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Botánica

A flor de tierra

Botánicos de São Paulo identifican 7.239 especies de plantas autóctonas, el equivalente a las dos terceras partes de la flora europea

La botánica Luiza Sumiko Kinoshita se consiguió un trabajo extra hace cinco años. Como si fuera poco con las clases y las investigaciones en las Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), empezó visitar al menos una vez por semana algunas escuelas de enseñanza básica de la ciudad. Conversaba con los maestros, ayudaba a planificar las actividades en las aulas y llevaba a los chicos a las calles, plazas, bosques y áreas de vegetación autóctona. Su propósito era abrir la mirada y liberar la sensibilidad de los pibes, que nunca habían notado que los árboles de las avenidas eran pocos y de pocas especies y, por eso mismo, incapaces de atraer a los pájaros y otros diversos tipos de polinizadores y dispersores de semillas. Durante esas expediciones, los chicos y las chicas descubrieron cuán diferentes son las formas, los tamaños, las texturas y los tonos de verde de las hojas – en uno de los ejercicios, con los ojos vendados, procuraban reconocer árboles que ya habían visto, únicamente tanteándoles los troncos, ora más lisos, ora más rugosos.

Este experimento, que incluyó visitas a los laboratorios de la Unicamp y del Instituto Agronómico de Campinas, resultó en el libro A botânica no ensino básico – Relatos de uma experiência transformadora [La botánica en la enseñanza básica – Relatos de una experiencia transformadora], que saldrá publicado ahora en julio. Con los maestros de Campinas y de otras tres ciudades – São Carlos, São Paulo y Santos –, Luiza compartía el conocimiento acumulado en el marco de un proyecto monumental, llevado adelante por un grupo de 250 botánicos: la identificación y descripción de las plantas con flores – las fanerógamas – del estado de São Paulo. Son 7.297 especies autóctonas, de acuerdo con la estimación más reciente, excluidos los errores (había plantas con hasta tres nombre científicos) y sumando las 40 especies descubiertas hasta ahora.

Por dentro de la colección
“En cantidad de especies”, dice George Shepherd, de la Unicamp, “São Paulo abarca las dos terceras partes de la flora de Europa”. Este estado, que se enriqueció derribando casi toda su vegetación natural, la cual cubre hoy en día tan sólo el 13,9% de su territorio, reservaba todavía sorpresas, como las nuevas especies de canela de ema Vellozia obtecta y Vellozia peripherica, que crecen en los campos rocosos aledaños a Sierra de Canastra, en el límite con Minas Gerais. Estas plantas de grandes flores color violeta se encuentran entre las 475 especies de las 33 familias descritas en el cuarto tomo de la colección Flora Fanerogâmica do Estado de São Paulo, que salió en julio. Y va una explicación importante: para los taxonomistas, como se les llama a los expertos en clasificación de plantas y animales, la familia es un grupo de géneros, que reúnen especies similares.

“Ya hemos trabajado durante doce años, pero el relevamiento está lejos de terminar”, dice, con un mixto de orgullo y agotamiento, Maria das Graças Lapa Wanderley, investigadora del Instituto de Botánica de São Paulo, quien divide la coordinación del proyecto con Shepherd. La publicación del cuarto tomo enmarca únicamente el final del proyecto apoyado por la FAPESP y el comienzo de la batalla en busca de nuevas fuentes de financiamiento, pues el trabajo no se detiene: ya está casi listo el material para otros tres tomos, conteniendo minuciosas descripciones de las plantas e ilustraciones. Desde el primer ejemplar, presentado en 2001, se han publicado alrededor de 2.500 páginas, se describieron 139 familias, 475 géneros y 1.830 especies de plantas con flores que ayudan a componer vegetaciones más abiertas, como el Cerrado, que es la sabana brasileña, y los campos de altitud; o más densas e impenetrables, como las del bosque costero. Y la colección pretende ir más lejos aún: de continuar con la frecuencia de un libro por año, esto recién terminará en 2016, con el 15º tomo. El quinto, más tangible, ha de salir el año que viene con más especies nuevas, como una bromelia del Bosque Atlántico del sudeste paulista: la Quesnelia sp., con flores violeta y la inflorescencia roja que parece querer saltar de una base formada por hojas largas en forma de jarrón. Y hay algo más raro todavía: el género Randia, formado por cinco nuevas especies de arbustos y árboles también del Bosque Atlántico, que integran la familia Rubiaceae, la misma del cafeto, que no entró en el libro por ser autóctono de África, no de Brasil.

El proyecto Flora es el primero y el más amplio relevamiento de la vegetación nativa del estado de São Paulo – para alcanzar una catalogación completa falta únicamente un grupo bastante menor, el de las plantas sin flores, cuyo mapeo está a cargo de Jefferson Prado, del Instituto de Botánica. Es un trabajo pionero también debido a que congrega a expertos de ocho instituciones de investigación: desde 1993 trabajan juntos especialistas de las tres universidades estaduales – Unicamp, USP y Universidad Estadual Paulista (Unesp) –, de tres institutos de investigación – el Botánico, el Forestal y el Agronómico – y de un órgano local – el Departamento de Parques y Áreas Verdes de la Municipalidad de São Paulo. Se suman a ello la contribución de investigadores de una empresa estatal del gobierno nacional, Embrapa de Jaguariúna, y de colaboradores de 15 estados brasileños y de otros países.

Tan pronto como se formó el equipo comenzaron a brotar novedades – y no siempre fueron buenas. En los archivos de las colecciones históricas de herbarios, como el del Instituto de Botánica, los investigadores encontraron registros de decenas de plantas como las que hace un siglo ocupaban la estancia Butantan, que dio origen al instituto de nombre homónimo, y el alto del monte Caaguaçu, donde hoy pasa la Avenida Paulista – y que nunca más se vieron. Por supuesto, también se calzaron las botas y se internaron en lo que resta de selva paulista: se han hecho hasta ahora alrededor de 500 expediciones de recolección, en principio a un ritmo de una por semana.

Al analizar las 20 mil muestras de ramas con hojas, flores y frutos que trajo, el equipo del Flora reencontró especies que se presumía que se hubieran extinguido y al menos otras 50 endémicas, especialmente de las sierras. El propio Shepherd estuvo al frente de un equipo que escaló la sierra Fina, donde se encuentra el punto más alto de São Paulo: Pedra da Mina, de 2.797 metros de altitud. “Pasamos tres noches en la cima de la sierra, y una de ellas fue muy molesta: el campamento se inundó luego de una lluvia fuerte”, cuenta. Bajaron mojados y agotados, pero con nuevas especies, como a Cortaderia sp., un capín con una inflorescencia de dos metros de altura.

En Votuporanga, noroeste paulista, los botánicos se encontraron con una especie amazónica de higuera: la Ficus catappifolia. Encontraron especies nuevas incluso en el municipio de São Paulo, a ejemplo de la Ocotea curucutuensis, una canela de hasta diez metros de altura, al margen de otras preciosidades de la Zona Metropolitana, como una pasionaria con pétalos en rosa claro, la Passiflora ischnoclada, que vive únicamente en Salesópolis. Pero no todo fueron buenas noticias: otras especies de pasionaria dejaron de  encontrarse en Campos do Jordão, São Sebastião y Caraguatatuba, donde antes crecían.

El Flora es actualmente una generosa fuente de información, que ya ha inspirado una publicación más sencilla, una guía de bromelias de la Reserva Biológica del Alto de la Sierra de Paranapiacaba. Fue también la materia prima sobre cuya base se actualizó la lista de especies amenazadas de extinción en el estado: la versión más reciente, de septiembre del año pasado, contiene 1.020 especies – en la lista anterior, de seis años atrás, había 300. Por indicar la distribución geográfica de las plantas, este estudio sirve también como guía para elaborar políticas de conservación ambiental más eficaces, capaces de proteger los ambientes naturales y las especies más frágiles.

El principal objetivo de este mapeo consiste en conocer la biodiversidad paulista, pero existe otro, que es igualmente importante: la conservación del patrimonio natural. Con tal objetivo, un equipo del propio Instituto de Botánica está ampliando el cultivo en vivero de especies raras del Bosque Atlántico que corren riesgo de desaparecer, para posteriormente devolverlas a sus espacios nativos. La devastación es más intensa todavía en la sabana, en el oeste y en el centro del estado, precisamente la zona que merecería ser objeto de más expediciones, tal como lo reconocen los propios coordinadores del Flora. “No se sabe si algún día conoceremos cuál es la real diversidad del Cerrado, la sabana paulista”, dice Shepherd.

Desde el punto de vista científico, el Flora redundó en veinte tesinas de maestría, cinco tesis doctorales y alrededor de 30 artículos científicos. En términos prácticos, pueden salir de allí alternativas de plantas que se cultivarán para tratar enfermedades, para suministrar madera, para realzar el sabor de las comidas o sencillamente para adornar la casa. Tal es el caso de la cicuta, la Conium maculatum, una hierva proveniente de regiones templadas que se adaptó al clima tropical del país. Su jugo contiene el alcaloide conicina, un veneno potentísimo que, en dosis terapéuticas, podría usarse contra el tétanos, la tos convulsa o las convulsiones. Hace unos años, plantines de una hierva conocida como cuernos del diablo (Ibicella lutea) fueron a parar a Europa y Estados Unidos, donde se los cultivó con el objetivo de recoger sus frutos aún verdes, mantenerlos en vinagre y consumirlos en forma de conserva.

“Antes”, comenta Maria das Graças, “solamente existía un estudio sobre la flora de la ciudad de São Paulo, realizado en 1911 por un botánico suizo llamado Alfred Usteri, con unas 800 especies”. La situación no es mucho mejor en los otros estados: en general solamente hay mapeos aislados, como los de la flora de las Sierras do Cipó y Grão-Mogol, en Minas Gerais, y raros estudios abarcadores. Al margen de São Paulo, otra excepción es Santa Catarina, con el Flora Ilustrada Catarinense, coordinado actualmente por Ademir Reis, de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC). En el marco de dicha colección, que comenzó a publicarse en 1965, salieron 183 tomos, sumando así 13.843 páginas, conteniendo la descripción de 158 familias y 3.690 especies. Como faltan todavía 63 familias, hay por delante al menos diez años más de trabajo.

La obra de una generación – El inventario más completo de las plantas nativas de todo el país sigue siendo el Flora Brasiliensis, una colección de 46 tomos editada por el bávaro Karl Friedrich Philipp von Martius, que comenzó a publicarse en 1840 y concluyó recién 66 años después. La flora nacional aparece allí en 3.811 ilustraciones, e informaciones – en buena medida desactualizadas – sobre 22.767 especies de plantas, casi la mitad de las que existen en el territorio brasileño. Esta colección también brinda una idea acerca de lo que se ha perdido, a ejemplo de las selvas con árboles inmensos de la región de Mogi das Cruzes, cerca de la capital paulista.

“El Flora Fanerogâmica es el aporte de nuestra generación de taxonomistas”, dice Luiza Kinoshita, quien concilió las visitas a las escuelas con la tarea de describir la familia Apocynaceae, la misma de la alamanda, una enredadera de jardín con grandes flores amarillas, que aparece en el cuarto tomo. Luiza se refiera a “nuestra generación” al evocar a los botánicos que suscriben este estudio, a su vez herederos del estilo de trabajo de al menos dos docentes paulistas que hicieron germinar la taxonomía en el país durante las últimas décadas. El primero de ellos Aylthon Brandão Joly, botánico de la USP y después de la Unicamp, un profundo conocedor de la flora paulista fallecido en 1975, a los 50 años. El otro es Hermógenes de Freitas Leitão Filho, quien ideó y fue el primer coordinador del Flora, y que murió en 1996 a los 52 años, durante una expedición botánica. A partir de entonces, la coordinación del trabajo quedó a cargo de Maria das Graças, nacida en el estado de Pernambuco, pero que vive en São Paulo hace 30 años, junto al escocés George Shepherd y la también pernambucana Ana Maria Giulietti, quien luego de jubilarse de la USP se trasladó a la Universidad Estadual de Feira de Santana, Bahía, y actualmente vive en Londres.

El Proyecto
Flora Fanerogámica del Estado de São Paulo
Modalidad
Proyecto Temático
Coordinador
Hermógenes de Freitas Leitão Filho – Unicamp
Inversión
R$ 726.190,57 (FAPESP)

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