Imprimir Republicar

Ciencia

Detectan nuevos reservorios de hantavirus

Identificados los roedores silvestres que propagan agentes causantes de una epidemia que ahora ha llegado a Brasilia

Hace algunas semanas, durante las festividades de Corpus Christi, biólogos del Instituto Adolpho Lutz de São Paulo esparcieron centenas de trampas de un tamaño un poco menor que una caja de zapatos en las adyacencias de algunas viviendas de la periferia de São Sebastião, localidad vecina a Brasilia donde a comienzos de mayo aparecieron nuevos casos de hantavirosis, una grave forma de infección causada por un tipo de virus: los hantavirus, que matan en promedio en dos o tres días a la mitad de las personas contaminadas.

Pasadas tres noches, y atraídos por el olor del cebo -avena en copos mezclada con pasta de maní- 510 animales cayeron atrapados en las jaulas de aluminio. Al menos una tercera parte de ellos correspondía a la especie denominada ratón de cola peluda (Bolomys lasiurus), el transmisor de uno de los tipos brasileños de hantavirus: el Araraquara, así llamado en referencia a la ciudad homónima del interior paulista donde fuera hallado por primera vez, en 1995. Este mismo roedor, de pelaje color pardo oscuro, también disemina el protozoo Leishmania (Viannia) braziliensis, causante de la leishmaniasis tegumentaria americana, la forma más común de la leishmaniasis humana en Brasil.

Los investigadores paulistas, apostados en un galpón anexo al Complejo Penitenciario de Papuda, y protegidos con barbijos, monos azules y guantes dobles -mientras tanto, en un espacio contiguo, los policías cumplían una etapa más de su entrenamiento de tiro al blanco-, extrajeron sangre y muestras de vísceras de los animales, para su posterior análisis en el laboratorio.

Pero el hecho de haber encontrado al ratón de cola peluda es un fuerte indicio de que, probablemente, el virus que pulula en el Distrito Federal [Brasilia] es el Araraquara, ya que cada tipo de hantavirus está asociado a una especie de roedor silvestre. Además, el Bolomys, un animal que mide alrededor de 12 centímetros de largo, eso sin contar su cola de 5 centímetros, vive en la sabana, vegetación característica del Distrito Federal, del oeste paulista y de otros tres estados brasileños: Minas Gerais, Mato Grosso y Goiás, donde se han reportado casos de hantavirosis en seres humanos provocados por la variedad Araraquara.

“En julio del año pasado”, comenta la bióloga Akemi Suzuki, investigadora del Instituto Lutz que participó en la captura de los animales, “trabajamos en Campo Alegre de Goiás, a 220 kilómetros de Brasilia, y encontramos Bolomys y el virus Araraquara”. Ahora las muestras de sangre extraídas de los animales están bajo el cuidado de la investigadora Ivani Bisordi, que en algunas semanas más determinará si son efectivamente dichos animales los hospedadores del virus existente en la ciudad donde ha habido ocho casos confirmados de hantavirosis y cuatro muertes. Mientras tanto, otro equipo, en este caso del sector de Virología del instituto, referente nacional en diagnósticos en dicha área, llevará a cabo las pruebas con muestras de sangre de personas que evidencien sospechas de haberse contaminado con hantavirus, provenientes de todo el país.

El grupo paulista ha realizado una caracterización del Bolomys en un artículo científico que se apresta a publicar, juntamente con la de otro hospedador reservorio, tal como se denomina a los animales que cargan consigo a los hantavirus, sin por ello ser acometidos por la enfermedad. Es en ese caso el ratoncito del arroz (Oligoryzomys nigripes), un roedor de un pelaje en una tonalidad rojiza y con una cola de 11 centímetros, mayor incluso que su propio cuerpo, que mide ocho centímetros. Este roedor habita en el Bosque Atlántico y suele ser portador del hantavirus Juquitiba, detectado en 1994 en los alrededores de la ciudad de São Paulo y que después apareció en Paraná -que hoy en día es el estado brasileño donde se han registrados más casos (92)-, Santa Catarina y Río Grande do Sul.

Hallan otros dos tipos de virus
Simultáneamente, un equipo del Instituto Evandro Chagas, con sede en Belém [Pará], detectó dos nuevos tipos de hantavirus hallados en el estado de Maranhão, donde la hantavirosis hizo su aparición en el año 2000 afectando a siete personas, cinco de las cuales murieron. Hasta ahora existía solamente un hantavirus amazónico: el Castelo dos Sonhos, cuyo nombre evoca el de una ciudad situada en el límite entre los estados de Pará y Mato Grosso donde el virus apareció hace diez años, y cuyo hospedador aún no ha sido identificado. Uno de los nuevos virus es el Anajatuba, idéntico nombre al de la localidad ubicada en un zona inundada conocida como Baixada Maranhense -similar al Pantanal de Mato Grosso-, a 100 kilómetros al sur de São Luís, capital de Maranhão. Su transmisor es el Oligoryzomys fornesi, un roedor del mismo género que el hospedador del hantavirus típico del Bosque Atlántico.

El otro virus hallado en Maranhão es el Río Mearím -nombre a su vez del principal río de la región, que atraviesa la zona central del estado-, que se propaga a través de la especie Holochilus schiureus, un pequeño roedor acuático. Ésta es la primera aparición de un roedor acuático portador de un hantavirus, de acuerdo el virólogo Pedro Vasconcelos, coordinador del equipo del Evandro Chagas que identificó a las nuevas variedades, descritas en un artículo que será publicado en poco tiempo más. “Debido a la elevada diversidad de roedores existentes en Brasil”, comenta Vasconcelos, “es posible imaginar que vamos a encontrar nuevos tipos de hantavirus en otros estados”.

Una infección muy común
Los hallazgos más recientes indican que el Distrito Federal, con cuatro casos confirmados hasta finales de junio, es el más reciente territorio de aparición de esta enfermedad emergente, que surgió en Brasil en 1993 y que se había propagado anteriormente por diez estados del país, provocando 158 muertes. Este año se han registrado 12 casos, siete de ellos fatales. Hace seis años, cuando la hantavirosis arribó a la localidad de Guariba, norte paulista, dejando un saldo de 16 muertes, el médico Luis Tadeu Figueiredo, de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (USP), llegó a preguntarse si ese virus ocasionaría únicamente casos devastadores. “Pero eso no puede ser”, pensó Figueiredo.

El médico dio inicio hace cinco años a una investigación serológica en Jardinópolis, una localidad de alrededor de 30.000 habitantes cercana a Ribeirão Preto, y extrajo muestras de sangre de 880 habitantes. Al analizar sus resultados, publicados a comienzos de este año en el Journal of Medical Virology, Figueiredo se sorprendió, al ver que el 14,3% de las personas tenía anticuerpos contra estos virus, una señal indicativa de que las mismas habían estado en contacto con el agente etiológico de la hantavirosis, aunque no manifestasen síntoma alguno. “La enfermedad grave, aquélla que mata, es rara, pero la infección es común”, dice el investigador. Su equipo también descubrió que aun aquéllos que sobreviven a los ataques más severos del hantavirus sufren sus secuelas años después. Éstas se manifiestan en indisposición física, debilidad y cicatrices fibrosas en los pulmones.

La expansión de las ciudades
“Siempre habrá nuevos casos de hantavirosis, pues resulta imposible eliminar a todos los ratones que viven en la naturaleza”, comenta Luiz Eloy Pereira, el investigador científico que coordinó el equipo del Lutz en la expedición a São Sebastião, integrada también por los biólogos Renato Pereira de Souza y Matheus Ferroni. Pero la enfermedad es transmitida solamente por roedores silvestres -y no se propaga a través del agua contaminada, tal como llegó a comentarse cuando surgió la epidemia de São Sebastião. “Ni las ratas de las ciudades ni las lauchas domésticas transmiten los hantavirus”, afirma Pereira, quien pasó buena parte de los últimos 25 años -él tiene 54- en el medio del monte en busca de arañas, insectos, garrapatas, aves, simios o ratones que pueden diseminar virus perjudiciales para la salud humana.

A finales de junio, Pereira se encontraba en los bosques de Foz do Iguaçú, oeste de Paraná, en busca de aves migratorias que podrían propagar el virus del Nilo Occidental, otra enfermedad emergente grave cuya llegada a Brasil los expertos dan por segura.En principio sería posible detener al virus del Nilo, manteniendo distancia con relación a las aves que lo transmiten; pero parece difícil huir de los hantavirus: las hantavirosis son producto fundamentalmente de la expansión de las ciudades por sobre los terrenos de los ratones silvestres.

Al perder su territorio, estos animales, que conviven con los hantavirus sin problemas, acaban acercándose a las viviendas y a los depósitos de alimentos, en busca de comida y de refugio. Aun cuando nada encuentren allí, dejan a su paso sus excrementos, su orina o su saliva conteniendo partículas de los virus, que pueden contaminar a los seres humanos cuando se las inhala junto con la polvareda que se levanta con el movimiento de alfombras o de paquetes de alimentos.

Así fue como la hantavirosis llegó a los municipios vecinos a centros urbanos en crecimiento tales como Uberaba y Uberlândia, ubicados en la zona conocida Triângulo Mineiro, Minas Gerais. Fue también de esa misma manera como la enfermedad apareció en un puesto de peaje de una autopista cercana a Sertãozinho, en el interior paulista: los ratones se metieron en los orificios de las columnas de alumbrado y dejaron allí sus excrementos, que contaminaron a una cobradora.

En el campo
La hantavirosis también está asociada a los cultivos de soja, maíz y frijol, o en pasturas de forrajes que sirven de alimento a los roedores. En Cajurú, noroeste paulista, una calle asfaltada era lo único que separaba a un campo de unos edificios de viviendas populares donde en 1999 dos personas se contaminaron con el virus Araraquara. En otras ocasiones, la causa es la deforestación. Hace cuatro años, en General Carneiro, sudeste del estado de Paraná, los ratones ingresaron en viviendas precarias de campesinos que talaban el bosque de Araucaria.

Generalmente los roedores con sus virus aparecen cuando se produce algún tipo de desequilibrio, lo cual incluye momentáneas alteraciones climáticas, tal como sucedió en 1993 en un área desértica de Estados Unidos. Debido a que había llovido más que lo habitual, las plantas crecieron mucho y con tanta abundancia de alimento los roedores proliferaron. Pero luego retornó la aridez y los famélicos animales se acercaron a las viviendas: en menos de un año se contaminaron alrededor de 180 personas. “Los hantavirus constituyen un problema en todo el mundo”, dice Akemi, del Instituto Adolpho Lutz. “Pero, por suerte, en Brasil los casos son aislados y esporádicos.”

En toda América, los hantavirus -cabe acotar que han sido identificados alrededor de 15 tipos, cada uno de ellos transportado por distintas especies de roedores- ocasionan el llamado Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), que lleva al colapso de los pulmones y del corazón, a diferencia de las variedades europeas, que provocan daños en los riñones. El problema radica en que la hantavirosis, debido a que provoca fiebre, dolores en la espalda, náuseas y vómitos, es fácilmente confundida con la gripe, el dengue o la leptospirosis, lo que incrementa el risco de transmisión entre personas; aunque ésta es una posibilidad aún remota: ha habido hasta ahora un solo caso confirmado en Argentina en 1996. Como no existen medicamentos específicos, solamente pueden tratarse sus síntomas.

Ante cualquier duda, los especialistas recomiendan que los médicos no soliciten a sus pacientes que tomen abundante líquido, pues la hidratación puede ser fatal en caso de que se confirme luego la hantavirosis. “Nadie sabe todavía explicar muy bien por qué”, comenta Pereira, “pero, cuando los hantavirus atacan los pulmones, provocan un incremento de la permeabilidad celular, lo que permite a su vez que el agua existente en el interior de las células se acumule en los pulmones.”

Así y todo, es posible detener el avance de los ratones. Quienes viven cerca de los bosques, por ejemplo, deben para ello tapar los huecos y hendijas de las viviendas, para impedir el ingreso de animales, guardar la comida en lugares cerrados y no dejar restos de alimentos dispersos.

Otra medida sencilla y eficaz consiste en mantener los alrededores de la casa sin maleza, incluso sin césped o arbustos, y que los sembradíos se encuentren al menos a 60 metros de distancia de la vivienda y sus anexos. Luiz Pereira comenta que estos pequeños roedores son muy ágiles cuando están en el monte y se mueven hábilmente incluso en ramas pequeñas, empero, cuando están en campo abierto se vuelven torpes, y ansiosos en procura de refugio.

Los Proyectos

Diversidad Genética del Genoma de Virus (Hantavirus)
Modalidad
Proyecto Especial
Coordinación
Luiz Tadeu Moraes Figueiredo – FMRP (USP)
Inversión
R$ 1.557.340,73

Epidemiología de las fiebres hemorrágicas víricas causadas por arbovirus, hantavirus y arenavirusEstudios de la asociación virus-hospedador en investigaciones de hantavirus asociados a SPH en el municipio de Anajatuba – Maranhão
Coordinación
Pedro Vasconcelos – IEC
Inversión
R$ 500.000,00 (CNPq y Ministerio de Salud)

Republicar