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Medicina

Unidos hasta la muerte

Un estudio llevado a cabo con 520 mil parejas muestra cuán intenso puede ser el impacto de una enfermedad o la muerte de un cónyuge

Como si no aguantase más de añoranza, un marido octogenario fallece pocas semanas después de que su esposa, la mujer con quien había compartido las tres cuartas partes de su vida, se enfermara, fuera por ello internada y muriera. Y éste no es tan sólo un episodio dentro de alguna que otra familia sino una situación común de acuerdo con un estudio realizado con 518.240 parejas estadounidenses con edades entre 65 y 98 años que se sometieron a un seguimiento durante nueve años: es el efecto del duelo.

En el marco de esta investigación, Nicholas Christakis, médico y sociólogo de la Universidad de Harvard, y el sociólogo Paul Allison, de la Universidad de Pensilvania, verificaron que la probabilidad de que el varón también muera después de la partida de su compañera es un 21% más alta, independientemente de que ésta estuviera previamente enferma o no. Entre las mujeres, llega tan sólo a un 17% el riesgo de partir también luego de la desaparición física del marido. La sola internación de uno de los ancianos de la pareja es motivo suficiente como para que se eleve el riesgo de que el otro se muera; y también en este caso, los varones responden más intensamente (el riesgo de muerte es un 4,5% más alto) que las mujeres (con un riesgo un 2,7% mayor).

Al fin la libertad – Al menos en lo que se refiere a Brasil, tal diferencia podría explicarse porque los varones y las mujeres sobrellevan la viudez cada cual a su modo. Para los varones, la muerte de la esposa es el momento más triste de la vida, mientras que para las mujeres la pérdida del marido representa a menudo el fin de la opresión de la vida conyugal y la conquista de la autonomía, de acuerdo con los estudios realizados por la antropóloga Guita Grin Debert, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), São Paulo.

Sin embargo, el cuadro que observaron Christakis y Allison no es tan sencillo como parece, puesto que la posibilidad de perder la salud varía de acuerdo con la enfermedad que motivó la hospitalización o la muerte de la pareja. La internación del varón o de su compañera debido a un cáncer de intestino prácticamente no afecta la salud del otro. Pero si el motivo de la internación es una insuficiencia cardíaca, una fractura de cadera o una enfermedad pulmonar crónica como un enfisema, la probabilidad de muerte del compañero aumenta de un 11% a un 15%.

Con todo, parece que son las enfermedades mentales aquéllas que más obran en detrimento del bienestar de los cónyuges. La internación de la esposa debido a un trastorno psiquiátrico, a ejemplo de la esquizofrenia o como resultado de una demencia, la pérdida progresiva de la memoria y la capacidad de juicio elevó el riesgo de muerte de la pareja hasta un 32%. “Las enfermedades que provocan un sufrimiento crónico y cambios drásticos en el grado de dependencia de uno de los cónyuges terminan por afectar la salud y supervivencia del otro”, comenta el geriatra Luiz Roberto Ramos, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), quien coordina un estudio en el marco del cual se realiza un seguimiento de la salud de los ancianos de la capital paulista desde 1991: el proyecto Epidoso.

La fragilidad aumenta – De este estudio, publicado en el New England Journal of Medicine, se desprenden también algunas informaciones que les señalan a los familiares y médicos los momentos en que deberían prestarles más atención a los recientes viudos. El período más crítico es el primer mes luego de la muerte o la hospitalización del compañero, cuando el riesgo de que el otro también muera puede ser un 61% más alto. “Este riesgo siguió siendo elevado hasta dos años después”, sostiene Christakis.

Según el científico, la razón de este incremento obedece a que tanto la enfermedad como la muerte del cónyuge imponen al otro un elevado nivel de estrés o la pérdida del apoyo social, emocional e incluso económico. Otra posible causa es la adopción de hábitos nocivos, tales como el consumo exagerado de alcohol.

“No sabemos todavía de qué modo las redes sociales ejercen sus efectos sobre la salud”, comenta Richard Suzman, director de investigaciones sociales y de comportamiento del Instituto Nacional del Envejecimiento, uno de los centros de investigación de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, que financió este trabajo. “Debemos investigar los mecanismos que subyacen al estrés asociado a tales hospitalizaciones, mientras buscamos nuevas formas de proteger a la gente cuando sus relaciones sociales se rompen”. Lo cierto es que después de compartir la vida con un compañero durante años, tanto el hombre como la mujer sufren el impacto de la soledad. En el marco del proyecto Epidoso, el equipo de Luiz Ramos constató que el casamiento funciona como un factor protector de la salud.

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