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Ingeniería

Socorro técnico

Hace siete años, el programa del IPT atiende a micro y pequeñas empresas

Uno de los graves problemas enfrentados por las micro y pequeñas empresas de base tecnológica es la falta de recursos para invertir en el desarrollo de nuevos productos y en el perfeccionamiento de sus procesos. Esos obstáculos, que impiden el crecimiento de los negocios y la expansión empresarial, reciben, hace siete años, la atención del Proyecto Unidades Móviles (Prumo) del Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT) de São Paulo. El programa, una especie de hospital de urgencias tecnológico, lleva a las industrias un laboratorio móvil, dentro de un furgón, con instrumentos y equipamientos para test, análisis y la realización de experimentos útiles para las empresas. Operadas por un especialista del área y un asistente, las unidades móviles identifican e implementan soluciones en el local para problemas relacionados a la materia prima, al proceso de producción y hasta al producto acabado. Desde que fue creado, en marzo del 1999, el Prumo ya atendió a cerca de 1.600 empresas.

Esa transferencia de conocimiento tecnológico, destaca el ingeniero Vicente Mazzarella,  del IPT, creador y coordinador general del Prumo, trajo muchos beneficios para el parque industrial brasileño. “Además de mejorar la calidad de los productos y reducir costos de fabricación, hay casos de empresas que consiguieron aumentar la productividad en hasta 200%”, dice él. El proyecto atiende empresas de cinco sectores industriales: plástico, tratamiento de superficies, cuero y calzados, goma, maderas y muebles.

Fruto de una alianza entre el IPT y el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas de São Paulo (Sebrae-SP), el programa tiene el apoyo de la FAPESP, que financió la adquisición de 10 de las 13 unidades móviles del proyecto. Las otras tres fueron compradas con recursos de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) del Ministerio de la Ciencia y Tecnología (MCT). El Sebrae es el responsable por subsidiar el 80% de cada servicio prestado, que cuesta 3 mil reales. Los 20% restantes, equivalentes a 600 reales, son la contrapartida de las empresas. Pero, por medio de una alianza hecha con la   Secretaria de Estado de Ciencia y Tecnología de São Paulo, la primera atención es totalmente gratuita y la contrapartida paga por el gobierno del estado. “Las empresas sólo pagan la contrapartida si exigen otras veces el servicio”, dice Mazzarella. “Con la estructura actual del programa, es posible atender a 120 empresas por mes.”

La metodología del proyecto es relativamente simple. Después de que el empresario exige el servicio, un especialista visita la fábrica y hace el diagnóstico del problema. Una semana después, como promedio, los técnicos van a la empresa con la unidad móvil para realizar la asistencia. “En esa visita, que puede durar hasta dos días, ellos solucionan los problemas técnicos relacionados a formulación del producto, con la eficiencia en el proceso, a la operación de equipamientos o a la elección de la materia prima, entre otros”, explica el ingeniero Silas Derenzo, coordinador de los sectores de plástico y goma.

Mercado del plástico
Las industrias transformadoras del plástico fueron las primeras que contaron con los servicios del Prumo y son aquellas que más exigen a los técnicos del IPT. Solamente en el 2005 fueron hechos 325 asistencias – casi la mitad del total del año, que fue de 670. Las cinco unidades móviles equipadas para atender a las empresas de ese mercado cuentan con equipamientos capaces de realizar 13 diferentes tipos de ensayos y pruebas. En razón del elevado costo, muchos de esas pruebas son inaccesibles para las industrias de menor porte. En el sector de transformación de la goma, otro con fuerte demanda (144 empresas en el 2005), el servicio busca detectar problemas como mezcla de materias primas, formulaciones etc.

Fue para intentar recuperar el rechazo generado en la producción de piezas de goma para la prohibición industrial que Robinson Campos, dueño de la Meritor, de São Paulo, exigió la ayuda de Prumo. “Después que la goma era vulcanizada, la rebarba era descartada generando una gran cantidad de residuo”, recuerda Campos. Los técnicos del IPT presentaron una metodología para re-aprovechar parte del rechazo, que volvió al proceso productivo. Eso representó una economía del 20% en la adquisición de la materia prima, que cuesta 60 dólares el kilo, y una ganancia ambiental, con la reducción del descarte.

Un resumen de las 450 asistencias realizadas entre agosto de 2005 y marzo de este año da una dimensión del alcance y de los resultados del Prumo. Casi 95% de los empresarios declararon que sus problemas técnicos fueron resueltos con la asistencia del programa y 61% consiguieron perfeccionar el producto. Cerca de un tercio aumentó la producción y el 28% redujeron las pérdidas que ocurrían en el proceso. Con tantas ventajas, más de la mitad de las empresas atendidas (52%) ampliaron su porción en el mercado, conquistando nuevos clientes, y 94% declararon que llamarían, si fuese necesario, nuevamente al Prumo.

Un termómetro de la aceptación del programa es el hecho de que él haya sobrepasado las fronteras del estado de São Paulo. El proyecto ya fue llevado para micro y pequeños empresarios de Paraná, Ceará, Paraíba, Pernambuco y Bahía. Fue una experiencia piloto con recursos de la Finep y, en los estados nordestinos, con contrapartida financiada por el Banco del Nordeste, además de la Secretaria de Ciencia y Tecnología paranaense. Ahora, con el apoyo del MCT, el Prumo se está convirtiendo un programa nacional.

El Proyecto
Prumo – Proyecto de unidades móviles de asistencia tecnológica a las micro y pequeñas empresas del sector industrial de transformación de plásticos (nº 00/06445-4); Modalidad Programa de la Asociación para la Innovación Tecnológica (Pite, sigla en portugués); Coordinador Silas Derenzo – IPT; Inversión 709.066,39 reales (FAPESP)

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