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Memoria

La era del plástico

Hace cien años era inventada la primera resina sintética

Cuando preguntaron al inventor y empresario Leo Hendriz Baekeland por qué había entrado en el ramo de las resinas sintéticas, respondió sin dudar: “Para Ganar dinero”. Baekeland (1863-1944), belga radicado en Estados Unidos desde finales del siglo XIX, no era solamente un químico brillante, sino también un emprendedor visionario. Antes de crear la baquelita, el primer plástico sintético, inventó en 1893 un papel de impresión fotográfica sensible a la luz artificial, el Velox, y lo vendió seis años más tarde a George Eastman, creador de Kodak, por casi un millón de dólares -suma astronómica para la época.

Rico a los 36 años, el químico comenzó a buscar otro desafío. Y lo halló en medio de un serio problema de la creciente industria eléctrica: ¿dónde obtener aislantes abundantes y a bajo costo? Por siglos la solución estuvo en la goma-laca, producto hecho a partir de una resina natural producida por cochinillas, un parásito (Laccifer lacca) que vive en los árboles de Asia. Pero con la rápida industrialización de la electricidad la demanda de la goma-laca tuvo una explosión. Baekeland decidió entrar en la carrera para hallar un sustituto sintético.

Durante tres años él leyó todo sobre fenoles y formaldehídos – substancias sintéticas abundantes y baratas – y repitió experiencias ya hechas. Él sabía que la llave estaba en interrumpir en el momento cierto la polimerización (proceso en el cual las moléculas pequeñas se agregan para formar macromoléculas, más largas).

Usó todos los solventes conocidos, pero no llegaba a un producto sintético parecido con la goma-laca. Al percibir que el fenol y el formaldehído juntos daban como resultado una sustancia dura, Baekeland dio un nuevo rumbo a la investigación: ¿por qué no hacer una resina que pudiese ser fundida y modelada? En vez de retardar la polimerización, él la apresuró empleando calor y presión. Usó una máquina autoclave y obtuvo una masa color ámbar que podía ser transformada en cualquier objeto. Comenzaba allí la era del plástico.

El químico llegó a ese resultado en 1907 y lo presentó formalmente a la Sociedad Americana de Química dos años después. Por ser resistente al calor, pudiendo ser laminada y moldada en la fase inicial de la producción y tener bajo costo, la baquelita tuvo muchas aplicaciones, además de ser utilizada como aislante por la industria eléctrica. Era conocida como el “material de los mil usos”: desde radios hasta bisuterías, desde juguetes hasta teléfonos, desde bolas de billar hasta máquinas fotográficas. Como no podía ser refundida, llegó a ser hasta moneda en Indonesia durante la Segunda Guerra Mundial.

“Con el desarrollo de nuevos plásticos, menos rígidos, más resistentes y ligeros, la baquelita perdió espacio en todos los mercados a partir de los años 1960”, dice Roberto Mendonça Farias, investigador del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo de São Carlos y del Instituto Multidisciplinario de Materiales Poliméricos.

Con respecto a Baekeland, él alcanzó sus objetivos. Fundó la General Bakelite Corp. Y se convirtió aún más rico.

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