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Carta de la editora | 101

A favor de la mujer

En julio de 2002, las conclusiones de un artículo publicado en el Journal of the American Medical Association (Jama) aparecieron en la prensa de todo el mundo y dejaron a las mujeres perplejas -especialmente a aquéllas que tenían alrededor de 50 años. La revista exhibía los resultados de unos ensayos clínicos realizados con 16.608 voluntarias sanas, de mediana edad, que imponían serias restricciones al tratamiento de reposición hormonal. A punto tal que se dieron por concluidas las pruebas antes del término previsto. La perplejidad se suscitó porque el tratamiento destinado a reponer las hormonas que los ovarios de las mujeres maduras dejan de producir se había convertido en un importante referente en el ámbito de la salud femenina. Hasta la publicación del estudio estadounidense, se creía que la reposición constituía una buena manera no solamente de reducir las molestias provocadas por la llegada de la menopausia, sino también de prevenir enfermedades cardiovasculares y mentales. Pero el estudio publicado en el Jama apuntó lo contrario: las mujeres que recibían hormonas corrían un riesgo mayor de desarrollar cáncer de mama y de sufrir problemas vasculares que afectan al cerebro, el corazón y los pulmones. En suma, un espanto.

Dos años y varios estudios después, ha quedado más claro que no existen razones como para preocuparse excesivamente. El propio equipo norteamericano que hizo la investigación no desestimaba la reposición hormonal en casos específicos. Lo que si hubo efectivamente fue una reacción desproporcionada con relación a la gravedad de los resultados. Actualmente se sabe que el tratamiento es importante y que funciona, siempre y cuando se lo use exclusivamente para mitigar los síntomas de la menopausia, mediante un seguimiento constante y durante un corto lapso -y no para protegerse contra enfermedades crónicas. El reportaje del editor asistente de Ciencia, Ricardo Zorzetto, muestra que Brasil sigue de cerca esta cuestión (hay 14 millones de mujeres que inscritas para hacer el tratamiento en Brasil). La Federación Brasileña de Asociaciones de Ginecología y Obstetricia difundirá en los próximos meses un documento destinado a orientar la acción de los ginecólogos con relación a este tratamiento. Naturalmente, las investigaciones siguen su curso, acá y en el exterior.

Y para continuar en el área de la salud, hay otros dos artículos importantes. Carlos Fioravanti, editor de ciencia, descubrió que científicos del Instituto Adolfo Lutz de São Paulo lograron identificar a los roedores silvestres que esparcen los hantavirus, y que son los causantes de la epidemia que recientemente hizo su arribo al Distrito Federal (Brasilia), luego de haberse instalado en diez estados del país. Esta enfermedad, que asusta a los habitantes de las ciudades satélites de Brasilia, no es por lo tanto un fenómeno aislado. El otro artículo es del reportero Samuel Antenor: una presentación de los nuevos tests que salen por estos días al mercado, que ayudan a prevenir y chequear enfermedades hereditarias y también en el control de infecciones oportunistas. La metodología de estos análisis se restringía hasta hace poco a los estudios de laboratorio. Ahora dicha tecnología llega a los laboratorios especializados en análisis clínicos proveniente de dos Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepids), que cuentan con financiación de parte de la FAPESP.

Por último, la revista no podría dejar de seguir el movimiento que los científicos brasileños llevan adelante con miras a alterar el proyecto de ley que restringe los estudios con células madre y el poder de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio) para decidir sobre la comercialización de organismos genéticamente modificados. La decisión está a cargo de los 81 senadores, que deben ratificar o no el proyecto ya aprobado en la Cámara de Diputados. El empeño de los científicos no es fruto de un capricho. La editora de Política, Claudia Izique, explica que los estudios con células madre pueden salvar vidas y ayudar a curar enfermedades crónicas. No existe todavía un tratamiento que permita reconstituir la medula de un paraplégico, por ejemplo. Pero si las investigaciones se paralizan por fuerza de ley, no será posible reunir el conocimiento suficiente como para avanzar en esa línea de estudios en Brasil.

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