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POLÍTICAS PÚBLICAS

Paseo monitoreado

Un nuevo sistema evalúa y previene impactos ambientales en parques

Un equipo de científicos paulistas ha creado un nuevo método para evaluar, prevenir y administrar los impactos ocasionados por las visitas a las unidades de conservación (los parques estaduales) con base en un tipo de monitoreo sencillo y de implementación gradual. El sistema es más apropiado para el personal y para la estructura de campo que los métodos más empleados en Brasil y en el mundo, como el Limite Aceptable de Cambio (LAC), la Capacidad de Carga (CC) y el Manejo del Impacto del Visitante.

Este modelo incluye siete ítems básicos, que deben observarse a lo largo de las sendas por donde camina la gente para ir de un lugar a otro. Entre los ítems se encuentra el ancho de la propia senda. En caso de que las medidas de ese trayecto se ensanchen con el correr del tiempo, esto puede ser señal de que hay demasiados visitantes pasando por allí, por ejemplo. La aparición de sendas secundarias (no planificadas) también es una señal de impacto. Más allá de estos, integran la lista la existencia de daños en la vegetación, a las rocas o construcciones; o simplemente la aparición de basura; la existencia de plantas especiales; el nivel de satisfacción de los visitantes y accidentes que involucren personas y animales.

El recabado de datos varía de acuerdo con la información buscada, con el área y la época de la medida, pero básicamente el inspector observa el entorno y registra las informaciones en una planilla. En algunos casos, como cuando aparece basura, al margen de recoger lo que encuentra, debe contabilizar todo y analizar el material, para luego investigar por qué los visitantes no están usando los basureros, por ejemplo. Toda la información debe ir a un programa de computadora desarrollado en el marco del proyecto, cuya finalidad consiste en hacer las veces de un banco de datos.

Según el coordinador de la investigación, José Carlos Barbieri, profesor de la Fundación Getúlio Vargas de São Paulo, en comparación con los otros sistemas ese monitoreo éste es más completo. “Éste evalúa y gerencia el impacto, además de sugerir la sensibilización del visitante, a diferencia del Capacidad de Carga y del Limite Aceptable de Cambio”, explica. Este nuevo sistema, por cada ítem que ha de observarse permite reunir sugerencias de acciones que los administradores del parque deben implementar para mitigar los problemas. Por ejemplo, en caso de que suceda algún accidente con gente y animales, el método determina que se estudien los riesgos que desembocaron en el hecho y se haga algún cambio en la infraestructura de la unidad, con el fin de prevenir nuevos accidentes.

Asimismo, el nuevo sistema es más objetivo, ya que elimina criterios considerados secundarios a la hora de observar los impactos de las visitas. El pH del suelo y del agua, por ejemplo,  son informaciones requeridas por los sistemas LAC y Manejo del Impacto del Visitante que merecen un análisis más complejo, pues “el pH no está vinculado exclusivamente a las visitas”, afirma Barbieri. “El suelo puede tener su pH alterado debido a una fábrica contaminante ubicada en las proximidades del parque”.

Soluciones rápidas
Otra dificultad que el nuevo sistema pretende resolver se refiere a su implementación. Se plantea que el propio personal de las unidades de conservación lo utilice para solucionar los problemas más rápidamente. También sucede en otros casos que los monitoreos son muy complejos y requieren la contratación de personal externo especializado. Con un método ya preestablecido, eso cambia. Al margen elevar el costo de la evaluación, puede tardar hasta que el parque tenga los resultados, y más aún para reaccionar a ellos.

Más allá de los indicadores básicos, puede haber ítems específicos de evaluación en cada parque, de acuerdo con su uso, lo que puede perfeccionar el monitoreo de cada unidad. En el Parque Estadual Intervales, ubicado en el sudoeste de São Paulo, los problemas de drenaje del agua de las lluvias fueron uno de esos ítems. Allí llueve durante una tercera parte del año y los visitantes, al desviarse de los charcos, pueden ensanchar las sendas. Por otra parte, el grado de compactación del suelo, que indica mayor o menor impacto en áreas más silvestres como Intervales, es un criterio que no se aplica al Parque Estadual da Cantareira, a 10 kilómetros de la ciudad de São Paulo. Allí, en una senda específica, el público no se preocupa con el tipo de calzado usado en las caminatas y algunos van incluso en ojotas. Algunos senderos del parque están asfaltados. “Más compactación del suelo que eso imposible”, afirma Paul Dale, coordinador técnico del proyecto y del Programa de Ecoturismo de la Fundación Forestal, un órgano ligado a la Secretaría de Medio Ambiente del Estado de São Paulo.

La información recabada con los visitantes es uno de los principales ítems para el monitoreo, que apunta a saber si sus expectativas se han atendido. Al fin de cuentas, entre las funciones de las unidades de conservación está su uso público.

El cobro de ingreso es importante para el mantenimiento económico de las unidades. Por eso es normal que se desee incentivar el aumento de las visitas. Pero, como los impactos sobre o lugar son una característica inherente a las visitas, se entiende que el monitoreo es fundamental. “Se trata de garantizar que las unidades sigan con el ambiente conservado, con los impactos en niveles adecuados”, dice Dale. En las cinco unidades que integraron la investigación -al margen de Cantareira e Intervales, los parques estaduales de Campos do Jordão y la Ilha de Anchieta y la Estación Ecológica Juréia-Itatins- se capacitó a alrededor de 120 personas. En algunas de ellas se sigue usando este método, aun después del final del proyecto. El objetivo es transformarlo en el sistema de monitoreo de todos los parques de São Paulo.

El proyecto
Propuesta de políticas públicas a partir de modelos de evaluación y gestión de impactos socioambientales de la visitación pública en las unidades de conservación del estado de São Paulo; Modalidad Programa de Políticas Públicas; Coordinador José Carlos Barbieri – Fundación Getúlio Vargas; Inversión R$ 95.423,19 (FAPESP)

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