el Instituto Superior de Ciencias del Trabajo y la Empresa de Portugal.

Los archivos italianos
El investigador aprovechará su temporada en Portugal para reconstituir el campo documental de la investigación desarrollada por Sérgio Buarque para la elaboración de su tesina. “Voy a visitar el archivo de la Torre do Tombo, el archivo y la biblioteca de la ciudad de Lisboa y la Biblioteca Nacional. Pero no espero encontrar grandes novedades, más allá de aquello que ya es conocido por historiadores portugueses y brasileños; incluso porque muchos documentos de esta tesis no se encuentran en Lisboa, sino que probablemente estén guardados en archivos italianos. Deben haber sido descubiertos por Sérgio Buarque durante el tiempo que vivió en Italia.”

La tesina de Sérgio Buarque y su libro, que nació ya siendo un clásico, comulgan en un mismo punto de partida: la formación del portugués como “un tipo humano que ignora fronteras” y moldea la exploración del Nuevo Mundo acorde con una ética peculiar, una ética de la aventura, por la cual se busca la riqueza con audacia, a veces con imprevisión, y no con el trabajo de la ética calvinista. Hay premisas que se repiten en ambas obras, como la estrategia lusitana de explorar el litoral de la colonia y dejar vacío el interior – que reproduce la ocupación del propio territorio lusitano – en contrapunto con la acción de los colonizadores españoles, que se fijaron en los altiplanos. O la parte que compara la importancia de la mano de obra esclava en el Brasil del siglo XIX con la de Lisboa en el siglo XVI.

Ambas pueden verse como obras complementarias; sin embargo, un océano las separa. Raíces explica el Brasil, mientras que la tesina se sumerge en Portugal y se aboca a los albores de la aventura colonizadora. Muestra las influencias esenciales de moros y judíos, ambas reprimidas por el poder monárquico y católico de la época, para la construcción de un tipo nacional diferente de los tipos europeos, con hábitos flojos, pero con una extraordinaria vocación mercantil, que concibe la ascensión social en ultramar, y por tal motivo, o está partiendo o ya ha partido, y siente saudades de casa. Pero algo es cierto, Buarque nunca pierde el Brasil de vista.

Recuerda que el origen del samba puede no ser africano, sino islámico (el baile morisco llamado zembra). “En mayor número, atravesaron el océano, traídas por los primeros colonos, e instalándose entre nosotros, dejaron acá reminiscencias que todavía perduran, como es el caso de la zambra, que llegó a la América Hispana y a Brasil, convirtiéndose quizás en el remoto antepasado de nuestro actual samba. Y éste, por más que aun hoy en día no falten quienes se esfuercen por discernirle el origen ‘origen de nombre, al menos’, o en aquel radical bantú, hay muchas probabilidades de que, tanto en el nombre como en algunas características coreográficas, como las que se manifiestan en ambientes rurales paulistas o en diversos lugares de la América Hispana, no provenga de Angola o del Congo, sino más bien de la llamada África blanca”, escribió Buarque.

El extremo recato de las esposas, que no aparecían adelante de las visitas, excepto en presencia de sus maridos, tanto en la metrópoli como en la colonia, está vinculado, como recuerda Buarque, a la condición de la mujer musulmana. “(…) fundamentalmente en el período colonial, ellas no aparecían en sus propias casas adelante de los visitantes, ni comían sino con sus maridos, y aun así, siempre y cuando no hubiese huéspedes (salvo en los casos del padre o los hermanos)”, registra el historiador en su tesina.

Sérgio Buarque de Holanda menciona también la Revuelta de Canudos para desmenuzar la idea de que el fervor religioso de los judíos, forzados por la Inquisición a convertirse, está en la base del movimiento mesiánico del sebastianismo – la venida redentora del joven rey Don Sebastião, muerto sin dejar sucesor en la célebre batalla de Alcácer-Quibir en 1578. El mito sería invocado por el beato Antônio Conselheiro en el interior de Bahía al final del siglo XIX.La tesina no tiene el tono ensayístico e interpretativo de Raíces del Brasil. Sérgio Buarque de Holanda la escribió no porque así lo planificó, sino en razón de una necesidad académica. Necesitaba el título de la maestría para poder ingresar en la cátedra de Historia de la Civilización Brasileña en la Universidad de São Paulo (USP) – la que abandonaría en 1969, jubilándose voluntariamente en solidaridad con sus colegas perseguidos por el Acto Institucional número 5, el AI-5. Para acceder a esa cátedra, defendería dos meses después su tesis de doctorado, en la que analiza la “búsqueda del edén” en el imaginario de los descubridores. Lo hizo ante una multitud, reunida en el Salón Noble de la Facultad de Filosofía, todavía por ese entonces en el edificio ubicado en la calle Maria Antônia.

Pasos de bailes populares
Aprobado con distinción por el jurado, cuenta la leyenda que el historiador lo celebró ensayando pasos propios de bailes populares con sus alumnos. Es que esa obra de contenido original se convertiría en 1959 en el libroVisión del Paraíso [Visão do Paraíso ]. Cuando comparó los trabajos defendidos casi simultáneamente, Buarque optó por lanzar el de doctorado y guardar el de maestría, archivarlo. “Buarque consideraba que ese trabajo era algo escolar, por eso no quiso publicarlo”, dice el profesor de Teoría Literaria Antonio Candido, amigo y colaborador de Sérgio Buarque de Holanda, que jamás leyó la tesina. “No es un trabajo renegado ni olvidado, siempre estuvo disponible en la Unicamp”, dice la cantora Ana de Holanda, de 55 años, hija de Sérgio Buarque (el historiador tuvo siete hijos, varios de ellos con talento para la música, como es sabido).

Para Edgar de Decca, la tesis ocupa una laguna en la obra Sérgio Buarque. Amén de la línea de continuidad con Raíces del Brasil , el historiador de la Unicamp identifica elementos que ayudan a entender Visión del Paraíso . “La tesina de maestría nos aporta bases históricas para entender la puesta en escena del imaginario de la conquista ibérica que compone Visión del Paraíso , una obra sin duda más compleja y mejor terminada, que se alinea a la tradición histórica y literaria de estudio de las visiones épicas y míticas que condujeron las conquistas ibéricas”, dice De Decca.

Los albores de la aventura colonizadora

“En la aurora de los tiempos modernos, los establecimientos coloniales de los portugueses se componen tan solamente de plazas aisladas, situadas casi invariablemente junto a la falda del mar, aunque de lejos puedan parecer un inmenso imperio, y como tal se hagan administrar. (…). Muy significativas son las palabras con que Alviano, uno de los interlocutores de Diálogos das Grandezas do Brasil , lamentaba que acá la gente portuguesa hiciera tan corta la conquista, pudiendo hacerla más ancha, y admitía que merecieran sus compatriotas el nombre de malos colonizadores, pues ‘en tanto tiempo que habitan este Brasil no se han extendido hacia el sertón para poblar en él diez leguas, contentándose con hacer azúcar en las faldas del mar’ (…) En carta enviada a Gôa, a su conterráneo Bernardo Davanzati, en noviembre de 1585, se refería el florentino Filippo Sassetti a esos colonizadores. Los cuales, escribía, no merecieran mejor nombre que el de hinca playas, dado por un ‘negro’ natural de aquellas partes, ya que no se internaban un palmo tierra adentro.” (Fragmento de la tesina)

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