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Biotecnologia

Con signos vitales

Un acuerdo con el Instituto Pasteur y la publicación de un artículo en una revista internacional muestran los avances brasileños

La capacidad que Brasil ha venido acumulando en biotecnología aplicada a la salud puede vislumbrarse en dos acontecimientos recientes, sin vinculación aparente. Uno de ellos fue la firma de un acuerdo entre el Instituto Pasteur, de París, y la FAPESP, por medio del cual un grupo de investigadores brasileños tomará parte en el esfuerzo internacional para secuenciar el genoma del mosquito Aedes-aegypti, vector de enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla. Al grupo brasileño, encabezado por Sergio Verjovski-Almeida, del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo, le cabrá la tarea de identificar fragmentos de genes activos del mosquito, llamados técnicamente de ESTs (etiquetas de secuencia expresadas). Estos pedazos de genes, que cargan la receta que usarán las células para fabricar sus proteínas, pueden ser de gran utilidad para el desarrollo de formas de prevención de las enfermedades transmitidas por el Aedes-aegypti. “Aún es raro que a Brasil lo convoquen a participar en iniciativas como ésta”, dice Verjovski, quien en 2002 condujo un esfuerzo similar destinado a mapear los fragmentos de genes activos del Schistosoma mansoni, el parásito causante de la esquistosomiasis. La invitación al grupo brasileño es importante, porque reconoce la contribución al mapeamiento del Schistosoma y parte de una institución, fundada en Francia en 1887, que es una referencia planetaria en investigación de la salud.

La segunda buena noticia fue un artículo de cinco páginas referente a Brasil, publicado en un suplemento especial de la revista Nature Biotechnology sobre siete países en desarrollo (Sudáfrica, Brasil, China, Corea del Sur, Cuba, Egipto y la India) que vienen obteniendo avances en la biotecnología aplicada a la salud. La inserción de Brasil en este grupo no llega a ser precisamente una novedad. A mediados de 2002, un informe de la Organización Mundial de la Salud, referente a los beneficios de la investigación genética en la salud pública, ya señalaba la contribución de cuatro países (Cuba, la India, China y Brasil) como excepciones a la supremacía del Primer Mundo. Pero el suplemento de Nature Biotechnology fue más allá, llamando a las cosas por su nombre.

Destacó, entre otros logros, el éxito en la India en la producción de remedios baratos, la proeza cubana de desarrollar una vacuna contra la meningitis B, la capacidad de Egipto de producir insulina recombinante y el éxito de Corea de Sur en la transferencia de tecnología al sector privado. Sudáfrica y Brasil llamaron la atención también por publicar los resultados de sus investigaciones en revistas científicas de gran impacto, comparados con otros países del estudio. Y también se detectaron algunas contradicciones. En Brasil, el acceso por parte de la población pobre a los medicamentos es relativamente bajo, al contrario de lo que ocurre en China, Egipto, Sudáfrica, Cuba y Corea del Sur.

El artículo sobre Brasil fue escrito por un grupo de investigadores de Chile y Canadá que entrevistó a 33 personas en Brasil durante los últimos tres años. El texto hace un inventario de las contribuciones a partir de los años 1970, cuando el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) implantó programas pioneros en biotecnología, hasta la reciente creación de un banco de ADN de especies amenazadas en el Jardín Botánico de Río de Janeiro. Entre un hecho y otro se hace mención a éxitos de empresas como Biobrás, que en los años 1990 empezó a producir insulina humana recombinante, y FK Biotecnología, de Porto Alegre, en el área de inmunodiagnóstico, como así también la excelencia en la fabricación de vacunas coleccionadas por instituciones públicas como el Instituto Butantán, de São Paulo, y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), de Río de Janeiro. El artículo destaca, a pesar de los cambios de gobiernos, la inversión consistente en biotecnología; pero pondera que, aunque esto se haya traducido en un notable incremento de la publicación de artículos científicos, tal esfuerzo no se materializó en una cantidad equivalente de patentes.

Pioneros – Ninguno de estos avances, afirma el texto de Nature Biotechnology, fue tan notable en Brasil como el secuenciamiento de la bacteria Xylella fastidiosa, un programa coordinado por la FAPESP. “Actuando como plataforma de lanzamiento, esta iniciativa pública instiló la confianza nacional y trajo aparejado el reconocimiento internacional a la capacidad de la genómica brasileña. Y lo más importante es que está catalizando la investigación post genómica en males tales como la enfermedad de Chagas y el cáncer, con vacunas y células madre”, dice el texto. En los párrafos finales, el artículo hace referencia a dos pioneros que, según los entrevistados, tuvieron un rol fundamental en el desarrollo del sector. Uno  de ellos es Marcos Luiz dos Mares Guia (1935-2002), docente de la Universidad Federal de Minas Gerais y fundador en los años 1990 de Biobrás (lea en el recuadro). El otro es el director científico de la FAPESP, José Fernando Pérez, por la coordinación de esfuerzos en el proyecto de la Xylella fastidiosa. “Vivimos un momento de gran ebullición de la biotecnología y la musculatura brasileña en este campo no puede considerarse que sea episódica”, afirma Pérez. “El rol de la FAPESP fue central y la institución siempre será reconocida como una gran catalizadora.”

En este punto, el artículo de Nature y el acuerdo FAPESP-Instituto Pasteur convergen y se mezclan. Para mapear el genoma de la Xylella fastidiosa, la FAPESP organizó la red ONSA, por su sigla en inglés, un consorcio virtual de laboratorios genómicos del estado de São Paulo integrado inicialmente por 30 instituciones. Fue en el ámbito de ese consorcio que, en los últimos años, se abrieron diversos diversos, entre ellos el relativo a la identificación de los fragmentos de genes expresados del Schistosoma mansoni, bajo el liderazgo de Sergio Verjovski-Almeida. El grupo generó 163 mil secuencias parciales de genes activos en los seis principales estadios del ciclo de vida de parásito de la esquistosomiasis, desde las formas que viven libremente en agua dulce hasta aquéllas que habitan en su hospedador intermedio, el caracol, y las que infestan al hombre. Antes de la publicación de los resultados de la red ONSA, habían solamente 16 mil fragmentos de genes, o etiquetas de secuencias expresadas (ESTs), del helminto de la esquistosomiasis en las bases públicas de datos, un 75% de ellas derivadas del estadio adulto del parásito. “Antes se conocían las secuencias completas de tan sólo 163 genes del gusano. Elevamos ese número a 510 genes completos y 14 mil con secuencias parciales”, dice Verjovski.

Ese trabajo, publicado en septiembre de 2003 en la revista Nature Genetics, acreditó al grupo de Verjovski para participar del mapeamiento del Aedes aegypti, en el marco de un programa del Instituto Pasteur para América del Sur, el Amsud-Pasteur. El objetivo general es el mismo del estudio del Schistosoma: detectar fragmentos de genes del Aedes-aegypti que tengan un papel en la diseminación del dengue y de la fiebre amarilla. El grupo se abocará a la tarea de generar 100 mil ESTs, que se sumarán a otras 170 mil etiquetas generadas por otros grupos. El proceso genera una infinidad de secuencias repetidas pero, cuanto mayor el número de etiquetas generadas, mayor la posibilidad de encontrar fragmentos de genes aún desconocidos. El Instituto Pasteur suministrará la materia prima para la investigación: bibliotecas de cADN bancos de secuencias estables de ADN obtenidas del ARN mensajero, correspondientes a los genes en actividad.

Para hacerse una idea acerca de lo inédito de esta iniciativa, se puede recordar un rarísimo precedente, que fue la colaboración entre brasileños y norteamericanos en el estudio de la Xylella fastidiosa. El patógeno que ataca a los cítricos en Brasil tiene linajes que causan prejuicios en vides, adelfas y almendros en Estados Unidos. “Estos grupos son sumamente cerrados, de allí la importancia de integrarnos al esfuerzo internacional del Aedes-aegypti”, dice la investigadora Ana Lucia Tabet Oller Nascimento, del Centro de Biotecnología del Instituto Butantan, que participa del proyecto. Además de ella y de Verjovski, al grupo lo integran por Carlos Menck, genetista del Instituto de Ciencias Biomédicas de la USP, Suely Lopes Gomes y Hamza El Dorry, ambos del Instituto de Química. Verjovski, Ana Lucia y Menck trabajaron juntos en el proyecto del Schistosoma mansoni.

Bioterrorismo
El secuenciamiento de los fragmentos génicos del Aedes-aegypti comenzará en enero y estaría concluido el año que viene. La alianza entre Brasil y Francia formará parte del proyecto internacional del genoma del mosquito, coordinado por The Institute for Genomic Research (TIGR), de Estados Unidos. Este estudio tuvo su inicio en 2004, bajo el liderazgo David Severson, de la Universidad Notre Dame, Indiana, quien participó del mapeamiento del mosquito anopheles gambiae, transmisor de la malaria. El proyecto recibió financiamiento del gobierno estadounidense porque integra la red Microbial Sequencing Center, un equipo de trabajo científico encargado de investigar patógenos y vectores potencialmente utilizables como armas de bioterrorismo. Ni es preciso recurrir a teorías conspiratorias para que sea evidente la amenaza que el Aedes-aegypti encarna. Las cíclicas epidemias de dengue en Brasil y la amenaza del retorno de la fiebre amarilla a los grandes centros urbanos constituyen evidencias contundentes.

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