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Memoria

Los vigías de la selva

El Instituto Evandro Chagas cumple 70 años investigando endemias en la región amazónica

El Instituto Evandro Chagas (IEC), instalado en la ciudad de Belém desde hace 70 años, surgió en el marco de un rutinero trabajo de investigación realizado en Río de Janeiro. En 1934 Henrique Penna, investigador del Instituto Oswaldo Cruz, examinaba fragmentos de hígado buscando las lesiones provocadas por la fiebre amarilla cuando identificó 41 casos de leishmaniasis visceral (o calazar). Fueron los primeros casos considerados autóctonos de Brasil. Como no había conocimiento suficiente sobre los síntomas y la epidemiología, Carlos Chagas, en ese entonces director del instituto, con sede en Manguinhos, determinó que Evandro Chagas investigase la enfermedad en las áreas reveladas por Penna, en el nordeste y norte del país. Evandro, hijo de Carlos Chagas, tenía 29 años y ya era uno de los principales investigadores del país en el área de enfermedades tropicales.

Sucede que la muerte de Carlos Chagas, ese mismo año, aplazó el trabajo de Evandro hasta febrero de 1936, cuando fue al estado de Sergipe con las fichas de los casos de calazar diagnosticados post mortem. Allá hizo el primer diagnóstico de un paciente en vida. Si no es tratado, el calazar es una enfermedad fatal, endémica en Brasil, que afecta a otros animales además de al hombre. Es causado por el parásito Leishmania chagasi, transmitido por insectos flebotominos (chupadores de sangre), provoca fiebre de larga duración, además de otras manifestaciones, con un gran aumento del bazo. Evandro Chagas realizó un estudio clínico detallado del paciente de Sergipe y posteriormente describió con Marques da Cunha una nueva especie de protozoo del género Leishmania.

Ese mismo año, el investigador volvió al nordeste para visitar otros focos de enfermedad en Sergipe, Alagoas, Pernambuco, Ceará y Piauí. Tenía la intención de crear un laboratorio regional para estudiar la transmisión de la leishmaniasis. Como no logró el apoyo de los gobiernos estaduales visitados, decidió ir hasta Pará, también con casos descritos, y convenció al gobernador José Carneiro da Gama Malcher acerca de la importancia de tener un laboratorio que concentrase los estudios de aquella región. En lo que constituye un logro raro, en pocos meses, el día 10 de noviembre de 1936, se creó el Instituto de Patología Experimental del Norte (Ipen). El objetivo inicial era estudiar endemias regionales tales como la malaria, la filariosis y las helmintiasis intestinales, entre otras.

El primer equipo del instituto liderado por Evandro, nombrado director científico, salió de la Facultad de Medicina y Cirugía de Pará, sumándose algunos jóvenes médicos de Río que habían pasado por Manguinhos.

Los investigadores se internaban en la Selva Amazónica en busca de los agentes etiológicos de enfermedades tropicales. “Los equipos trabajaban acampados dentro de la selva o en poblados ubicados cerca del río Tocantins y el delta del río Amazonas”, comenta Manoel Soares, médico investigador del IEC y estudioso de la historia del instituto. “Se abría para nosotros un nuevo mundo, el de las investigaciones de campo. Un mundo duro pero fascinante por su sabor de aventura y que nos arrebató de tal manera que se convirtió en el ambiente de la mayoría de las investigaciones de varios de nosotros por el resto de la vida”, escribió el investigador Leônidas Deane sobre los primeros años del IEC. No por casualidad, cuando Evandro murió en un accidente aéreo en 1940, a los 35 años, el Ipen cambió su nombre para Instituto Evandro Chagas, tan sólo un mes después de la tragedia.

Los estudios iniciales del IEC se desplegaron en numerosas líneas de investigación. En los años 1930 y 1940, el calazar y la malaria estaban en la mira. En las décadas siguientes, además de la profundización en el estudio de ésas y de otras parasitosis, el aislamiento de diversos tipos de virus cobró relieve en el mundo científico y ratificó la importancia del instituto como un órgano de investigación con énfasis en el Amazonas brasileño. “El IEC es el principal productor de conocimiento en el área de virología de la región amazónica y uno de los más importantes del mundo cuando se trata de arbovirosis – dos tercios de los arbovirus conocidos en el mundo fueron descritos allí”, atestigua Marcos Boulos, docente de Enfermedades Infecciosas y Parasitarias de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo y director clínico del Hospital de Clínicas de esa facultad.

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